Paseo.13: Corre, rocker, ¡corre!

Me gustaba Sabino Méndez, como me gustaba Santiago Auserón o Enrique Bunbury -otra generación-, porque veía en su canciones un trabajo literario. Sus letras no eran meros chismes sentimentales, sino que había una preocupación estilística, lírica.

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El puente

«Llegan a la ciudad en coches enormes, viven en habitaciones amuebladas, beben whisky acompañado de chupitos de cerveza y persiguen mujeres que no tardan el olvidar. (…) Hablamos de hombres bravucones, hombres sobrados de orgullo, quienes por las noches fanfarronean y construyen puentes en los bares.»