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Las barbas del profeta

Las barbas del profeta
Eduardo Mendoza
Fondo de Cultura Económica

Lo advierte el escritor catalán antes de empezar: esto no es un comentario sobre la Bilblia. Sí lo es sobre aquella asignatura que impartían en el colegio denominada Historia Sagrada. Por eso, y porque fechas tan señaladas como éstas son inmejorables, me he acercado a la revisión que el Premio Cervantes hace sobre alguno de los pasajes que más le marcaron, y sobre el conjunto de mitos que tanto han influído en la cultura occidental.

Le presta mucha más atención a la primera parte de los textos sagrados. Para un descreído, el Antiguo Testamento es una fuente inagotable de sorpresas y un motivo constante de reflexión, explica Mendoza que, a su vez, navega por este paisaje mítico con la mirada de un humanista, sin más bagaje que sus lecturas y la capacidad de no verse atrapado por el significado trascendete de sus símbolos.

No exento de ironía, el autor de Sin noticias de Gurb se acerca a la creación, a la Torre de Babel, al diluvio universal, entre otros acontecimientos. De este último confiesa que, después del castigo diluviano, es el único episodio digno de mención. “Según la doctrina cristiana, Dios creó el universo, compuesto de billones o trillones de glaxias, agujeros negros y muchas más cosas tremendas con la única finalidad de poner en un planeta insignificante a un ser pensante que desde el primer  momento no le iba a causar más que nmolestias”.

Glosa a Caín y a Abel. Caín fue fundador de la primera ciudad. Por eso en el imaginario cristiano la ciudad siempre ha tenido mala fama, un lugar de perversión donde las almas se corrompen. No hay más que echar un ojo al la Puerta del Sol a hora punta o pasar un verano en Magaluf, al calor sonoro del chunda chunda. Al contrario que en la cultura Clásica, donde la ciudad era el espacio en el que representaba los valores más excelsos de la ciudadanía.

No podía dejar fuera a Abraham y a su hijo Isaak. Y a sus nietos Esaú y Jacob, este último en la línea de Caín: un malo malísimo que también dejó huella en el imaginario de Mendoza: “(…) un tipo trapacero, emprendedror y sin escrúpulos”.

También pasa por el periplo del pueblo judío y sus profetas. Y así hasta llegar al Nuevo Testamento, del cual deja un testimonio anecdótico.

Mientras leía Las barbas del profeta, no  he dejado de recordar el magnífico libro de Roberto Blatt, Biblia, Corán, Tanaj (Turner, 2016), un ensayo que pone en común las tres grandes religiones monoteístas que partían de un mismo punto, aunque la historia y el hombre las alejó. Si bien son dos libros diferentes, son complemetarios, y ayudan a pasar la Semana Santa de otra manera, al margen del folclore y de los tópicos.

@cercodavid

El último refugio

ultimo+refugioEl último refugio
Roberto Innocenti y J. Patrick Lewis – Fondo de Cultura Económica

De pequeña me intentaban convencer de que un día dejas de disfrutar de los libros y se pasa la fiebre lectora. Recuerdo noches en las que al apagar la luz y dejar el libro debajo de la almohada recordaba esos presagios y me costaba dormirme con miedo.

Al Roberto Innocenti que protagoniza el libro le pasa algo parecido a mis miedos: un día su imaginación se evapora y las ideas se tiñen de un gris anodino. Cansado de la frustración y el aburrimiento, emprende un viaje a la aventura, sin una meta clara. Así acaba en un pequeño hotel a orillas del mar, un refugio como los que abundan en las películas en blanco y negro y en los libros de principios del XX.

En esta pequeña casa que parece una extensión del suelo, como diría Emily Dickinson, el pintor se encuentra con personajes extraños. Todos los huéspedes del hotel buscan algo, se transforman y pasan noches en busca de tesoros. Como en La Buena Vida, pasar por este hotel es el plan perfecto para transformar la curiosidad en imaginación.

El último refugio es un peculiar álbum ilustrado que a ratos se transforma en cómic, en confesión o en poema. Un libro sobre la magia de la literatura, esa isla a la que se vuelve constantemente para recuperar, como las olas, la magia inagotable.

Pilar Torres

El capital en el siglo XXI

JpegEl capital en el siglo XXI
Thomas Piketty – Fondo de Cultura Económica

Con mucho, el libro más esperado del año. Cada uno de los afluentes del río de tinta que ha provocado este libro ha resultado una razón para esperar su traducción.

Ha sido Krugman uno de sus más enardecidos defensores, fundamentalmente, porque comparte con él la lucha contra los mantras de la mentira. Son algo así como el Richard Dawkins de la economía.

En concreto Krugman escribía sobre el nuevo libro del economista francés Thomas Piketty, El capital en el siglo XXI, diciendo que, en su opinión, “es un prodigio de honestidad. Otros libros de economía han sido éxitos de ventas, pero, a diferencia de la mayoría de ellos, la contribución de Piketty contiene una erudición auténtica que puede hacer cambiar la retórica. Y los conservadores están aterrorizados.”

Piketty, decía Krugman en el artículo, “no es ni mucho menos el primer economista en señalar que estamos sufriendo un pronunciado aumento de la desigualdad, y ni siquiera en recalcar el contraste entre el lento crecimiento de los ingresos de la mayoría de la población y el espectacular ascenso de las rentas de las clases altas. Es cierto que Piketty y sus compañeros han añadido una buena dosis de profundidad histórica a nuestros conocimientos, y demostrado que, efectivamente, vivimos una nueva edad dorada. Pero eso hace ya tiempo que lo sabíamos. No, la auténtica novedad de El capital es la manera en que echa por tierra el más preciado de los mitos conservadores: el empeño en que vivimos en una meritocracia en la que las grandes fortunas se ganan y son merecidas.”

Y añadía: “Con todo, ha sido impresionante ver a los conservadores, uno tras otro, acusar a Piketty de marxista. Incluso Pethokoukis, que es más refinado que los demás, dice de El capital que es una obra de “marxismo blando”, lo cual solo tiene sentido si la simple mención de la desigualdad de riqueza te convierte en un marxista. (Y a lo mejor así es como lo ven ellos. Hace poco, el exsenador Rick Santorum calificó el término “clase media” de “jerga marxista”, porque, ya saben, en Estados Unidos no tenemos clases sociales).”

Y finalmente, con ese estilo tan suyo de quien sabe que cualquiera que tire de hemeroteca y relea sus artículos de hace años, verá confirmadas sus opiniones por la fatídica realidad, decía: “Ahora bien, el hecho de que sea evidente que los apologistas de los oligarcas estadounidenses carecen de argumentos coherentes no significa que estén desaparecidos políticamente. El dinero sigue teniendo voz; de hecho, gracias en parte al Tribunal Supremo presidido por John G. Roberts, su voz suena más fuerte que nunca. Aun así, las ideas también son importantes, ya que dan forma a la manera en que nos referimos a la sociedad y, en último término, a nuestros actos. Y el pánico a Piketty muestra que a la derecha se le han acabado las ideas.”

No creo que haya mejor forma de exponer por qué este libro es importante, en la época de los argumentarios y del robo más importante que estamos sufriendo: el del significado de las palabras.

Para leer todo el ar´ticulo de Kugman sobre este libro

Día 7: Recuentos bestiales para abrir boca

En El increíble niño comelibros (ed. Fondo de Cultura Económica), Oliver Jeffers nos ilustra que el apetito nace de la lectura temprana. AVISO para padres: Si el hambre de vuestros hijos se vuelve voraz estas vacaciones, administradles cada 12 horas Dos tigres que corren veloces, de Hé Huang (ed. KóKINOS), una guía con música que ayudará a los más pequeños, no solo a digerir, sino a hacerse los chinos, como Dios manda, cuando les interese. Buen provecho.

El increíble niño comelibros es tan comestible, que su autor e ilustrador se ha encargado de darle el primer mordisco (es literal) por todos los lectores. La tapa trasera y parte de las páginas tienen un trozo menos de papel, por culpa de lo que los dientes de Enrique, el niño protagonista, han engullido.

La curiosidad de esta criatura por los libros empezó por error. Primero se comió una palabra y después las bibliotecas se le quedaron cortas. Con una dieta así, se volvió más listo que sus profes pero su estómago se tomó tantos, que no dejó ninguno para los demás. Y así fue como, tras un empacho, Enrique se dio cuenta de que los libros era mejor leerlos que triturarlos.

Un título para niños y no tan niños, que disfrutan de las historias contadas con imaginación y con dibujos algo más que bonitos.

Sobre Dos tigres que corren veloces solo se pueden decir maravillas. Tiene una edición preciosa, muy cuidada. Es un acordeón que esconde entre sus fuelles gramática, pronunciación, un cd con canciones infantiles para que el chino sea algo más que la lengua y el mercado laboral del futuro. Un primer contacto, visto y sentido, como un objeto lúdico y atractivo para los más pequeños. La mejor forma de aprender: disfrutando.

Tomar medidas.

Distancia.

Comprobar los metros. De este local. Del nuevo.

Planear sobre ellos. Hacer un tetris en tiempo récord.

Disfrutar del juego.

Como los magos cuando usan su boca, como una chistera, para hacer aparecer o desaparecer objetos. Uno tras otro.

El truco está en observar con paciencia.

Corroborar que las cosas -ahora las ves, ahora no las ves- siempre encuentran su sitio. El suyo.

Nuestro primer saque a debate. Tiempo y resultados.

Antes de pasar a los detalles, queremos agradeceros el impulso, la velocidad y la concentración colectiva, las ganas, que habéis demostrado lanzando boleas, que han superado la red y han dejado la primera bola de partido en nuestro campo.

A medida que han ido pasando los días, el debate ha ido ampliando sus líneas de acción y los matices de lo que significa apostar y dar a conocer a un autor nuevo. A una voz desconocida, independientemente de su edad. Gracias por ayudarnos con esta precisión, porque es bien cierto que lo suyo, lo nuestro como librería, es dar a conocer a creadores diferentes, no interesantes o conocidos por el mercado, al margen incluso de él y de sus técnicas para llegar a las listas o al simple fenómeno del boca oreja.

Nos ha gustado que no delimitéis el punto de mira al ámbito más local. Que apuntéis que lo interesante y realmente importante es el descubrimiento, la extensión del territorio lector, con el mayor número de instrumental posible: lecturas, talleres, con y sin los autores; a partir de su obra, poniéndoles incluso a prueba fuera de carta, con escritos casi automáticos solicitados por sus potenciales lectores; conseguir que ellos mismos, las nuevas voces, se congreguen y formen en torno a La Buena Vida una especie de ateneo de truenos y centellas, que de vueltas y proponga remedios a la situación de desamparo en la que viven, del escaso apoyo que la mayoría de ellos recibe por parte de quienes mueven y moldean el sector editorial.

Nos ha quedado claro que hay que seguir dinamizando y que los ya reconocidos como autores han de mojarse más y apadrinar, no sólo a un autor novel en una presentación, sino en llegar con ellos hasta la luz comercial o, al menos, hasta la mirada curiosa de gente con ganas de seguir encontrando historias interesantes que leer y a las personas interesantes que las escriben.

Tomamos nota, estamos totalmente de acuerdo, en que todo esto tiene que tener un amplio soporte audiovisual y que la conexión-trampolín, el intercambio de cromos, no puede hacerse solo en la librería, de forma física. Necesitamos que nuestra web sea proactiva y convoque y se haga eco, e incluso facilite, el buen camino trazado por voces que para el gran público están todavía cerca del silencio, porque hablan bajito.

Con toda esta munición, volvemos a mover el cesto, y os lanzamos un segundo saque.

Si el primero ha tenido tan buena acogida, deseamos que empiece la semana para ver cómo os seguís moviendo por esta tierra batida. Nos quitamos el sudor de los ojos, como hacía continuamente Iván Lendl, para estar al quite.

Ahí va nuestra segunda pregunta:

¿Qué tipo de trato te gusta recibir en una librería? ¿Eres de los que busca indagar solo por la jungla y preguntar si un un momento dado se pierde, o prefieres que te aconsejen y te pongan sobre pistas que no te planteas pero que te llevan a nuevas rutas?  ¿Crees que en la confianza ciega librero-lector? Te escuchamos.

Daños colaterales

Daños colaterales
Zygmunt Bauman – Fondo de Cultura Económica

Con el subtítulo de Desigualdades sociales en la era global, Bauman nos explica el mundo en el que vivimos basándose en un principio: las personas que detentan el poder y la fuerza han tomado como norma considerar sistemáticamente como efectos colaterales involuntarios pero imprescindibles, los efectos negativos de sus decisiones sobre los más débiles, cada vez más pobres.

El libro repasa los efectos de la globalidad sobre nuestras sociedades desde el punto de vista social (el aumento de las desigualdades como variable significativa de la calidad y espectativa de la vida de las personas), laboral y legal (los estados locales no pueden hacer frente al poder global que ya no controlan), político (con una devaluación de los conceptos de democracia, bien común, representatividad,…) y económico (el consumo como forma de empobrecimiento y control de la población). Al mismo tiempo, lo que hace más llevadero una lectura crítica del mundo de este tipo, es que Bauman no deja de mostrar las vías abiertas para intervenir y convencernos de nuestra posibilidad des cambiar el rumbo de nuestra sociedad, sin obviar advertir de los peligros y derivas que la historia nos permite en ocasiones anticipar.

Paideia: los ideales de la cultura griega

Paideia: los ideales de la cultura griega
Werner Jaeger – Fondo de Cultura Económica

Me leí este libro en segundo de facultad en un ataque. Iba subrayando el libro con tres colores: uno, para aquellas notas que me aclararan el porqué de los fracasos en mi educación (o los que entonces pensaba que lo eran), otro sobre aquellas ideas geniales sobre el ideal de educación y un tercer color, simplemente, para ideas geniales. Y el libro estaba de lo más coloreado. Y lo quería. Y se lo dejé a un imbécil y nunca más volvía a verlo (al imbécil un par de veces más pero sin conseguir que me lo devolviera). Ahora ya no tengo fuerzas para hacer esa lectura. Ni falta que hace. Pero el libro es una lectura obligatoria. Ahora que tengo hijos recuerdo muchos aspectos que entonces me parecieron muy sugerentes y que ahora encuentro elementales: la educación en la valentía, la bonhomía, … Mi edición era en tapa dura y me costó un pastón de la época. Pero tenía un profesor de latín y griego que, como los buenos profesores, me hizo ver que pagar  el precio de tres o cuatro copas por esta maravilla era una inversión fantástica. Y tenía razón