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Perdón

Perdón – Ida Hegazi Hoyer. Traducción de Cristina Gómez-Baggethun. Nórdica, 2017

‘Una historia de amor y desegaño’. Así reza la faja de la novela de Ida Hegazi Hoyer, ‘Perdón’ y, aunque pueda sonar a algo ya leído, no encontraremos en sus páginas una historia convencional.

El inicio nos da una pista de que lo que sigue no nos va a dejar indiferentes. Tras un apunte situado en la actualidad, comienza el relato de los hechos, que en este punto sí, puede parecer una historia más. Un enamoramiento a primera vista, un fogonazo que ciega a dos jóvenes, un inicio que podría ser el de la historia de amor perfecta, tantas veces idealizada, sobre todo por la joven que a sus 21 años cree ver en Sebastian al hombre perfecto. Tanto, que no tardan en irse a vivir juntos y empezar su historia en común.

Es aquí cuando empiezan a conocerse en medio de una rutina que extraña por su reto constante y su aislamiento del mundo. ‘Ya no hay ni un tú ni un yo’, se repiten como muestra de un amor que presume de incondicional, y dejan pasar los días con la boda en el horizonte. Pero cuando el enamoramiento empieza a recobrar la vista, asoma una nueva realidad, una realidad en la que aquella perfección resulta no ser más que una construcción del deseo. La confianza absoluta desaparece y surgen las dudas, las averiguaciones y los descubrimientos dolorosos.  Y todo se desborda.

Merece la pena acompañar a la joven pareja en su día a día y descubrir con ellos las rarezas de este amor.

Paula Fuertes

 

El chico que nunca existió

El chico que nunca existió
Sjón – Nórdica

“El chico no había vuelto a poner el pie en los terrenos de la escuela infantil desde que completó la clase de los doce años de edad con la más baja calificación.
Antes de poder darse ni cuenta, ha llegado a la tapia que da a Laufasvegur y está parado en “el punto invisible” que era su refugio durante los recreos y desde donde observaba a lo lejos a sus compañeros y compañeras de clase – donde tenía claro que la elección era solo suya, que era él quien decía no a participar en los juegos de los niños antes de que estos tuvieran ocasión de excluirle-. Pero aún no ha llegado el día en el que se pueda mezclar voluntariamente con la gente de su edad.
Ahora está otra vez en su puesto de observación y pese a lo tremendo de la situación se siente, como en otros tiempos, totalmente ajeno a lo que sucede delante de sus ojos.”
Sjón, el escritor islandés del que nos podemos olvidarnos desde que leyéramos “El zorro ártico” homenajea a su tío paterno Bosi, marica, alcohólico, bibliófilo, socialista y gay, que moriría en 1993, recordando su juventud en Reikiavik, donde mientras Europa moría en los campos de batalla de la primera Guerra Mundial, la “fiebre española” dejaba las ciudades islandesas llenas de cadáveres de todas las edades, y con el efecto de riego por aspersión de la enfermedad que suponía cada llegada de un barco a lospuertos cargado de marineros deseosos de abrazar y copular.
Sjon vuelve a demostrar su dominio de una prosa lírica, donde los silencios son tan importantes como las palabras y donde el entorno social vuelve a ser claustrofóbico y del que el protagonista no consigue salir hasta que no rompe la barrera que lo demarca, en este caso, el puerto que le abrirá al mundo donde encontrará la posibilidad de ser aceptado, de vivir una vida para diferente de al que el destino le tenía escrita, cuando se cría viendo a su madre por el agujero de una puerta, sin tocarla, encerrada en una leprosería.
Sociedades cerradas y entornos duros y miserables donde la supervivencia supone un empeño titánico, frente a la mente y los anhelos de un niño, dispuesto a encontrar quién es.
Desde las tres primeras páginas uno no puede dejar de leer este arrebatado cuento escrito desde las tripas, frías, de un narrador único surgido del frío.

Rip van Winkle

rip van winkleRip van Winkle
Washington Irving – Nórdica
Ilustraciones de Noemí Villamuza

Es imposible no fijar la atención en la portada de este libro. Ese hombre con su larga barba y su gorro de paja que nos mira fijamente desde una de las estanterías de La Buena Vida, y que parece posar rodeado de vegetación, nos hace detenernos al pasar delante de él. Este cuento de Washington Irving, considerado el primero de la literatura norteamericana, llega a nuestras manos bellamente ilustrado por Noemí Villamuza.

El protagonista de la historia es un aldeano incomprendido por su mujer que le reprende continuamente cada cosa que hace. Un hombre que está siempre dispuesto a ayudar al que lo necesite, apreciado por sus vecinos, que sin embargo no se ve capaz de desarrollar un trabajo. Así, pasa los días deambulando por la aldea, de tertulia con sus vecinos y recorriendo la zona en largos paseos. Hasta que en una de esas escapadas por el bosque, se le hace más tarde de lo habitual y mientras decide si volver o no, pensando en los reproches de su mujer, se queda profundamente dormido. La sorpresa se la encontrará al despertar, cuando descubra que ni las gentes ni los lugares que él recuerda existen ya tal y como están en su mente.

Ambientada en los días previos a la Guerra de la Independencia, ‘Rip van Winkle’ es un bonito relato que da gusto leer en esta edición ilustrada.

Remando como un solo hombre

Remando como un solo hombre
Daniel James Brown – Capitán Swing & Nórdica

Cada año, los hermanos Moreno, editores de Capitán Swing y de Nórdica, nos regalan una edición conjunta de un libro. Como son dos sellos con mucha personalidad, uno se divierte viendo qué gustó a cada uno de la elección.

Este año, nos traen la historia del equipo de remo a 8 de la Universidad de Washington que ganaría el oro en las olimpiadas de 1936 en Berlín, que sirvieron para enmascarar las evidentes intenciones de Hitler y contener las reacciones internacionales a sus políticas ya realmente en marcha.

Nos encanta el recorrido que hace el libro sobre la vida de los remeros y los entrenadores del equipo. Un deporte abiertamente elitista que todavía hoy guarda sus tradiciones en los pabellones de lujosas universidades donde la élite procura que no se mezclen mucho las clases sociales. Pero en esta ocasión, muchos de los integrantes del equipo son remeros becados, cuyas familias habían sufrido en carne propia los estragos de la Gran Depresión y para los que la Universidad suponía una oportunidad y una permanente fuente de tensiones, puesto que la continuidad de sus estudios dependía de sus resultados deportivos, método que sigue funcionando hoy en día y que supone una de las pocas oportunidades de entrar en una universidad rica en EEUU para jóvenes de familias humildes.

El detalle de cómo la debacle económica afectaba individualmente a cada trabajador, a cada familia, a niños y mujeres, a las esperanzas de toda una generación es muy del gusto de Capitán Swing, una editorial que desde sus comienzos se empeñó en contar la historia con libros que hablan de personas de la calle y no la de los palacios, de los soldados en el frente y no de los generales en los despachos, de los que fabrican las cosas y no de los que amasan los beneficios. Leeremos pues, una historia de superación y una vista a pie de obra de la situación política, económica y social de un momento trascendental de la historia de los Estados Unidos.

Por otro lado, disfrutaremos de la narración sobre la construcción de un equipo de élite. Desde la selección de sus miembros, su formación, su entrenamiento, la resolución de conflictos y, cómo no, su supervivencia ante el fracaso y, también, al triunfo precoz. Conoceremos la mentalidad perfeccionista y los métodos artesanales de la construcción de botes, y la filosofía estética y humana que hay detrás de toda actividad humana realizada en busca de la excelencia. Lo que nos recuerda a algunos de los libros de la editorial Nórdica, en una búsqueda permanente de dignificar el libro objeto y darle mayor valor, en contra de la tendencia hacia la producción masiva en China o el deterioro de la calidad del papel y las encuadernaciones para arrancar décimas de beneficios (o reducir las pérdidas, seamos justos).

Así que tenemos un libro con una historia apasionante de trabajo, perseverancia y superación deportiva, mezclado con una mirada desde abajo por la sociedad de los EEUU durante la Gran Depresión y justo antes del estallido de la II GM, así como una fotografía congelada de lo que eran los días previos a que Hitler se convirtiera en el verdugo de Europa, cuando todavía había una admiración por la capacidad de transformación social del nazismo y sus personajes más destacados: Hitler, Goebbels, Riefenstahl.

El día señalado

El día señalado Vila MatasEl día señalado
Enrique Vila-Matas, ilustraciones de Anuska Allepuz – Nórdica
A los diez años Isabelle Dumarchey sufrió la maldición de una gitana: moríría de pie, sedienta, un dos de febrero de un año indeterminado. Todos los inviernos sufre el mismo temor, sin desprenderse de su botella de agua. Da igual que pasen los años, que la vida se afiance y que llegue la madurez: siempre queda un temor infantil, capaz de robar el sueño cuando los días empiezan a alargarse.
Este relato, que Vila-Matas recogió en Exploradores del abismo, utiliza con sencillez muchos de los elementos constantes en su obra: el protagonismo absoluto de las obsesiones, los viajes impulsivos y la huida como proceso purificador. Isabelle cruzará el océano para cambiar radicalmente su vida en un viaje al centro del huracán. Un breve pero intenso vaso de agua para los fanáticos de Vila-Matas que aguantan el tiempo de espera hasta la próxima novela.
Las ilustaciones de Allepuz casan a la perfección con la atmósfera de cuento moderno vilamatiano. Un relato donde el misterio que obsesiona a Isabelle se hace también con nosotros, lectores de La Buena Vida, quienes no podemos ni parpadedar ante la espiral del destino. El día señalado es una historia sobre las decisiones que cambian la vida, la reinvención y las expectativas perfecta y apasionante para cualquier edad.
Pilar Torres

La religión de mi tiempo

La religión de mi tiempo
Pier Paolo Pasolini – Nórdica
A lo largo de este año estamos viendo cómo Pier Paolo Pasolini vuelve a conquistar el interés general: este año Abel Ferrara estrena Pasolini, se han recuperado ensayos, novelas y se recuerda el papel fundamental de la poesía en su vida. Él, que se consideraba por encima de todas las cosas poeta, renovó la encorsetada lírica italiana para hablar de la realidad, de las ideas y de los sentimientos que provoca el mundo moderno.
Si algo define el papel intelectual de Pasolini es la integridad de todas sus obras. El cine, las novelas, los ensayos y su poesía mezclan un fuerte discurso político con una intensa pasión vital, una combinación que provocó obras tan personales y auténticas para las que la polémica era inevitable. Sus libros y películas fueron su forma de alzar la voz y, aunque acabó sus días en una soledad llena de tristeza, su figura y su pensamiento acabaron librándose de muchos prejuicios para celebrar su esencia vitalista.
Esta antología bilingüe, traducida por Martín Lope-Vega, es un reflejo perfecto de la mezcolanza entre arte y política que Pasolini defendía en todas sus creaciones utilizando el poder y los recursos propios del verso. Los tercetos se extienden para hablar de los jóvenes que habitan en los suburbios, de una sociedad que ha olvidado a Gramsci hasta hacerlo cenizas y ha condenado a Shelley a guardar silencio eterno.
La selección poética se centra en los libros y poemas más políticos de su obra, pero eso no le roba el protagonismo a la confesión ni al dibujo íntimo del escritor. Nada más cruzar la portada de Fernando Vicente, Pasolini nos recoge en coche en la puerta de La Buena Vida y nos sube a La religión de mi tiempo para acompañarlo por los suburbios dorados de Roma, viajar por desconocidos campos y pueblos italianos y descubrirnos cómo enfrentarnos con pasión a la soledad y crueldad de un mundo olvidado de la esperanza.
Pilar Torres

El regreso de Ulises

El regreso de Ulises
Alberto Manguel y Max – Nórdica

Alberto Manguel revisita el mito de Ulises y lo trae a una época indiferente, como la nuestra, para hacernos vivir de nuevo el desarraigo y el exilio permanente.

Con una pretendida y cuidada economía de texto y un fantástico Max adaptando su personalísimo estilo a la historia que cuentan, estamos ante una buena oportunidad para la reflexión. Nórdica tiene esa graciosa cualidad de adaptar su hedonista y esteticista línea editorial a las temáticas más duras. Huyendo de la literaturaa blanda y aburguesada, en su catálogo encontramos preciosas piedras talladas en materiales duros, como la trilogía de Tora, de la que somos fieles divulgadores.

Esta vez, más accesible, nos acercan a un relato mítico del que encontramos spin-offs en cada calle, en cada frontera, en cada plaza y en cada control de policía en busca de ilegales a la salida del metro.

“Cada nuevo puerto, cada nuevo encuentro le habían hecho sentir un extranjero de una manera cada vez distinta, y sus institintos se habían afinado atentos a ciertos sonidos, a ciertas imágenes y olores: una puerta cerrándose en sus narices, la ceja arqueada de un burócrata manoseando su pasaporte, el olor dulzón a podredumbre de una comida ofrecida por un alma caritativa a través de los barrotes de un centro de detención. Un hombre que había conocido allí le había dicho: – Un exiliado es siempre un exiliado.”

Epitafio para Nueva York

Epitafio para Nueva York
Adonis – Nórdica

Nueva York ejerce una fascinación especial sobre los poetas, sobre los artistas en general. Es la gran ciudad donde todo es posible, incluida la miseria. Salvando las distancias, si a Lennon le alcanzó la muerte frente a Central Park, por mediación de un loco llamado David Chapman, a otros como a Federico García Lorca, Juan Ramón Jiménez o José Hierro, les alcanzó el susurro tibio de la inspiración. Pero no fue sólo un encuentro de complacencias, de baños líricos en el río Hudson, de paseos idiotizantes por Wall Street. En lo más crepuscular de su mirada, supieron retener e interpretar el pulso de la maquinaria que tritura al más débil. Ahí están sus versos.

Algo así le ocurrió a Adonis -poeta, ensayista y crítico sirio-libanés- en este poemario que ha llegado a la mesa de novedades de La Buena Vida, y que fue escrito en la primavera de 1971:

Nueva York,
mujer, estatua de mujer
que alza en una mano un harapo llamado libertad,
una hoja de papel que llamamos historia,
mientras con la otra estrangula a una niña
cuyo nombre es tierra. (pag.34)

Y así, en ese plan de no dejarse impresionar por la lujuria arquitectónica de la Gran Manazana, Adonis, consciente de que la pobreza es clasista, entendió que los negros de Nueva York eran el mismo arquetipo que los gitanos del Romancero de Lorca, es por ello que ve en la ciudad de la libertad el máximo exponente de la explotación y la barbarie:

Una mujer anda tras de su perro, enjaezada como un alazán. El perro tiene porte de rey y en torno a él la ciudad avanza cual ejército de lágrimas. Y allí donde se apiñan los niños y los viejos cubiertos de piel negra, la impunidad de las balas crece como la simiente. El pánico golpea el pecho de la ciudad. (pag. 57)

Es este poeta un cronista del surrealismo que sólo con mirar le arranca a Nueva York la verdad, para prender con su lirismo la hoguera de las mezquindades. En los pocos meses de estancia que  Adonis estuvo en la ciudad, le da tiempo a conversar a ciegas con Walt Whitman, buscarlo y recitarlo, como si el viejo poeta vagara aún con su barba de nevadas mariposas.

Acompañan a este Epitafio, Garganta de piel roja y Paseo por Harlem, lo mejor de dos poemarios escritos en la década de los 90. La voz de Adonis es como un fuego de encendidas nieves, tanto queman sus palabras que pueden helar.
David García

Naíf. Súper

Naíf. Súper – Erlend Loe
Nórdica

Muy poca gente reconoce que habla sola. No vale los que se presentan al casting de Gran Hermano y logran entrar en la casa. Muy poca gente de verdad asume que se cuenta lo que piensa en voz alta para encontrarle el sentido a sus dudas, emociones o momentos de bloqueo. Cuando los pensamientos suenan en dolby surround, cuando parecen de otro, se analizan mejor, se desmenuzan trazando otros caminos, surgen nuevas interpretaciones.

El protagonista de Naíf. Súper está en mitad de un paso de cebra personal, mirando un semáforo en ámbar. No sabe lo qué quiere hacer ni lo que va a hacer si es que lo hace.

Su hermano le ha dejado su casa por una temporada. Solo se relaciona con un amigo meteorólogo, con el que se intercambia listas por fax, y con Borren, su vecino, un niño al que coge cariño pronto.

En este estado de andar por casa, su cabeza no para. Piensa, luego habla. En voz alta. Como si estuviera solo y nadie pudiera escucharle. Leerle. “Mucha gente sabe más que yo, pero afortunadamente eso no es problema mío. Mi problema es para qué puedo usar todo esto. ¿Para qué lo quiero? Me aturde (…)¿Cómo se consigue visión de conjunto?”.

Va y viene. De pensamiento en pensamiento. “Hace bastante tiempo que no miro a una chica pensando que debería verla más a menudo. Quizá incluso todos los días (…). He quedado con ella dentro de un rato. Y quizá la vea más veces. No sé cómo es Nueva York, pero me resulta difícil de creer que sea mejor que Lise”.

Para que desconecte y se encuentre, su hermano le invita a pasar unos días juntos en Nueva York. Y después de mucho pensárselo se va. “Tengo ganas de pedirle a la azafata que me cante una canción, aunque no me atrevo. Me limito a pedir un gin-tonic”. Y allí…Hasta aquí debo escribir (contar). Es un libro al que hay que llegar con pocos datos y con ganas de abrir los oídos. Es extraño. Auténtico. Entrañable. Divertido. Obstinado.  Una lectura soliloquio que los recolectores de buenas historias deben apresar con rapidez, porque es uno de esos libros que dejan marca y buenas dosis de vitamina D, como el sol.

El viento comenzó a mecer la hierba

El viento comenzó a mecer la hierba
Emily Dickinson con ilustraciones de Kike de la Rubia – Nórdica

Si trabajas en marketing y publicidad de alguna empresa, te habrán pedido alguna vez que inventes un regalo de empresa que refleje el “espíritu de la empresa” (lo tenga o no). En la mayoría de las ocasiones, este encargo conllevará varias reuniones de lluvia de ideas, discusiones y, finalmente, otro regalo más, estúpido, que una vez que se tiene en casa (si llega) no dice absolutamente nada de lo que debería decir (si dice algo).

Pues Nórdica Libros ha creado un regalo para sus lectores. Y ha conseguido un libro que refleja todo lo que hemos ido contrastando en sus libros: el amor por la belleza, el criterio de autenticidad en la literatura que seleccionan y el deseo de que cada edición sea singular y muestre el valor del trabajo del editor.

Las ilustraciones son peligrosas en textos ya conocidos. Es como cuando alguien ve una película después de leer el libro en el que está basada y dice eso, tan habitual, de que prefiere el libro. Cuando leemos, creamos, y es difícil que aceptemos la mirada de otro sobre el mismo texto del que ya tenemos nuestra propia visualización. Pues en este caso, al menos nosotros, disfrutamos con la interpretación del texto que se recrea en las ilustraciones de Kike de la Rubia, con la misma sutileza, economía y verdad de los poemas de Dickinson. Será un autoregalo perfecto.