Archivo de la categoría: Ensayo

Incertidumbre

img_0623Incertidumbre – Paco Inclán – Jekyll&Jill

Del autor de este libro hay una foto nada más abrir sus páginas.  A ella he acudido en numerosas ocasiones al leer estos relatos de viaje  o crónicas o reportajes o ficciones, cuando me he adentrado en esta manera clásica, pero no por ello menos gozosa, de narrar. Como si al observar la fotografía, ésta me fuera a revelar algo que se me escapa. Si destaco esto es por que he imaginado, igual que el lector que  no distingue entre autor/narrador/personaje, a este hombre  de mediana edad y rostro servero, viviendo las experiencias que   cuenta con  humor e ingenuidad/crueldad contenida. Aunque no es por una imagen que  Incertidumbre me haya parecido un libro muy recomendable.

Y dejaré de viajar para no tener que despedirme

En estos viajes, Inclán incurre en la primera persona, tan subjetiva como necesaria. En el primero de sus viajes se va a Irlanda del Norte o al norte de Irlanda, según quien mire, para ver  la final del campeonato de fútbol galéico en un pub, junto a una amiga que se desvive por conciliar la vida entre católicos y protestantes. Tampoco es para tanto, pueden decir muchos. Pero ahí está la gracia. No es el qué sino el cómo. La mirada del extranjero es aquí central. Esa mirada que penetra en los pequeños detalles y se deja impresionar por aquello que al paisano le pasa desapercibido porque la costumbre le ha adormecido los sentidos, igual que su capacidad para dejarse impresionar. «(…) si alguien viaja una semana a un lugar, escribe un libro; si viaja un mes, escribe un cuento, y si viaja un año, escribe dos líneas», dice el autor/narrador/personaje.

El segundo texto cuenta un viaje a Formentera, la isla dependiente de Ibiza, una isla que es a la vez dependiente de otra isla, Mallorca. Huyendo de las fiestas más populares de Valencia, su tierra,  Inclán busca las conexiones entre Julio Verne y el cruising, unas prácticas sexuales furtivas que los homosexuales mantienen en espacios públicos. Para ello se va al Faro de La Mola, inmortalizado por Verne y llevado a la pantalla, un siglo después, por el cineasta Julio Medem en Lucía y el sexo. Suena raro, y lo es. Pero el valenciano consigue levantar un relato entre íntimo, erudito y humorístico de gran originalidad.

Alcobendas, el Festival Internacional de Cine del Sahara en Dajla, un pequeño pueblo de Islandia en el que supuestamente vive el escritor más importante de esta isla o una pequeña comunidad en Guinea Ecuatorial, en la que un español con antecedentes que vivió a todo trapo la Ruta del Bacalao vive como uno más, son algunos de los espacios que Inclán cartografía con gracia y desparpajo.

El libro cierra con un texto más extenso: Hacia una psicogeografía de lo rural. Aquí el autor muestra un proyecto artístico desarrollado en Valladares, Vigo, con la ayuda del colectivo Alg-a Lab, la Fundación Campo Adentro y el Museo Reina Sofía, entre otros.  Inclán cuenta la experiencia. Intenta teorizar a partir del concepto situacionsita acuñado por Guy Debord: psicogeografía. Y, aunque la estructura del relato está arbitrada por las reglas del formato, Inclán incluye la perspectiva humanista, a lo Barley en El antropólogo  inocente, y convierte el texto casi en un cuento.

@cercodavid

 

 

Lou Reed era español

fullsizerender4 Lou Reed era español – Manuel Vilas – Malpaso

Un día Manuel Vilas (Barbastro, 1962) escuchó una voz. No una voz cualquiera, sino la Voz con mayúsculas. Como a Dios cuando le ponen copete. Sin saber la razón, aquella voz  llegó a lo más hondo de aquel muchacho ingenuo del Aragón profundo.  La voz cavernosa y gutural venía de Nueva York y tenía nombre y apellido: Lou Reed. Entonces el niño tuvo una epifanía. ¿Quién demonios era aquel hombre  de negro que parecía que le susurraba  directamente al oído  sin entender qué es lo que cantaba? ¿Qué poder era ese? Es ahí cuando el adolescente emprende un viaje. Primero a Lérida. Después a Andorra. Y así hasta recorrer la geografía española y su historia popular más reciente.  Lou Reed era español es una crónica, una autoficción borracha de licencias, una road movie alucinante y descabellada, escrita por un escritor con un gran sentido del humor y una fuerza poética genuina.

Ese viaje que emprende el protagonista es un viaje geográfico y físico, pero también cultural, moral, político. Y como si de un personaje de Conrad se tratase, también es un viaje a las tinieblas de la España casposa y cerril de finales de los 70, donde los pasajeros de los autobuses fuman puros farias y comen bocadillos de sardinas. Si el artista neoyorquino era el hombre de negro, Franco era el de blanco, además de un muro de censura y un estado mental del que España todavía no se ha repuesto aún del todo.

Las drogas, los matrimonios, los hoteles, los conciertos, la vida en la carretera, la censura, los poetas y los artistas, la confusión de una época convulsa y la huida hacia el siglo XXI, se suceden de manera trepidante en esta antifiesta loureediana que apela por el disfrute y la libertad absoluta a la hora de escribir y plantearse la literatura. El narrador muta, porque muta el paisaje y el paisanaje. España es el marco geográfico pero también un personaje.

Si con Setecientos millones de rinocerontes (Alfaguara, 2015) el escritor le daba un codazo a la novela, con Lou Reed era español, Vilas penetra en el género de la biografía que muta en autobiografía para  buscar el sentido de su obsesión. Igual que no hay un solo Lou Reed, tampoco hay un solo Vilas. Santos y locos. O locos y santos, en este  libro que germina cuando el rock’n’roll y la literatura se mezclan con la vida.

@cercodavid

La España vacía

img_0780La España vacía – Sergio Del Molino – Turner

Hay narradores que encuentran en el ensayo un espacio donde  ampliar el espectro de sus intereses, y el de sus lectores, alejándose de lo estrictamente  literario. España, como tema, ha sido  tratado, y mucho. Desde Unamuno a Madariaga, por citar a dos grandes de las letras españolas. O aquel Gárgoris y Habidis. Una historia mágica de España (1978) con el que el  controvertido Sánchez Dragó se llevó el Premio Nacional de Literatura.  Con La España vacía, Sergio del Molino (Madrid, 1979) viene a ampliar, de manera inteligente y poco convencional, la basta bibliografía sobre nuestro país.

Es en un viaje por Gales, cuenta en el prólogo el escritor madrileño, como comienza este relato fascinante donde el autor de Hora violeta (Literatura Random House, 2013) le toma las medidas a su país, al ámbito rural y más deshabitado. ¿Sabía el lector que España es geográficamente más grande de lo que vemos en los mapas? ¿Qué relación existe entre Las Hurdes, Marañon y Buñuel con el socialista Fernández Vara? ¿Cómo juntar sin que chirríe al locutor de los 40 Principales Joaquín Luqui con las Guerras Carlistas?  Estos son sólo algunas ejemplos.  Del Molino despliega originalidad,  mezcla con acierto ámbitos y personajes, épocas históricas y sensiblidades muy diferentes para ofrecer un trabajo ameno, divulgativo y personal.

Si con sus dos últimas entregas este maño de adopción había acostumbrado a sus lectores a la literatura del yo, con La España vacía abre el diafragma, y de contarse como individuo, pasa a contarnos como sociedad. Del yo al nosotros. Un nosotros que nos enfrenta con las contradicciones, las carencias, lo peor y lo mejor de los españoles. De la visión ruinoso con la que Cervantes pinta  Castilla, al terregal luminoso con el Azorín lo ve, pasando por el contemplativo beatus ille de Bécquer -por poner otro ejemplo-. El  recorrido por la historia y la geografía española es pertinente, alejado de academicismos y convenciones.  La mezcla de datos y experiencia personal confluyen en su justa medida. Y consiguen que  sea una lectura apasionante. La España vacía  ha sido galardonada con  el Premio del Gremio de Libreros de Madrid’16 en  no ficción.

@cercodavid

Contra el tiempo. Filosofía práctica del instante

Contra el tiempo. Filosofía práctica del instante

Luciano Concheiro – Anagrama

Finalista Premio Anagrama de Ensayo 2016

El capitalismo trinfó cuando se hizo con el control de las manillas del reloj. Se dedicó a acelerar su marcha, poner en todas las bocas el rendimiento y hacer que el dinero creciera más rápido. La revolución industrial es, en suma, la búsqueda de la aceleración del tiempo para transformar más materia en más dinero. Y desde esa conquista era fácil llegar a otros territorios, como la comunicación: el capital es hoy una fuerza que no quiere hacernos consumir más y más gratuitamente, sino que se ha resemantizado, es la forma que tenemos de comunicarnos, de dar voz a nuestro lugar en el mundo.

Concheiro, con tan solo 24 años, abre el engranaje del sistema, analiza su historia desde el siglo XIX hasta nuestros días y observa cómo afecta la aceleración de la maquinaria a la vida humana, cómo le roba el aire y las seguridades. Este joven mexicano traza un discurso sobre la época que nos toca vivir, en la línea de Byung-Chul Han o Gilles Lipovetsky, para conseguir sintentizar el diagnóstico y el tratamiento más acertado para el mal de la época. Concheiro entiende la filosofía como una forma de encontrar el buen vivir, ese que nos limpie las gafas de la vida para poder cambiar la visión de un mundo que, ni económica ni estéticamente, podemos transformar.

Ese cambio en la visión del mundo es la salida que plantea el mundo, la filosofía del instante. Solo en los tiempos que no corren, pero que significan, se puede encontrar la tangente del sistema. Contra el tiempo no es un libro revolucionario, sino un manual para jugar al escondite, para escaparse de las reglas aceleradas. Cuando se hace de noche, La Buena Vida se convierte en un refugio perfecto, un lugar donde los instantes se hacen lectura y ahí se resiste, se huye y se rehace el tiempo, y Contra el tiempo ayuda a plantear una nueva posición estética, como al incluir las fotografías de Gabriel Orozco, momentos que están a punto de difuminarse pero en los que queda un destello de algo inacabable.

Pilar Torres

De la ligereza

De la ligereza

Gilles Lipovetski – Anagrama

Cada tiempo tiene un aroma que marca cada uno de sus gestos. Gilles Lipovetski, que el año pasado ya nos trajo a La Buena Vida un ensayo gigantesco sobre la moda y la estética como las marcas de nuestros días, fabrica en De la ligereza la mezcla de todas las esencias: las industrias modernas, la cultura, la moda, el arte, el amor o la política van sedimentándose entre sus páginas para exaltar la legitimidad de lo ligero y desenmascarar el uso perverso que se hace hoy en día de esta necesidad antropológica.

Desde la Grecia clásica, la ligereza es el camino por el que acceder al placer de existir, el vehículo con el que podemos estar en el mundo como lo hacen los dioses. Su máxima expresión es la alegría, ese viento que se siente cuando, como decía Spinoza, nuestra fuerza vital está en su apogeo. Hasta la risa, el gesto más puro de felicidad, se transforma hoy en día en otra máscara y pierde su naturaleza comunicativa: ya no es esa forma de acabar con la distancia que nos separa del otro que describía Bergson, sino que cada vez se ríe menos y sin escándalo. La felicidad se ha acabado convirtiendo en un objetivo imposible de satisfacer, provocando que la vida se cargue con el peso de la decepción, porque nunca es lo suficiente ligera, ni divertida, ni móvil.

Este ideal del buen vivir que es la ligereza, con el que curar el peso de la vida, se convierte en una máscara bajo la sombra del capitalismo. Es una utopía light basada en lo frívolo, el cambio continuo y la inconstancia y, así, el poder económico utiliza esta necesidad antropológica de tomar aire para conquistar el terreno de la ética. Impone una ética de la satisfacción inmediata que genera una cultura del entretenimiento no ya basada en la búsqueda del sentido y el conocimiento, sino en la evasión, el ocio y el derecho a la despreocupación. La memoria pierde su valor para dárselo al espectáculo, a la moda que seduce por su apariencia, provocando que el placer ya no sea una búsqueda intelectual sino de consumo. Ver más, escuchar más, disfrutar más antes que adentrarse en la oscuridad y ver mejor y explorar los detalles, porque esta ligereza superficial se convierte en asesina de lo sublime.

Lo ligero es el dictador de la estética de la sociedad, es la marca de su apariencia. La belleza, el cuerpo, los objetos, el arte, la política o el amor se consagran a la sencillez de sus formas, pero bajo esta capa de maquillaje crece el peso de los recursos energéticos, de la dictadura del físico, de la sospecha y la vigiliancia como medio de supervivencia. Lipovetski pasea por todos los temas claves que nos construyen como humanos modernos y los hace girar para encontrar sus caras positivas y los puntos de vacío porque, como todo, la vida siempre mejora arrastrando el humo que extienden el terror y el vacío.
Pilar Torres

Cosas que brillan cuando están rotas

labuenavidaleecosasquebrillan-2Cosas que brillan cuando están rotas – Nuria Labari – Círculo de Tiza

El atentado del 11-M ha sido el más dañino en la historia de España. Fallecieron 192 personas y hubo más de un millar de heridos.  Aquella mañana se abrió una honda herida en la sociedad española cuando explotaron las mochilas  en la red de cercanías de Madrid. El desconcierto y la solidaridad ciudadana fueron de la mano. Tres días después, hubo un cambio gobierno en las elecciones generales del 14 de marzo. Se ha escrito mucho sobre los sucesos, sobre todo en prensa, pero faltaba un relato que lo abordara desde la ficción, otra manera de narrar la incomprensión y el dolor que generaron aquellos sucesos. Cosas que brillan cuando están rotas lo hace.

Para hablar de ello, Nuria Labari (Santander, 1979) combina la visión panorámica con los primeros planos. Eva y Eric son una pareja clase media. Ella es periodista. Él, ejecutivo. Además está Clara, su hija. A través de estas tres voces, en primera persona, la autora mostrará las dificultades de mantener a la familia unida, los miedos, la falta de comunicación entre sus miembros, los silencios, las ausencias. Todo ello en paralelo a la reconstrucción de los   hechos dramáticos del atentado.

Por un lado, Labari muestra la labor periodística que Eva tiene que desempeñar el 11-M y los días sucesivos, reconstruyendo las múltiples caras que ofrece una acontecimiento de estas características, mientras su marido y su hija buscan la forma de recomponer la relación paternofilial en Berlín, desde donde ven con perplejidad los atentados. Los intercambios de correos electónicos entre marido y mujer es el recurso que la autora de Los borrachos de mi vida (Lengua de Trapo, 2009) usa para poner al lector al tanto de la delicada situación que atraviesa la pareja. Estos correos, además de una subtrama sentimental que tiene tanta fuerza o más que la del atentado,  es  un inventario de reproches de un matromonio que no se reconoce. Los veinte años que llevan juntos se han convertido en una manigua de  días, donde las cuentas corrientes se han convertido en lo más importante.

Las personas mueren. El horror se manifiesta en sus múltiples posibilidades: el terrorismo se acompasa con el exterminio de los judios que Eric quiere mostrar a su hija, para que conozca la Historia y la insignificancia del ser humano,  en los museos berlineses,  mientras la vida sigue,  al margen de los acontecimientos que deparan al ser humano.

Cosas que brillan cuando están rotas muestra el envés del relato del 11-M. Cómo irrumpe en la vida cotidiana. Y cómo los medios de comunicación  juegan su particular partida, al igual que la política. “Me pregunto qué pasa si alguna familia no quiere contar la historia de su muerto, si no quiere ver su foto en la prensa nacional. Y sé que en esos casos intentaremos explicarles la importancia de la memoria y de la Historia. Y que si no ceden, entonces buscaremos a otros allegados, conocidos o compañeros de trabajo. Y lo haremos en nombre de la memoria colectiva. Lo único que me molesta es que el interés general de los ciudadanos coincide con el interés particular del periódico cada vez que se nombra en un consejo”, explica  Eva,  con intencionalidad, en la página 108 de esta novela cargada de significados, símbología, ficción y realidad.

@cercodavid

 

En busca de Muhammad Ali. Historia de una amistad

enbuscademuhammadaliEn busca de Muhammad Ali. Historia de una amistad – Davis Miller – Errata Naturae

Esta es la historia de un niño a la que un hombre le cambia la vida. La madre de Miller ha fallecido de una insuficiencia renal. Después de la pérdida, el niño entra en la apatía y el ensimismamiento, se encierra en sí mismo y no quiere tener contacto con el exterior más que a través de una aguja que lo mantiene vivo en el hospital.  A los 17 años no alcanza lo 30 kg. Le llaman Ratón. Y si un chaval tiene aspecto de ratón, dentro de la lógica adolescente, qué mejor que vapulearlo. Pero este libro misceláneo no habla del bullying, sino de la superación y de la figura de Cassius Clay (1942-2016), el boxeador co-protagonistas de este compendio de textos que recorren la historia de sus vidas durante más de 30 años.

Sin embargo, este libro no cuenta la época dorada del púgil, sino la de su decadencia y la del período durante el que padeció la enfermedad de párkinson. En este recorrido, Miller nos muestra su ascenso como periodista y escritor, sus encuentros con Ali, al que conoció y con el cual mantuvo una amistad serena pero duradera. Personalidades diferentes y vidas contrapuestas, aunque los dos protagonistas se admiran, cada cual en su radio de acción. Hay pasajes memorables, escritos con cariño y delicadeza, cuando se trata del deportista. Davis Miller tiene pluma. Aunque se siente más cómodo en la distancia corta.  La historia de esta amistad es puro reporterismo a la americana. No ficción. El autor está considerado  un gran crítico deportivo. Colabora habitualmente con  publicaciones en EE UU. Una de los reportajes del libro, Mi cena con Ali, fue seleccionado como uno de los veinte mejores ensayos sobre deportes escritos en el siglo XX, reza en la solapa de este volumen.

@cercodavid

 

El universo en tu mano

Processed with VSCO with e1 presetEl universo en tu mano
Christophe Galfard – Blackie Books

A veces cuesta explicar lo que cuenta un libro. Hay argumentos complicados, ensayos enrevesados e historias que cuentan más de lo que deja la tinta en las páginas. Hay miles de relatos posibles, pero si algo tienen en común es que todos caben en el universo, en algún hueco entre las galaxias y los agujeros negros.

En El universo en tu mano solo hay que tumbarse en una playa paradisíaca, abrocharse el cinturón y dejar que tus amigos llamen a tu tía abuela cuando empiecen a pensar que te has vuelto loco. Galfard se pone el traje de la teoría de la relatividad y conduce, capítulo tras capítulo, por las carreteras escarpadas de la realidad, de la materia, la antimateria y el fulgor de las estrellas.

Un ensayo absorbente que te arrastra a mirar el cielo en profundidad, huir de la ciudad para buscar el brillo de la Vía Láctea y que adopta al gato de Schrödinger como mascota para explicar los descubrimientos físicos más importantes de las últimas décadas sin la complejidad de las integrales, solo con el poder de los relatos y la fascinación por las maravillas que rigen todas las galaxias. Christophe Galfard, discípulo de Stephen Hawking, explora la jungla de los interrogantes de la ciencia y explica cómo se han construido las teorías de la física teórica como si fuera la historia de una conquista: la de entender cuáles son los mecanismos que lo construyen todo. Una lectura en la que dejarse fascinar por el brillo de los confines del universo y la música de la teoría de las cuerdas.

Pilar Torres

La guerra no tiene rostro de mujer

FullSizeRender(43)La guerra no tiene rostro de mujer – Svetlana Alexiévich – Debate

Cuando Svetlana Alexiévich (Ucrania, 1948) era niña, escuchaba a su abuela materna contar historias sobre las hambrunas provocadas por el estalinismo y sobre las calamidades que pasaron en la II Guerra Mundial. Las mujeres se reunían en las cocinas y dejaban sobre la fría la tarde un sin fín de historias que calaron en la joven Svetlana.   Imágenes como la de un mercado lleno de tullidos a los que la policía dispersaba con las porras quedaron grabadas en las memoria de la futura Premio Nobel que no entendía bien el porqué de esa situación. Por un lado, la formación académica y oficilista. Y por  el otro, a modo de contrapeso, una maraña de narraciones orales, vivas, espeluznantes, azarosas, necesarias. Aquello fue el comienzo de un largo proceso:  el de entender y contar una historia paralela a la oficial del regimen soviético.

Con La guerra no tiene rostro de mujer (Debate, 2015), publicado en 1983, en la revista Octubre, censurado y llevado un par de años más tarde al teatro, la periodista  inicia un ciclo artístico documental al que tituló Voces de la utopía. Cuenta Alexiévich que al leer  Soy de una aldea en llamas, del escritor bielorruso A. Adamóvich, “mi maestro”, aclara ella, dió con el método y la forma para narrar una gran parte del siglo XX soviético. Para ello, la autora de Voces de Chernóbil (Siglo XXI, 2006) tuvo cientos de encuentros con mujeres que fueron a defender la patria y a morir por ella.  Parte de estos encuentros son los que constituyen este artefacto difícilmente clasificable.

Este retrato polifónico y confesional recoje todos esos testimonios y y alumbra los oscuros de la historia, que son muchos. La escritora se reúne con algunas de las mujeres que estuvieron en el frente y aguarda el momento adecuado para atrapar las emociones que éstas vuelven a revivir. Cada una tiene su experiencia, cada una cuenta su guerra, matiza, enriquece, contradice y ofrece puntos de resistencia frente a la épica a la que nos tiene acostumbrado el discurso histórico masculino.

A través de entrevistas, charlas, encuentros, monólogos, retazos de recuerdos deshilachados por el tiempo, la Premio Nobel abruma al lector con la contundencia de los testimonios, lo satura de emoción con un montaje  rítmico que rompe la línea temporal y muestra la realidad en crudo, lejos de  tópicos. Este libro es un retrato del mal, además de mostrar las consecuencias perversas de un sistema capaz de reducir a la nada a la mujer. El absurdo, la barbarie y monstruosidad son también los otros protagonistas de esta guerra.  Aunque La guerra no tiene rostro de mujer fue  publicado hace más de 30 años, Alexiévich es una intelectual muy preocupada por la deriva actual que ha toma la antigua URSS, ahora en manos de Putin, y lo advierte.

@cercodavid

 

 

 

 

Dentro del secreto

LaBuenaVidaLee_DentrodelsecretoDentro del secreto. Un viaje por Corea del Norte – José Luís Peixoto – Xordica

Corea del Norte es uno de los países más herméticos del mundo. Aislado desde hace décadas, la imagen que los occidentales tenemos de él es bastante homogénea. Sabemos que sus líderes rozan el esperpento, que son caprichosos, y que son una amenaza constante desde el punto de vista nuclear. También tenemos claro que es un regimen implacable con sus súbditos, mano de hierro se dice. Gran parte de la población vive humildemente y las pocas voces disidentes son silenciadas de manera efectiva. Mientras que sus vecinos, los del sur, son uno de los países más desarrollados del planeta. Hasta aquí casi todos de acuerdo.

El autor de esta crónica cuenta su experiencia en el país aprovechando los grandes fastos del centenario del dictador  Kim Il-sung. Peixoto (Portugal, 1974) se cuela en las tripas del monstruo y comprueba de primera mano cómo viven los coreanos, qué comen, cómo son adoctrinados, cuál es la realidad de estos hombres y mujeres que padecen una especie de Show de Truman cutre, empobrecido y sin efectos especiales. El cronista viaja siempre con una delegación controlada por los funcionarios. Toma notas y hace las fotos que le dejan y alguna otra, aunque le han requisado el teléfono móvil, y esto lo sume en un estado de nostalgia y de cierto abatimiento. El autor explica muy bien esa sensación y dependencia que los hombres del siglo XXI hemos desarrollado con la tecnología.  No puede comunicarse con sus hijos e introduce, a través de este conflicto,  su discurso personal e íntimo.

En el viaje se mezcla la mirada del hombre recién llegado a un lugar al que sabe que no va a volver  más, con la angustia de saberse en un país peligroso, por dictatorial y severo. Cualquier salida de tono, cualquier mínima desobediencia son fruto de la paranoía y el miedo a la represión. El poder de autosugestión en Peixoto es muy alto, por las circunstancias, y confirma algunas de sus intuiciones con respecto a las autoridades, otras las modera y matiza. Dentro del secreto es un libro muy recomendable ahora que todos estamos pensando en las vacaciones de verano; primero para valorar en qué tipo de viajes gastamos los meses de julio y agosto, y segundo, para conocer algo más un país al que ninguno de nosotros va a ir en este ya inevitable período estival.

@cercodavid