La Triunfante

Processed with VSCO with 6 presetLa Triunfante – Teresa Cremisi – Anagrama – Traducción de Jordi Terré

Las doce y media. Rápido ha pasado el tiempo
desde las nueve en que encendí la lámpara
y me senté aquí. Sentado sin leer,
y sin hablar. Con quién hablar
tan solo como estoy en esta casa.

 
Los destellos del Mediterráneo son el espejo donde se han mirado todo tipo de historias. Desde Homero, que miraba el azur y contaba naves y pueblos, las vidas en tránsito constante, los comerciantes y viajeros que veían desde lejos los brillos de Oriente, han creado amarres cuando aparecía la tierra. De alguna manera todos los puertos del Mediterráneo se tocan, hablan el idioma de un agua donde las batallas llenaban la espuma de sangre y los aromas se mezclaban de una bodega a otra.
La Triunfante del título es uno de esos barcos que desplegaba las velas más allá de las paredes de rocas. Confunde, porque su deriva elegante no pertenece a los grandes hechos de la historia, ni aparece en películas y grandes museos. Como la narradora de esta novela, su triunfo se pierde en el horizonte, sin más huellas que las que deja en el recuerdo.
La primera novela de Teresa Cremisi, importante editora de las francesas Gallimard y Flamillion, toma esos reflejos del Mediterráneo para hablar  de sus recuerdos sin traicionar nunca a la elegancia. Están los ambientes que construyen su vida, la infancia en Alejandría cuando las orillas del mar se mezclaban de un extremo a otro, con pasaportes falsificados. Está la llegada a Italia y el caos, donde el conde Mosca de La cartuja de Parma es la voz de la conciencia para sobrevivir lejos del mar. Están el éxito, los vértigos, la huida y el cansancio. París y la felicidad, tan efímera que solo la descubres cuando se ha desvanecido. Y, al fin, una retirada en la calma amalfitana, con la frescura de la juventud en la mirada pero con toda la historia ya contada.
En La Triunfante el éxito no sabe a victoria, sino siempre a incomodidad y sorpresa. Es una novela sobre el trabajo, que se aleja de muchas expectativas pero que enseña a caminar en otros paseos. Sobre la familia, los secretos que guarda y cómo la admiración y el misterio de la infancia tiñen toda la vida. Sobre el amor que se toma con calma, sin mareas. Un libro que se sienta, como el poema de Cavafis, a dejar que deambule la mirada por las aristas de la vida y que, sin grandes rimbombancias, traza una travesía de Oriente a Occidente, de la infancia a la desubicación adulta sin perder la sorpresa en la mirada. Desde La Buena Vida no puede verse el mar, pero siempre quedan libros llenos de sal entre las guardas.
Pilar Torres
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