Marta Caparrós, filtraciones de una generación.

Attachment-1Fue en Cuatro editores en busca de autor, organizado dentro de las actividades del Festival Eñe 2014 donde Marta Caparrós (Madrid, 1984) se cruzó con la editora que apostó por las cuatro nouvelles que conforman Filtraciones (Caballo de Troya, 2015), ópera prima de esta joven escritora de aspecto frágil y pluma decidida. Pasó el primer filtro, como la que cruza una meta volante, y poco a poco vio que sus textos eran podados por una de sus escritoras de cabecera, Elvira Navarro, que durante 2015 fue la  encargada de dejar su impronta como editora en el sello de Penguin Random House, Caballo de Troya.

Hay muchos escritores noveles que deciden autopublicar sin un trabajo de edición profesional previo, ¿qué importancia crees que tiene la figura del editor?

El trabajo del editor es fundamental, es una especie de aval. Que determinada editorial haya elegido tu proyecto es una garantía para el escritor. Las personas que empezamos tenemos una sensación de impotencia. Por eso, pasar el filtro y publicar en una editorial que hace un trabajo serio es importante. Trabajar con Elvira fue una experienca buenísima. Es una correctora implacable y creo que le vino muy bien a los textos. Podamos frase a frase. Algunas correcciones me dolían. Pero la verdad que hay gente que lo ha leído en las dos versiones y coinciden en que ha quedado mucho mejor. Además es un lujo poder trabajar con alguien a quien admiras y que has leído sus libros.

En Filtraciones se puede oir de fondo el runrún de la crisis, pero la relaciones sentimentales priman sobre del contexto social.

Filtraciones son historias de relaciones, familiares y de pareja. Para trabajar las historias, la trama sentimental fue mi guía. La crisis era más un telón de fondo. Mi idea era escribir sobre experiencias bastante cotidianas, era un reto que me interesaba mucho. Desarrollar esos conflictos de andar por casa como: ¿volveré con mi novio?, mi padre viene de visita y tengo un problema de goteras, mi novia se va al extranjero y yo tengo trabajo aquí. Ese tipo de conflictos que a todos nos pueden ocurrir.

Medios y periodistas han hablado de libro generacional, ¿crees que Filtraciones se ajusta a esa etiqueta?

Cada uno escribe desde su subjetividad y no puede pretender ponerse en la piel de toda una generación, ni pretender reflejar su sentir y su pensar. Es verdad que estar en la treintena y tener estudios universitarios son rasgos generacionales, pero se quedan fuera muchos otros casos. En Filtraciones no está, por ejemplo, ya que es un libro de la crisis, chicos que han trabajado en la obra. Es un libro que recoge la situación de jóvenes que están dentro de la clase media.

Algunos jóvenes escritores están volcando en sus novelas diferentes aspectos de la crisis que les está tocando vivir, Filtraciones responde muy bien a esa literatura de corte realista y social.

Sí. Me interesa ese tipo de literatura. La etiqueta de la literatura de la crisis no me molesta. Lo que sí tenía miedo era de parecer oportunista y  dar una visión muy victimista. Era muy fácil caer en una visión maniquea de los personajes. Por eso la dimensión íntima y de relaciones de los protagonistas me permitía mostrarlos a veces como víctimas y a veces no. Pero en el momento en que me di cuenta de que me interesaba el tema y estaba motivada para escribir sobre ello para mí fue suficiente. Quería combinar historias muy intimistas que a su vez estuvieran enmarcadas por las circunstancias sociales que rodean a los personajes. Conjugar esas dos cosas.

Atrevimiento es el cuento más político. En él expones dos actitudes antogónicas frente a la política.

Es el más explícito. Se habla sobre el 15M, los movimientos vecinales y de asociacionismo. También de las manifestaciones. Me parecía que era algo que estaba tan presente en el ambiente que se podía reflejar, aun siendo consciente de que era un terrero resbaladizo literariamente, porque hablar del 15M se podía prestar a muchos tópicos y a un discurso muy triunfalista. Por eso intenté meter en el cuento personajes que veían más clara la movilización ciudadana y otros que no. También se ha criticado mucho que el 15M fueron reivindicaciones de los hijos de la clase media, fundamentalmente por la pérdida de un status, sin ir más allá, y sin cuestionar cambios de paradigma de consumo y producción.

Aquí también el hombre político da paso al hombre sentimental, sin que se entienda esto como algo peyorativo. Los personajes buscan solucionar, ante todo, su situación como pareja.

Sin duda es un relato de amor, tiene la dinámica de comedia romántica, del juego del ratón y el gato, de que si sí de que si no. En ningún momento me pareció que estuviese reñida una cosa con la otra. Sí que quería hacer conexión de un sentimiento de miedo que creo que unifica las dos partes. El miedo a la soledad y el fracaso como pareja. Y el miedo a perder el trabajo, que está relacionado con la trama sindicalista. Pero el tema es el miedo.

Da la sensación de que la unidad básica es la pareja y no el propio individuo. Como si uno no tuviera validez sin el otro.

No lo había pensado. Supongo que la pareja facilita el conflicto. Cuando uno se pone a escribir, los personajes que están en conflicto ayudan a salir de la zona de confort al protagonista y a que confronte con el otro. Si se quedase solo podría dar lugar a divagaciones un poco solipsistas.

FullSizeRender(27)Con suave y depurado rotacismo, Caparrós explica que de pequeña leía bastante. En su casa el entorno era propicio.  Su padre, editor en el  Grupo Anaya, traía colecciones completas de literatura infantil y juvenil. Sin embargo  su camino no fue el de las letras, al menos en su primera elección. Comenzó con Comunicación Audiovisual en la Universidad Complutense de Madrid. Aquel revuelo de focos, guiones e imágenes le supo a poco: Marta quería más profundidad, entrar más adentro, allí donde el escritor tiene las respuestas y, si no las respuestas, al menos las preguntas que poder formular para poner en pie una narración. Por eso se matriculó en el postgrado de Literatura Comparada, también en la universidad pública, también en la Complutense de Madrid. Allí, explica Marta, fue donde conoció a Cheever, Carver, Fante y Munro John, Raymond, John y Alice para los amigos, no en el programa oficial del máster, sino en los pasillos y en la cafetería, donde los estudiantes de la universidad escriben o dicen que escriben una obra maestra, hacen revoluciones para cambiar el mundo e intercambian y comparten impresiones, anécdotas, cafés, cervezas y lecturas. “Si pudiera volver me gustaría haber tenido una adolescencia con lecturas más importantes. A los catorce años no leía a Dostoievski. Para mí fue más formativa la época de la universidad. Recuerdo más esos años en mi formación como lectora que cuando era niña”, comenta. En la Universidad Autónoma de Madrid cursó el Máster de El País, del que no salió muy satisfecha, con la intención de poder desarrollar otras de sus pasiones: el periodismo cultural, como Julia, la protagonista del relato titulado Vacaciones.

Cuando le pregunto qué tipo de escritora se considera, Marta se revuelve por dentro, como si ese traje aún le quedara grande, “todavía hay que sudar mucho la camiseta”, suelta sin reparo. A Marta no le importar dejar a un lado la medalla de escritora que muchos otros no dudan en colgarse en cuento esbozan un par de párrafos con sentido de continuidad.

¿Cómo es tu manera de trabajar?

Estoy descubriendo cómo son mis hábitos. Me gusta pensar las historias antes de ponerme a ello. Tomo muchas notas pero hasta que no han madurado bastante las ideas, no me pongo a redactar. Se escribe mucho en la ducha, se escribe mucho caminando por la calle.  En el caso de Filtraciones, que son novelas cortas, una media distancia, en general las tenía bastante pensadas. La primera idea era hacer un libro de relatos, pero que no iban a ser muy breves.

Las historias no guardan una unidad con respecto a la extensión.

Le concedí libertad a cada historia para que tomara su espacio. No tienen un formato unitario. Una se extiende a las 90 y otra no llega a 30. Me gusta esa idea como un posible rasgo de modernidad.

En Filtraciones, la nouvelle que da título al libro, abordas la relación padre e hijo, con un español que emigró a Francia en los 60. Ahora es su hijo el que hace el camino de vuelta a España como inmigrante francés. Para complicar más la cosa, padre e hijo tienen una comunicación bastante mala, el fútbol es su nexo de unión.

Me pareció un tópico  el elemento del fútbol pero verídico. Es muy habitual ese tipo de relación con los padres, donde a veces las conversaciones se quedan en lo más rutinario. En este caso hay un claro problema de incomunicación entre ellos y en el fútbol encuentran una vía de escape.

Además de la crisis de fondo y de las relaciones intimistas, la ciudad de Madrid también es un rasgo común a todas las historias.

Soy de Madrid. Muchos pueden ver el prototipo de los paisajes que domina un madrileño. Y los lugares de vacaciones a los que vamos, como Conil de la Frontera que aparece en el primer  cuento. Lo que perdía en universalidad lo podía ganar en autenticidad porque son lugares que conozco.

Berlín es la otra gran ciudad, bastante dura por cierto para los personajes de el último cuento.

Es una sitación de unos chicos que no están politizados. Berlín es una tierra prometida y un paraíso perdido. El sueño de irse a vivir a Berlín es algo que está presente en mi generación, es una ciudad alucinante y con muchos posiblidades, pero cuando conoces a gente que lo ha intentado por allí, no todo es color de rosas y hay dificultades para encontrar trabajo.

Con la deseperanza y la dificultades para vivir,  con las incertidumbres políticas, la desprotección laboral y la temporalidad, la crisis del periodismo, la inmigración, también con las relaciones de pareja y familiares, Marta Caparrós muestra, en Filtraciones, el retrato de una generación golpeada por la falta de expectativas y la precariedad. Las cuatro nouvelles han sido cortadas con la hoja de la ambivalencia. Los finales abiertos dejan espacio a las interpretaciones. Mi sensación es que la autora deja entrar algo de luz, como si de los momentos más difíciles, emanaran unas gotas de esperanza.

@cercodavid

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