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Los días raros

Los días raros
Ovidio Paredes
Trabe

Octavio vive en Oviedo. Tiene una vida de provincias que podría ser serena y apacible. Y aunque en realidad lo es, hay todo un mundo ahí afuera que lo aflige. Los días raros es un diario que encuentra en las cosas sencillas, en las pequeñas dificultades del día a día, su razón de ser.

La homosexualidad, las lecturas y el cine, la música, los recuerdos de haber trabajado en un librería, el anhelo por atrapar con palabras  las tardes de lluvia, como si sus gotas se deslizaran como una sonata de Satie en busca de un oído que le preste  atención, se desencadenan en estas reflexiones que cubren la primera mitad del año 2106.

Paredes despliega sensiblidad impresionista en cada trazo que esgrime. Sus comentarios por la enfermedad de su gata Francesca, la relación con su marido Íñigo, los paseos con su madre,  los cumpleañso familiares, las injusticias que ve en el mundo, las impertinencias de los otros y sus temores, las traiciones, generan empatía por la sencillez y la honestidad que respiran.

No hace falta leer muchas páginas para advertir el carácter hedonista del escritor asturiano, siempre al acecho de un asiento en una terraza con un buen libro y, a ser posible, con un vino o un gin tónic. En oposición, asoma la sombra de la depresión por la que pasó el autor, y las desventuras que una persona puede sufrir por su condición de homosexual en un ambiente opresivo.

El escritor también ejerce de crítico en diferentes medios. También de poeta, aunque eso es otra cosa. Por lo que las lecturas se suceden y se engarzan. Son ese paquebote que lo salvan del tedio, de la rutina, de las largas horas de los lunes al sol. Los comentarios de libros van de allá para acá, sin aparente orden ni control, más allá del buen gusto y de ese espíritu arbitrario y aventurero en el que todo librero, o lector abierto y sin prejuicios, se puede reconocer.

Mientras tenía entre mis manos  Los días raros, sentía la extrañeza de leer algo cercano pero a la vez muy diferente a aquello que ocurre en la gran ciudad. Me gustó especialmente el texto en el que visita las librerías de Madrid, con la esperanza de que en algún momento nombrase La Buena Vida entre sus incursiones literarias. No fue así. Pero tampoco importa porque la lectura se disfruta. Igual hay suerte  en la próxima entrega.

@cercodavid

 

 

América

img_0758América – Manuel Vilas – Círculo de Tiza

Cuando Manuel Vilas (Barbastro, 1962) redactó estas crónicas, todavía no había sido elegido Donald Trump como presidente de los EE UU. Tampoco había muerto Fidel Castro. Sin embargo, ronda en América una premonición. Si bien la de Castro era una muerte anunciada, que más tarde o más temprano iba a llegar, no estaba tan claro que el multimillonario neoyorquino fuera a sentarse en el despacho oval. Lo último  de Vilas es un viaje al Midwest,  a ese espacio geográfico en el que abundan los votantes del que era en aquel momento candidato republicano.

El libro se organiza en capítulos que muestran los diferentes estados y ciudades que Vilas recorre. En muchos de esos viajes lo acompaña su pareja Ana Merino, poeta, escritora y profesora de la Universidad de Iowa. Es en Iowa precisamente donde comienza su andadura. O podría llamar su investigación, porque el autor de Aire nuestro,  (Alfaguara, 2009) además de hacer un libro de viajes, impregna los textos con una pátina sociológica muy sui géneris.

Vilas es un hombre al que le duele y le angustia España.  Su relación con España es de amor/odio. Más lo segundo que lo primero. Y no puede deshacerse de ello,  claro, si no a través de la literatura. Vilas vive la literatura como un sacerdocio y un exorcismo, pero también como una penitencia, y advierte: «Escribir es un oficio duro, pudre a los hombres».

El escritor se queja. Pero también disfruta y vive el viaje. Vilas es como un niño subido en la montaña rusa del capitalismo que es América. Es el viajero que se deja sorprender, que observa y trasciende la realidad. Es posiblemente Manuel Vilas el escritor con la mirada más ingenua -en el buen sentido, esa mirada que en todo ve algo nuevo y destacable, una mirada no adormecida por la cotidianidad  – y gamberra que tienen las letras españolas, porque en sus textos el humor corre como el agua de los ríos con los que el escritor conversa. Vilas  dialoga con aquel que se cruza en su camino, pero sobre todo lo hace con ríos, montañas, ciudades, avenidas, restaurantes. América es una gran conversación que Vilas mantiene para entenderse así mismo. Alejado de las raíces y el terruño.

En cada  ciudad el escritor encuentra conexiones con la literatura y con la música: de Johnny Cash a David Bowie, pasando por Prince o su querido Lou Reed. Y en las letras salta de Pablo Neruda a Walt Whitman, de Foster Wallace a Chefec, entre otros muchos. Con alguno de ellos teoriza. A cada uno de ellos los poetiza. Se sirve de ellos para filtrar el estilo de vida americano, el American Way of Life.

En este viaje laten varias obsesiones. El dinero es una. A Manuel Vilas le preocupa y le gusta hablar de dinero. Las rebajas, el black friday, los grandes almacenes y toda la panoplia de artículos XXL son filtrados por su visión economicista. Donde otros escritores ven un tabú, en Vilas es un gran tema. El frío como patria, como territorio de nadie, sin banderas ni fronteras,  donde confluyen sentimientos y experiencias, donde presente y pasado se tocan. Esa es otra constante:  su magdalena de Proust. Y otra de las obsesiones es la muerte, la transitoriedad de la vida, el hombre como mero pasajero en el tiempo del que poco quedará.

Este volumen surgió de unas crónicas que el escritor mandó al Suplemento Cultural de ABC hace unos meses. El libro lo complementa un epílogo con tres poemas nacidos de esa experiencia. América es un canto a la vida, una oda a la cultura pop, al capitalismo, a la libertad y a la muerte.

@cercodavid

Y si te quedas con ganas de más Vilas, no te pierdas la entrevista que le hicimos para El sueño del mono loco.

Días cortos y largas noches

Días cortos y largas noches

Charles Simic – Valparaíso

Subrayar libros es una forma de acercarse aún más a las palabras, como si pudieras decirle al libro que te ha hecho sonreír, te ha consolado o  te ha creado nuevas preguntas, que suele ser lo más habitual. Pasar del subrayado a los comentarios y apostillas en los márgenes solo necesita unas páginas de diferencia, como si pasaras de responder en una conversación con movimientos de cabeza a frases con muchas subordinadas.

Simic es, como muchos en La Buena Vida, un lector insomne que deambula en las noches de nieve en búsqueda de un libro para aliviar el trance de estar en vela. Los libros son para el poeta serbioamericano una muralla desde la que utilizarlos como munición educativa, una cura para la angustia o playas en las que nunca se borran las huellas que se dejan. Dan tanto por tan poco que Simic no puede evitar preguntarse por qué todo eso que han construido en nuestra cabeza está destinado a perderse un día en la nada.

Días cortos y largas noches recopila las columnas de Charles Simic en el New York Review of Books entre 2008 y 2013. No solo habla de lo que los libros han dejado en su vida, de sus giras por todo Estados Unidos celebrando los laureles de premios institucionales o durmiendo en el coche que varias universidades le habían ofrecido como alojamiento cuando era un poeta joven y sin reconocimiento. En sus artículos habla de su pasión por el fútbol, los males endémicos de la política norteamericana, la constante eliminación de bibliotecas y de derechos sociales, el pasado que se puede desenterrar en Youtube. Hay política de la América en crisis y de la Serbia que sigue teniendo heridas.

Conforme se avanza en los artículos de Simic surgen sonrisas que consuelan, que alegran y que traen chispas de lucidez. Admirador de Buster Keaton, convencido de que toda narración biene de la cocina y el comer bien (sobre todo si es un buen plato de pasta, su auténtica musa), Simic recuerda el ingenio y los ingredientes que compartía con Mark Strand, otro de esos poetas que, como él, seguro que pasaba “mucho tiempo rascándose la cabeza en la oscuridad” para lograr encontrar los relatos en los que encerrarse en las largas noches blancas del invierno y en el aburrimiento luminoso del estío. Días cortos y largas noches es un libro que tienta a llevarlo siempre encima, para que esos paréntesis de los que se alimenta la rutina puedan llenarse de risas.

“Como decían los antiguos filósofos estoicos, el sabio es inmune a la desgracia. Dado que la mayoría de nosotros no somos sabios, al menos nos queda poder reírnos”.

Pilar Torres

Leer mejor para escribir mejor

LeermejoraparaescribirmejorLeer mejor para escribir mejor – María Antonia de Miquel  –  Alba editorial

Cuando vi esta guía en la mesa de novedades de La Buena Vida, me llamaron dos cosas la atención: lo práctico que parecía y lo asequible que era por su volumen de páginas, un título ideal para la sección de El sueño del mono loco. Saber leer, como indica el título, es fundamental para mejorar la escritura. Por eso todo escritor tiene que tener un ojo especial, o debería. Pero la lectura no siempre fue apta para todos los públicos. El mismo Sócrates despreciaba la cultura escrita. Todo lo contrario que Aristóteles, uno de los primeros en currarse una buena biblioteca personal.

A lo largo de la historia, la lectura ha pasado por diferentes momentos. Si en la Edad Media sólo se puede leer en los monasterios, con la irrupción de la imprenta de tipos móviles, a mediados del siglo XV, se abre una nueva vía para el libro. Aunque no es hasta el siglo XVIII cuando se  inicia el largo camino de la democratización de la lectura. Todo esto tuvo sus consecuencias y una concatenación de hechos provocaron grandes cambios en la historia de la humanidad. El libro, la lectura, el pensamiento individual, la reflexión, la capacidad crítica, el poder de decisión, la libertad son todos eslabones de una misma cadena.

Leer mejor para escribir mejor está dividido en dos partes. La primera trata sobre la lectura, y la segunda, sobre la escritura. La autora, María Antonia de Miquel, distingue entre el lector que se queda en la etapa  juvenil y aquel otro que la pasa. A ello, precisamente, ayuda esta profesional y experta en el mundo editorial. La lectura atenta, así la llama ella, hace las preguntas adecuadas al texto, busca los significados, los núcleos temáticos, la estructura, los símbolos y se cuestiona cuáles son las claves que revelan la intención del autor. De Miquel muestra, sugiere, algunas de las maneras en las que el lector puede destripar el libro, como si fuera un cuerpo, y ayuda a sacarle todas las vísceras, órganos, tejidos. Una especie de Click Owen en la serie The Nick El lector pro lo cuestiona todo, explica. En la segunda parte,  la autora hace un repaso a aquellas errores que suele cometer el escritor con poca experiencia, siempre con ejemplos.  Si es verdad que no hay ningún libro mágico, también lo es que algunos pueden ayudar. Leer bien es una de las claves.

@cercodavid

De oficio, Lector

IMG_8375De oficio, Lector
Bernard Pivot/Pierre Nora – Trama

Apostrofhes fue un programa de la televisión francesa dedicado a los libros que se emitió durante más de quince años. Muchos lo recordarán por la escena protagonizada por Bukowski. El escritor norteamericano, borracho, tiene que ser auxiliado por su mujer para salir del plató, donde compartía programa con unos otros escritores y con Bernard Pivot, el periodista encargado de dirigir y  presentar el programa. Además del autor de La máquina de follar, por los estudios de Antenne 2 pasaron las principales figuras de las letras contemporáneas  francesas y del panorama Occidental. Entre ellos estaban Modiano o Nabokov. También personalidades políticas como Mitterrand o D’estaing.

En De oficio, Lector, el editor Pierre Nora mantiene una conversación -la mar de entretenida- con Bernard Pivot,  sobre los años que estuvo al frente de este programa. Fueron más de setecientas emisiones. Cada viernes, Pivot, su equipo y un grupo de escritores se ponían frente a las cámaras y hablaban sobre literatura. El efecto fue inmediato y Pivot se convirtió en un referente y prescriptor de literatura en el país de Rosseau. Los sábado por la mañana la gente acudía a sus librerías a por el libro que Pivot había recomendado la noche anterior. ¿Alguien imagina eso en España?

El periodista francés hacía de mediador entre el escritor y los lectores. Los franceses confiaban en su criterio y su independencia. Pivot lo explica  muy bien en esta magnífica conversación. Se toma muy en serio eso de no frecuentar cócteles y saraos literarios o codearse con el mundillo literario y adquirir compromisos innecesarios.  Ahí reside gran parte de su credibilidad.

Por otro lado, el título no está elegido al azar: el protagonista de estas conversaciones explica cómo organizaba su programa y el tiempo que le dedicaba a la lectura, con una media de ocho horas diarias y una jornadas de hasta quince horas. ¿Quién dijo que leer no es un placer pero también un trabajo?  Pivot cuenta su experiencia, las cosas a las que tuvo que renunciar -cine, teatro-. En este libro se hablan de muchas más cosas. Pero compruébenlo por ustedes mismos. Decir que el libro es una delicia es cursi, pero verdad.

@cercodavid

 

Marta Caparrós, filtraciones de una generación.

Attachment-1Fue en Cuatro editores en busca de autor, organizado dentro de las actividades del Festival Eñe 2014 donde Marta Caparrós (Madrid, 1984) se cruzó con la editora que apostó por las cuatro nouvelles que conforman Filtraciones (Caballo de Troya, 2015), ópera prima de esta joven escritora de aspecto frágil y pluma decidida. Pasó el primer filtro, como la que cruza una meta volante, y poco a poco vio que sus textos eran podados por una de sus escritoras de cabecera, Elvira Navarro, que durante 2015 fue la  encargada de dejar su impronta como editora en el sello de Penguin Random House, Caballo de Troya.

Hay muchos escritores noveles que deciden autopublicar sin un trabajo de edición profesional previo, ¿qué importancia crees que tiene la figura del editor?

El trabajo del editor es fundamental, es una especie de aval. Que determinada editorial haya elegido tu proyecto es una garantía para el escritor. Las personas que empezamos tenemos una sensación de impotencia. Por eso, pasar el filtro y publicar en una editorial que hace un trabajo serio es importante. Trabajar con Elvira fue una experienca buenísima. Es una correctora implacable y creo que le vino muy bien a los textos. Podamos frase a frase. Algunas correcciones me dolían. Pero la verdad que hay gente que lo ha leído en las dos versiones y coinciden en que ha quedado mucho mejor. Además es un lujo poder trabajar con alguien a quien admiras y que has leído sus libros.

En Filtraciones se puede oir de fondo el runrún de la crisis, pero la relaciones sentimentales priman sobre del contexto social.

Filtraciones son historias de relaciones, familiares y de pareja. Para trabajar las historias, la trama sentimental fue mi guía. La crisis era más un telón de fondo. Mi idea era escribir sobre experiencias bastante cotidianas, era un reto que me interesaba mucho. Desarrollar esos conflictos de andar por casa como: ¿volveré con mi novio?, mi padre viene de visita y tengo un problema de goteras, mi novia se va al extranjero y yo tengo trabajo aquí. Ese tipo de conflictos que a todos nos pueden ocurrir.

Medios y periodistas han hablado de libro generacional, ¿crees que Filtraciones se ajusta a esa etiqueta?

Cada uno escribe desde su subjetividad y no puede pretender ponerse en la piel de toda una generación, ni pretender reflejar su sentir y su pensar. Es verdad que estar en la treintena y tener estudios universitarios son rasgos generacionales, pero se quedan fuera muchos otros casos. En Filtraciones no está, por ejemplo, ya que es un libro de la crisis, chicos que han trabajado en la obra. Es un libro que recoge la situación de jóvenes que están dentro de la clase media.

Algunos jóvenes escritores están volcando en sus novelas diferentes aspectos de la crisis que les está tocando vivir, Filtraciones responde muy bien a esa literatura de corte realista y social.

Sí. Me interesa ese tipo de literatura. La etiqueta de la literatura de la crisis no me molesta. Lo que sí tenía miedo era de parecer oportunista y  dar una visión muy victimista. Era muy fácil caer en una visión maniquea de los personajes. Por eso la dimensión íntima y de relaciones de los protagonistas me permitía mostrarlos a veces como víctimas y a veces no. Pero en el momento en que me di cuenta de que me interesaba el tema y estaba motivada para escribir sobre ello para mí fue suficiente. Quería combinar historias muy intimistas que a su vez estuvieran enmarcadas por las circunstancias sociales que rodean a los personajes. Conjugar esas dos cosas.

Atrevimiento es el cuento más político. En él expones dos actitudes antogónicas frente a la política.

Es el más explícito. Se habla sobre el 15M, los movimientos vecinales y de asociacionismo. También de las manifestaciones. Me parecía que era algo que estaba tan presente en el ambiente que se podía reflejar, aun siendo consciente de que era un terrero resbaladizo literariamente, porque hablar del 15M se podía prestar a muchos tópicos y a un discurso muy triunfalista. Por eso intenté meter en el cuento personajes que veían más clara la movilización ciudadana y otros que no. También se ha criticado mucho que el 15M fueron reivindicaciones de los hijos de la clase media, fundamentalmente por la pérdida de un status, sin ir más allá, y sin cuestionar cambios de paradigma de consumo y producción.

Aquí también el hombre político da paso al hombre sentimental, sin que se entienda esto como algo peyorativo. Los personajes buscan solucionar, ante todo, su situación como pareja.

Sin duda es un relato de amor, tiene la dinámica de comedia romántica, del juego del ratón y el gato, de que si sí de que si no. En ningún momento me pareció que estuviese reñida una cosa con la otra. Sí que quería hacer conexión de un sentimiento de miedo que creo que unifica las dos partes. El miedo a la soledad y el fracaso como pareja. Y el miedo a perder el trabajo, que está relacionado con la trama sindicalista. Pero el tema es el miedo.

Da la sensación de que la unidad básica es la pareja y no el propio individuo. Como si uno no tuviera validez sin el otro.

No lo había pensado. Supongo que la pareja facilita el conflicto. Cuando uno se pone a escribir, los personajes que están en conflicto ayudan a salir de la zona de confort al protagonista y a que confronte con el otro. Si se quedase solo podría dar lugar a divagaciones un poco solipsistas.

FullSizeRender(27)Con suave y depurado rotacismo, Caparrós explica que de pequeña leía bastante. En su casa el entorno era propicio.  Su padre, editor en el  Grupo Anaya, traía colecciones completas de literatura infantil y juvenil. Sin embargo  su camino no fue el de las letras, al menos en su primera elección. Comenzó con Comunicación Audiovisual en la Universidad Complutense de Madrid. Aquel revuelo de focos, guiones e imágenes le supo a poco: Marta quería más profundidad, entrar más adentro, allí donde el escritor tiene las respuestas y, si no las respuestas, al menos las preguntas que poder formular para poner en pie una narración. Por eso se matriculó en el postgrado de Literatura Comparada, también en la universidad pública, también en la Complutense de Madrid. Allí, explica Marta, fue donde conoció a Cheever, Carver, Fante y Munro John, Raymond, John y Alice para los amigos, no en el programa oficial del máster, sino en los pasillos y en la cafetería, donde los estudiantes de la universidad escriben o dicen que escriben una obra maestra, hacen revoluciones para cambiar el mundo e intercambian y comparten impresiones, anécdotas, cafés, cervezas y lecturas. “Si pudiera volver me gustaría haber tenido una adolescencia con lecturas más importantes. A los catorce años no leía a Dostoievski. Para mí fue más formativa la época de la universidad. Recuerdo más esos años en mi formación como lectora que cuando era niña”, comenta. En la Universidad Autónoma de Madrid cursó el Máster de El País, del que no salió muy satisfecha, con la intención de poder desarrollar otras de sus pasiones: el periodismo cultural, como Julia, la protagonista del relato titulado Vacaciones.

Cuando le pregunto qué tipo de escritora se considera, Marta se revuelve por dentro, como si ese traje aún le quedara grande, “todavía hay que sudar mucho la camiseta”, suelta sin reparo. A Marta no le importar dejar a un lado la medalla de escritora que muchos otros no dudan en colgarse en cuento esbozan un par de párrafos con sentido de continuidad.

¿Cómo es tu manera de trabajar?

Estoy descubriendo cómo son mis hábitos. Me gusta pensar las historias antes de ponerme a ello. Tomo muchas notas pero hasta que no han madurado bastante las ideas, no me pongo a redactar. Se escribe mucho en la ducha, se escribe mucho caminando por la calle.  En el caso de Filtraciones, que son novelas cortas, una media distancia, en general las tenía bastante pensadas. La primera idea era hacer un libro de relatos, pero que no iban a ser muy breves.

Las historias no guardan una unidad con respecto a la extensión.

Le concedí libertad a cada historia para que tomara su espacio. No tienen un formato unitario. Una se extiende a las 90 y otra no llega a 30. Me gusta esa idea como un posible rasgo de modernidad.

En Filtraciones, la nouvelle que da título al libro, abordas la relación padre e hijo, con un español que emigró a Francia en los 60. Ahora es su hijo el que hace el camino de vuelta a España como inmigrante francés. Para complicar más la cosa, padre e hijo tienen una comunicación bastante mala, el fútbol es su nexo de unión.

Me pareció un tópico  el elemento del fútbol pero verídico. Es muy habitual ese tipo de relación con los padres, donde a veces las conversaciones se quedan en lo más rutinario. En este caso hay un claro problema de incomunicación entre ellos y en el fútbol encuentran una vía de escape.

Además de la crisis de fondo y de las relaciones intimistas, la ciudad de Madrid también es un rasgo común a todas las historias.

Soy de Madrid. Muchos pueden ver el prototipo de los paisajes que domina un madrileño. Y los lugares de vacaciones a los que vamos, como Conil de la Frontera que aparece en el primer  cuento. Lo que perdía en universalidad lo podía ganar en autenticidad porque son lugares que conozco.

Berlín es la otra gran ciudad, bastante dura por cierto para los personajes de el último cuento.

Es una sitación de unos chicos que no están politizados. Berlín es una tierra prometida y un paraíso perdido. El sueño de irse a vivir a Berlín es algo que está presente en mi generación, es una ciudad alucinante y con muchos posiblidades, pero cuando conoces a gente que lo ha intentado por allí, no todo es color de rosas y hay dificultades para encontrar trabajo.

Con la deseperanza y la dificultades para vivir,  con las incertidumbres políticas, la desprotección laboral y la temporalidad, la crisis del periodismo, la inmigración, también con las relaciones de pareja y familiares, Marta Caparrós muestra, en Filtraciones, el retrato de una generación golpeada por la falta de expectativas y la precariedad. Las cuatro nouvelles han sido cortadas con la hoja de la ambivalencia. Los finales abiertos dejan espacio a las interpretaciones. Mi sensación es que la autora deja entrar algo de luz, como si de los momentos más difíciles, emanaran unas gotas de esperanza.

@cercodavid

Albertine. Rutina de ejercicios

Albertine. Rutina de ejercicios

Anne Carson – Vaso Roto

Proust se toma casi mil páginas de En busca de el tiempo perdido para presentar a Albertine. La coprotagonista entra, como no podía ser de otra manera tras la espera, con la calma que se vive a orillas del mar, rodeada de sus amigas y sin que el protagonista encuentre aún el aroma que la hará especial más adelante.

Carson, como cualquiera que se enfrenta a la obra de Proust, se fascina y se pregunta por lo que esconden esos velos con olor a lavanda.  Entre la poesía y el ensayo, estos ejercicios y sus apéndices indagan en la figura de Albertine en la novela: una planta a la quer admirar, una esclava de la que abusar y un sujeto amoroso atado a la mentira.

Progresivamente Carson deja los datos empíricos donde cuenta las veces en las que aparece Albertine en la novela y los ecos históricos que dibujan su silueta para hablar de la perversión del protagonista, el lenguaje que se usa para descubrir su auténtica faceta y, sobre todo, investiga sobre la mentira como arquitecto y destructor del amor (“uno solo ama aquello que no posee por completo”, dice Marcel).

La libertad con la que Anne Carson consigue ir de lo poético a lo académico consigue que esta indagación sobre el amor abusivo, el duelo, la mentira y el discurso amoroso pase por las palabras de Beckett, Mallarmé, Barthes o por la propia reflexión sobre el lenguaje, su mentira y lo que dice sin que use esas palabras.

Mientras que en Eros Carson desarrolla la teoría del amor como distancia y anhelo, aquí pone en práctica su discurso analizando uno de los amores más famosos de la historia de la literatura, sin obviar su complejidad propia, que tiene mucho de espejo distorsionado de la monótona vida de Marcel. Albertine es un libro para aprender a ejercitawr la lectura, la reflexión y que demuestra, con fascinación y sin perder la sonrisa, que la literatura siempre dialoga, ilumina y tonifica el discurso propio.

Pilar Torres

Cervantes y Lope. Vidas paralelas

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Mary Shelley – Calambur

La fama que Frankenstein le brindó a Mary Shelley, la novela ganadora de ese fantasmagórico concurso entre los Shelley y los Byron, hizo que se perdiera en la niebla del reconocimiento literario el resto de su trayectoria de esta escritora. Y, aunque es cierto que esta novela es lo más destacado de toda su obra, obviar el resto de su carrera implica dejar en la sombra a una mujer escondida detrás de un apellido famoso, como si todo hubiera sido una anécdota más propia del entorno que de su propia valía.

Sin embargo, Mary Shelley creció en un ambiente intelectual, con padres escritores y una formación poco frecuente para las mujeres en su época. El romance pasional con Shelley y la consiguiente fuga y drama en Italia Percy Shelley naufragó en la Spezia y dejó su rastro en la Bahía de los Poetas, le permitió leer a autores poco frecuentes en el mapa literario inglés y, así, vivió durante varios años de las biografías que escribió sobre autores pocos conocidos en Inglaterra. De estas obras enciclopédicas Calambur ha rescatado dos de los fragmentos más interesantes, los de dos grandes nombres de la literatura española que tan propios parecen y que tanto sorprenden a los lectores de otras tradiciones.

Estas dos biografías se enferentan según el modelo de Plutarco: las vidas de los dos autores no solo se enfrentaron en la realidad, sino que Shelley las utiliza para contrastar dos modelos de escritores, dos figuras morales y dos éxitos bien distintos. Para Mary Shelley, Cervantes es un genio por saber confiar en su obra frente a los desastres de la vida. La autora admira sin reservas al Cervantes que lucha en Lepanto, el que se intenta escapar una y otra vez de Argel y el que, aunque vive sumido en la pobreza, consigue que su humorística forma de ver la vida construya El Quijote, una obra a la que admira sin reservas.

Sin embargo, el caso de Lope despierta en la autora, ajena y extraña a los usos religiosos de la época, los recelos y las críticas. Lee a Lope a veces con admiración y otras muchas con aburrimiento, achacando a la literatura española el gusto por la digresión y la poca capacidad para lograr una historia de desarrollo lineal. Sin embargo, de Lope admira su capacidad para encontrar la fórmula exacta del éxito, se sorprende ante el gran éxito cosechado por sus obras y se identidica con él por conseguir encontrar la forma de hacer accesible un género a un mayor público.

Estas biografías de Mary Shelley no son los documentos de mayor rigor histórico que se pueden encontrar en La Buena Vida, pero sí que son un disfrute perfecto para entender la mirada sobre la literatura del siglo XIX, cuando se pedia a los autores mejorar la moral del que leía. Se siente del disfrute de Shelley por determinados pasajes y poemas de ambos escritores y se ve cómo, a pesar de las distintas época y escenarios, recuperar tiempos pasados puede ser un auténtico viaje de placer por las curvas de la literatura.

Pilar Torres

Apuntes sobre el suicidio

Apuntes sobre el suicidio

Simon Critchley – Alpha Decay

A cada uno nos toca ser singulares de alguna manera, como si fuese obligatorio abrirse un sendero con machete entre las mandíbulos por el bosque de la vida. Esta constante lucha por encontrar el sentido a la vida, como si pudiésemos decir un “había una vez” de lo que ya hemos recorrido, acaba generando en cualquiera la angustia por no encontrar las señales del sendero, como si fuésemos los únicos de no encontrar el secreto de la verdad de la vida.

En Apuntes sobre el sucidio, Simon Critchley obliga al lector a enfrentarse de una manera nueva sobre argumentos clásicos. El suicidio es un tema de debate filosófico y moral desde la Antigüedad. Critchley, que expone las distintas interpretaciones y juicios sobre el suicidio a lo largo de la historia, quiere derribar el tabú buscando el por qué tanto en las condenas como en las causas. Una exposición sencilla y clara que conduce hasta un opúsculo de David Hume en el que acabamos con el interés y la polémica bien despiertas.

Sorprende la capacidad de Apuntes sobre el suicidio para radiografiar un tema que genera tantos silencios y para el que crea un pequeño libro que es capaz de convercer de distintas posiciones, siempre defendiendo la necesidad de hablar de ello lejos de la repulsa moral o la condena en voz baja. En análisis de la historia de las notas de suicidio, entendidas como un acto de publicación (en la que se hace público lo que no se cosigue explicar en lo propio), es la mejor forma de explicar cómo en el suicidio conviven el amor y el odio, dos fuerzas que se amplifican tanto que no se pueden delimitar.

Critchley hila todo su tratado con los ejemplos que mejor pueden expresar el dolor por el sinsentido de la vida y los destellos que realmente sirve de refugio para los días oscuros: los escritores que supieron dar las palabrar que normalmente no se encuetran. Es, por ejemplo, Virginia Woolf la que desentraña en este ensayo los milagros cotidianos en los que habría que detenerse para agarrar a la vida.

Notas sobre el suicidio sirve tanto para conseguir despertar planteamientos que muchas veces se obvian en silencio como para reafirmar la importancia de aprender a ver la vida no como algo que necesita un sentido sino, más bien, como un mapa en el que tenemos la libertad necesaria para encontrar la magia.

Pilar Torres

Sobre nada y otros ensayos

Sobre nada y otros ensayos

Mark Strand – Turner

En uno de los ensayos recogidos en este libro, Mark Strand se fascina con un manuscrito atravesado por una bala. Los versos de ese pequeño cuaderno, donde la sangre coaguló en las frías trincheras de la Segunda Guerra Mundial, son a la vez ilegibles por su idioma como por ese fantasma de bala que mató a su creador. Ese vacío hipnotiza a Strand, quien ve en esa nada la verdad de la poesía, su magia.

En Sobre nada Mark Strand hace un repaso a su despensa poética que, desde el orden de su “Abecedario de un poeta” inicial, se abre a distintos mundos con naturalidad, humor y mucho amor por los clásicos. A Strand le preocupa cómo una traducción puede llegar a reflejar la verdad del poema original, qué es lo que debe de mover al poeta a cazar las palabras certeras y cómo el mundo, el referencial y el que nos llega desde la tradición, se refleja en los versos.

En estos ensayos Strand muestra su erudición con una mirada limpia, observa a las mujeres de la Frick Collection como si el poeta pudiera retratar con palabras lo que Vermeer hace con la pintura.  La fotografía, el Parnaso, la determinación por convertirse en poeta, la familia, la fotografía o los abrazos de la Eneida hacen de este libro un disfrute en dieciocho actos, aderezados con poemas que Strand disecciona, ilumina y mide atentamente para descubrir en ellos mundos que se esconden a una lectura superficial.

Strand demuestra que un poeta -como el presidente de “La dimisión del presidente” consigue contar los números que no escuchamos, mira al cielo y observa cómo el viento es el que escribe los mejores versos. Porque el mejor presidente, el mejor hombre o el mejor poeta es quien predica “melancolía e inventiva, nostalgia y profecia”, se refugia en la languidez del arte y sueña con ser genuinamente moderno para poder abrazar los versos de Virgilio.

Pilar Torres