– Qué espera un lector de un librero cuando va a la librería

my pokemon2En el sector del comercio minorista y en cualquier sector relacionado con la venta directa, podríamos hablar de la atención al cliente y de las técnicas de venta y fidelización de clientes.

Pero no resistimos a considerar solo clientes a las personas que entran en nuestra librería, ni vendedor o dependiente a un librero.

Ayúdanos en esta conversación muy pocas veces planteada:

¿Qué tipo de trato te gusta recibir en una librería?

¿Eres de los que busca indagar solo por la jungla y preguntar si un un momento dado se pierde, o prefieres que te aconsejen y te pongan sobre pistas que no te planteas pero que te llevan a nuevas rutas?

¿Crees que en la confianza ciega librero-lector?

¿Quieres que el librero se relacione contigo verbalmente o preferirías ir viendo sus propuestas repartidas por la librería y degustarlas o ignorarlas a tu modo?

Te escuchamos.

Si no se te ocurre nada más qeu decir, puedes valorar las ideas de los otros:

15 pensamientos en “– Qué espera un lector de un librero cuando va a la librería”

  1. La verdad es que no se me ocurren demasiadas cosas. A mí tal y como estaba La Buena Vida me parecía bien. Esa mezcla de bar con cine y libros me resultaba muy interesante y si funcionaba, para qué hacer cambios.
    Egoístamente, ya que hago algunos libros ilustrados, me gustaría un trozo de pared para exponer los originales, pero vamos, que tampoco me pasa nada si me quedo sin pared y me invitas a una cerveza.
    ¡Ah! Y si puedo ayudar en algo, me lo dices. ¿Dónde os vais? Ya me contarás. Un abrazo

  2. Creo en la confianza librero-lector. Me encanta que me propongan lecturas e intuyan, por cuatro pistas que le dé, qué podría gustarme. Para eso hay que ser un buen librero. Uno siempre tiene tiempo de recorrer los estantes de una librería, pero que te sorprendan con una frase o una sugerencia es lo mejor. Y verbalmente, por supuesto. Lo echo de menos.

  3. Mi librero ideal es una persona leída, con un criterio propio, que tiene la capacidad no sólo de ayudarme a encontrar algo en las estanterías sino de aconsejarme sobre lecturas futuras, de hacerme descubrir libros que están fuera de mi radar (a veces fuera de cualquier radar). Y lo hace sin atosigarme, cuando surge la ocasión, casi siempre porque yo he tomado la iniciativa, a veces porque resulta natural.
    Me gusta mucho la idea de la librería Antonio Machado del Círculo de exponer un buen número de novedades en un espacio a la entrada, en el que puedo ver cómodamente las cubiertas de todos los libros y dedicarles mi atención como si estuviera en una sala de museo llena de cuadros (¡o en la pantalla de una tableta con todas las portadas a la vista!). No es tanto el formato (estantería del suelo al techo), que también, sino la sensación de que es la selección personal que ellos han hecho entre todo lo que se ha publicado últimamente (o no tanto cuando el libro lo merece); este tipo de recomendación “pasiva” me atrae mucho.

  4. Seguramente muchos lectores fuimos alguna vez adolescentes tímidos que descubrían mundos de palabras y viajes por los sentimientos en su habitación. Así que, sí, me gusta que haya cierto silencio, con su buena música de fondo, en una librería. Me gusta que la conversación con el librero, por tanto, comience en silencio, y por eso me gusta La Buena Vida (y quizás ya me haya enamorado). Me gusta ver páginas de periódico con textos, ver qué libros se destacan, llegar a las estanterías de poesía, prestar atención especial a los libros nobles de regalo, curiosear discos… Luego me basta intercambiar una sonrisa, hacer alguna pregunta que llevo semanas pensando en hacer y me sale con una voz extrañamente tímida… que me devuelva la capacidad de sorpresa y de soñar la vida mientras pasa que un día, hace ya muchos días, me desbordaba el corazón, ese músculo raro, y que me sigue pareciendo lo mejor que podemos compartir en la vida, los momentos en que (Juan Ramón dixit, poema leído hoy a las siete de la mañana delante de un café, cinco minutos antes de rendirme a la prisa) “basta el encanto”.
    Esto… ¡No sé si he respondido a la pregunta!

  5. Seguid siendo como sois. No cambiéis nada, aunque cambiéis de lugar. Y sobre todo, no cambiéis la música. He llegado a salir de casa con una canción y entrar en La Buena Vida mientras sonaba… la misma! Bucear entre libros, vinos y café no sería lo mismo sin esa música. Gracias por ser (y sonar) así.

  6. Esas referencias en prensa que dejáis anexas a algunos de los ejemplares (buena idea!)
    Un trato personalizado, donde, conocidos los gustos del lector, se le den a descubrir nuevos autores o estilos
    La posibilidad de comentar sobre un autor dado, algunas de sus obras, para acercarnos a algunas de las mejores, dejando de lado las intrascendentes
    El no agobiar con el ¿desea vd algo? y sustituirlo por comentarios sin compromiso, tal como hacemos con los amigos

  7. No me gusta que me atosiguen, desde luego. Voy con mis notas, pero me gusta descubrir cosas nuevas o que me recuerden títulos que se me habían pasado. Me gustan pequeñas llamadas de atención sobre libros con carteles, flechas, y cosas así. Me gusta que los libros estén ordenados, pero descubrir alguna cosa fuera de su sitio. Me gusta oir los comentarios de otros lectores y leerlos, sobre todo si tienen criterio. No me gustan las contraportadas que me descubren “otro clásico olvidado” o “el mejor libro del año”. Me gusta leer buena crítica literaria. Me gusta que me asocien unos libros con otros de forma más o menos subjetiva. Me gusta que me recomienden, pero no que me fuercen. Me gusta que me descubran cosas nuevas y que sean amables, pero no pelotas. Me gustan muchas cosas. Por eso iba a su librería … y espero que sigan haciendo las cosas a su modo, que era un buen modo, con personalidad. Un saludo

  8. Es una alegría sentir el cálido recibimiento y el sereno sosiego que se respira en la Buena Vida. Me gusta divagar entre los libros, ver las novedades y leer las reseñas, pero nunca descarto un buen consejo, siempre acertado, que me lleva a descubrir autores desconocidos para mí y que me abren nuevos horizontes. Confío plenamente en mi librero.

  9. Librero-lector: ese término, en sí mismo, más que describir la relación con el cliente es clave para definir al librero y se me antoja un binomio indisoluble. Supongo que el librero, en mi opinión el buen librero, el mejor librero, ha sido y es lector. Vuestra librería es uno de los mejores ejemplos de esta idea.
    Por cierto: enhorabuena por la originalidad, interés, intriga, expectación, calidad literaria, frescura,.. de la serie de 45 entregas. El día de la inauguración no cabremos en el local. Muchas gracias por seguir en ello, y mucha suerte!

  10. Me gusta bucear en las estanterías con tranquilidsd y si lo necesito, preguntar y encontrar voluntad de ayudar en los libreros (como lo hacéis siempre en La buena Vida). Me gusta ir leyendo las reseñas de libros de periódicos que vais dejando en las esquinas o junto a los libros, incluso las recomendaciones que dejan otras personas que pasan por la librería y dejan su opinión para el que viene detrás. Me parece un buen detalle que va creando “comunidad”. Esto es muy importante si vais a crear la versión on line de la librería. Claro que siempre es mejor la versión carnal y presencial de los libros en la pared, o en la mesa, junto al periódico y el café.
    Espero con ansias conocer la nueva Buena Vida…

  11. Me encanta el estilo que teníais en la librería. Procuro conocer los gustos de los libreros en qué me puedo fiar, y en qué no. O sea, confío en los libreros en particular cuando conozco sus gustos. Creo que son fundamentales para comentar novedades. Me gusta que sean, también, buenos lectores.

  12. mesura, sobre todo eso.
    se espera que sepa de libros, pero que no sea un listillo
    se espera que haya leído mucho pero no es creíble que lo haya leído todo y debe reconocerlo
    se espera que deje pensar al lector-cliente que es él mismo quien descubre un libro
    se espera que sepa tocar los libros
    se espera que no diga nunca “te lo dije” cuando un lector-cliente se equivoca
    se espera todo
    y
    se espera nada

  13. Me gusta entrar y mirar. Oler, incluso. Si pregunto, me fio del estómago del otro. La crítica elaborada, larga, especialísima, me previene, pero no me convence. Me espanta, dicen. Las notas, las críticas de los ausentes, las alusiones variadas y/o variopintas, me animan y acompañan esos momentos entre estanterías…

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