Paseo.13: Corre, rocker, ¡corre!

Me gustaba Sabino Méndez, como me gustaba Santiago Auserón o Enrique Bunbury -otra generación-, porque veía en su canciones un trabajo literario. Sus letras no eran meros chismes sentimentales, sino que había una preocupación estilística, lírica.

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Paseo.11: Nadie debería morir sin leer un gran discurso y sin ir a un matinal de cine

Desde que he descubierto las sesiones matinales de cine, intento ir al menos una vez a la semana. Subo la calle Segovia, a esa hora a la que todavía rezuma el frío en las piedras, brujuleo por las calles, hasta que doy con la fachada del cine, recién reformado.