El vientre de Nápoles

El vientre de NápolesEl vientre de Nápoles
Matilde Serao – Gallo Nero

Para todo aficionado a perderse por ciudades desconocidas o no, callejeando sin rumbo, mezclándose entre las gentes para intentar saber más de sus anhelos, preocupaciones, amores, de su forma de vida, de cómo sienten o piensan, un libro como este de Matilde Serao es un gran regalo. Su prosa periodística  nos lleva de la mano por las calles de Nápoles mientras denuncia la situación que viven algunos de sus ciudadanos.

Escrito en tres épocas diferentes, separadas entre ellas por 20 años, con su lectura vamos viendo cómo la ciudad ha cambiado en todo ese tiempo, desde 1864 hasta comienzos del siglo XX, y observamos si esos cambios físicos han conseguido también paliar la podredumbre que inunda el vientre de Nápoles.

Serao se centra en esas calles mal iluminadas, casi intransitables, con grandes deficiencias higiénicas en las que se hacinan familias numerosas en espacios minúsculos. La escritora se propone destripar Nápoles, como bien anuncia en el primero de los capítulos, y lo hace abordando  diferentes aspectos de la vida cotidiana que acaban por definir a una parte importante de su población.

Lo que comen, sus costumbres religiosas, supersticiones, e incluso su afición por la lotería, sirven para empezar a comprender la forma de vida de la gente que habita aquí. Así es fácil darse cuenta bien pronto de que, aunque sólo les separen unas cuantas manzanas de los ciudadanos con un nivel de vida superior, la lejanía real es mucho más inmensa.

Disfrazados con una falsa preocupación por cambiar la vida miserable de parte de sus ciudadanos, y más preocupados por maquillar los barrios menos vistosos de la ciudad, sus mandatarios van tomando decisiones que cambian la fisonomía de la urbe. Una gran avenida de nueva construcción atraviesa ahora esas calles castigadas, un lavado de cara que se queda en una pantalla que sólo consigue ocultarlas y, aunque parezca increíble, empeorar aún más las condiciones de vida de los que allí viven. Serao no se limita a mostrarnos el nuevo panorama, sino que de nuevo nos coje de la mano y nos enseña y explica por qué esas familias siguen malviviendo a uno y otro lado de la avenida. Y también, por ejemplo, por qué los nuevos barrios con casas recién construidas destinadas a gentes de pocos recursos, nunca serán ocupadas por ellas, o al menos no en la manera en que deberían, consiguiendo únicamente, en el mejor de los casos, trasladar sus problemas a otro lugar.

Pocos paseos nos pueden enseñar más de la manera de respirar de una ciudad y sus ciudadanos que este que nos propone Matilde Serao por el vientre de Nápoles.

Hay que dejarse llevar, escuchar (leer) con atención y disfrutar, a pesar de todo, de esta carta de amor a la ciudad querida.

Paula Fuertes

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