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Escribir, tan solos

Escribir, tan solos
Carlos Skliar
Mármara

La soledad es el dulce castigo al que está condenado el escritor, también el lector. La soledad como campo de batalla, como amigo al que mimar y, en ocasiones, como enemigo al que combatir. ¿Cuántas veces se ha explayado alguien tanto a solas que cuando ha querido levantar la vista no ha encontrado a nadie? Se dice que la amistad hay cuidarla, cultivarla. Lo mismo ocurre con la soledad. Carlos Skliar (Buenos Aires, 1960), escritor e investigador, se ha adentrado en este territorio de sombras para “sugerir una suerte de biblioteca de la soledad”. Con esta sugerente idea, el escritor argentino nos ha dejado un libro complejo, poético, filosófico y hermoso.

Si bien al principio, en este recorrido anatómico por la soledad, como experiencia universal, el lector se puede ver algo perdido, sólo se tiene que dejar acompañar -qué paradoja- por las elucubraciones que su autor va hilando, hasta verse envuelto en una suerte de ambiente en el que  afloran pequeñas y jugosas certezas. La soledad, viene a decir Skliar, puede ser virtud, deseo, salvación, silencio o secreto propio.

Los episodios se agavillan con escritores con nombre propio. De Rimbaud a Juarroz.  Sin olvidar a Herzog. El escritor argentino brujulea a través de la literatura universal. Se para con Leyshon y aquel libro que tanto nos gustó en La Buena Vida titulado Del color de la leche. O si no, profundiza en la novela de Coetzee, Esperando a los bárbaros.

El mito de la existencia de los bárbaros se ha hilvanado de generación en generación y es el miedo aquello que hace respirar a una ciudad que cierra su alma cuadno cae el sol y la noche no resiste la brisa de las sombras.

Por momentos da la sensación de que el autor olvida su primer propósito y su única intención es seguir repasando aquellos libros de los que en algún momento se enamoró. Porque Escribir, tan solos es un libro que habla sobre otros libros de un hombre que vive para los libros. Y es verdad que el poeta -Skliar ha publicado libros de poesía-  encuentra, entre iluminaciones y metáforas, el momento adecuado para volver al tema central.

Escribir, a veces, porque no hay nada que decir, y encontrar allí el sentimiento sobre todo aquello de todo lo qeu no se está sintiendo: escribir en le tedio sustancial del aislamiento, escribir como soledad ensimismada.

Escribir, tan solos es un libro que seduce al lector. Sus reflexiones, su parsimonia, como queriendo luchar contra el sino de nuestro tiempo, su singular vocación de manual de literatura, su complejidad y su sencillez -valga la contradicción-,  hacen de él un libro que se abre en canal, un animalario hondo y abierto con la soledad como centro.

Hay páginas que brillan por sí solas. Son las ideas y la poesía que todo lo desborda lo que hace que uno se deje arrastrar hasta lo más profunda de la soledad, esta vez no impuesta, sino elegida.

La soledad es como un oleaje, pero el mar nunca sabe que es el mar.

@cercodavid

Las barbas del profeta

Las barbas del profeta
Eduardo Mendoza
Fondo de Cultura Económica

Lo advierte el escritor catalán antes de empezar: esto no es un comentario sobre la Bilblia. Sí lo es sobre aquella asignatura que impartían en el colegio denominada Historia Sagrada. Por eso, y porque fechas tan señaladas como éstas son inmejorables, me he acercado a la revisión que el Premio Cervantes hace sobre alguno de los pasajes que más le marcaron, y sobre el conjunto de mitos que tanto han influído en la cultura occidental.

Le presta mucha más atención a la primera parte de los textos sagrados. Para un descreído, el Antiguo Testamento es una fuente inagotable de sorpresas y un motivo constante de reflexión, explica Mendoza que, a su vez, navega por este paisaje mítico con la mirada de un humanista, sin más bagaje que sus lecturas y la capacidad de no verse atrapado por el significado trascendete de sus símbolos.

No exento de ironía, el autor de Sin noticias de Gurb se acerca a la creación, a la Torre de Babel, al diluvio universal, entre otros acontecimientos. De este último confiesa que, después del castigo diluviano, es el único episodio digno de mención. “Según la doctrina cristiana, Dios creó el universo, compuesto de billones o trillones de glaxias, agujeros negros y muchas más cosas tremendas con la única finalidad de poner en un planeta insignificante a un ser pensante que desde el primer  momento no le iba a causar más que nmolestias”.

Glosa a Caín y a Abel. Caín fue fundador de la primera ciudad. Por eso en el imaginario cristiano la ciudad siempre ha tenido mala fama, un lugar de perversión donde las almas se corrompen. No hay más que echar un ojo al la Puerta del Sol a hora punta o pasar un verano en Magaluf, al calor sonoro del chunda chunda. Al contrario que en la cultura Clásica, donde la ciudad era el espacio en el que representaba los valores más excelsos de la ciudadanía.

No podía dejar fuera a Abraham y a su hijo Isaak. Y a sus nietos Esaú y Jacob, este último en la línea de Caín: un malo malísimo que también dejó huella en el imaginario de Mendoza: “(…) un tipo trapacero, emprendedror y sin escrúpulos”.

También pasa por el periplo del pueblo judío y sus profetas. Y así hasta llegar al Nuevo Testamento, del cual deja un testimonio anecdótico.

Mientras leía Las barbas del profeta, no  he dejado de recordar el magnífico libro de Roberto Blatt, Biblia, Corán, Tanaj (Turner, 2016), un ensayo que pone en común las tres grandes religiones monoteístas que partían de un mismo punto, aunque la historia y el hombre las alejó. Si bien son dos libros diferentes, son complemetarios, y ayudan a pasar la Semana Santa de otra manera, al margen del folclore y de los tópicos.

@cercodavid

Los días raros

Los días raros
Ovidio Paredes
Trabe

Octavio vive en Oviedo. Tiene una vida de provincias que podría ser serena y apacible. Y aunque en realidad lo es, hay todo un mundo ahí afuera que lo aflige. Los días raros es un diario que encuentra en las cosas sencillas, en las pequeñas dificultades del día a día, su razón de ser.

La homosexualidad, las lecturas y el cine, la música, los recuerdos de haber trabajado en un librería, el anhelo por atrapar con palabras  las tardes de lluvia, como si sus gotas se deslizaran como una sonata de Satie en busca de un oído que le preste  atención, se desencadenan en estas reflexiones que cubren la primera mitad del año 2106.

Paredes despliega sensiblidad impresionista en cada trazo que esgrime. Sus comentarios por la enfermedad de su gata Francesca, la relación con su marido Íñigo, los paseos con su madre,  los cumpleañso familiares, las injusticias que ve en el mundo, las impertinencias de los otros y sus temores, las traiciones, generan empatía por la sencillez y la honestidad que respiran.

No hace falta leer muchas páginas para advertir el carácter hedonista del escritor asturiano, siempre al acecho de un asiento en una terraza con un buen libro y, a ser posible, con un vino o un gin tónic. En oposición, asoma la sombra de la depresión por la que pasó el autor, y las desventuras que una persona puede sufrir por su condición de homosexual en un ambiente opresivo.

El escritor también ejerce de crítico en diferentes medios. También de poeta, aunque eso es otra cosa. Por lo que las lecturas se suceden y se engarzan. Son ese paquebote que lo salvan del tedio, de la rutina, de las largas horas de los lunes al sol. Los comentarios de libros van de allá para acá, sin aparente orden ni control, más allá del buen gusto y de ese espíritu arbitrario y aventurero en el que todo librero, o lector abierto y sin prejuicios, se puede reconocer.

Mientras tenía entre mis manos  Los días raros, sentía la extrañeza de leer algo cercano pero a la vez muy diferente a aquello que ocurre en la gran ciudad. Me gustó especialmente el texto en el que visita las librerías de Madrid, con la esperanza de que en algún momento nombrase La Buena Vida entre sus incursiones literarias. No fue así. Pero tampoco importa porque la lectura se disfruta. Igual hay suerte  en la próxima entrega.

@cercodavid

 

 

Drogadictos

Drogadictos
VVAA
Demipage

La mesura no es la característica principal de los adictos a las drogas. Aunque demonizarlas es tan  alarmante como ponerlas en un pedestal. Aun así, en el uso, y no el en abuso, en educar, en informar, en poner los medios adecuados, está el equilibrio.

Lo explica muy bien Antonio Escohotado en Historia general de las drogas: la misma soga que sirve al escalador para coronar la montaña le sirve al suicida para ahorcarse, concederle el mérito de lo uno o echarle las culpas de lo otro a la soga es una insensatez.

De esta misma cita echa mano Juan Bonilla en uno de los 12 cuentos de los que consta este volumen que hace de la adición a las drogas su piedra angular. El escritor y poeta gaditano cuenta su experiencia con el MDMA en lo que parece un relato biográfico. El viaje -en la jerga- lo hace  mientras trabaja en Barcelona  para la mítica publicación Ajoblanco, dirigida por Pepe Ribas. El cuento se titula Entre dos aguas, para mi gusto uno de los relatos más conseguidos. El personaje de Bonilla encarna al que busca en las drogas la experiencia de lo nuevo, el placer, pero también el conocimiento. El miedo y la angustia a verse embarcado en un mal viaje lo lleva a ambrazarse en una experiencia grupal, guía incluído.

Aunque no todas las adicciones que  Drogadictos muestra están tan planeadas e intelectualizadas. En el caso de Carlos Velázquez, el autor de la Biblia Vaquera narra su idilio con la cocaína peruana, una de las mejores del mundo, según explica. Vibra el cuento en el empeño de mostrar la peripatética imagen del escritor -el cuento también está teñido de aparentes toques biográficos- fuera de sí. Velázquez derrama gracia y desparpajo, mientras sus vida se consume por la nariz.

Peor suerte corre el personaje de Richard Parra, destrozado física y mentalmente por los abusos de base. No es el caso de Irazoki, el poeta navarro escribe  con brevedad el placer familiar del cultivo y consumo de tabaco.

Lara Moreno cuenta el idilio con el opio con una niña cuando se instala junto a su novio en un edificio del extrarradio. O la arqueóloga que Marta Sanz pone en relación con el orfidal. Estas  son algunas de las narraciones que conforman este viacrucis de las adicciones.

Cierra este volumen un cuento de José Ovejero. El autor de La invención del amor (Alfaguara, 2013) deja a un lado las sustancias y  cuenta su experiencia con su insaciable necesidad de tener sexo. Ficción o no ficción, la droga sigue siendo un tema literario. De Baudelaire a Valle-Inclán pasando por Huxley y la Generación Beat se ha escrito sobre cómo el hombre ha buscado extraños caminos de evasión al que ahora se suman este puñado de historias.

@cercodavid

Knockemstiff

Knockemstiff
Donald Ray Pollock
Literatura Random House
Traducido por Javier Calvo

Si entras en  Knockemstiff,  hay algo que va a cambiar en tu percepción del mundo. Este nombre de difícil pronunciación no es sólo el título de un libro con un puñado de buenos cuentos, sino el pueblo donde nació y creció su autor, en algún lugar perdido de Ohio.
En Knockemstiff no hay salida ni esperanza. La crudeza con la que Ray Pollock retrata a los personajes, y el entorno en el que los echa a andar, es ese lugar en el nunca desearías crecer: un microcosmos salvaje, amoral, donde alcohol, drogas, violaciones son moneda de cambio.
El autor de El banquete celestial maneja una prosa sutil y contagiosa, con imágenes certeras, para describir la vida de estos declasados que se dejan reventar las costuras por el día a día.
El lumpen es tan literario que ha habido  escritores que han hecho libros con los despojos humanos. Esa es la línea de Ray Pollock. Aunque él  levanta las alfombras y saca de debajo de ellas lo que pocos se atreven.
Mientras leía estas historias me preguntaba qué es lo que tanto me fascinaba. Supongo que era poder asomarme a un mundo tan horrible, salir vivo de él,  perplejo, pero sin una gota de sangre en la camisa.

@cercodavid

Querida Ijeawele. Cómo educar en el feminismo

Querida Ijeawele. Cómo educar en el feminismo – Chimamanda Ngozi Adichie – Traducción de Cruz Rodríguez Juiz – Literatura Random House

Después del manifiesto Todos deberíamos ser feministas, la escritora Nigeriana, que vive con un pie en Estados Unidos y otro en su país de origen, vuelve con otro libro breve. Esta vez de corte epistolar.
La autora de Americanah apela al sentido común, y, con la destreza de los que explican lo complejo de manera sencilla, da 15 sugerencias a su amiga Ijeawale, ahora que ha sido madre, con la intención de orientarla en la educación de su hija.
Muy brevemente, me gustaría señalar alguna de las ideas que Ngozi Adiche pone sobre la mesa para que ésta se las transmita a la pequeña Chizalum Adaora. Las sugerencias son extensibles al sexo masculino. Incluídos los adultos:
1-Sé una persona plena. Concédete espacio para fracasar.
2-El marido debería hacer todo lo que la biología le permite, que estodo menos amamantar.
3-No le digas a tu hija que debe hacer algo o dejar de hacer porque es una niña.
4-El bienestar de una mujer debe basarse en algo más que la benevolencia masculina.
5-Enséñale el amor por los libros.  La mejor manera es mediante el ejemplo.
6-Enséñale a cuestionar el lenguaje. El lenguaje es el depositario de nuestros prejuicios, creencias y presunciones.
7-Jamás hables del matrimonio como un logro. Un matrimonio puede ser feliz o desgraciado, pero no un logro.
8-Enséñala a ser sincera, amable, valiente, a decir lo que piensa. Enséñale a rechazar la obligación de gustar.
9-Dale un sentido de identidad. Enséñale a aceptar las partes  de la cultura que son bellas y a rechazar las que no lo son.
10-Si le gusta el maquillaje y la moda, bien. Pero si no déjala tranquila.
11-Enséñale que la biología es una materia interesante y fascinante, pero que no debe aceptarla como justificación de la norma social.
12-Aunque puede resultar embarazoso, háblale pronto de la sexualidad.
13-No es que tengas que ser su amiga, pero sí deberías ser una madre con la que poder hablar de todo.
14-La gente mentirosa y cruel  también son seres humanos y también merecen ser tratados con dignidad.
15-Háblale de la diferencia, porque la diferencia es la realidad de nuestro mundo.

@cercodavid

La vida secreta de las ciudades

lavidasecretadelasciudadesLa vida secreta de las ciudades
Suketu Mehta
Literatura Random House
Traducción de Cruz Rodríguez Juiz

Las ciudades son organismos vivos, tienen carácter y voz propia, al margen de los planos y callejeros que dan un sentido a la organización urbana. Las calles y su gente, con sus conversaciones y sus dramas, con sus neurosis y alegrías,  se complementan y se convierten en su caldo de cultivo. El autor de  Ciudad total explica que para 2050 el 75% de los habitantes del planeta vivirán en la ciudad. Esto refuta las tésis de libros como La España vacía (Turner, 2016) y Los últimos. Voces desde la Laponia española (Pepitas de Calabaza, 2017). Parece que la tendencia de masificación de las ciudades en detrimento del campo es una tendencia consolidada en el planeta.

Suketu Mehta pone el ojo en la historia oficiosa y no oficial de ciudades como Bombay y Nueva York. En sus espacios poco regulados o sin regular. Busca las huellas que deja la economía, pero la sumergida, esa que ayuda a la gente a salvar el mes. Cuenta Metha alguna historia, que se acerca al storytelling, de familias inmigrantes que, al volver a su lugar de origen con zapatos nuevos y un Mercedes como coche familiar, generan en los oriundos una sensación de riqueza que después se desvanece cuando estos les devuelven la visita, y ven las condiciones en las que sus familiares migrantes viven. Al margen de esta idealización que tergiversa el espacio urbano, y dan a la ciudad estatus de paraiso, la ciudad también es una promesa de libertad: la libertad de amar y el riesgo de estar solo, viene a decir el escritor.

La vida secreta de las ciudades es un ensayo periodístico riguroso,  escrito con gran agilidad. Los datos han sido esparcidos a lo largo del texto con inteligencia, sin dejar que el texto se ahogue en ellos y sin que lo literario se quede en un mero ejercicio estilístico.  Lo mejor de este libro es que enseña y entretiene. Lo peor, que sabe a poco.

@cercodavid

 

La uruguaya

img_1042La uruguaya – Pedro Mairal – Libros del Asteroide

Hay atajos peligrosos, aunque eso el lector de esta novela corta no lo sabe hasta que lleva un buen trecho de lectura. Pereyra, un escritor que recién ha pasado la frontera de los cuarenta, casado y con un hijo, decide cruzar el Río de la Plata para recoger los cobros de sus trabajos como escritor en un banco de Montevideo, en el vecino Uruguay, y así ahorrarse los impuestos. Allí  lo espera Guerra, una joven diez años menor que él, con la que tuvo un breve idilio en unas jornadas literarias hace ya unos meses.

Esto promete. Dinero, algo de sexo y la familia al volver. Pero para eso está Pedro Mairal, para darle vueltas a la rueda de la fortuna y cambiar las tornas. Y de paso, dejar al lector sin aliento. Porque es verdad que La uruguaya, además de tener un título suculento, se lee de una tirada y consigue que el lector se deje llevar por la voz poética y precisa de esta narración escrita en primera persona.

El fracaso en muchas de sus modalidades, como en la relación de pareja. Pero también la dificultad de afrontar la paternidad. O ser un pibe de la burguesía bonarense que en vez de seguir el camino correcto, se ha dejado llevar por la fangosa y embriagadora senda de las letras. Y más. El amor que se cruza, el paso del tiempo,  el desencanto, las expectativas no cumplidas a una edad en la que el mundo comienza a verse con tonos quemados, mas que tostados, se conjugan con destreza y sensibilidad.

El escritor argentino levanta una historia con mimbres cinematográficos.  En las 24 horas en las que transcurre la narración, a lo Ulises de Joyce, Pereyra tiene tiempo de reconstruir, con analepsis, su vida y dar una idea de cómo ha llegado al  punto en el que está.

La uruguaya es una carta confesional, carta vibrante y sincera que Pereyra escribe a su mujer,  y que intenta poner en contexto su situación y explicar cómo la vida a veces nos juega malas pasadas, es injusta y no se deja amarrar a nuestro antojo. Esta nouvelle es ese tipo de lectura que nos gusta descubrir en La Buena Vida, casi por sorpresa, para después airearlas y darles visibilidad,  por si alguien en el camino también quiere pasar unas horas de buena lectura.

@cercodavid

Teoría del ascensor

chejfecTeoría del ascensor
Sergio Chejfec – Jekyll & Jill

Resulta complicado describir el libro de Sergio Chejfec, tanto que desde que lo leímos hasta esta reseña ha pasado más tiempo del habitual.

Terminada la lectura y a punto de cerrar el libro aún ignoramos de qué se ha tratado. No es este el final sino el inicio de Teoría del ascensor. No le busquemos por tanto un porqué a todo lo que leemos, el orden o la longitud dedicada a cada uno de los fragmentos. Es mejor dejarse llevar, como una conversación en la que uno y otro van sacando diferentes temas sobre los que charlar.

De esta manera será natural hablar/leer de cine y de ‘El hombre de Londres’, de Béla Tarr, y aprovechar para reflexionar sobre el punto de vista de la cámara y su influencia en la percepción que tenemos de la realidad que nos muestra. Tampoco será extraño oír a alguien confesar en otro momento su deseo de encerrarse en casa y “no salir más. No solamente no salir más, sino tampoco contestar el teléfono -que por otra parte ya casi no suena-, ni atender el timbre, y, sobre todo, no leer el correo electrónico, olvidarme de Facebook y de Twitter, de Whatsapp y de Reddit. Aborrezco Linkedin, Instagram, Skype, todas”.

Por supuesto hablaremos mucho de literatura, comentaremos las obras de Juan José Saer o de Mercedes Roffé, por ejemplo, y debatiremos sobre el oficio del traductor y cómo se transforma o no la obra original después de pasar por el filtro de otro idioma. Y de repente alguien comentará cómo repasando su vieja biblioteca se fijó en los precios que tenían marcados los libros, unas cantidades que ahora ya no reflejaban su coste ni por su puesto su valor.

En esta larga charla hablaremos de un sueño en el que encontramos ascensores que no sólo nos desplazaban en sentido vertical, sino también horizontal y oblicuo, llevándonos de un edificio a otro. Y en un momento alguien nos sorprenderá hablando de las viejas guías de teléfonos, aquellas en las que aparecían los nombres de todos los propietaros de línea perfectamente ordenados. ¿Por qué no hacer una interpretación diferente de aquello?

Tantas y tantas cosas llenarán las horas/páginas de esta larga conversación… porque nos gusta reunirnos a charlar con gente interesante con la que compartimos inquietudes o que nos transmiten su pasión por temas en los que ni siquiera habíamos reparado o que directamente desconocíamos.

Así se pasa la tarde, en este caso las páginas del libro, y, como leíamos al empezar, si nos preguntan de qué hemos estado hablando/leyendo posiblemente aún sigamos ignorando de qué se ha tratado. Digamos que de libros, de escritores y de traductores. De cómo miramos la realidad y cómo la contamos en palabras dichas o escritas o en imágenes fijas o en movimiento. Y de cómo influye todo lo que rodea a eso que contamos y a nosotros mismos en el relato final. De cómo se construye la vida, quizá.

El caso es que se nos pasó el tiempo volando, como las líneas de esta reseña que ha resultado demasiado larga. Pero es tanto lo que cuenta Chejfec…

Paula Fuertes

América

img_0758América – Manuel Vilas – Círculo de Tiza

Cuando Manuel Vilas (Barbastro, 1962) redactó estas crónicas, todavía no había sido elegido Donald Trump como presidente de los EE UU. Tampoco había muerto Fidel Castro. Sin embargo, ronda en América una premonición. Si bien la de Castro era una muerte anunciada, que más tarde o más temprano iba a llegar, no estaba tan claro que el multimillonario neoyorquino fuera a sentarse en el despacho oval. Lo último  de Vilas es un viaje al Midwest,  a ese espacio geográfico en el que abundan los votantes del que era en aquel momento candidato republicano.

El libro se organiza en capítulos que muestran los diferentes estados y ciudades que Vilas recorre. En muchos de esos viajes lo acompaña su pareja Ana Merino, poeta, escritora y profesora de la Universidad de Iowa. Es en Iowa precisamente donde comienza su andadura. O podría llamar su investigación, porque el autor de Aire nuestro,  (Alfaguara, 2009) además de hacer un libro de viajes, impregna los textos con una pátina sociológica muy sui géneris.

Vilas es un hombre al que le duele y le angustia España.  Su relación con España es de amor/odio. Más lo segundo que lo primero. Y no puede deshacerse de ello,  claro, si no a través de la literatura. Vilas vive la literatura como un sacerdocio y un exorcismo, pero también como una penitencia, y advierte: «Escribir es un oficio duro, pudre a los hombres».

El escritor se queja. Pero también disfruta y vive el viaje. Vilas es como un niño subido en la montaña rusa del capitalismo que es América. Es el viajero que se deja sorprender, que observa y trasciende la realidad. Es posiblemente Manuel Vilas el escritor con la mirada más ingenua -en el buen sentido, esa mirada que en todo ve algo nuevo y destacable, una mirada no adormecida por la cotidianidad  – y gamberra que tienen las letras españolas, porque en sus textos el humor corre como el agua de los ríos con los que el escritor conversa. Vilas  dialoga con aquel que se cruza en su camino, pero sobre todo lo hace con ríos, montañas, ciudades, avenidas, restaurantes. América es una gran conversación que Vilas mantiene para entenderse así mismo. Alejado de las raíces y el terruño.

En cada  ciudad el escritor encuentra conexiones con la literatura y con la música: de Johnny Cash a David Bowie, pasando por Prince o su querido Lou Reed. Y en las letras salta de Pablo Neruda a Walt Whitman, de Foster Wallace a Chefec, entre otros muchos. Con alguno de ellos teoriza. A cada uno de ellos los poetiza. Se sirve de ellos para filtrar el estilo de vida americano, el American Way of Life.

En este viaje laten varias obsesiones. El dinero es una. A Manuel Vilas le preocupa y le gusta hablar de dinero. Las rebajas, el black friday, los grandes almacenes y toda la panoplia de artículos XXL son filtrados por su visión economicista. Donde otros escritores ven un tabú, en Vilas es un gran tema. El frío como patria, como territorio de nadie, sin banderas ni fronteras,  donde confluyen sentimientos y experiencias, donde presente y pasado se tocan. Esa es otra constante:  su magdalena de Proust. Y otra de las obsesiones es la muerte, la transitoriedad de la vida, el hombre como mero pasajero en el tiempo del que poco quedará.

Este volumen surgió de unas crónicas que el escritor mandó al Suplemento Cultural de ABC hace unos meses. El libro lo complementa un epílogo con tres poemas nacidos de esa experiencia. América es un canto a la vida, una oda a la cultura pop, al capitalismo, a la libertad y a la muerte.

@cercodavid

Y si te quedas con ganas de más Vilas, no te pierdas la entrevista que le hicimos para El sueño del mono loco.