Paseo.14: Máquinas de escribir

olivetti – lettera 32 en La Buena Vida

En La Buena Vida hay dos máquinas de escribir. Una de ellas es una hispano-olivetti, que más que un objeto práctico se ha convertido en un elemento decorativo que azuza las sensiblidades más nostálgicas. La otra, en cambio, una olivetti-lettera 32, color verde ceniza, funciona. Todavía hay quien se acerca a teclearla, y el golpeteo de los tipos sobre el papel llena por momentos el silencio de la librería. Ese sonido seco y cortante me gusta tanto como el de la campanilla que anuncia el final del recorrido del carro.

Otras veces, en cambio, hay quien se dirije a la máquina con la intención de tomarse una fotografía, en ocasiones más pendiente de ello que de mirar libros, como si éstos fueran sólo parte de un bonito decorado. Cuento esto porque hace unos días vi California Typewriter, un documental sobre máquinas de escribir que muestra su decadencia y cómo revolucionaron el mundo a finales del siglo XIX y durante todo el XX.

En la película se cruzan las historias de diferentes personajes que no han sucumbido a la magia de estas máquinas y se resiten a dejar de usarlas. Entre ellos están los trabajadores de una tienda al borde de la quiebra, la California Typerwriter, donde venden y reparan estos objetos en peligro de extinción; también aparece Tom Hanks, el actor nos sorprende con su defensa y afición por este animal metálico; o Jeremy Mayer, un artista marginal dedicado a crear figuras con piezas de máquinas de escribir; conforme avanza la película el tal Mayer va siendo reconocido por su trabajo hasta acabar como ponente en las charlas TED.

Sam Sephard, el músico John Mayer y The Boston Typewriter Orchestra, una banda que utiliza las máquinas de escribir como instrumento musical, son algunos otros personajes que dan sentido y enriquecen con sus testimonios este documental dirigido por Dough Nichol.

Jeremy Mayer con una de sus obras de arte

Aunque se podría hacer una lectura meramente nostálgica y de rechazo a lo digital -que no lo es-, el documental sugiere algunas otras ideas. La primera es el valor de lo duradero, que está tan denostado en la sociedad de consumo, arbitradas por técnicas como la obsolescencia programada. California Typewriter es una defensa del reciclaje, del uso y la reparación de estos objetos que a veces son auténticas joyas.

Otra idea está relacionado con el proceso creativo. Con la máquina de escribir el artista dejaba un rastro, un camino de aprendizaje por el que luego otros podían transitar y entender los mecanismo de la creación. Cómo fue creciendo un poema o el discurso de un presidente, qué palabras cambiaron, qué frase se tacharon, qué idea mutó hasta llegar al último resultado es algo que con lo digital se pierde.

En un mundo tan materialista ha vencido lo inmaterial. La pantalla se ha adueñado de todo. Por eso es raro recibir una carta escrita a máquina, pero cuando llega, qué ilusión hace.

David García Martín es @cercodavid en Twitter

 

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