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El poder del mito

El poder del mito

Joseph Campbell – Capitán Swing

Algunos libros me piden a gritos que les doble las esquinas, como si hablaran con mi yo del futuro y supieran que esas páginas me van a hacer, al menos, sonreír. Otros siguen con sus gritos y me piden que los subraye, apunte alguna casa o, cuando no se callan, me hacen llenarles todo de ojos como los que hacía Bolaño y doblan su grosor por todas las páginas marcadas.

He subrayado El poder del mito a tres colores porque en cada página había algo que me iluminaba y no quería que acabara como un libro tachado. A lo largo de sus ocho capítulos u episodios (cada uno transcribe las entrevistas que Bill Moyers hizo a Campbell y que se retransmitieron por televisión en 1988), Campbell sintetiza el trabajo de toda su vida con una pasión que contagia en cada página.
El mito es para Campbell una historia que condensa los ecos de lo que implica ser humano. Hablan de la sociedad, de la búsqueda interior, de la madurez, el amor y el sentido de la vida. Hablan desde el arte porque viven en las metáforas, se disfrazan en los dioses para entender lo que no podemos atisbar con nuestras herramientas kantianas: aquello que existe sin tiempo ni espacio.
Campbell, ya en la recta final de la vida, resume sus hallazgos y deja pistas de su recorrido vital: los años en los que se encerró a leer todo Joyce y Mann, su método de enseñanza que prefería iluminar la verdad interior más que aleccionar sobre materias o su progresivo viaje por la comprensión religiosa.
El poder del mito es un libro para compronder los puntales de la vida, su sentido y, sobre todo, la felicidad huyendo del camino y la palabra fácil. Si algo tiene claro Campbell, después de estudiar los mitos de un sinfín de culturas, es que convertirse en un ser pleno es aceptar el dolor, la frustración y la huella de la muerte de una forma plena, porque solo cuando se comprende lo que duele se puede abrir el sendero hacia la vida auténtica, la que es propia y que, como demuestran los mitos, puede ser conocida pero no dicha.
Pilar Torres

De safari con Noel Ceballos

Ceballos2En La Buena Vida andamos algo constipados, cosa que no impide a Noel Ceballos (Madrid, 1985) pasarse por aquí, sorteando toses y estornudos, para hablar de Internet safari (Blackie Books, 2015), su último libro, un ensayo muy personal que aborda los conflictos que genera el maridaje entre la vida real y la digital. Periodista, crítico, director y guionista de cine, analista del barrizal de la cultura pop, Ceballos lleva años vigilando de cerca todo lo que huela a tecnología, y, sobre todo, de qué manera nos afecta en la vida cotidiana. Hackers, trolls, youtubers, amor, pornografía, redes sociales son algunos de los palos que toca este empedernido lector de David Foster Wallace.

En el prólogo, adviertes que Internet safari puede quedar obsoleto en poco tiempo debido a la velocidad a la que se mueve todo en Internet. ¿Por qué razón decides escribir sobre lo digital en un soporte tan primitivo como el libro, donde los cambios son impracticables? ¿Acaso sigue siendo el libro el rey de la casa?

Me hacía ilusión escribir un libro que fuera una polaroid de su tiempo. Este es un libro del momento actual, que en unos años habremos superado. Pero también creo que va a tener algo de caja del tiempo que entierras y, en cinco años, es como si desenterraras un mensaje del pasado. Yo creo que es un libro para ir un poco más allá. Lo que consigue el formato analógico es darnos pie a descansar un poco, a pisar el freno, a leer con detenimiento y a reflexionar.

En 2014 publicaste una novela titulada La escuela nocturna (Alegoría), ahora que a la narrativa le han salido tantos competidores, ¿crees que la literatura sigue siendo una buena herramienta para contar el siglo XXI?

Yo creo que sigue siendo una de las mejores herramientas para intentar comprender la cacofonía que es la vida moderna y darle un orden. En el fondo, con la narrativa creas unos modelos a escala que intentan explicarnos la realidad, ordenan este caos para convertirlo en algo armónico que tenga algo de sentido.

¿Cómo surge Internet safari?

Me gusta escribir sobre tecnología y cómo ésta modela nuestro día a día. Jan Martí, el editor de Blackie Books, una noche leyó unos artículos que yo había escrito sobre el tema. Entonces se puso en contacto conmigo y me propuso hacer un libro relacionado con todo aquello que se comparte en Internet, como el caso de aquella chica que hizo un chiste racista en Twitter antes de montarse a un avión y, cuando bajó, se había convertido en viral e incluso hasta la habían despedido. Esta mujer compartió algo que no debía y hacerlo tuvo sus consecuencias.

También haces alusión a la idea de que todos mentimos en Internet.

Sí, mientras trabajaba en el libro me daba cuenta de que además de compartir cosas también mentimos. A veces lo que compartimos es una idea falsa de nosotros mismos. Mientras más sensación de felicidad dé aquello que compartimos, más exitoso será. Y a partir de esa tesis empecé a trabajar. En seguida tuve claro que tenía que estar organizado de lo más íntimo a lo más universal.

Nos está costando sincronizar la vida real y la digital.

Poco a poco está desapareciendo la idea de que Internet es otra vida. Forma parte de la realidad, sólo que es otra ventana. Yo creo que vamos a tender a una nueva honestidad en las redes sociales. A medida que los nativos digitales nos vayan sustituyendo, la brecha que existe entre lo digital y lo real se irá eliminando. Cada vez somos más conscientes de que los dos planos son reales. Hubo un caso de una estrella de Instagram que tenía muchos seguidores. Un día, sin avisar, puso una foto sin maquillaje y dijo que estaba harta de fingir y que las fotos que había subido hasta entonces eran falsas. Si ves las fotos anteriores, son casi un producto de ficción. El libro está escrito justo en el momento en el que la gente ha empezado a darse cuenta de que hay que ser más sincero. La intimidad está cambiando, también la idea de identidad.

Es el caso de algunos youtubers.

Sí, los youtubers que más éxito tienen son los que se muestran tal y como son. Hay una que se graba nada más levantarse, antes de pasar por la ducha, en pijama. Con eso consigue dar una gran sensación de confianza. Algunos se han hecho famosos por no mostrar ningún tipo de filtro. Esto, a su vez, convive con gente que se ha hecho famosa por todo lo contrario. Lo que han hecho muchos youtubers ha sido embotellar esa sensación de inmadurez. No sabemos qué va a pasar con esta generación cuando crezca y empiece a interesarse por otro tipo de cosas. Los youtubers están siendo contratados por las cadenas de televisión para generar contenido. Las televisiones están obsesionadas con poder conectar con esta generación de millennials que prefieren ver productos que se saltan a la torera todas las leyes básicas de la narrativa audiovisual. Los canales mainstream tienen miedo de quedarse atrás. Es una situación inédita.

No hay que irse tan lejos, un claro ejemplo es que mientras el presidente español en funciones, Mariano Rajoy, no llega a los 1,2 millones de seguidores en twitter, @Rubiu5, uno de los youtubers más dicharacheros que tenemos en España, supera los 5,5 millones de followers. La red ha traído nuevos modelos de celebridades. Cantantes como Kanye West y su esposa Kim Kardashian son paradigmas de artistas que han tomado las riendas de su vida digital haciendo de su Twitter un canal para seguir desmostrando que ellos forman parte de otra raza, lo que Ceballos define como el Nuevo Inquietante. En cambio, otros personajes, digamos que de la vida predigital, como Chuk Norris, Raphael o Montserrat Caballé, han sido víctimas, con mejor o peor suerte, de burlas y memes. “Los internautas les dieron un nuevo significado, casi como si fueran un muñeco en sus manos”, explica Ceballos.

En este safari internáutico el lector se va a encontrar con una gran variedad de especies, entre ellas a los trolls.

La idea del troll es una consecuencia de este aprendizaje lento que estamos haciendo con Internet. Hay mucha gente agresiva en las redes. La gente justifica ese comportamiento, que no se atrevería a llevar en su vida real, argumentando que eso no es real y que tiene menos peso eso que están haciendo en las redes que si lo hicieran en la calle.

También le dedicas su espacio a los hackers. Te preguntas si son villanos o héroes con muy mala prensa.

Hay muchos tipos de hacker. Lo que me interesa de ellos es cómo desde los medios de comunicación se les ha convertido en villanos, porque es algo así como temer lo que no entendemos. Desde que empezaron a surgir en los ochenta, los vieron como a una especie de brujos, porque son gente que tiene unos conocimientos para transformar la realidad digital, y sólo por eso ya había que temerles. Esos conocimientos se pueden utilizar para cometer delitos, pero también para hacer el bien. Hay empresas que los contratan para intentar evitar delitos informáticos. Los hackers tienen acceso al código fuente, que es algo que el resto de los humanos no tenemos.

De quien no sabes si fiarte es de Julian Assange. Aún así dices que es el último hombre libre del mundo.

Sí, pero al mismo tiempo tiene trazas de villano de Bond y de una megalomanía que hace que no te fíes mucho de él. Es una persona muy importante para entender nuestro tiempo y una figura muy polémica que tiene muchas caras, quizá es eso lo que lo hace tan interesante. En Estados Unidos tienen problemas con Edward Snowden. Parte de la población lo considera un patriota y otra todo lo contrario. Pero creo que es una persona sin doble fondo. En cambio, con Assange es diferente, da la sensación de que nunca vas a lograr comprenderlo.

Ceballos1Se quejan de los hackers, pero hay muchas empresas que obtienen información de los usuarios sin que estos se enteren.

Hay dos maneras de que Facebook saque información sobre ti. La primera es preguntarte directamente. Y la otra es poniéndote un caramelo. Ahí es donde entran en juego los test, los me gusta y los favoritos. Lo que hacemos es proporcionar información que después venden a empresas para que te llegue una publicidad personalizada. Ese es el negocio, eso es de lo que viven.

Hablas de las dos tendencias que hay en Facebook.

Facebook sirve para hacer un exploración absoluta y exhaustiva del ego, pero también puede utilizarse para llamar al pueblo a las armas. En las primaveras árabes sirvió como herramienta para movilizar a la sociedad. Lo que más gracia me hace es que no se tiene ni idea de para qué sirve Twitter. Además, todavía no han sabido monetizarlo y sacarle partido. No saben cómo convertirlo en un negocio.

¿Está Internet cambiando el concepto que tenemos del amor?

Lo que hace Internet es exacerbar sentimientos que están ahí. Y qué sentimiento más humano que el del amor. Internet proporciona otros canales. Hay aplicaciones que conectan a personas, aunque eso siempre ha estado ahí, con el club de los corazones solitarios y cosas así. Después del saqueo masivo de datos de clientes en la web de contactos Ashley Madison, nos enteramos de que la propia empresa había implantado simuladores para hablar con hombres porque el porcentaje de clientes masculinos era superior al femenino. Bueno, pues al final, esas máquinas que habían sido diseñadas para hablar y ligar con los clientes acabaron ligando entre ellas. Suena a ciencia ficción, pero es real.

Ceballos se explica con locuacidad mientras aprovecha las pausas que hace, cuando le pregunto, para dar un trago al tercio de cerveza Martínez. De repente me da un golpe de tos tan fuerte que me tengo que levantar a por algo que alivie el picor de garganta. Noel se queda en el sillón, frente a la cámara. El entrevistado pasa a ser el observador de una escena absurda pero típicamente humana. Regreso con los ojos llorosos y enrojecidos.

-Perdona.

-No te preocupes, es una época muy mala para los resfriados, yo todos los años me quedo una vez afónico.

Además de amor, también abordas el tema de la pornografía. (Más toses)

Antes de la irrupción de Internet, el porno se consumía en recintos cerrados, era una acitividad muy íntima. Después saltó a la web y eso acabó con las revistas porno. Playboy ya no hace desnudos, no tiene sentido. Internet ha hecho que la pornografía forme parte de nuestras vidas de manera más natural. Antes tenías tu lugar de trabajo, tu lugar de ocio y tu lugar para el porno. Ahora todo está en el portátil.

Destacas la importancia de los mapas en Internet. “Todo mapa es la forma que tiene alguien de hacer que mires el mundo a su manera”, repites.

Los mapas se han usado siempre para la guerra. Creo que ahora se está demostrando que es más cierto que nunca. La razón por la que los gigantes del mundo digital han entrado en una batalla por el dominio de los mapas es esa. Si miras a través de uno de esos mapas como ir de A a B, a lo mejor te indica la distancia más corta, pero seguro que en algún punto del recorrido te encuentres con un Starbucks, oe ejemplo. Lo que está haciendo Google es crear una versión del mundo a escala que pase siempre por su filtro. Siempre se ha dicho que su intención secreta era poder hacer un mapeado del mundo entero para poder sacar sus coches autónomos. Google es una megacorporación que está muy interesada en el futuro y no le importa destinar partidas de dinero totalmente escandalosas para proyectos que quizá salgan o quizá no.

Todo eso lo desarrollan en Google X, como las Google Glasses, que al final han sido un fracaso.

Sí, es que es ensayo-error. Ahí es donde dicen que están desarrollando este coche que, dicen, va a transformar el futuro. Lo que más me gusta de Google X es que no sepamos qué es lo que se traen entre manos, que todo sean rumores. Creo que en un universo como el que vivimos ahora, en el que el pensamiento mágico se ha acabado, este lugar de investigación llamado Google X es lo más parecido al castillo encantado. Es un laboratorio donde pasan cosas que no nos podemos explicar. Pero es la tecnología que tendremos en el futuro.

@cercodavid

 

Música de mierda

musicademierdaMúsica de mierda  – Carl Wilson – Blackie Books

Hablar de Celine Dion en 2016 tiene algo de retro, como si me pusiera a rememorar las batallitas nocturnas con aquella camisa roja de flores que tenía el valor de ponerme hace quince años. O más. Pero después de leer Música de mierda -título sugerente donde los haya-, la figura de Dion sale reforzada, y uno no puede sino cambiar la idea que tenía sobre la cantante canadiense. No ocurre lo mismo con su música. Tampoco con la camisa roja. 

Wilson es crítico musical, entre otras cosas, y trata de averiguar, en un fascinante relato, si los gustos de la gente, y en particular el suyo, tienen algún tipo de base sólida. Para ello, toma como conejillo de india a Celine Dion y su disco Let’s talk about love, con todos los condicionantes sociales y personales a los que estamos sometidos, siendo consciente, primero, del odio personal que le profesa a las artistas y, segundo, de la naturaleza prosaica de su música.

Durante doscientas páginas, Wilson  desgrana la vida personal de la joven quebequense, su infancia en una familia numerosísima -eran 14 hermanos-  y su   ascenso en el mundo del pop, junto a su productor y después marido, René Angélil. El escritor bucea en las  las influencias  de la  música de salón de la que bebe la cantante. Destaca de estilo italiano del gorgorito y el corte nostálgico irlandés, que había venido a hacer ascuas a la hoguera del pop para dejarlo arder en el siglo XX.

¿Quién escucha a Dion y toda esa batería de baladas sentimentales? Muchos millones de personas, de los cuáles Wilson toma una muestra. Aunque lo verdaderamente interesante es adentrarse con el crítico musical  el vientre de la  de la cultura pop, hacer un repaso del gusto, con Pierre Bordieu y su ensayo La distinción como punta de lanza, pero disintiendo y siendo crítico con el sociólogo francés. También es interesante el recorrido que el autor hace por temas como los prejuicios, el elitismo, lo cool, los críticos, la sensiblería, o  los valores que sustentan la música, como el individualismo, la subversión y la rebeldía, en detrimento de los sentimientos más buenistas y de pertenencia a la comunidad.

Música de mierda es un ensayo que  ayuda a mirarte el ombligo, no para ver lo bonito que es, sino para entender que todos tienen uno y que el tuyo, aunque pese, no es el más redondo y perfecto, sin miedo a preguntarse el porqué.

@cercodavid

 

 

El hombre que estuvo allí

IMG_7906(1)El hombre que estuvo allí – George Plimpton – Contra

Hay muchas cosas que una universidad de periodismo no te puede dar, entre ellas está la agenda. George Plimpton (Nueva York, 1927-2003) se distingue por muchas cualidades, pero si algo tenía este escritor, periodista, editor literario, actor, aventurero y deportista ocasional era una agenda jugosa que parecía no tener fin, desde Ernest Hemingway a Norman Mailer, pasando por Warren Beatty y George Bush. Cuidado.

A Plimpton se le conoce por militar en el periodismo participativo.  No tuvo reparo -no digo miedo- en subirse al cuadrilátero y ponerse los guantes delante de Archie Moore,  campeón del mundo de los pesos semipesados. Como tampoco se lo pensó cuando lo aceptaron para jugar en la Liga Profesional de Fútbol Americano un partido de pretemporada. Y así. Pero no todo fue deporte, algo que apasionaba a Plimpton, también tocó el gong en la Filarmónica de Nueva York, un golpe seco y fuerte, que hizo que se relajara durante una semana de la tensión que llevaba acumulada. Aquella vibración dejó huella.

Con prosa fluida, este periodista convierte su propia experiencia en noticia. El acontecimiento recae sobre sus hombros, y subvierte esa contradicción de que el periodista no debe ser la materia prima de la información. Ahora  muchos lo hacen, Francisco Umbral se tomó un viagra y contó la experiencia, y en televisión se han visto algunos reporter@s  metiéndose en el pellejo del indigente o sometiéndose a alguna prueba voraz. No es nada nuevo, George Orwell  cuenta ese tipo de experiencias extremas en Sin blanca en París y Londres (Debate, 2015), era el año 1933, libro, por cierto, que recuperamos para el nuevo Club de Lectura.

El hombre que estuvo allí es una selección de los mejores reportajes y experiencias que el periodista tuvo a lo largo de su carrera. Si algo distingue  al polifacético reporter es la empatía y la capacidad para llevar al terreno de lo humano la historia, que se enriquece con las sensaciones que en ese momento vive el protagonista, ya sea de miedo, de alegría, de cansancio, de vergüenza o de una atroz responsabilidad por salir adelante. “Uno le dice al director sí, claro que saltaré de un avión, escalaré el K-2, pelearé contra el campeón del peso semipesado o lo que sea, y después de decir eso al director uno tiene que estar a la altura de la promesa”, explica. Un día se puso frente a Diane Keaton y le sostuvo unas cuántas frases frente a cámara. O lo que es más temerario, en una cena jugó a atraparse el pulgar con Ernest Hemingway. Lo demás ya es historia del periodismo.

@cercodavid

Los indómitos de la montaña

Los indómitos de la montaña

Dino Buzzati – Gallo Nero

Que a Buzzati le van las grandes hazañas donde el cuerpo echa toda la leña a los motores ya lo habíamos descubierto en El Giro de Italia, sus crónicas épicas sobre la primera competición que viaja al sur de Italia, recorre Sicilia, Campania y va subiendo la dirección que marcan los Apeninos.

Si en aquel libro la cordillera dorsal de Italia guiaba la lucha de Coppi y Bartali, aquí son los Dolomitas, la parte más oriental de los Alpes, los protagonistas absolutos. Los indómitos de la montaña recoge crónicas, semblanzas y relatos que recorren los valles de estas montañas caprichosas, escarpadas y que, sin que el propio Buzzati ni la humanidad hayan podido hacer nada, han ido desgastando su imagen de ingobernabilidad, su sueño de meta imposible por la que suspirar.

Buzzati, que nació en las laderas de Belluno, fue durante toda su vida un fanático de la escalada: desde joven vio la fascinación de los viajes verticales, se enfrentó al miedo y encontró los caminos que dejaban las piedras para alcanzar las terrazas que dan al cielo. Este libro que acaba de publicar Gallo Nero recopila los diversos escritos que tienen como tópico el perfil de las montañas, bien las más cercanas o las grandes hazañas nacionales de la época, bien la realidad de quien muere entre riscos o la ficción de recuperar lo que un soldado americano viviría antes de perderle la partida al frío.

Los indómitos de la montaña son aquellos hombres que hicieron historia entre estos valles, los que no dejaron de respirar el frío en sus cimas y los que vieron cómo un paso en falso se  paga a veces en el abismo. Buzzati, un cronista al que solo se me ocurre calificar como mágico, narra la expedición italiana a la cima del K2 como solo él sabe hablar de la espera y de las dificultades que esconde la montaña.

A Buzzati se vuelve siempre para notar la opresión en el pecho de lo inmenso, lo que aparece como un vacío insalvable que se acerca sin freno. Bien sean bicicletas, tártaros o montañas, el gran Dino es un especialista en parar los parpadeos, como si a sus páginas se pudieran conectar las máscaras de oxígeno con las que sobrevivir unos metros más.

Albertine. Rutina de ejercicios

Albertine. Rutina de ejercicios

Anne Carson – Vaso Roto

Proust se toma casi mil páginas de En busca de el tiempo perdido para presentar a Albertine. La coprotagonista entra, como no podía ser de otra manera tras la espera, con la calma que se vive a orillas del mar, rodeada de sus amigas y sin que el protagonista encuentre aún el aroma que la hará especial más adelante.

Carson, como cualquiera que se enfrenta a la obra de Proust, se fascina y se pregunta por lo que esconden esos velos con olor a lavanda.  Entre la poesía y el ensayo, estos ejercicios y sus apéndices indagan en la figura de Albertine en la novela: una planta a la quer admirar, una esclava de la que abusar y un sujeto amoroso atado a la mentira.

Progresivamente Carson deja los datos empíricos donde cuenta las veces en las que aparece Albertine en la novela y los ecos históricos que dibujan su silueta para hablar de la perversión del protagonista, el lenguaje que se usa para descubrir su auténtica faceta y, sobre todo, investiga sobre la mentira como arquitecto y destructor del amor (“uno solo ama aquello que no posee por completo”, dice Marcel).

La libertad con la que Anne Carson consigue ir de lo poético a lo académico consigue que esta indagación sobre el amor abusivo, el duelo, la mentira y el discurso amoroso pase por las palabras de Beckett, Mallarmé, Barthes o por la propia reflexión sobre el lenguaje, su mentira y lo que dice sin que use esas palabras.

Mientras que en Eros Carson desarrolla la teoría del amor como distancia y anhelo, aquí pone en práctica su discurso analizando uno de los amores más famosos de la historia de la literatura, sin obviar su complejidad propia, que tiene mucho de espejo distorsionado de la monótona vida de Marcel. Albertine es un libro para aprender a ejercitawr la lectura, la reflexión y que demuestra, con fascinación y sin perder la sonrisa, que la literatura siempre dialoga, ilumina y tonifica el discurso propio.

Pilar Torres

Cervantes y Lope. Vidas paralelas

20151119112023-port_shelley-orCervantes y Lope. Vidas paralelas

Mary Shelley – Calambur

La fama que Frankenstein le brindó a Mary Shelley, la novela ganadora de ese fantasmagórico concurso entre los Shelley y los Byron, hizo que se perdiera en la niebla del reconocimiento literario el resto de su trayectoria de esta escritora. Y, aunque es cierto que esta novela es lo más destacado de toda su obra, obviar el resto de su carrera implica dejar en la sombra a una mujer escondida detrás de un apellido famoso, como si todo hubiera sido una anécdota más propia del entorno que de su propia valía.

Sin embargo, Mary Shelley creció en un ambiente intelectual, con padres escritores y una formación poco frecuente para las mujeres en su época. El romance pasional con Shelley y la consiguiente fuga y drama en Italia Percy Shelley naufragó en la Spezia y dejó su rastro en la Bahía de los Poetas, le permitió leer a autores poco frecuentes en el mapa literario inglés y, así, vivió durante varios años de las biografías que escribió sobre autores pocos conocidos en Inglaterra. De estas obras enciclopédicas Calambur ha rescatado dos de los fragmentos más interesantes, los de dos grandes nombres de la literatura española que tan propios parecen y que tanto sorprenden a los lectores de otras tradiciones.

Estas dos biografías se enferentan según el modelo de Plutarco: las vidas de los dos autores no solo se enfrentaron en la realidad, sino que Shelley las utiliza para contrastar dos modelos de escritores, dos figuras morales y dos éxitos bien distintos. Para Mary Shelley, Cervantes es un genio por saber confiar en su obra frente a los desastres de la vida. La autora admira sin reservas al Cervantes que lucha en Lepanto, el que se intenta escapar una y otra vez de Argel y el que, aunque vive sumido en la pobreza, consigue que su humorística forma de ver la vida construya El Quijote, una obra a la que admira sin reservas.

Sin embargo, el caso de Lope despierta en la autora, ajena y extraña a los usos religiosos de la época, los recelos y las críticas. Lee a Lope a veces con admiración y otras muchas con aburrimiento, achacando a la literatura española el gusto por la digresión y la poca capacidad para lograr una historia de desarrollo lineal. Sin embargo, de Lope admira su capacidad para encontrar la fórmula exacta del éxito, se sorprende ante el gran éxito cosechado por sus obras y se identidica con él por conseguir encontrar la forma de hacer accesible un género a un mayor público.

Estas biografías de Mary Shelley no son los documentos de mayor rigor histórico que se pueden encontrar en La Buena Vida, pero sí que son un disfrute perfecto para entender la mirada sobre la literatura del siglo XIX, cuando se pedia a los autores mejorar la moral del que leía. Se siente del disfrute de Shelley por determinados pasajes y poemas de ambos escritores y se ve cómo, a pesar de las distintas época y escenarios, recuperar tiempos pasados puede ser un auténtico viaje de placer por las curvas de la literatura.

Pilar Torres

Apuntes sobre el suicidio

Apuntes sobre el suicidio

Simon Critchley – Alpha Decay

A cada uno nos toca ser singulares de alguna manera, como si fuese obligatorio abrirse un sendero con machete entre las mandíbulos por el bosque de la vida. Esta constante lucha por encontrar el sentido a la vida, como si pudiésemos decir un “había una vez” de lo que ya hemos recorrido, acaba generando en cualquiera la angustia por no encontrar las señales del sendero, como si fuésemos los únicos de no encontrar el secreto de la verdad de la vida.

En Apuntes sobre el sucidio, Simon Critchley obliga al lector a enfrentarse de una manera nueva sobre argumentos clásicos. El suicidio es un tema de debate filosófico y moral desde la Antigüedad. Critchley, que expone las distintas interpretaciones y juicios sobre el suicidio a lo largo de la historia, quiere derribar el tabú buscando el por qué tanto en las condenas como en las causas. Una exposición sencilla y clara que conduce hasta un opúsculo de David Hume en el que acabamos con el interés y la polémica bien despiertas.

Sorprende la capacidad de Apuntes sobre el suicidio para radiografiar un tema que genera tantos silencios y para el que crea un pequeño libro que es capaz de convercer de distintas posiciones, siempre defendiendo la necesidad de hablar de ello lejos de la repulsa moral o la condena en voz baja. En análisis de la historia de las notas de suicidio, entendidas como un acto de publicación (en la que se hace público lo que no se cosigue explicar en lo propio), es la mejor forma de explicar cómo en el suicidio conviven el amor y el odio, dos fuerzas que se amplifican tanto que no se pueden delimitar.

Critchley hila todo su tratado con los ejemplos que mejor pueden expresar el dolor por el sinsentido de la vida y los destellos que realmente sirve de refugio para los días oscuros: los escritores que supieron dar las palabrar que normalmente no se encuetran. Es, por ejemplo, Virginia Woolf la que desentraña en este ensayo los milagros cotidianos en los que habría que detenerse para agarrar a la vida.

Notas sobre el suicidio sirve tanto para conseguir despertar planteamientos que muchas veces se obvian en silencio como para reafirmar la importancia de aprender a ver la vida no como algo que necesita un sentido sino, más bien, como un mapa en el que tenemos la libertad necesaria para encontrar la magia.

Pilar Torres

Sociedades comparadas

Sociedades comparadas
Jared Diamond – Debate

Sirva como aviso que en La Buena Vida somos forofos de Jared Diamond. Son pocos los divulgadores que escriben libros como “Colapso”, “Armas, gérmenes y acero” o “El tercer chimpancé”, que no solo al ver la luz son recibidos con aplausos de la comunidad científica y de público por igual, sino que después de años en el mercado, no pierden ni un ápice de interés o valor.

Dicho esto, proponemos la lectura de “Sociedades comparadas” como una introducción a la obra de este catedrático de geografía que comenzó su actividad investigadora en el campo de la fisiología evolutiva. A su contagioso interés por conocer y comprender une, en la envidiable tradición anglosajona, la capacidad de transmitir sus conocimiento de una forma fiel y amena. Este libro recoge unas conferencias impartidas en Italia. Es por esto que son variadas, ágiles y pegadas a la actualidad.

Porque lo que hace Jared Diamond es pegar un buen repaso a muchos de los temas de cualquier tertulia de amigos como el por qué unos países son ricos y otros pobres, para qué son necesarias las instituciones que a veces tanto parecen molestarnos, cuál será y por qué el futuro de China, por qué siendo tan jóvenes como somos (sic) ya hemos vivido varias crisis que amenazan con convertirse en algo así como el partido del siglo de cada domingo futbolero, por qué con tanto conocimiento seguimos comentiendo los mismos errores…. y los trata resumiendo buena parte de sus trabajos anteriores, en unas lecturas que saben a zumo recién exprimido y por las que el lector que resulte intrigado, correrá a las estanterías en busca de sus libros, en busca de la pulpa y de la cáscara de las naranjas.

Es tan ameno, que sería muy recomendable su lectura en institutos. Primero, por su variedad y facilidad de lectura. Pero también porque nos hace ver cómo el conocimiento nos permite comprender el mundo, cómo la investigación científica e histórica tiene una directa aplicación en la comprensión del mundo, en nuestro posicionamiento en él, y no es solo teoría forzosamente aprendida en nuestros años de formación.

Sobre nada y otros ensayos

Sobre nada y otros ensayos

Mark Strand – Turner

En uno de los ensayos recogidos en este libro, Mark Strand se fascina con un manuscrito atravesado por una bala. Los versos de ese pequeño cuaderno, donde la sangre coaguló en las frías trincheras de la Segunda Guerra Mundial, son a la vez ilegibles por su idioma como por ese fantasma de bala que mató a su creador. Ese vacío hipnotiza a Strand, quien ve en esa nada la verdad de la poesía, su magia.

En Sobre nada Mark Strand hace un repaso a su despensa poética que, desde el orden de su “Abecedario de un poeta” inicial, se abre a distintos mundos con naturalidad, humor y mucho amor por los clásicos. A Strand le preocupa cómo una traducción puede llegar a reflejar la verdad del poema original, qué es lo que debe de mover al poeta a cazar las palabras certeras y cómo el mundo, el referencial y el que nos llega desde la tradición, se refleja en los versos.

En estos ensayos Strand muestra su erudición con una mirada limpia, observa a las mujeres de la Frick Collection como si el poeta pudiera retratar con palabras lo que Vermeer hace con la pintura.  La fotografía, el Parnaso, la determinación por convertirse en poeta, la familia, la fotografía o los abrazos de la Eneida hacen de este libro un disfrute en dieciocho actos, aderezados con poemas que Strand disecciona, ilumina y mide atentamente para descubrir en ellos mundos que se esconden a una lectura superficial.

Strand demuestra que un poeta -como el presidente de “La dimisión del presidente” consigue contar los números que no escuchamos, mira al cielo y observa cómo el viento es el que escribe los mejores versos. Porque el mejor presidente, el mejor hombre o el mejor poeta es quien predica “melancolía e inventiva, nostalgia y profecia”, se refugia en la languidez del arte y sueña con ser genuinamente moderno para poder abrazar los versos de Virgilio.

Pilar Torres