Archivo de la categoría: Novedades

Querida Ijeawele. Cómo educar en el feminismo

Querida Ijeawele. Cómo educar en el feminismo – Chimamanda Ngozi Adichie – Traducción de Cruz Rodríguez Juiz – Literatura Random House

Después del manifiesto Todos deberíamos ser feministas, la escritora Nigeriana, que vive con un pie en Estados Unidos y otro en su país de origen, vuelve con otro libro breve. Esta vez de corte epistolar.
La autora de Americanah apela al sentido común, y, con la destreza de los que explican lo complejo de manera sencilla, da 15 sugerencias a su amiga Ijeawale, ahora que ha sido madre, con la intención de orientarla en la educación de su hija.
Muy brevemente, me gustaría señalar alguna de las ideas que Ngozi Adiche pone sobre la mesa para que ésta se las transmita a la pequeña Chizalum Adaora. Las sugerencias son extensibles al sexo masculino. Incluídos los adultos:
1-Sé una persona plena. Concédete espacio para fracasar.
2-El marido debería hacer todo lo que la biología le permite, que estodo menos amamantar.
3-No le digas a tu hija que debe hacer algo o dejar de hacer porque es una niña.
4-El bienestar de una mujer debe basarse en algo más que la benevolencia masculina.
5-Enséñale el amor por los libros.  La mejor manera es mediante el ejemplo.
6-Enséñale a cuestionar el lenguaje. El lenguaje es el depositario de nuestros prejuicios, creencias y presunciones.
7-Jamás hables del matrimonio como un logro. Un matrimonio puede ser feliz o desgraciado, pero no un logro.
8-Enséñala a ser sincera, amable, valiente, a decir lo que piensa. Enséñale a rechazar la obligación de gustar.
9-Dale un sentido de identidad. Enséñale a aceptar las partes  de la cultura que son bellas y a rechazar las que no lo son.
10-Si le gusta el maquillaje y la moda, bien. Pero si no déjala tranquila.
11-Enséñale que la biología es una materia interesante y fascinante, pero que no debe aceptarla como justificación de la norma social.
12-Aunque puede resultar embarazoso, háblale pronto de la sexualidad.
13-No es que tengas que ser su amiga, pero sí deberías ser una madre con la que poder hablar de todo.
14-La gente mentirosa y cruel  también son seres humanos y también merecen ser tratados con dignidad.
15-Háblale de la diferencia, porque la diferencia es la realidad de nuestro mundo.

@cercodavid

América

img_0758América – Manuel Vilas – Círculo de Tiza

Cuando Manuel Vilas (Barbastro, 1962) redactó estas crónicas, todavía no había sido elegido Donald Trump como presidente de los EE UU. Tampoco había muerto Fidel Castro. Sin embargo, ronda en América una premonición. Si bien la de Castro era una muerte anunciada, que más tarde o más temprano iba a llegar, no estaba tan claro que el multimillonario neoyorquino fuera a sentarse en el despacho oval. Lo último  de Vilas es un viaje al Midwest,  a ese espacio geográfico en el que abundan los votantes del que era en aquel momento candidato republicano.

El libro se organiza en capítulos que muestran los diferentes estados y ciudades que Vilas recorre. En muchos de esos viajes lo acompaña su pareja Ana Merino, poeta, escritora y profesora de la Universidad de Iowa. Es en Iowa precisamente donde comienza su andadura. O podría llamar su investigación, porque el autor de Aire nuestro,  (Alfaguara, 2009) además de hacer un libro de viajes, impregna los textos con una pátina sociológica muy sui géneris.

Vilas es un hombre al que le duele y le angustia España.  Su relación con España es de amor/odio. Más lo segundo que lo primero. Y no puede deshacerse de ello,  claro, si no a través de la literatura. Vilas vive la literatura como un sacerdocio y un exorcismo, pero también como una penitencia, y advierte: «Escribir es un oficio duro, pudre a los hombres».

El escritor se queja. Pero también disfruta y vive el viaje. Vilas es como un niño subido en la montaña rusa del capitalismo que es América. Es el viajero que se deja sorprender, que observa y trasciende la realidad. Es posiblemente Manuel Vilas el escritor con la mirada más ingenua -en el buen sentido, esa mirada que en todo ve algo nuevo y destacable, una mirada no adormecida por la cotidianidad  – y gamberra que tienen las letras españolas, porque en sus textos el humor corre como el agua de los ríos con los que el escritor conversa. Vilas  dialoga con aquel que se cruza en su camino, pero sobre todo lo hace con ríos, montañas, ciudades, avenidas, restaurantes. América es una gran conversación que Vilas mantiene para entenderse así mismo. Alejado de las raíces y el terruño.

En cada  ciudad el escritor encuentra conexiones con la literatura y con la música: de Johnny Cash a David Bowie, pasando por Prince o su querido Lou Reed. Y en las letras salta de Pablo Neruda a Walt Whitman, de Foster Wallace a Chefec, entre otros muchos. Con alguno de ellos teoriza. A cada uno de ellos los poetiza. Se sirve de ellos para filtrar el estilo de vida americano, el American Way of Life.

En este viaje laten varias obsesiones. El dinero es una. A Manuel Vilas le preocupa y le gusta hablar de dinero. Las rebajas, el black friday, los grandes almacenes y toda la panoplia de artículos XXL son filtrados por su visión economicista. Donde otros escritores ven un tabú, en Vilas es un gran tema. El frío como patria, como territorio de nadie, sin banderas ni fronteras,  donde confluyen sentimientos y experiencias, donde presente y pasado se tocan. Esa es otra constante:  su magdalena de Proust. Y otra de las obsesiones es la muerte, la transitoriedad de la vida, el hombre como mero pasajero en el tiempo del que poco quedará.

Este volumen surgió de unas crónicas que el escritor mandó al Suplemento Cultural de ABC hace unos meses. El libro lo complementa un epílogo con tres poemas nacidos de esa experiencia. América es un canto a la vida, una oda a la cultura pop, al capitalismo, a la libertad y a la muerte.

@cercodavid

Y si te quedas con ganas de más Vilas, no te pierdas la entrevista que le hicimos para El sueño del mono loco.

Los últimos. Voces desde la Laponia española

img_0790Los últimos. Voces desde la Laponia española – Paco Cerdà – Pepitas de Calabazas

«Aquí solo se piensa en comprar y vender. Entonces, si la gente está concentrada, todo el negocio está reunido. Eso por un lado, por el otro, conviene que en otros sitios no haya nadie para poder especular con los recursos básicos de la vida: la tierra, el agua, la alimentación», explica María del Mar Martón, Coordinadora para el Desarrollo Integral del Nordeste de Segovia, a Paco Cerdà (Génova, 1985) , en este gran reportaje que inquieta, informa, entretiene y te deja helado, no sólo por las bajas temperaturas que viven sus protagonistas, sino por la situación de desamparo y soledad que estos viven.

Este periodista del diario Levante-EMV recorre la Serranía Celtibérica, también conocida como la Laponia española, un territorio que conforman parte de Guadalajara, Teruel, La Rioja, Burgos,  Cuenca, Zaragoza, Soria, Segovia y Castelló. Son 2500 km de viaje por paisajes deshabitados y frío extremo, sólo hay que observar la fotografía de la cubierta tomada por el propio periodista al Nordeste de Segovia.

Cerdà entrevista a algunos de los habitantes de esta otra España: la rural y desahitada. Muchos pueblos de los que visita dentro de 20 años no existirán, serán un recuerdo o literatura, como el caso de Anielle, inmortalizado por Julio Llamazares en La lluvia amarilla (1988).

Estas entrevistas/encuentros tienen algo de imagen panorámica, que apoyada en  datos,  muestran un territorio hostil y salvaje. Hay pueblos que viven sin luz eléctrica, pueblos donde el médico pasa una vez a la semana y el cura ha dejado que dios reparta suerte sin que él sea el mediador. De colegios para los niños mejor ni hablar. Entre otras muchas cosas.

Uno de los encuentros es con el catedrático de Prehistoria de la Universidad de Zaragoza Francisco Burillo, que  ha denominado a este proceso  de despoblación: demotanasia. Suena mal, y peor es vivirlo. De los 1355 municipios que configuran la Serranía Celtibérica, casi la mitad tienen menos de 100 habitantes. 7´4 habitantes por km cuadrado es el umbral para formar parte de este triste club.  Muchos de sus habitantes resisten las duras condiciones casi como un acto de justicia poética. Pero aquí, resistir no sé si es vencer, contrariando al Nobel de Literatura Camilo José Cela.

Los últimos se lee tan bien que parece que uno esté leyendo cuentos ambientados en  pueblos de la España profunda o de El reino de Celama, de Luis Mateo Díez. Cerdà es  periodista con vocación literaria e impregna a estos textos de no-ficción velocidad, gracia, crudeza.  No exagero si digo que la conversación que mantiene con Moisés Salgado, un monje que lleva décadas en el monasterio de Silos, es emocionante. Sin menoscabar las demás historias.

Este libro se merece estar junto a La España vacía (Turner, 2016) de Sergio del Molino. Y muy cerca de El delirio blanco (Dioptrías, 2016), una fantástica road movie periodística sobre la estepa rusa que nos encantó en La Buena Vida. Después de leer un libro así, no puedo sino pensar que  el reportaje y la crónica ensanchan las fronteras de la buena literatura.

@cercodavid

 

El motel del voyeur

img_0651El motel del voyeur – Gay Talese – Alfaguara

Con La mujer de tu prójimo (Debate, 2007), Gay Talese, hijo de inmigrantes italianos y una de las plumas más brillantes del llamado  Nuevo Periodismo, radiografió las costumbres sexuales de la sociedad norteamericana del siglo pasado. Es por eso que a principio de los ochenta, Gerald Foos, el protagonista de este libro, contactó con él.

«Conozco a un hombre casado y con dos hijos que hace muchos años se compró un motel de veintiuna habitaciones cerca de Denver a fin de convertirse en su voyeur residente», escribe en el primer párrafo de este libro que aúna reportaje, sociología, viajes, paciencia y errores que le han llevado a Talese a desdecirse y pedir perdón por los deslices cometidos en este libro.

Al margen de la polémica que ha suscitado, El motel del voyeur reconstruye la historia de una obsesión, la de Gerald Foos y su pasión desmedida por observar a las parejas en sus momentos más íntimos. Digo desmedida porque para poder llevar su proyecto adelante tuvo primero que comprar el motel. Y después acondicionar los techos  para poder observar, a través de unas rejillas especiales en el techo, cómo sus clientes practicaban sexo.

Dicho así, parece que estamos hablando de un simple salido. Y posiblemente lo era. Eso sí, con la connivencia de Donna, su primera esposa, y más tarde con Anita, su segunda mujer. Aunque hay que destacar que además de la excitación y el morbo que  estas incursiones en la vida privada les podían aportar, el propietario del Motel Manor House llevaba un diario que da una medida de su obejtivo pseudosociológico y de su sensibilidad.

De ese diario, y de la relación epistolar y telefónica que durante más de 30 años va a mantener con Foos, además de algunas visitas que el autor de Honrarás a tu padre (Alfaguara, 2011) hace a Aurora (Colorado) para conocerlo personalmente, se erige este libro de corte narrativo y de diario.

Foos se define como un «pionero de la investigación sexual». Explica que su material -obtenido sin el consentimiento de los implicados- es más auténtico y legítimo que el del Instituto Master&Johnson, cuyas investigaciones  revolucionaron los estudios sexuales y han sido producto de una exitosa serie de televisión, Master of Sex.

Como toda investigación periodística que se precie, la acompañan algunos documentos gráficos.  Entre los temas más controvertidos está el de un asesinato de una mujer a manos de su novio, que se produjo a causa de una negligencia de Foos. Aunque el periodista no encontró pruebas policiales que puedieran constatar la veracidad de los hechos.

A lo largo del texto Talese aparece como un investigador precavido, en general, mientras va recopilando información. En la versión española, reconoce algún baile de fechas. Es bueno para el periodismo que se cuestione a los grandes totem, que no se sientan intocables, cuando hay indicios de negligencias. Kapuscinski dio la sorpresa una vez fallecido. No es el caso. El autor de aquel memorable texto de Frank Sinatra que todos nombran sigue dando fuste al periodismo.

@cercodavid

 

Incertidumbre

img_0623Incertidumbre – Paco Inclán – Jekyll&Jill

Del autor de este libro hay una foto nada más abrir sus páginas.  A ella he acudido en numerosas ocasiones al leer estos relatos de viaje  o crónicas o reportajes o ficciones, cuando me he adentrado en esta manera clásica, pero no por ello menos gozosa, de narrar. Como si al observar la fotografía, ésta me fuera a revelar algo que se me escapa. Si destaco esto es por que he imaginado, igual que el lector que  no distingue entre autor/narrador/personaje, a este hombre  de mediana edad y rostro servero, viviendo las experiencias que   cuenta con  humor e ingenuidad/crueldad contenida. Aunque no es por una imagen que  Incertidumbre me haya parecido un libro muy recomendable.

Y dejaré de viajar para no tener que despedirme

En estos viajes, Inclán incurre en la primera persona, tan subjetiva como necesaria. En el primero de sus viajes se va a Irlanda del Norte o al norte de Irlanda, según quien mire, para ver  la final del campeonato de fútbol galéico en un pub, junto a una amiga que se desvive por conciliar la vida entre católicos y protestantes. Tampoco es para tanto, pueden decir muchos. Pero ahí está la gracia. No es el qué sino el cómo. La mirada del extranjero es aquí central. Esa mirada que penetra en los pequeños detalles y se deja impresionar por aquello que al paisano le pasa desapercibido porque la costumbre le ha adormecido los sentidos, igual que su capacidad para dejarse impresionar. «(…) si alguien viaja una semana a un lugar, escribe un libro; si viaja un mes, escribe un cuento, y si viaja un año, escribe dos líneas», dice el autor/narrador/personaje.

El segundo texto cuenta un viaje a Formentera, la isla dependiente de Ibiza, una isla que es a la vez dependiente de otra isla, Mallorca. Huyendo de las fiestas más populares de Valencia, su tierra,  Inclán busca las conexiones entre Julio Verne y el cruising, unas prácticas sexuales furtivas que los homosexuales mantienen en espacios públicos. Para ello se va al Faro de La Mola, inmortalizado por Verne y llevado a la pantalla, un siglo después, por el cineasta Julio Medem en Lucía y el sexo. Suena raro, y lo es. Pero el valenciano consigue levantar un relato entre íntimo, erudito y humorístico de gran originalidad.

Alcobendas, el Festival Internacional de Cine del Sahara en Dajla, un pequeño pueblo de Islandia en el que supuestamente vive el escritor más importante de esta isla o una pequeña comunidad en Guinea Ecuatorial, en la que un español con antecedentes que vivió a todo trapo la Ruta del Bacalao vive como uno más, son algunos de los espacios que Inclán cartografía con gracia y desparpajo.

El libro cierra con un texto más extenso: Hacia una psicogeografía de lo rural. Aquí el autor muestra un proyecto artístico desarrollado en Valladares, Vigo, con la ayuda del colectivo Alg-a Lab, la Fundación Campo Adentro y el Museo Reina Sofía, entre otros.  Inclán cuenta la experiencia. Intenta teorizar a partir del concepto situacionsita acuñado por Guy Debord: psicogeografía. Y, aunque la estructura del relato está arbitrada por las reglas del formato, Inclán incluye la perspectiva humanista, a lo Barley en El antropólogo  inocente, y convierte el texto casi en un cuento.

@cercodavid

 

 

Lou Reed era español

fullsizerender4 Lou Reed era español – Manuel Vilas – Malpaso

Un día Manuel Vilas (Barbastro, 1962) escuchó una voz. No una voz cualquiera, sino la Voz con mayúsculas. Como a Dios cuando le ponen copete. Sin saber la razón, aquella voz  llegó a lo más hondo de aquel muchacho ingenuo del Aragón profundo.  La voz cavernosa y gutural venía de Nueva York y tenía nombre y apellido: Lou Reed. Entonces el niño tuvo una epifanía. ¿Quién demonios era aquel hombre  de negro que parecía que le susurraba  directamente al oído  sin entender qué es lo que cantaba? ¿Qué poder era ese? Es ahí cuando el adolescente emprende un viaje. Primero a Lérida. Después a Andorra. Y así hasta recorrer la geografía española y su historia popular más reciente.  Lou Reed era español es una crónica, una autoficción borracha de licencias, una road movie alucinante y descabellada, escrita por un escritor con un gran sentido del humor y una fuerza poética genuina.

Ese viaje que emprende el protagonista es un viaje geográfico y físico, pero también cultural, moral, político. Y como si de un personaje de Conrad se tratase, también es un viaje a las tinieblas de la España casposa y cerril de finales de los 70, donde los pasajeros de los autobuses fuman puros farias y comen bocadillos de sardinas. Si el artista neoyorquino era el hombre de negro, Franco era el de blanco, además de un muro de censura y un estado mental del que España todavía no se ha repuesto aún del todo.

Las drogas, los matrimonios, los hoteles, los conciertos, la vida en la carretera, la censura, los poetas y los artistas, la confusión de una época convulsa y la huida hacia el siglo XXI, se suceden de manera trepidante en esta antifiesta loureediana que apela por el disfrute y la libertad absoluta a la hora de escribir y plantearse la literatura. El narrador muta, porque muta el paisaje y el paisanaje. España es el marco geográfico pero también un personaje.

Si con Setecientos millones de rinocerontes (Alfaguara, 2015) el escritor le daba un codazo a la novela, con Lou Reed era español, Vilas penetra en el género de la biografía que muta en autobiografía para  buscar el sentido de su obsesión. Igual que no hay un solo Lou Reed, tampoco hay un solo Vilas. Santos y locos. O locos y santos, en este  libro que germina cuando el rock’n’roll y la literatura se mezclan con la vida.

@cercodavid

La España vacía

img_0780La España vacía – Sergio Del Molino – Turner

Hay narradores que encuentran en el ensayo un espacio donde  ampliar el espectro de sus intereses, y el de sus lectores, alejándose de lo estrictamente  literario. España, como tema, ha sido  tratado, y mucho. Desde Unamuno a Madariaga, por citar a dos grandes de las letras españolas. O aquel Gárgoris y Habidis. Una historia mágica de España (1978) con el que el  controvertido Sánchez Dragó se llevó el Premio Nacional de Literatura.  Con La España vacía, Sergio del Molino (Madrid, 1979) viene a ampliar, de manera inteligente y poco convencional, la basta bibliografía sobre nuestro país.

Es en un viaje por Gales, cuenta en el prólogo el escritor madrileño, como comienza este relato fascinante donde el autor de Hora violeta (Literatura Random House, 2013) le toma las medidas a su país, al ámbito rural y más deshabitado. ¿Sabía el lector que España es geográficamente más grande de lo que vemos en los mapas? ¿Qué relación existe entre Las Hurdes, Marañon y Buñuel con el socialista Fernández Vara? ¿Cómo juntar sin que chirríe al locutor de los 40 Principales Joaquín Luqui con las Guerras Carlistas?  Estos son sólo algunas ejemplos.  Del Molino despliega originalidad,  mezcla con acierto ámbitos y personajes, épocas históricas y sensiblidades muy diferentes para ofrecer un trabajo ameno, divulgativo y personal.

Si con sus dos últimas entregas este maño de adopción había acostumbrado a sus lectores a la literatura del yo, con La España vacía abre el diafragma, y de contarse como individuo, pasa a contarnos como sociedad. Del yo al nosotros. Un nosotros que nos enfrenta con las contradicciones, las carencias, lo peor y lo mejor de los españoles. De la visión ruinoso con la que Cervantes pinta  Castilla, al terregal luminoso con el Azorín lo ve, pasando por el contemplativo beatus ille de Bécquer -por poner otro ejemplo-. El  recorrido por la historia y la geografía española es pertinente, alejado de academicismos y convenciones.  La mezcla de datos y experiencia personal confluyen en su justa medida. Y consiguen que  sea una lectura apasionante. La España vacía  ha sido galardonada con  el Premio del Gremio de Libreros de Madrid’16 en  no ficción.

@cercodavid

La Triunfante

Processed with VSCO with 6 presetLa Triunfante – Teresa Cremisi – Anagrama – Traducción de Jordi Terré

Las doce y media. Rápido ha pasado el tiempo
desde las nueve en que encendí la lámpara
y me senté aquí. Sentado sin leer,
y sin hablar. Con quién hablar
tan solo como estoy en esta casa.

 
Los destellos del Mediterráneo son el espejo donde se han mirado todo tipo de historias. Desde Homero, que miraba el azur y contaba naves y pueblos, las vidas en tránsito constante, los comerciantes y viajeros que veían desde lejos los brillos de Oriente, han creado amarres cuando aparecía la tierra. De alguna manera todos los puertos del Mediterráneo se tocan, hablan el idioma de un agua donde las batallas llenaban la espuma de sangre y los aromas se mezclaban de una bodega a otra.
La Triunfante del título es uno de esos barcos que desplegaba las velas más allá de las paredes de rocas. Confunde, porque su deriva elegante no pertenece a los grandes hechos de la historia, ni aparece en películas y grandes museos. Como la narradora de esta novela, su triunfo se pierde en el horizonte, sin más huellas que las que deja en el recuerdo.
La primera novela de Teresa Cremisi, importante editora de las francesas Gallimard y Flamillion, toma esos reflejos del Mediterráneo para hablar  de sus recuerdos sin traicionar nunca a la elegancia. Están los ambientes que construyen su vida, la infancia en Alejandría cuando las orillas del mar se mezclaban de un extremo a otro, con pasaportes falsificados. Está la llegada a Italia y el caos, donde el conde Mosca de La cartuja de Parma es la voz de la conciencia para sobrevivir lejos del mar. Están el éxito, los vértigos, la huida y el cansancio. París y la felicidad, tan efímera que solo la descubres cuando se ha desvanecido. Y, al fin, una retirada en la calma amalfitana, con la frescura de la juventud en la mirada pero con toda la historia ya contada.
En La Triunfante el éxito no sabe a victoria, sino siempre a incomodidad y sorpresa. Es una novela sobre el trabajo, que se aleja de muchas expectativas pero que enseña a caminar en otros paseos. Sobre la familia, los secretos que guarda y cómo la admiración y el misterio de la infancia tiñen toda la vida. Sobre el amor que se toma con calma, sin mareas. Un libro que se sienta, como el poema de Cavafis, a dejar que deambule la mirada por las aristas de la vida y que, sin grandes rimbombancias, traza una travesía de Oriente a Occidente, de la infancia a la desubicación adulta sin perder la sorpresa en la mirada. Desde La Buena Vida no puede verse el mar, pero siempre quedan libros llenos de sal entre las guardas.
Pilar Torres

Musa

labuenavidalee_musaMusa – Jonathan Galassi – Anagrama – Traducción Jaime Zulaika

Jonathan Galassi (Seatlle, 1949) conoce el sector editorial desde dentro. Comenzó en Houghton Mifflin, ha trabajado en  Random House. Y actualmente dirige y preside Farrar, Straus and Giroux, por la que han pasado autores como Pablo Neruda, Susan Sontag, Jonathan Franzen, Jeffrey Eugenides o Tom WolfeMusa es, precisamante, una ficción inspirada por esa larga trayectoria: un viaje por las tripas del mundo editorial neoyorquino, donde la intelectualidad y glamur maridan con las  las mediocridades que compartimos todos los seres humanos.

El protagonista de esta magnífica novela es Paul Dukach, un tipo que trabaja para una editorial independiente. Entre el éxito y él se interponen su jefe, Homer Stern, y Sterling Wainwright, un editor de la competencia que tiene la suerte de tener en su filas a la gran poeta del momento: Ida Perkins. Una mujer fascinante que ha encandilado al público y a la crítica desde que publicara su primer poemario Virgin Again. La obra y la agitada e interesante vida de Perkins van a ser uno de las líneas argumentales sobre las que se sostiene la novela.

En Musa entran y salen muchos personajes arquetípicos que  dan al lector una idea de cómo funciona el sector editorial y de qué tipo de fauna se nutre lo que suele denominarse el mundillo literario. A punto de desfallecer la novela, irrumpe para salvarla uno de los  gran acontecimiento: la Feria de Frankfurt, donde agentes y editores sacan el rifle como los cazadores de safari. Algunos viven a cuerpo de rey, otros, en cambio, regresan de la caza magullados. Negocio, egos, talento. Algo parecido a aquel libro de  Juan Cruz titulado Egos revueltos.

La mirada de Gallasi es perspicaz, a veces incisiva. Con el escalpelo  afilado por la sátira, este editor atraviesa diferentes épocas hasta llegar al mundo contemporáneo. Aquí, en el presente, el autor plantea algunas de los tics, miedos y prejuicios que vive el sector editorial, y el modelo de negocio, con el complicado salto, o descalabro, a lo digital. Musa no es sólo una primera novela divertida, es, además, un libro escrito desde el amor a los libros y a la literatura.

@cercodavid

 

Despedida que no cesa

img_0489Despedida que no cesa – Wolfgang Hermann – Periférica – Traducción de Richard Gross

La vida no te prepara para la muerte. Los libros tampoco. A pesar de ello, hay muchos escritores que han volcado sobre el papel ese vómito de pena al perder a un ser querido. Desde Francisco Umbral, pasando por Joan Didion, o los contemporáneos españoles Milena Busquets o Sergio del Molino, han acudido a la literatura en busca de un lenitivo, un bálsamo  que, aunque amargo, les ha servido para -no sé si  seguir adelante- contar su experiencia.  Es este, también,  el caso del escritor austriaco Wolfgang Hermann (Bregenz, 1961).

Despedida que no cesa comienza con un lirismo contemplativo. La luz, las hojas, la naturaleza conducen al lector a un pesimismo sobre el que el escritor construye su voz, una voz dolorida y angustiada que se forja así tras la pérdida de su hijo adolescente Fabius. WH es un hombre profundamente afectado por esa muerte. A partir del fatídico hecho, el escritor, dando saltos en el tiempo, reconstruye su vida, la de Fabius y la de la mujer, Anna, con la que concibió al niño.

WH reflexiona sobre los aciertos y los errores en la vida. Sobre la juventud y el egoísmo. Sobre la responsabilidad, la familia y la paternidad. Todo visto a través del velo oscuro por el que mira el padre herido. Con sensibilidad de poeta, WH se sumerge en el pasado para dar sentido la presente y asirse a los recuerdos que han conformado su experiencia. En Despedida que no cesa hay pasajes dolorosos de gran lucidez. Recuerdo leer, tumbado en la cama, la escena de la operación con un nudo en la garganta. O la reunión en el bar después de despedir a Fabius, en la que el escritor y Anna conocen a Julia, la novia del recién fallecido.

“Anna se sentó con nosotros y me abrazó a mí y también a Julia. Éramos una familia que nunca habíamos estado reunida y sin embargo formaba una unidad. Anna me miraba, en sus ojos había un océano de amor y de pena que abarcaba el espacio del tiempo”. (26)

Despedida que no cesa es (1)dura, (2)lírica, (3)contemplativa en la medida que el dolor es grieta por la que se cuela el recuerdo, y (4) reflexiva como cuando el tiempo zumba en un túnel y al final sólo hay una niebla densa por la que apenas se filtra la luz. Este magnífico librito -apenas sobrepasa las 100 páginas- es un esfuerzo poético por componer con retazos la experiencia del desorden que supone vivir la muerte del hijo.

@cercodavid