Las sillas están donde la gente va

Las sillas están donde la gente va “Cómo vivir, trabajar y jugar en la ciudad”
Misha Globerman y Sheila Heti
Traducción del inglés de Ricardo García Pérez
Alpha Decay, 2014

Me parece que la forma más adecuada de hacer justicia a un libro como “Las sillas están para sentarse”, que me recomendasteis, es hacer una lista de diez razones por las que me ha gustado, a ser posible sintetizando cada razón en una o dos frases. Además, convendría añadir un par de peros, al final, para despejar dudas sobre la parcialidad del reseñista.

  1.  Porque se hace un elogio práctico de lo entretenido que es hacer cosas en grupo, entre guiadas e improvisadas.
  2. Porque en doscientas veintiséis páginas no se ataca a nadie, ni siquiera en abstracto.
  3. Porque se razona brillantemente sobre los sobreentendidos de la presión social en las fiestas. Por cierto, una buena noticia para los tímidos: para ligar no importa tanto hablar.
  4. Porque se anima a romper las barreras de la comunicación en grupo: a gritar, a hacer sonidos, a gruñir, a bufir, a subir y a bajar el volumen caprichosamente, o no.
  5. Porque se cuestiona, con razón, el porqué de que la experiencia musical, y artística, resulte hoy tan pasiva para el espectador, casi reducido a “receptor”.
  6. Porque se pone en solfa la utilidad mínima de la red mundial de congresos sobre millones de disciplinas y se proponen fórmulas mejores para conocer gente con la que hablar de lo que te gusta o investigas.
  7. Porque el autor no quería escribir este libro, seguramente con el buen motivo de que nada de lo que dice es tan interesante para escribirlo.
  8. Porque es precisamente una amiga escritora del tipo la que piensa que merece la pena recoger, captar, lo que hay de interesante en la forma de tomarse la vida de él, y es ella la que hace, así, que el libro sea tan interesante.
  9. Porque se glosa con tristeza la perentoria necesidad de antagonismos en el debate público, y se expresa muy bien que en cualquier grupo humano eso es contraproducente para que se mantenga un debate sobre hechos y se llegue a la conclusión más correcta posible entre todos.
  10. Porque no se reviste nada de ello de moralina: son solo opiniones, pensamientos compartidos, la charla de dos amigos en la mesa de una librería, por ejemplo, que están de buen humor.

Ah, un par de “peros”:

  1. No estoy de acuerdo con el capítulo dedicado a Rick, Elsa y el final de Casablanca (lo dejo ahí).
  2. Y… esto no sé si es un “pero” o una virtud: el libro termina haciendo a uno pensar que, en el fondo, las grandes decisiones de la vida no se toman por ninguna razón (estar con tu pareja, tener hijos, hacerte telepredicador…)

Emilio

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