Oona y Salinger

Oona y Salinger
Frédéric Beigbeder – Anagrama

El misterio que crea el silencio sobre la historia de los escritores es un manto que muchas veces cubre toda su obra. Los libros de Salinger se han editado desde el primer ejemplar sin sinopsis, con las cubiertas más sencillas posibles y sin ninguna pista mercadotécnica que marque la lectura. Son unos cantos chocan contra el agua de la lectura, donde crean melodías inesperadas, roban el aliento y dibujan una sonrisa triste llena de comprensión.

A Salinger se le reconoce en tres fotos: una de militar, otra con la típica pose del escritor envuelto en humo y una en la que intenta destruir el objetivo que inmortaliza su desaparición. Este encierro en vida, entre los árboles de un bosque de Cornish, es una de esas luchas silenciosas contra el mundo y su reconocimeinto que solo sirven para crecer la expectación.

La reconstrucción del silencio de este escritor empezó en Salinger, de David Shields y Shane Salerno, un monumental intento de biografiar un hombre que se esforzó por no dejar huellas. En este libro se mezclan las pocas entrevistas que dió, las palabras de quienes lo conocieron o la reconstrucción más bien ficcional de estos dos autores para crear un mapa de ecos donde se proyectan las sombras de Salinger, sin usar en ningún momento la luz frontal.

En Oona y Salinger Beigbeder sigue este ejemplo de reconstrucción histórica pero le suma unas cucharadas más de ficción. El resultado tras un horneado largo es una facción, donde la sucesión de los hechos es histórica pero a la que se le suman palabras, diálogos, cartas, pensamientos y lamentos creados por el escritor francés. Una especie de reconstrucción de un fan para una historia misteriosa, en la que el amor duró un suspiro pero que dejó su huella durante bastante tiempo.

Aunque la historia de amor entre el autor de El guardián entre el centeno y la futura mujer de Chaplin no encuentra muchas veces las palabras ni las fórmulas creíbles (rozando muchas veces el carril de lo cursi), Beigbeder sí que consigue recrear el clima que vivían los soldados mientras liberaban poco a poco Europa. Este Salinger ve cómo la playa de Normandía tiene más sangre que sal, se emborracha con Hemingway en medio de la felicidad de la liberación parisina y sus pesadillas se llenan del horror de encontrar los campos de concentración nazis.

Oona y Salinger es un disfraz para que Beigbeder consiga encontrarse con su ídolo, un Salinger que jamás le habría abierto la puerta de su guarida. La fascinación de decir no a la vida y dejar que pasen los años sobre sus palabras sin ninguna novedad en el frente, con una vida en la que el francés se ve reflejado (como Salinger, Beigbeder afronta los 50 al lado de una mujer mucho más joven que él), es lo que le empuja a actuar y rehacer lo que Salinger, como las cubiertas de sus libros, prefirió dejar en blanco.

Pilar Torres

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