Archivo de la categoría: Novela gráfica

Lamia

Lamia
Rayco Pulido Rodríguez
Astiberri, 2016

Desde luego que el Consultorio de Elena Francis en la radio debió dejar traumatizado a un montón de gente. Y a partir de ese trauma Rayco Pulido construye una trama negra, con humor y batante fidelidad a la verdadera historia del programa, un montaje publicitario bendecido por la Iglesia que fomentaba el modelo de mujer, esposa, sumisa y sufridora, que no es objeto del cómic, sino escenario real de una trama de ficción que chupa de los crímenes pasionales como se contaban en El caso, también de la época.

La trama es ágil y desprende un alegre poso libertario, pese a la violencia de los asesinatos. Pero es un cómic fantástico, con interés más allá de la trama detectivesca, y que engrandece el género, como lo hizo hace un año Yo, asesino, de Keko Altarriba, usando un dibujo de línea alargada con buen dominio de los fondos y manchas negras y unos personajes dotados de personalidad.

 

Pequeño Vampir

Pequeño Vampir

Joann Sfar – Fulgencio Pimentel

En el prólogo de estas nuevas aventuras de Vampir, el ser con las mejores noches en vela de la historia del cómic se cansa de ser adulto. Y como los vampiros no envejecen porque ya están muertos, solo tienen una opción: volver a la infancia para no ser grandes Cantamañanas.

Vampir se convierte en un niño de menos de un metro, cansado de estar en casa con los adultos y con ganas de ir al colegio a aprender y conocer amigos. Pero claro, las noches son para descansar en camas calentitas, no para compartir lecciones de matemáticas con monstruos y fantasmas. El pequeño vampiro, que es muy pasota pero aplicado, le hace los deberes a Miguel y de ahí surge una amistad donde no faltan aventuras y vuelos nocturnos.

El protagonista de estas aventuras donde se bebe más chocolate que sangre abandona aquí sus devaneos amorosos y se entrega a la aventura pura, en mundos alucinados donde los monstruos son grandes pero no dan miedo, donde ser pequeño y tener cara de no ver el sol suma puntos para convertirse en el héroe salvavidas, ya sea en los mundos que se esconden en los cuadros  o en los sueños japoneses.

En La Buena Vida se reciben con una alegría especial los libros que se devoran para engordar la felicidad. Y Pequeño Vampir es uno de esos perfectos para tirarse a la bartola, abrirlo con ansiedad y sumergirse en mundos y aventuras para zurdos fatasmales. Una lectura perfecta para desafiar las normas y pasar las noches en vela.

Pilar Torres

La chica de los cigarrillos

La chica de los cigarrillos

Masahiko Matsumoto – Gallo Nero

Aunque las ciudades sean paisajes agobiados por las responsabilidades, el caos y las aglomeraciones, siempre existen márgenes para deambular o ventanas desde las que ver la vida pasar. Rechazar el frenesí y darse al vagabundeo es una tentación cuya fuerza puede ser inmensa, una red cómoda que no merece la pena evitar.

En La chica de los cigarrillos Masahiko Matsumoto hace cine con la tinta y la retícula del manga y caricaturiza a la sociedad tokiota de los setenta, la que vivía ante el inexorable cambio urbano de una ciudad que crecía sobre tradiciones y calles fuera de la nueva realidad globalizada. La comedia y la sordidez que va tiñiendo las relaciones sentimentales, donde los rituales matrimoniales de décadas anteriores, que tan bien retrató Yasuhiro Ozu, dejan paso a una juventud insolente y sin referentes, como los flaneur que protagonizan El idiota de Yoshida.

Aquí los personajes ponen su cara más cómica, tanto en el dibujo como en los hechos en los que se retratan. Pasean por la ciudad atacando los puestos de comida callejera, gritan para entenderse entre los múltiples sonidos que componen la banda sonora de Tokio, compran cigarrillos que nunca van a fumar y deambulan puerta a puerta a la caza de clientes y capturando solo problemas.

La biblioteca de gekiga (los magakas serios que beben directamente del encuadre cinematográfico) que Gallo Nero estrenó el año pasado con El hombre sin talento, con sus personajes oblomovistas, desastrosos y dados a complicarse la vida, son libros sobre los que en La Buena Vida nos avalanzamos sin miramientos, como si nuestro espíritu disoluto encontrara consuelo entre sushis, trenes y noches en las que quitarse rápido los zapatos.
Pilar Torres

Jane, el zorro y yo

Jane, el zorro y yo

Isabelle Arsenault y Fanny Britt – Salamandra

Hay un momento en la infancia en el que se intuye el peso de la soledad. Existe como silencio, como un rechazo por los que te han rodeado siempre pero que, sin entender muy bien por qué, te expulsan de su círculo. En algún momento se aparece fuera de la manada, que intimida y abusa, y la rutina pierde el esplendor de sus colores.

A Helène, la protagonista de este cómic, sus antiguas amigas la llaman gorda y marginada, hacen pintadas insultantes en los baños y solo quiere desaparecer. Su sueño era tener un vestido de miriñaque pero, cuando su madre lo termina después de noches dejándose las yemas de los dedos ante la máquina de coser, ya nadie se deslumbra ante el tacto del tul. Al gris triste de sus días solo le puede consolar Jane Ayre y cómo su silencio y soledad poco a poco se van disipando. Al sumergirse en los libros Helène encuentra la esperanza, la posibilidad de un futuro menos gris que, cuando todo parece ser peor que nunca, aparece en la noche de un bosque.

Con un dibujo sencillo y sobrio, donde el protagonismo lo tienen los trazos fuertes y duros que conviven con la suavidad del color que libera en momentos clave de la historia, este libro cuenta una historia pequeña pero llena de sentimientos, donde se despierta ese sentir infantil de incomprensión y frustración con el mundo, donde el refugio de los libros mejora los días y la amistad surge de sorpresa, pero con la naturalidad de la magia.

Pilar Torres

155 Simón Radowitzky

155 Simón Radowitzky
Agustín Comotto
Nórdica Libros, 2016

En esta biografía el anarquismo es más que una ideología y el judaísmo errante es un protagonista de muchos movimientos revolucionarios con los que tenía la similitud de transfronterizo, de universalidad. El dibujante argentino Agustín Comotto nos presenta esta biografía del anarquista ruso judío Simón Radowitzky. Recorreremos los últimos estertores del zarismo, las primeras huelgas de trabajadores en los albores de la revolución bolchevique, Argentina, Uruguay, la guerra civil española y su final en México.

El dibujo expresionista, en blanco y negro roto por las notas de rojo que subrayan el dramatismo. Acción, primeros planos, correspondencia, flashbacks continuados sin destacarlos con una diferencia gráfica, evolución de los personajes, la soledad matizada por la libertad narrativa para crear una especie de hilo conductor romántico. Es una obra que no insulta al lector adulto, que busca cómo presentar los hechos documentados de una manera amena y que pretende descubrirnos un ejemplo de universalismo vital, la vida de Radowitzky

Melancolía

Processed with VSCO with e7 presetMelancolía

Simon Hanslemann – Fulgencio Pimentel

“Nos rascamos donde pica”, decía Robert Burton para justificar su fascinación por la melancolía en su Anatomía. A los personajes de Hanslemann también les acosa esta molestia que nunca se agota, el desastre de una vida sin orden ni concierto en la que las drogas y las porciones de pizza son las curas que aparecen más a mano.

Melancolía es la cuarta entrega que publica Fulgencio Pimentel de las aventuras de Megg, Mogg, Buho y Werewolf Jones. Cada uno de los libros en los que Hanselmann se hunde en la cama de la tristeza de la bruja verde y demás compañeros de sofá es una nueva temporada de una serie fascinante, aterradora y que despierta carcajadas crueles al llevar todo comportamiento social al extremo.

Se suman nuevos personajes como los hijos de Werewolf Jones, dos lobeznos adolescentes, youtubers y destructores, capaces de transformar a Búho en un tucán desesperado; nuevos escenarios como un Amsterdam deprimente y muy verde; nuevos giros en la historia y las mismas tardes de drogas delante de series malas, el mismo amor por los portátiles y la misma ternura que despierta la desazón de la vida.

Cada vez que Megg aparece de cara por La Buena Vida no queda más que lanzarse sobre ella, dejar en sus manos nuestra propia melancolía para que la tristeza al menos encuentre una risa cruel, apague el mundo y retrate con esta amistad alucinada una nueva anatomía del hastío y los pisos compartidos.

Pilar Torres

El piano oriental

El piano oriental
Zeina Abirached – Salamandra Graphic

Ahora que tenemos el multiculturalismo y el plurilingüismo allí donde ya solo esperamos comer sopa, este cómic nos cuenta en primera persona una visión enriquecedora de lo que es vivir entre occidente y oriente, pero sin caernos al agua como el que saltaba entre Pinto y Valdemoro.

La historia del genial inventor Abdallah Chahine que adaptó el piano a la música oriental con un criterio musical y empresarial solo reservado a los pequeños genios obsesivos que nos ha dado la historia, sirve de excusa para contar la porpia historia de la autora, educada en Beirut en la cultura francesa y aprovechada del exotismo del orientalismo en su vida en Francia. Lleno de humor, con una ilustración en blanco y negro con algunas páginas prodigiosas por su originalidad y su aportación al trasfondo de la historia sin ser redundantes sobre el texto, esta es un obra fantástica para debatir sobre la riqueza de la mezcla cultural.

Hail Satan!

Hail Satan!
Simon Hanselmann – Fulgencio Pimentel
Hace unos meses Fulgencio Pimentel editaba la temporada completa de Megg y Mogg, un libro que reunía los anteriores Hechizo total y Bahía de San Búho. Ese libro de tapas duras desde el que Megg miraba entre asustada y desafiante estuvo hipnotizándome varios días, hasta que una tarde en la que no había ni rayos ni centellas lo devoré sin poder parar de reírme y verme identificada con sus momentos más oscuros.
Las historias de Megg, Mogg y Búho son los cuentos que las generaciones futuras escucharán sobre cómo era la juventud en los poco locos años 10. Los tres comparten una casa cochambrosa, llena de cajas de pizza vacías y en la que luchar por sobrevivir al sobrebeber.

Búho tiene problemas con el alcohol y no recuerda la mitad de sus noches, aunque está reconduciendo su vida con un trabajo al que debe ir con corbata. Megg es una bruja deprimida que, más veces de las que aceptaría, ve el vacío en toda su negrura. Mogg es un gato enamorado de Megg, adicto a las series y a la droga que, cuando se coloca, se dedica a hacer sandwiches con todo lo que pilla. A este trío, de vez en cuando, les visita Werewolf Jones, un lobo pasado de rosca que no hace más que meterles en problemas.

Si bien en Megg y Mogg todas las historias son breves episodios dibujados en muy diferentes estilos, en Hail Satan! Hanselmann retrata una noche de cumpleaños de Búho en la que absolutamente nada consigue alcanzar tintes adultos. Con una línea depurada, Hail Satan! se ríe de las cenas elegantes, retrata vómitos y conversaciones transcendentales de borrachera y roza a la vez la humillación y la ternura.

Estos personajes, que parecen haber salido de un “Érase una vez” para entrar en la pesadilla del vacío existencial, viven historias escatológicas, crueles, pasadas de todo tipo de sustancias, se ríen del sexo, las relaciones y el fracaso. Unos relatos en los que la fantasía se tiñe de realidades reconocibles, donde la sonrisa sardónica crece con la crueldad, hasta que una torta dolorosa despierta a la ternura más desolada.

Pilar Torres

Intrusos

Intrusos

Adrian Tomine – Sapristi

Seguramente la vergüenza sea el sentimiento más universal, una fórmula de horror y risas garantizadas para los días del recuerdo que se siente tanto en carnes propias como ajenas. Una sensación que se junta inevitablemente al fracaso, la sátira y la sonrisa hecha mueca.

Tomine es un gran especialista en estos momentos aterradores y excitantes. Sus trabajos, tanto en cómic como para las portadas del New Yorker, juegan con la colisión entre un trazo sofisticado y el retrato de miserias que, muchas veces, están aderezadas con puñados de crueldad.

Intrusos es una antología de seis relatos sobre fracasos y errores que pasan caras facturas, donde cada historia asume un estilo, voz y tono bien distintos, pero retratando siempre con delicadeza los pequeños vicios y manías que caracterizan a la perfección a los personajes. El libro encierra distintas vergüenzas que se posicionan desde la sátira amable o las acciones no meditadas a la farsa a la vergüenza ajena que maquilla vacíos y dolores no dichos.
Un jardinero metido a horroroso hortiescultor, una doble de estrella del porno, un hombre gris dispuesto a allanar su vida perdida, fracasados que se montan una ficción para salir de su miseria general sin conseguirlo, una nerd adolescente y tartamuda decidida a llenar huecos sentimentales metiéndose monologuista fracasada o las instantáneas de una vida fantasmal en otro idioma protagonizan un libro sobre la delicada huella que deja lo que sale mal. En La Buena Vida nos gusta mucho eso que decía Beckett de «fracasa otra vez. Fracasa mejor», así que de vez en cuando sacamos este libro de Tomine para reírnos un poco de lo que sale mal y aligerar un poco el peso en el corazón.
Pilar Torres

El playboy

IMG_8069El playboy. Memorias en cómic
Chester Brown – La Cúpula

Es difícil que la memoria conserve una historia sólida de la infancia. Acaso un esbozo, brochazos que difícilmente soportan la linealidad en el tiempo. Por eso la adolescencia deviene en  el último reducto del hombre. Vivir plenamente, sí, en todas las etapas de la vida, pero recordar la adolescencia como ese campo -de minas- que se atraviesa a conciencia sin saber que un día el camino se acaba. Aunque de eso nadie avise. Y si lo hacen, basta con no escuchar.

Chester Brown (1966, Montreal) ha llevado al cómic una experiencia que lo marcó cuando frisaba los 15 años. El autor de Pagando por ello (La Cúpula, 2011) narra su descubrimiento de la revista Playboy. Chester es un chico delgado, de melena asalvajada y con la cara cincelada por los granos típicos de la edad, que descubre las mujeres exuberantes que la publicación norteamericana ofrece en sus portadas, y en su interior. A partir de ese momento, el púber Chester se moverá por impulsos, a golpe de testosterona, haciendo de su obsesión un viaje hacia el mundo de los adultos.

Esa sensación de estar en terreno de nadie, solo ante el abismo, mientras se inicia en el sexo, y comienza la exploración de un mundo nuevo, plagado de tabúes, de medias verdades y de erotismo son algunos de los momentos que recoge el autor en este cómic directo y autobiográfico. La mujer se convierte en objeto de deseo, en una obsesión. El miedo y la vergüenza a ser pillado con un ejemplar de la revista hace que haya momentos cómicos, terribles para él.  Chester logra transmitir la inseguridad y lo trascendente que ciertas experiencias pueden ser para alguien que pisa terreno adolescente.

El playboy es un cómic de iniciación donde la vergüenza, el temor y el sentimiento de culpa no son suficientes para que un joven siga sus instintos. A esa edad todo debería ser  fácil, pero vivirlo en primera persona es otra cosa, ¿o es que acaso ya nadie se acuerda?

@cercodavid