Una verdad improvisada

Una verdad improvisada

Carmen M. Cáceres – Pre-Textos

Cuando Roland Barthes encontró una fotografía de Jerónimo, uno de los hermanos de Napoleón, lo primero que se le vino a la cabeza fue que estaba mirando “a los ojos que han visto al Emperador”. Barthes se asombraba de ese extraño poder que tienen las sales de plata para deshacer el discurso de la memoria, rellenar los vacíos y crear nuevas soledades que, desde lo más diminuto, pueden crecer en silencio.

Clara y Bruno viven en un pequeño piso de Buenos Aires. Ya han pasado la frontera de los treinta y viven juntos sin los requisitos ni la presión de compartir rutinas por primera vez, solo con “la delicadeza de no ser del todo conscientes”. Entre los dos arman un proyecto de retratos en los que se adentran en las cocinas de la gente, mientras recorre su pasillo interior tras encontrar una foto de Bruno unos años antes, cuando los años aún no se habían asentado en los hombros y quería a una mujer con la que no tiene nada en común. Y durante ese proceso creativo sobreviene el silencio, el que apaga las cuerdas bocales de Bruno y que convierte en áspero los espacios que antes habitaban con la delicadeza de los gestos aprendidos.

La primera novela de Carmen M. Cáceres bucea en los secretos que flotan en el pasado y que pescamos de improvisto, en las certezas que se adquieren y se quiebran en cuanto cambia la atmósfera. Una novela ante la que coger aire y bucear profundo, porque el silencio annega los pulmones si no se llega precavido.

Pilar Torres

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