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La hoja del olmo no es perfecta

9788494634352La hoja del olmo no es perfecta
Javier López Facal
Clave Intelectual, 2017

Hay libros que nos caen en las manos gracias a clientes, benditos, con los que compartimos pasiones y discusiones. Y hablando y preguntándonos por personas que en España muestren una erudición y excelencia en su profesión y, al mismo tiempo, sean capaces de proyectarla sobre temas de interés público de una forma amena, pero sin caer en la superficialidad de la barra de bar, salió el nombre de Javier López Facal. Los lectores de “La hoja del olmo no es perfecta” podrán juzgar si nuestro amigo propuso un nombre a la altura del reto propuesto. Nosotros lo tenemos clarísimo, porque hemos disfrutado como niños de este viaje en busca de las razones por las que la búsqueda de la perfección es un sinsentido lleno de peligros y, lo contrario, el disfrute y estudio de lo “anómalo” ha llenado la historia de grandes descubrimientos universales y disfrutes personales.

Sin imponer una lectura de la actualidad en base a una erudición mulitidisciplinar, haremos un viaje por la historia de las religiones, por las quirúrjicamente eliminadas heterodoxias del catolicismo, de los primeros experimentos de organización de la polis, de los insensatos misterios de las anomalías en las ciencias exactas y, por qué no, a la historia de las lenguas, sus evoluciones y problemáticas. Para todos los lectores, su lectura solo impone las ganas de conocer y de disfrutar un viaje bien podado de los miles de ramas que alumbra a lo largo de sus páginas, para hacernos sentir hormigas que, finalmente, llegan a la hoja del olmo, y recorren alegres, sus “imperfectas” asimetrías.

El mar es tu espejo

elmarentuespejoEl mar es tu espejo. Historia de las tripulaciones abandonadas en Mediterráneo.
Catalina Gayà Morlà
Libros del KO

Catalina Gayà ha encontrado un tema fascinante sobre el que escribir. Fue a raíz de conocer a Faisal, un paquistaní que se vio abandonado en el puerto de Barcelona, en el Stratis II, «un  barco que chirriaba de día y de noche», que esta periodista y profesora universitaria se puso a investigar casos de tripulaciones abandonadas en el Mediterráneo, como reza el subtítulo de este  libro de corte periodístico.

La investigación la hace visitar puertos como el de Barcelona, Estambul, Ceuta, Gibraltar, Civitavecchia o Suez. Todos tienen en común que el abandono de la tripulación es paulatino. Sólo se quedan los que tienen un extraño sentido de la responsabilidad, o, en su defecto, y en la mayoría de los casos, aquellos que se convierten en prisioneros porque las circunstancias económicas no le permiten regresar a su lugar de origen.

Una de las pocas esperanzas de volver que les queda a estas tripulaciones abandonadas por la empresa es que se subaste el barco. Se supone que con ese dinero se pagan los sueldos de retraso y los billetes de vuelta.

Catalina Gayà entra en el vientre de la ballena y narra la desesperación de estos hombres que encuentran en la reportera una salvación. Aunque ella es clara, y les explica que lo único que puede hacer es contar su historia. Entre medias, la periodista  hurga en el tipo de vida que llevan estos hombres, en sus circunstancias, en sus anhelos de hombres de mar, mientras las autoridades trabajan lentamente en poner en orden su situación.

Entre una de las cosas que llaman la atención es ver a una mujer desenvolviéndose en un mundo de hombres. Y la forma en la que los reportajes van tomando forma, dejándose llevar por los acontecimientos, aunque no en todos ellos se pueda hablar de final feliz.

Al comienzo hice referencia al subtítulo, pero no dije que el título es un verso -o casi- del poema El hombre y el mar de Charles Baudelaire, del que muchos de estos marineros, aun sin saberlo, son su reflejo.

«¡Hombre libre, siempre adorarás el mar!
El mar es tu espejo; contemplas tu alma
En el desarrollo infinito de su oleaje,
Y tu espíritu no es un abismo menos amargo».

@cercodavid

América

img_0758América – Manuel Vilas – Círculo de Tiza

Cuando Manuel Vilas (Barbastro, 1962) redactó estas crónicas, todavía no había sido elegido Donald Trump como presidente de los EE UU. Tampoco había muerto Fidel Castro. Sin embargo, ronda en América una premonición. Si bien la de Castro era una muerte anunciada, que más tarde o más temprano iba a llegar, no estaba tan claro que el multimillonario neoyorquino fuera a sentarse en el despacho oval. Lo último  de Vilas es un viaje al Midwest,  a ese espacio geográfico en el que abundan los votantes del que era en aquel momento candidato republicano.

El libro se organiza en capítulos que muestran los diferentes estados y ciudades que Vilas recorre. En muchos de esos viajes lo acompaña su pareja Ana Merino, poeta, escritora y profesora de la Universidad de Iowa. Es en Iowa precisamente donde comienza su andadura. O podría llamar su investigación, porque el autor de Aire nuestro,  (Alfaguara, 2009) además de hacer un libro de viajes, impregna los textos con una pátina sociológica muy sui géneris.

Vilas es un hombre al que le duele y le angustia España.  Su relación con España es de amor/odio. Más lo segundo que lo primero. Y no puede deshacerse de ello,  claro, si no a través de la literatura. Vilas vive la literatura como un sacerdocio y un exorcismo, pero también como una penitencia, y advierte: «Escribir es un oficio duro, pudre a los hombres».

El escritor se queja. Pero también disfruta y vive el viaje. Vilas es como un niño subido en la montaña rusa del capitalismo que es América. Es el viajero que se deja sorprender, que observa y trasciende la realidad. Es posiblemente Manuel Vilas el escritor con la mirada más ingenua -en el buen sentido, esa mirada que en todo ve algo nuevo y destacable, una mirada no adormecida por la cotidianidad  – y gamberra que tienen las letras españolas, porque en sus textos el humor corre como el agua de los ríos con los que el escritor conversa. Vilas  dialoga con aquel que se cruza en su camino, pero sobre todo lo hace con ríos, montañas, ciudades, avenidas, restaurantes. América es una gran conversación que Vilas mantiene para entenderse así mismo. Alejado de las raíces y el terruño.

En cada  ciudad el escritor encuentra conexiones con la literatura y con la música: de Johnny Cash a David Bowie, pasando por Prince o su querido Lou Reed. Y en las letras salta de Pablo Neruda a Walt Whitman, de Foster Wallace a Chefec, entre otros muchos. Con alguno de ellos teoriza. A cada uno de ellos los poetiza. Se sirve de ellos para filtrar el estilo de vida americano, el American Way of Life.

En este viaje laten varias obsesiones. El dinero es una. A Manuel Vilas le preocupa y le gusta hablar de dinero. Las rebajas, el black friday, los grandes almacenes y toda la panoplia de artículos XXL son filtrados por su visión economicista. Donde otros escritores ven un tabú, en Vilas es un gran tema. El frío como patria, como territorio de nadie, sin banderas ni fronteras,  donde confluyen sentimientos y experiencias, donde presente y pasado se tocan. Esa es otra constante:  su magdalena de Proust. Y otra de las obsesiones es la muerte, la transitoriedad de la vida, el hombre como mero pasajero en el tiempo del que poco quedará.

Este volumen surgió de unas crónicas que el escritor mandó al Suplemento Cultural de ABC hace unos meses. El libro lo complementa un epílogo con tres poemas nacidos de esa experiencia. América es un canto a la vida, una oda a la cultura pop, al capitalismo, a la libertad y a la muerte.

@cercodavid

Y si te quedas con ganas de más Vilas, no te pierdas la entrevista que le hicimos para El sueño del mono loco.

Los últimos. Voces desde la Laponia española

img_0790Los últimos. Voces desde la Laponia española – Paco Cerdà – Pepitas de Calabazas

«Aquí solo se piensa en comprar y vender. Entonces, si la gente está concentrada, todo el negocio está reunido. Eso por un lado, por el otro, conviene que en otros sitios no haya nadie para poder especular con los recursos básicos de la vida: la tierra, el agua, la alimentación», explica María del Mar Martón, Coordinadora para el Desarrollo Integral del Nordeste de Segovia, a Paco Cerdà (Génova, 1985) , en este gran reportaje que inquieta, informa, entretiene y te deja helado, no sólo por las bajas temperaturas que viven sus protagonistas, sino por la situación de desamparo y soledad que estos viven.

Este periodista del diario Levante-EMV recorre la Serranía Celtibérica, también conocida como la Laponia española, un territorio que conforman parte de Guadalajara, Teruel, La Rioja, Burgos,  Cuenca, Zaragoza, Soria, Segovia y Castelló. Son 2500 km de viaje por paisajes deshabitados y frío extremo, sólo hay que observar la fotografía de la cubierta tomada por el propio periodista al Nordeste de Segovia.

Cerdà entrevista a algunos de los habitantes de esta otra España: la rural y desahitada. Muchos pueblos de los que visita dentro de 20 años no existirán, serán un recuerdo o literatura, como el caso de Anielle, inmortalizado por Julio Llamazares en La lluvia amarilla (1988).

Estas entrevistas/encuentros tienen algo de imagen panorámica, que apoyada en  datos,  muestran un territorio hostil y salvaje. Hay pueblos que viven sin luz eléctrica, pueblos donde el médico pasa una vez a la semana y el cura ha dejado que dios reparta suerte sin que él sea el mediador. De colegios para los niños mejor ni hablar. Entre otras muchas cosas.

Uno de los encuentros es con el catedrático de Prehistoria de la Universidad de Zaragoza Francisco Burillo, que  ha denominado a este proceso  de despoblación: demotanasia. Suena mal, y peor es vivirlo. De los 1355 municipios que configuran la Serranía Celtibérica, casi la mitad tienen menos de 100 habitantes. 7´4 habitantes por km cuadrado es el umbral para formar parte de este triste club.  Muchos de sus habitantes resisten las duras condiciones casi como un acto de justicia poética. Pero aquí, resistir no sé si es vencer, contrariando al Nobel de Literatura Camilo José Cela.

Los últimos se lee tan bien que parece que uno esté leyendo cuentos ambientados en  pueblos de la España profunda o de El reino de Celama, de Luis Mateo Díez. Cerdà es  periodista con vocación literaria e impregna a estos textos de no-ficción velocidad, gracia, crudeza.  No exagero si digo que la conversación que mantiene con Moisés Salgado, un monje que lleva décadas en el monasterio de Silos, es emocionante. Sin menoscabar las demás historias.

Este libro se merece estar junto a La España vacía (Turner, 2016) de Sergio del Molino. Y muy cerca de El delirio blanco (Dioptrías, 2016), una fantástica road movie periodística sobre la estepa rusa que nos encantó en La Buena Vida. Después de leer un libro así, no puedo sino pensar que  el reportaje y la crónica ensanchan las fronteras de la buena literatura.

@cercodavid

 

El motel del voyeur

img_0651El motel del voyeur – Gay Talese – Alfaguara

Con La mujer de tu prójimo (Debate, 2007), Gay Talese, hijo de inmigrantes italianos y una de las plumas más brillantes del llamado  Nuevo Periodismo, radiografió las costumbres sexuales de la sociedad norteamericana del siglo pasado. Es por eso que a principio de los ochenta, Gerald Foos, el protagonista de este libro, contactó con él.

«Conozco a un hombre casado y con dos hijos que hace muchos años se compró un motel de veintiuna habitaciones cerca de Denver a fin de convertirse en su voyeur residente», escribe en el primer párrafo de este libro que aúna reportaje, sociología, viajes, paciencia y errores que le han llevado a Talese a desdecirse y pedir perdón por los deslices cometidos en este libro.

Al margen de la polémica que ha suscitado, El motel del voyeur reconstruye la historia de una obsesión, la de Gerald Foos y su pasión desmedida por observar a las parejas en sus momentos más íntimos. Digo desmedida porque para poder llevar su proyecto adelante tuvo primero que comprar el motel. Y después acondicionar los techos  para poder observar, a través de unas rejillas especiales en el techo, cómo sus clientes practicaban sexo.

Dicho así, parece que estamos hablando de un simple salido. Y posiblemente lo era. Eso sí, con la connivencia de Donna, su primera esposa, y más tarde con Anita, su segunda mujer. Aunque hay que destacar que además de la excitación y el morbo que  estas incursiones en la vida privada les podían aportar, el propietario del Motel Manor House llevaba un diario que da una medida de su obejtivo pseudosociológico y de su sensibilidad.

De ese diario, y de la relación epistolar y telefónica que durante más de 30 años va a mantener con Foos, además de algunas visitas que el autor de Honrarás a tu padre (Alfaguara, 2011) hace a Aurora (Colorado) para conocerlo personalmente, se erige este libro de corte narrativo y de diario.

Foos se define como un «pionero de la investigación sexual». Explica que su material -obtenido sin el consentimiento de los implicados- es más auténtico y legítimo que el del Instituto Master&Johnson, cuyas investigaciones  revolucionaron los estudios sexuales y han sido producto de una exitosa serie de televisión, Master of Sex.

Como toda investigación periodística que se precie, la acompañan algunos documentos gráficos.  Entre los temas más controvertidos está el de un asesinato de una mujer a manos de su novio, que se produjo a causa de una negligencia de Foos. Aunque el periodista no encontró pruebas policiales que puedieran constatar la veracidad de los hechos.

A lo largo del texto Talese aparece como un investigador precavido, en general, mientras va recopilando información. En la versión española, reconoce algún baile de fechas. Es bueno para el periodismo que se cuestione a los grandes totem, que no se sientan intocables, cuando hay indicios de negligencias. Kapuscinski dio la sorpresa una vez fallecido. No es el caso. El autor de aquel memorable texto de Frank Sinatra que todos nombran sigue dando fuste al periodismo.

@cercodavid

 

Incertidumbre

img_0623Incertidumbre – Paco Inclán – Jekyll&Jill

Del autor de este libro hay una foto nada más abrir sus páginas.  A ella he acudido en numerosas ocasiones al leer estos relatos de viaje  o crónicas o reportajes o ficciones, cuando me he adentrado en esta manera clásica, pero no por ello menos gozosa, de narrar. Como si al observar la fotografía, ésta me fuera a revelar algo que se me escapa. Si destaco esto es por que he imaginado, igual que el lector que  no distingue entre autor/narrador/personaje, a este hombre  de mediana edad y rostro servero, viviendo las experiencias que   cuenta con  humor e ingenuidad/crueldad contenida. Aunque no es por una imagen que  Incertidumbre me haya parecido un libro muy recomendable.

Y dejaré de viajar para no tener que despedirme

En estos viajes, Inclán incurre en la primera persona, tan subjetiva como necesaria. En el primero de sus viajes se va a Irlanda del Norte o al norte de Irlanda, según quien mire, para ver  la final del campeonato de fútbol galéico en un pub, junto a una amiga que se desvive por conciliar la vida entre católicos y protestantes. Tampoco es para tanto, pueden decir muchos. Pero ahí está la gracia. No es el qué sino el cómo. La mirada del extranjero es aquí central. Esa mirada que penetra en los pequeños detalles y se deja impresionar por aquello que al paisano le pasa desapercibido porque la costumbre le ha adormecido los sentidos, igual que su capacidad para dejarse impresionar. «(…) si alguien viaja una semana a un lugar, escribe un libro; si viaja un mes, escribe un cuento, y si viaja un año, escribe dos líneas», dice el autor/narrador/personaje.

El segundo texto cuenta un viaje a Formentera, la isla dependiente de Ibiza, una isla que es a la vez dependiente de otra isla, Mallorca. Huyendo de las fiestas más populares de Valencia, su tierra,  Inclán busca las conexiones entre Julio Verne y el cruising, unas prácticas sexuales furtivas que los homosexuales mantienen en espacios públicos. Para ello se va al Faro de La Mola, inmortalizado por Verne y llevado a la pantalla, un siglo después, por el cineasta Julio Medem en Lucía y el sexo. Suena raro, y lo es. Pero el valenciano consigue levantar un relato entre íntimo, erudito y humorístico de gran originalidad.

Alcobendas, el Festival Internacional de Cine del Sahara en Dajla, un pequeño pueblo de Islandia en el que supuestamente vive el escritor más importante de esta isla o una pequeña comunidad en Guinea Ecuatorial, en la que un español con antecedentes que vivió a todo trapo la Ruta del Bacalao vive como uno más, son algunos de los espacios que Inclán cartografía con gracia y desparpajo.

El libro cierra con un texto más extenso: Hacia una psicogeografía de lo rural. Aquí el autor muestra un proyecto artístico desarrollado en Valladares, Vigo, con la ayuda del colectivo Alg-a Lab, la Fundación Campo Adentro y el Museo Reina Sofía, entre otros.  Inclán cuenta la experiencia. Intenta teorizar a partir del concepto situacionsita acuñado por Guy Debord: psicogeografía. Y, aunque la estructura del relato está arbitrada por las reglas del formato, Inclán incluye la perspectiva humanista, a lo Barley en El antropólogo  inocente, y convierte el texto casi en un cuento.

@cercodavid

 

 

La España vacía

img_0780La España vacía – Sergio Del Molino – Turner

Hay narradores que encuentran en el ensayo un espacio donde  ampliar el espectro de sus intereses, y el de sus lectores, alejándose de lo estrictamente  literario. España, como tema, ha sido  tratado, y mucho. Desde Unamuno a Madariaga, por citar a dos grandes de las letras españolas. O aquel Gárgoris y Habidis. Una historia mágica de España (1978) con el que el  controvertido Sánchez Dragó se llevó el Premio Nacional de Literatura.  Con La España vacía, Sergio del Molino (Madrid, 1979) viene a ampliar, de manera inteligente y poco convencional, la basta bibliografía sobre nuestro país.

Es en un viaje por Gales, cuenta en el prólogo el escritor madrileño, como comienza este relato fascinante donde el autor de Hora violeta (Literatura Random House, 2013) le toma las medidas a su país, al ámbito rural y más deshabitado. ¿Sabía el lector que España es geográficamente más grande de lo que vemos en los mapas? ¿Qué relación existe entre Las Hurdes, Marañon y Buñuel con el socialista Fernández Vara? ¿Cómo juntar sin que chirríe al locutor de los 40 Principales Joaquín Luqui con las Guerras Carlistas?  Estos son sólo algunas ejemplos.  Del Molino despliega originalidad,  mezcla con acierto ámbitos y personajes, épocas históricas y sensiblidades muy diferentes para ofrecer un trabajo ameno, divulgativo y personal.

Si con sus dos últimas entregas este maño de adopción había acostumbrado a sus lectores a la literatura del yo, con La España vacía abre el diafragma, y de contarse como individuo, pasa a contarnos como sociedad. Del yo al nosotros. Un nosotros que nos enfrenta con las contradicciones, las carencias, lo peor y lo mejor de los españoles. De la visión ruinoso con la que Cervantes pinta  Castilla, al terregal luminoso con el Azorín lo ve, pasando por el contemplativo beatus ille de Bécquer -por poner otro ejemplo-. El  recorrido por la historia y la geografía española es pertinente, alejado de academicismos y convenciones.  La mezcla de datos y experiencia personal confluyen en su justa medida. Y consiguen que  sea una lectura apasionante. La España vacía  ha sido galardonada con  el Premio del Gremio de Libreros de Madrid’16 en  no ficción.

@cercodavid

Cosas que brillan cuando están rotas

labuenavidaleecosasquebrillan-2Cosas que brillan cuando están rotas – Nuria Labari – Círculo de Tiza

El atentado del 11-M ha sido el más dañino en la historia de España. Fallecieron 192 personas y hubo más de un millar de heridos.  Aquella mañana se abrió una honda herida en la sociedad española cuando explotaron las mochilas  en la red de cercanías de Madrid. El desconcierto y la solidaridad ciudadana fueron de la mano. Tres días después, hubo un cambio gobierno en las elecciones generales del 14 de marzo. Se ha escrito mucho sobre los sucesos, sobre todo en prensa, pero faltaba un relato que lo abordara desde la ficción, otra manera de narrar la incomprensión y el dolor que generaron aquellos sucesos. Cosas que brillan cuando están rotas lo hace.

Para hablar de ello, Nuria Labari (Santander, 1979) combina la visión panorámica con los primeros planos. Eva y Eric son una pareja clase media. Ella es periodista. Él, ejecutivo. Además está Clara, su hija. A través de estas tres voces, en primera persona, la autora mostrará las dificultades de mantener a la familia unida, los miedos, la falta de comunicación entre sus miembros, los silencios, las ausencias. Todo ello en paralelo a la reconstrucción de los   hechos dramáticos del atentado.

Por un lado, Labari muestra la labor periodística que Eva tiene que desempeñar el 11-M y los días sucesivos, reconstruyendo las múltiples caras que ofrece una acontecimiento de estas características, mientras su marido y su hija buscan la forma de recomponer la relación paternofilial en Berlín, desde donde ven con perplejidad los atentados. Los intercambios de correos electónicos entre marido y mujer es el recurso que la autora de Los borrachos de mi vida (Lengua de Trapo, 2009) usa para poner al lector al tanto de la delicada situación que atraviesa la pareja. Estos correos, además de una subtrama sentimental que tiene tanta fuerza o más que la del atentado,  es  un inventario de reproches de un matromonio que no se reconoce. Los veinte años que llevan juntos se han convertido en una manigua de  días, donde las cuentas corrientes se han convertido en lo más importante.

Las personas mueren. El horror se manifiesta en sus múltiples posibilidades: el terrorismo se acompasa con el exterminio de los judios que Eric quiere mostrar a su hija, para que conozca la Historia y la insignificancia del ser humano,  en los museos berlineses,  mientras la vida sigue,  al margen de los acontecimientos que deparan al ser humano.

Cosas que brillan cuando están rotas muestra el envés del relato del 11-M. Cómo irrumpe en la vida cotidiana. Y cómo los medios de comunicación  juegan su particular partida, al igual que la política. “Me pregunto qué pasa si alguna familia no quiere contar la historia de su muerto, si no quiere ver su foto en la prensa nacional. Y sé que en esos casos intentaremos explicarles la importancia de la memoria y de la Historia. Y que si no ceden, entonces buscaremos a otros allegados, conocidos o compañeros de trabajo. Y lo haremos en nombre de la memoria colectiva. Lo único que me molesta es que el interés general de los ciudadanos coincide con el interés particular del periódico cada vez que se nombra en un consejo”, explica  Eva,  con intencionalidad, en la página 108 de esta novela cargada de significados, símbología, ficción y realidad.

@cercodavid

 

La guerra no tiene rostro de mujer

FullSizeRender(43)La guerra no tiene rostro de mujer – Svetlana Alexiévich – Debate

Cuando Svetlana Alexiévich (Ucrania, 1948) era niña, escuchaba a su abuela materna contar historias sobre las hambrunas provocadas por el estalinismo y sobre las calamidades que pasaron en la II Guerra Mundial. Las mujeres se reunían en las cocinas y dejaban sobre la fría la tarde un sin fín de historias que calaron en la joven Svetlana.   Imágenes como la de un mercado lleno de tullidos a los que la policía dispersaba con las porras quedaron grabadas en las memoria de la futura Premio Nobel que no entendía bien el porqué de esa situación. Por un lado, la formación académica y oficilista. Y por  el otro, a modo de contrapeso, una maraña de narraciones orales, vivas, espeluznantes, azarosas, necesarias. Aquello fue el comienzo de un largo proceso:  el de entender y contar una historia paralela a la oficial del regimen soviético.

Con La guerra no tiene rostro de mujer (Debate, 2015), publicado en 1983, en la revista Octubre, censurado y llevado un par de años más tarde al teatro, la periodista  inicia un ciclo artístico documental al que tituló Voces de la utopía. Cuenta Alexiévich que al leer  Soy de una aldea en llamas, del escritor bielorruso A. Adamóvich, “mi maestro”, aclara ella, dió con el método y la forma para narrar una gran parte del siglo XX soviético. Para ello, la autora de Voces de Chernóbil (Siglo XXI, 2006) tuvo cientos de encuentros con mujeres que fueron a defender la patria y a morir por ella.  Parte de estos encuentros son los que constituyen este artefacto difícilmente clasificable.

Este retrato polifónico y confesional recoje todos esos testimonios y y alumbra los oscuros de la historia, que son muchos. La escritora se reúne con algunas de las mujeres que estuvieron en el frente y aguarda el momento adecuado para atrapar las emociones que éstas vuelven a revivir. Cada una tiene su experiencia, cada una cuenta su guerra, matiza, enriquece, contradice y ofrece puntos de resistencia frente a la épica a la que nos tiene acostumbrado el discurso histórico masculino.

A través de entrevistas, charlas, encuentros, monólogos, retazos de recuerdos deshilachados por el tiempo, la Premio Nobel abruma al lector con la contundencia de los testimonios, lo satura de emoción con un montaje  rítmico que rompe la línea temporal y muestra la realidad en crudo, lejos de  tópicos. Este libro es un retrato del mal, además de mostrar las consecuencias perversas de un sistema capaz de reducir a la nada a la mujer. El absurdo, la barbarie y monstruosidad son también los otros protagonistas de esta guerra.  Aunque La guerra no tiene rostro de mujer fue  publicado hace más de 30 años, Alexiévich es una intelectual muy preocupada por la deriva actual que ha toma la antigua URSS, ahora en manos de Putin, y lo advierte.

@cercodavid

 

 

 

 

Storytelling

FullSizeRender(2)Storytelling. La máquina de fabricar historias y formatear las mentes  –  Christian Salmon – Ediciones Península

Ronald Reagan era un señor agradable a la vista del niño que yo era en los años ochenta. Sus rasgos anglosajones, su sonrisa holivudiense, esa manera de escenificar la presidencia del país en el que se producían las mejores películas del mundo, ayudaron.  Estados Unidos estaba amparada  por una mitología apuntalada por  semidioses tipo Rocky, el Gran Héroe Americano o Michael Knight. La santísima trinidad de la cultura popular para un niño de diez años. Imposible  resistirse a esas ficciones. Entre Rocky e Iván Drago, nadie en sus cabales quería que ganase el malo, es decir, el ruso, como consecuencia del buen trabajo que había hecho el sistema de propaganda norteamericano durante los años de la Guerra Fría. Poco a poco fui descubriendo que los héroes no eran tan buenos, y, por poco que rascase en la historia reciente, Ronald Reagan tenía menos de héroe de lo que había creído y mucho más de Villano. Paradojas de la vida, y de las lecturas.

Aunque Storytelling no habla concretamente de cine,  sí lo hace de cómo los relatos se han convertido en el arma más potente del capitalismo tratándonos a todos como a niños de diez años. Christian Salmon lo explica muy bien en este estupendo libro. En él se desgrana la memoria de los gurús y management de los últimos años. También de cómo los productos y servicios de consumo pasaron de tener una etiqueta a tener un logo, después a tener una imagen,  para acabar contando una historia de marca. El storytelling se ha convertido en un arma tranversal que atraviesa todos los hábitos de nuestra vida. De ser una herramienta para llegar a través de las emociones a los consumidores, ha pasado a ser también la forma de hacer política, de hacer la guerra y de dispensar la propaganda a los ciudadanos. Algo así como crear una  realidad customizada que sustituye a la verdadera. Muchos de estas historias se han diseñado igual que si viviéramos en una serie. En ella, los políticos se han convertido en los actores protagonistas de un espectáculo con argumentos sacados del El Ala Oeste de la Casa Blanca

El autor de La ceremonia caníbal (Ediciones Península, 2013) se basa principalmente en el periodo de los gobierno de Reagan, Clinton y Bush Jr., aunque hace un repaso a los acontecimientos  desde tiempos de Nixon.  Miguel Roig advierte en el prólogo que no es un libro optimista. Pero no importa, porque Storytelling esclarece y habla claro, algo que se agradece en La Buena Vida. A estas alturas no importa, ya sé que los superhéroes no vuelan y que Kit, como el Ronald Reagan, no era tan  fantástico.

@cercodavid