Ahora me rindo y eso es todo

Ahora me rindo y eso es todo

Álvaro Enrigue

Anagrama, 2018

«La última hora de intimidad con el otro siempre parece otra en la línea: un episodio repetible y sin consecuencias. Nunca nadie piensa que esa fue la última vez que se bebió esa saliva ni que lo que sigue es extrañar hasta la muerte el olor de la piel que se arremolina tras el lóbulo de una oreja. No registramos la última ocasión en que nuestros hijos nos dieron la mano para cruzar una calle. Cuando cambiamos de ciudad, de país siempre pensamos que vamos a volver, que los demás se van a quedar fijos, como encantados, y que a la próxima los vamos a abrazar y van a seguir oliendo a la misma loción, tabaco y café quemado. Pero los amigos cambian, progresan y se compran lociones caras, dejan de fumar, dejan el café, huelen a té verde cuando volvemos. O se vuelven locos, los meten a hospitales psiquiátricos y tienen muertes horribles de las que nos enteramos por correo electrónico. Hay una última conversación lúcida viendo un partido cualquiera de fútbol con el abuelo y un último plato preparado por la mano maestra de la abuela, una última llamada telefónica con el profesor que nos hizo lo que somos y que una madrugada se resbala en la bañera y se muere.»

Aunque esta parece la historia del rescate de Camila a la que uno de los últimos grupos de apaches secuestran después de matar y asaltar el rancho familiar en la frontera de Texas con México, o la historia de cómo un escritor relata cómo lleva a su familia a conocer los lugares perdidos de la apachería, el último territorio habitado por los verdaderos señores de una tierra invadida que no termina de definir las fronteras movidas a tiros entre el revolucionario México y el nuevo imperio mundial de EEUU, lo cierto es que esta novela, una novela del oeste asaltada por el deseo de contar otra historia posible del final del salvaje oeste y entreverada por la maniática obsesión de los escritores por meterse en sus novelas como si no les bastara escribir bien para hacernos creer que toda ficción buena es siempre realista, pues que esta novela, ambiciosa, épica, nostálgica, de lo que habla es del final, de esos finales que vivimos sin darnos cuenta de que tras ellos, nada será lo mismo.

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