El hijo

El hijo

Philipp MeyerRandom House

Otra Gran novela americana. Así llegó esta Navidad el finalista al Pulitzer del 2014 Philipp Meyer a nuestra mesa de libros y, por eso precisamente, tardamos en cogerla. Porque aunque la crítica en general en su país había sido buena, también es verdad que la Navidad se convierte en un grito único de ¡la Gran Novela del año, del país …! con la asiduidad con la que el partido de fútbol más repetido se convierte en el partido del siglo cada mes.

“El hijo” no esconde su ambición. Desde la primera página, cuando el cuadro genealógico de los personajes nos saluda ya nos avisa de que el camino va a ser largo, desde las últimas décadas del XIX hasta la primera guerra del golfo de Bush padre.

La novela está marcada por el paisaje fronterizo de Texas y Nuevo México, por esas estepas áridas marcadas a fuego en nuestro imaginario, como si fuéramos terneros, por las películas clásicas del Oeste. Y con ese paisaje, el carácter forjado en él. No hay nadie que te vaya a ayudar, cada amenaza es una oportunidad, la vida tiene un valor indirectamente proporcional al obstáculo que supone en el camino de la ambición del otro.

Un niño es secuestrado por los indios. Su estancia entre ellos nos conduce a través de las mejores páginas de la novela, solo encontrando obstáculos en la, en ocasiones, exhibicionista documentación sobre la época y los indígenas. La novela es un recorrido espectacular que explica muy bien el espíritu de una américa para los europeos tan incomprensible como admirada, tan irritante como justificada. Donde el Gobierno siempre está muy lejos y, si se acerca, provoca tanta amenaza como protección. Donde la ley la van haciendo los hombres y no vale de mucho mirar atrás para arrepentirse.

Los perfiles psicológicos más detallados se dan precisamente en ese territorio donde el hombre va buscando una vida más plena que la mera supervivencia, pero se enfrenta al entorno brutal cincelado por la lucha infatigable contra la naturaleza, el tiempo y el propio hombre.

Hay mucho cálculo en la narración y algo menos de pasión, pero una ambición de contar algo tan grande, es seguro que necesita de un mapa algo rígido y unas vías de acero, para que las tramas no descarrilen. El lejano Oeste y su proyección en los campos de petróleo y, más allá, acá, cuando estos dejan de ser rentables y justifican las invasiones en Oriente Próximo. Una novela estupenda para un fin de semana aventurero.

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