Archivo de la categoría: Poesía

Lou Reed era español

fullsizerender4 Lou Reed era español – Manuel Vilas – Malpaso

Un día Manuel Vilas (Barbastro, 1962) escuchó una voz. No una voz cualquiera, sino la Voz con mayúsculas. Como a Dios cuando le ponen copete. Sin saber la razón, aquella voz  llegó a lo más hondo de aquel muchacho ingenuo del Aragón profundo.  La voz cavernosa y gutural venía de Nueva York y tenía nombre y apellido: Lou Reed. Entonces el niño tuvo una epifanía. ¿Quién demonios era aquel hombre  de negro que parecía que le susurraba  directamente al oído  sin entender qué es lo que cantaba? ¿Qué poder era ese? Es ahí cuando el adolescente emprende un viaje. Primero a Lérida. Después a Andorra. Y así hasta recorrer la geografía española y su historia popular más reciente.  Lou Reed era español es una crónica, una autoficción borracha de licencias, una road movie alucinante y descabellada, escrita por un escritor con un gran sentido del humor y una fuerza poética genuina.

Ese viaje que emprende el protagonista es un viaje geográfico y físico, pero también cultural, moral, político. Y como si de un personaje de Conrad se tratase, también es un viaje a las tinieblas de la España casposa y cerril de finales de los 70, donde los pasajeros de los autobuses fuman puros farias y comen bocadillos de sardinas. Si el artista neoyorquino era el hombre de negro, Franco era el de blanco, además de un muro de censura y un estado mental del que España todavía no se ha repuesto aún del todo.

Las drogas, los matrimonios, los hoteles, los conciertos, la vida en la carretera, la censura, los poetas y los artistas, la confusión de una época convulsa y la huida hacia el siglo XXI, se suceden de manera trepidante en esta antifiesta loureediana que apela por el disfrute y la libertad absoluta a la hora de escribir y plantearse la literatura. El narrador muta, porque muta el paisaje y el paisanaje. España es el marco geográfico pero también un personaje.

Si con Setecientos millones de rinocerontes (Alfaguara, 2015) el escritor le daba un codazo a la novela, con Lou Reed era español, Vilas penetra en el género de la biografía que muta en autobiografía para  buscar el sentido de su obsesión. Igual que no hay un solo Lou Reed, tampoco hay un solo Vilas. Santos y locos. O locos y santos, en este  libro que germina cuando el rock’n’roll y la literatura se mezclan con la vida.

@cercodavid

El diario de Kaspar Hauser


Paolo Febbraro – La Palma
Traducido del italiano por Bruno Mesa

A partir del enigmático personaje de Kaspar Hauser, el joven que apareció en 1828 en Núrenberg y del que se desconocía su pasado, salvo leves pinceladas que, a diferencia del “niño salvaje” situaban su infancia en palacios, pero que fue hasta su muerte violenta un paradigma de inocencia, Paolo Febbraro crea una obra filosófica- poética en la que las preguntas y la mirada inocente nos descubren una verdad a la que el lirismo de Febbraro no quita su impecable cartesianismo.

Una poesía llena de encanto y emoción ante el descubrimientoque combina con ingenio y delicada racionalidad que merece una lectura sosegada. Un poemario maravilloso que en La Buena Vida recomendamos encarecidamente en un invierno de 2017, descubriendo charcos en el asfalto:

“Camino tras la lluvia
y el barro de las huellas
me sigue en silencio.
Sobre roca vuelvo solo”

Despedida que no cesa

img_0489Despedida que no cesa – Wolfgang Hermann – Periférica – Traducción de Richard Gross

La vida no te prepara para la muerte. Los libros tampoco. A pesar de ello, hay muchos escritores que han volcado sobre el papel ese vómito de pena al perder a un ser querido. Desde Francisco Umbral, pasando por Joan Didion, o los contemporáneos españoles Milena Busquets o Sergio del Molino, han acudido a la literatura en busca de un lenitivo, un bálsamo  que, aunque amargo, les ha servido para -no sé si  seguir adelante- contar su experiencia.  Es este, también,  el caso del escritor austriaco Wolfgang Hermann (Bregenz, 1961).

Despedida que no cesa comienza con un lirismo contemplativo. La luz, las hojas, la naturaleza conducen al lector a un pesimismo sobre el que el escritor construye su voz, una voz dolorida y angustiada que se forja así tras la pérdida de su hijo adolescente Fabius. WH es un hombre profundamente afectado por esa muerte. A partir del fatídico hecho, el escritor, dando saltos en el tiempo, reconstruye su vida, la de Fabius y la de la mujer, Anna, con la que concibió al niño.

WH reflexiona sobre los aciertos y los errores en la vida. Sobre la juventud y el egoísmo. Sobre la responsabilidad, la familia y la paternidad. Todo visto a través del velo oscuro por el que mira el padre herido. Con sensibilidad de poeta, WH se sumerge en el pasado para dar sentido la presente y asirse a los recuerdos que han conformado su experiencia. En Despedida que no cesa hay pasajes dolorosos de gran lucidez. Recuerdo leer, tumbado en la cama, la escena de la operación con un nudo en la garganta. O la reunión en el bar después de despedir a Fabius, en la que el escritor y Anna conocen a Julia, la novia del recién fallecido.

“Anna se sentó con nosotros y me abrazó a mí y también a Julia. Éramos una familia que nunca habíamos estado reunida y sin embargo formaba una unidad. Anna me miraba, en sus ojos había un océano de amor y de pena que abarcaba el espacio del tiempo”. (26)

Despedida que no cesa es (1)dura, (2)lírica, (3)contemplativa en la medida que el dolor es grieta por la que se cuela el recuerdo, y (4) reflexiva como cuando el tiempo zumba en un túnel y al final sólo hay una niebla densa por la que apenas se filtra la luz. Este magnífico librito -apenas sobrepasa las 100 páginas- es un esfuerzo poético por componer con retazos la experiencia del desorden que supone vivir la muerte del hijo.

@cercodavid

 

 

Di cosas bonitas de mí. Nuestro Club de Poesía

Dedicamos nuestra primera temporada de Club de Lectura poética a los poetas del siglo XX:

A lo largo de toda la temporada, cada mes, disfrutaremos de una obra y un poeta de los que hicieron que el siglo XX tuviera un poco de sentido, pero siempre lejos del análisis académico y de cualquier canon. No hay más poesía que la buena poesía, la que se debe a su creador. Ese será nuestro único lema. Ven y cuéntanos qué has sentido, hasta dónde te has emocionado, qué hay de tus ideas y tu olfato, de qué o de quiénes te has acordado al leer esos versos y si te han llevado a alguna parte. Quizá incluso, ojalá, te hayan llevado al folio que ahora llevas en el bolsillo y que estamos deseando que nos leas. Te escucharemos y nos escucharás, aunque a ratos iremos en silencio y contra viento. Lo pasaremos bien, eso seguro.

Coordinación:
Pedro Letai ha publicado los libros de poemas El gran búfalo americano, que fue finalista del Premio Nacional de poesía joven Miguel Hernández y Todos los aviones, así como la novela Siete canciones pasada la medianoche. Colaborador del programa de Radio Vallekas Poetas en el aire, escribe para Buensalvaje y Cosmopolitan.

Con la inscripción a cada sesión presencial del Club de Lectura invitamos a tomar algo de beber y picar, además de entregar a los asistentes en cada sesión un vale descuento de 2€ para compras. El aforo está limitado a 14 personas.

Puedes realizar la inscripción en la librería o eligiendo la fecha de tu interés en este enlace.

Próximas sesiones programadas

Marina Tsvietáieva, canciones del infierno

“Antología. 100 poemas”

Lunes, 16 de enero de 2017, a las 20:30 horas

Leonard Cohen, el poeta que canta

“Libro del anhelo”

Lunes, 13 de febrero de 2017, a las 20:30 horas

Alfonsina Storni, la voz  de salitre y plata

“Antología mayor”

Lunes, 13 de marzo de 2017, a las 20:30 horas

Ángel González, versos sinceros

“La primavera avanza”

Lunes, 17 de abril de 2017, a las 20:30 horas

Jorge Luis Borges, de la ceguera sublime

“Poesía completa”

Lunes, 8 de mayo de 2017, a las 20:30 horas

Anne Sexton, la herida del alcohol

“Poemas de amor”

Lunes, 12 de junio de 2017, a las 20:30 horas

Ya realizadas:

William Carlos Williams, un paso más
“Antología bilingüe”
Lunes, 17 de octubre de 2016, a las 20:30 horas

Alejandra Pizarnik, un barco de otro mundo
“La extracción de la piedra de la locura. Otros poemas”
Lunes, 21 de noviembre de 2016, a las 20:30 horas

Vicente Aleixandre, el maestro discreto
“La destrucción o el amor”
Lunes, 12 de diciembre de 2016, a las 20:30 horas

Autobiografía de Rojo

Autobiografía de Rojo

Anne Carson – Pretextos

Las civilizaciones se construyen sobre capas y capas de detritos pasados. En esos suelos de milhojas, se quedan colgadas palabras que narraban historias, mataban monstruos y viajaban por los confines de mares e ínsulas. De ellas solo se puede comprender su eco, porque pertenecen a obras de las que no conocemos ni el principio ni el fin. Solo quedan frases que cautivan con su lejanía, aunque probablemente no pertenezcan ni alos momentos más climáticos ni a las introspecciones más profundas.

Autobiografía de Rojo se asoma a este abismo de restos inconexos para que esos ecos encuentren su resonancia en el mundo de hoy. A partir de los fragmentos que se conservan de Estesícoro sobre la historia de Gerión, Carson reescribe el mito en un mundo moderno, reconstruyendo la Gerionesis mediante entrevistas a su autor, versos de apoyo para las piedras del pasado y, como si fuera un gran templo dórico, una novela en verso sobre el personaje.

Gerión le sirve a Carson de disfraz monstruoso con el que adentrarse en una reconstrucción de su propio pasado. El monstruo rojo, que en la mitología griega fue una de las doce pruebas a las que tuvo que enfrentarse Heracles, sufre esta vez el impacto de una flecha no bañada en el veneno de Hidra, sino por la amarga contradicción de Eros.

A lo largo de toda la novela, Gerión va enfrentándose a las contradicciones del cariño: el menosprecio y abuso de su hermano, el amor protector de su madre que arropa y ahoga y, sobre todo, el enamoramiento por Heracles y la herida del abandono que, como un volcán, renace años después con otros tintes distintos.

Pero Autobiografía de Rojo no es una mera historia de amor. Gerión es un monstruo incapaz de entenderse a sí mismo y no puede más que lamer sus heridas, esconder sus alas rojas y buscar su refugio frente al mundo en una coraza moderna: la fotografía. Con ella se adentra en instantes de violencia, por ella viaja y es, al final, la excusa para verse en la lava roja con la excepcionalidad de su silencio.

Esta biografía por la niñez, adolescencia y juventud de Gerión fue la obra que otorgó a Carson el reconocimiento definitivo de la crítica y en donde todos su métodos de exploración poética están ya presentes: la indagación intelectual como el motor de estos versos extensos y reflexivos, a los que se suman recursos propios de géneros que nada tienen que ver con la excelsa poesía, como la entrevista a Estesíroco. Un libro sobre madurar, descubrir y arder por dentro, donde también suenan tangos y los cuerpos se rechazan, se abren heridas y los mitos reviven con pieles nuevas.
Pilar Torres

Haciendo planes

HaciendoplanesHaciendo planes – Karmelo C. Iribarren  – Renacimiento

Cafeterías vacías, amores fallidos, mujeres que te abandonan, inviernos inmisericordes y melancólicos, mañanas  en los que  el sol apenas calienta, el frío, las vagas tardes.  Esos son los  espacios y situaciones en los que se desarrollan  algunos de los más de cincuenta poemas de Haciendo planes de Karmelo C. Iribarren (Donostia, 1959), poeta con más de dos décadas de trayectoria.

Iribarren  proyecta un inventario de derrotas, en las que asoma cierto humor, una risa leve que le quita hierro a  este paseo de dudas e incertidumbres, también de certezas. Los poemas de Iribarren cuentan experiencias que se acercan al microrrelato íntimo, pero que se despegan de él en cuanto la voz encuentra el giro  que lo aúpa a la categoría de poesía.
AL PASAR
La has visto en un bar,
con gente, feliz, riéndose…
Y te ha dado alegría su alegría
y un poco de tristeza
lo efímero que es todo.

El autor de La condición urbana (Renacimiento, 1995) se presta a la concisión a la hora de poetizar lo cotidiano. Iribarren es claro, dueño de una sobriedad difícil de encontrar en una sociedad tendente al simulacro y al aspaviento. El detalle, lo mínimo, se despliega en sus versos que, como píldoras, encapsulan escenas del día a día. Si muchos encuentran en la naturaleza su universo, el donostiarra se abraza a la ciudad, territorio de los sentimientos, la selva donde el hombre  moderno pide un café y se sienta a la espera de ver cómo se desploma el cielo, mientras el poeta espera a las musas o, en su defecto, un penúltimo beso.

@cercodavid

Albertine. Rutina de ejercicios

Albertine. Rutina de ejercicios

Anne Carson – Vaso Roto

Proust se toma casi mil páginas de En busca de el tiempo perdido para presentar a Albertine. La coprotagonista entra, como no podía ser de otra manera tras la espera, con la calma que se vive a orillas del mar, rodeada de sus amigas y sin que el protagonista encuentre aún el aroma que la hará especial más adelante.

Carson, como cualquiera que se enfrenta a la obra de Proust, se fascina y se pregunta por lo que esconden esos velos con olor a lavanda.  Entre la poesía y el ensayo, estos ejercicios y sus apéndices indagan en la figura de Albertine en la novela: una planta a la quer admirar, una esclava de la que abusar y un sujeto amoroso atado a la mentira.

Progresivamente Carson deja los datos empíricos donde cuenta las veces en las que aparece Albertine en la novela y los ecos históricos que dibujan su silueta para hablar de la perversión del protagonista, el lenguaje que se usa para descubrir su auténtica faceta y, sobre todo, investiga sobre la mentira como arquitecto y destructor del amor (“uno solo ama aquello que no posee por completo”, dice Marcel).

La libertad con la que Anne Carson consigue ir de lo poético a lo académico consigue que esta indagación sobre el amor abusivo, el duelo, la mentira y el discurso amoroso pase por las palabras de Beckett, Mallarmé, Barthes o por la propia reflexión sobre el lenguaje, su mentira y lo que dice sin que use esas palabras.

Mientras que en Eros Carson desarrolla la teoría del amor como distancia y anhelo, aquí pone en práctica su discurso analizando uno de los amores más famosos de la historia de la literatura, sin obviar su complejidad propia, que tiene mucho de espejo distorsionado de la monótona vida de Marcel. Albertine es un libro para aprender a ejercitawr la lectura, la reflexión y que demuestra, con fascinación y sin perder la sonrisa, que la literatura siempre dialoga, ilumina y tonifica el discurso propio.

Pilar Torres

Elegías de Duino

Elegías de Duino
Rainer Maria Rilke – Sexto Piso

Rilke escuchó el silencio de los ángeles en el susurro de las olas. Su angustia buscaba un interlocutor en costas triestianas, en medio de una crisis vital que, en pocos años, se convirtió en el primer gran colapso del siglo XX. Elegías de Dunio le llevó diez años de redacción y revisiones, viajaron juntos por Italia, España, Alemania y Suiza y, con su largo madurar, se convirtieron en algo más que el lamento de una época.

Estas elegías, quizás la producción más destacada del autor, reflexionan sobre la naturaleza de la vida a partir de la recreación de la muerte. En sus versos conviven la belleza más exultante con el horror del destino mientras se alzan preguntas a un ángel escondido. Las diez elegías utilizan imágenes similares para, desde una soledad firme y creativa, desentrañar los manantiales de la vida que construyen el río de la felicidad, ahí donde en La Buena Vida nos gusta refrescarnos.

Pero lo más destacado de esta edición que ahora nos trae Sexto Piso es la traducción escogida: estas Elegías de Duinio son una versión libre de Juan Rulfo. El escritor mexicano se mira en su lectura, reconstruye su esencia con pasión y, sin duda, ve en ella a las sombras que pueblan Pedro Páramo.

Sexto Piso, en su delicada colección de poesía, nos trae esta vez un poemario con ganas de descubrir el porqué del mundo, un autor que habla con ángeles entre el coral y un lector-traductor que recupera a sus propios fantasmas. Un libro que se lee en múltiples niveles y emprende un viaje solitario por los caminos de la vida.

Pilar Torres

Los allanadores

ub. la cruz del surLos allanadores
Carlos Pardo – Editorial PreTextos

En el terreno fértil en el que crecen el cardo y el limonero, dos musculaturas de raíces antagónicas obligadas a convivir, encuentra Carlos Pardo (Madrid, 1975) la luz de su voz poética. En Los allanadores lo excelso está en tensión con lo cotidiano, y hasta la política y el espíritu del 15-M se cuelan en este poemario dividido en tres partes: “El hombre indivisible”, “Calipso” y “Los armónicos”.

El autor de El viaje de Johann Sebastian (2014, Periférica) entiende que es posible esa grieta por la que la poesía se cuela y hace ovillo. En “Siete días de sol”, el poema situado en el corazón de Madrid, el sol se alía con el día y una melodía de Morricone sirve como desayuno. En esa calle céntrica es posible escuchar bromear a los operarios que recogen la basura con una borracha a las cuatro de la madrugada, mientras la respiración de la amada trae el sosiego; las asperezas de la realidad con amor y con poesía son menos ásperas. En “Lejía”, poema que le sucede, también el hogar es un trino de esperanza, y ese olor fuerte es el camino inverso de los perfumes, que en su evocación une a la pareja. En esta primera parte, el verano puede ser «insoportablemente estético» mientras el hombre indivisble se hace carne en un padre enfermo, «tan delgado que no lo reconocerías».

En la segunda parte,Calipso”, se cuela lo agreste: las ovejas, el perro, el mullido agosto con su luz que ciega y alimenta, los payeses, los eucaliptos, los cerros, la bruma y la playa. Es un minimalismo de verso corto. Reza en esta canción antillana la economía de palabras. Después de varias lecturas, hay días que acudo a estos versos:

[…] Las higueras anfibias.
El jardín sarmentoso.
La culebra mojada junto al haz
de paja. Anónimas avispas
clavadas en el tronco
del manzano
como nieve salvaje. (43)

Mis problemas con el judaísmo” abre la tercera y última parte. Este poema es largo, íntimo y flexible, el mejor ejemplo para observar cómo afloran las obsesiones políticas, el desencanto, las rutinas cotidianas y la cultura, como si la política no fuera cultura sino un armónico sonoro que entretiene y roba tiempo a lo que al poeta de verdad le importa: leer a Bellow y a Naipaul. No ocurre lo mismo con “Judee Sill”, un homenaje a la cantante con voz rota de sirena psicotrópica. Bach, Virginia Woolf o Paul Valéry arrancan a la piel del poema las últimas palabras. Los allanadores evoca lo real hasta adentrarse en el terreno de las sensaciones y lo inmaterial, para transitar por un camino de incertidumbres más verdadero que el relámpago político de ilusiones que se apagan.

Los allanadores

Toda la noche le ha cantado
el gallo a la neolítica
luna como un
perro. Mamíferos y aves
concordaban lamentos
para ascender el arca de la luna.
Los pasos en la grava
por la escalera de la noche.
Pero ahora podermos dormir hasta tarde.
Apenas el mugido de una vaca
guiará nuestro sueño
por senderos de insectos susarrantes.

@cercodavid

 

Este es el momento exacto en que el tiempo empieza a correr

llurbaEste es el momento exacto en que el tiempo empieza a correr
Ana LLurba – Isla de Siltolá

Un día leo una artículo sobre la cronista de The New Yorker Renata Adler. Otro día me cruzo con un perfil en prensa de la escritora de origen suizo Fleur Jaeggy. Semanas después con uno de Miranda July. Y el día que no espero nada llega a La Buena Vida el I Premio de Poesía Joven Antonio Colinas.  ¿Y qué tienen en común estos textos? Que todos  han sido escritos por Ana LLurba (1980), poeta, editora (Honolulu Books) y escritora cordobesa (Argentina), afincada en Barcelona, «en un estudio muy pequeñito cerca de la estatua de Colón que no señala a América», según indica la solapa de su primer poemario: Este es el momento exacto en que el tiempo empieza a correr (2015).

¿A qué edad se acaba la juventud? es una cita de la polifacética Lola Arias que Ana Llurba pone como cabecera de este conjunto de poemas que buscan el sentido de las cosas y se preguntan por el matrimonio, la maternidad y por el paso del tiempo que deja su «huella en los poros de las piedras». Si hace eso con los materiales inertes, qué no hará con las personas. Los poemas que aquí se recogen visten un halo de desencanto, de furia amable y contenida, de resistencia, de miedo a que todo pase y algo cambie. El fracaso es una posibilidad que desasosiega y está presente. Aquí Llurba es una poeta que se sirve del misterio  para teorizar sobre las catástrofes.

Mary Jo Banks, la citada Lola Arias, Christa Wolf, Doris Dörrie, Amy Hempel, Lydia Davis, Zadie Smith, Carolina Jobbágy, Marosa Di Giorgio y Mercedes Cebrián son los puntales sobre los que la escritora hilvana su música y deja correr su voz. Toda una declaración de intenciones. Algo más que un guiño a este  diálogo que fluye mayoritariamente entre mujeres.  Por otro lado, Llurba  alarga su mirada pop y urbanita hasta atrapar el miedo, y se zambulle en piscinas vacías y se echa siestas milenarias, donde mantiene «largas conversaciones malhumoradas» consigo misma.

La escritora cordobesa hurga en zonas imprevisibles con una valentía turbadora procedente del mismo lugar del que parten todas las preguntas. En uno de sus poemas escribe que está preparada para una muerte violenta, da la sensación de que ungiera desde muy adentro una homilía de voces oscuras. Cuando la poeta sueña con tornados, sugiere un tono agreste, como Dorothy Gale en la tierra de Oz.

También hay versos como estos que emanan de una fuerza mayor: «el cielo se desbarrancó sobre los arrozales/dilatando nuestros poros/como la boca adrenalínica de un volcán/a punto de recibir un sacrificio humano/mientras las parabólicas trasnmitían/algún accidente lejano y atroz». En fin, Llurba es luz que  resiste, si no a ser desterrada, al menos a poetizar las miserias que la circundan.  Me gusta mucho el verso en el que dice que se compraría «una camiseta de Jesucristo/ montado en un diploducos sin dientes». Esa seguro que no se encuentra en PRIMARK.

Se me olvidaba, el otro día leía Frida, la revista de la tribu, y también me encuentro la firma de Ana Llurba.

@cercodavid