Mac y su contratiempo

Enrique Vila-Matas
Seix Barral, 2017

Recuerdo mis tiempos de jugador de baloncesto y aquellos entrenamientos que comenzaban a las 10 de la noche. Al acabar, en vez de ponerme la ropa, me ponía en el vestuario el pijama y encima el abrigo, solo tenía que volver a casa … Pero a veces, en el último momento alguien decía eso de “vamos a tomarnos una” y yo acababa disimulando el pijama en cualquier tugurio sin poderme quitar el abrigo estuviéramos donde estuviéramos. Y de esta guisa me parapeté para leer la última entrega de Vila-Matas, aprovechando que hacía frío para ocultar al mundo que iba en pijama a la librería y por la calle y aceptando ese punto de vista, porque sino, es como leer a Schopenhauer en la playa.

Más Vila-Matas que nunca, le imagina uno al autor preocupado porque no sabe de qué escribir y vuelve a sus temas sí, pero lo hace con una frescura insospechada, para traernos a este delirante noescritor, decidido a escribir una obra (no será nunca una novela) inacabada, que le haga brillar en el cielo de los escritores. Y para ello, como seguramente el propio Vila-Matas, comienza un diario secreto que no puede ser leído, que lo único que pretende es crear un mecanismo por el que el escribir descubra de qué escribir, sorteando, eso sí, los peligros que la mecánica de la narración le pone en el camino y sobre los que ha visto tantas veces tropezar a escritores y, cómo no, sorteando la variada vida de un barrio, que ya quisiera mi suegra encontrar para distraerse cuando baja a por el pan.

Un manual para escritores que no quieran parecerlo

Aún suponiendo que uno venza en su primera batalla como escritor y logré lo mejor- dicen que lo excepcional es encontrar el camino, hallar una voz propia-, esa especie de victoria puede acabar resultando un problema, pues contiene en sí misma el germen que tarde o temprano llevará al escritor a repetirse fatalmente.

un curso de literatura sugerente y personal, una defensa de la literatura como forma de vida y, al mismo tiempo,

…pensando en esto y también en algo que me ha llamado últimamente la atención que haya tantos narradores que se crean preparados para escribir una novela se sienten tan increíblemente preparados que en su inagotable vanidad están convencidos de que la harán y la harán bien, porque para ello se han instruido durante años, son inteligentes y leídos, han estudiado la literatura contemporánea y, como han detectado dónde fallaron los otros novelistas, se sienten preparados para todo, especialmente desde que compraron tanto una buena silla que no les destroce la espalda como un perfecto procesador de textos.

Una lucha consigo mismo y contra cualquier mecanismo

Me doy cuenta ahora de que he actuado como si no supiera que, a fin de cuentas, los párrafos perfectos no resisten al tiempo, porque son sólo lenguaje: los destruye la desatención de un linotipista, los diferentes usos, los cambios, la vida misma, por consiguiente. Pero sólo eres un principiante, dice la voz, los dioses de la escritura aún pueden perdonarte los errores.

Un canto a la libertad, aunque sea mental, de perderse en uno mismo dado que no se puede nunca desaparecer para los demás del todo. Un canto de amor al vagabundeo físico, mental y literario, que hará las delicias de cualquier lector, a poco que sea abra a lo distinto y, si no, siempre puede salir a la calle en pijama y pasarse por La Buena Vida.

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