En movimiento. Una vida

En movimiento. Una vida
Oliver Sacks – Anagrama

Esta es la historia de un joven realmente descerebrado. Si uno lo tuviera en su familia, sería durante años la oveja negra. En cierto modo lo fue en la suya propia. Saltear sus estudios con una pasión desaforada por comer kilómetros a gran velocidad en moto, el culturismo más macarra de las playas de California, las anfetas, el LSD… El tipo era para echarle de comer aparte. Súmale el hecho de ser gay y sentir que tenía que ocultarlo, o su abstinencia sexual durante décadas y tienes la fotografía de un tarado en toda regla.

Pero claro, ya conocemos a Oliver Sacks por sus escritos. En “El tío Tungsteno” nos contó su infancia apasionado por la química. Pero luego nos acercó a su trabajo con “Despertares”, “El hombre que confundió a su mujer con un sombrero”, “Un antropólogo en Marte” y sus viajes e inquietudes científicas e intelectuales con “La isla de los ciegos al color”, “Musicofilia”, “Veo una voz” o sus viajes como en el “Diario de Oaxaca”.

Así que sabemos que si hay algo que defina a este neurólogo poco ortodoxo es, en primer lugar, su concepto humanista de la medicina y la ciencia; al mismo nivel, su marcado entusiasmo por la individualidad, aquellas particularidades de nuestro cerebro que hacen que cada persona sea única e irrepetible, y su convencimiento científico de que ninguna de las diferencias biológicas nos hacen mejores o peores, sino eso, diferentes, y su fascinación por cómo la naturaleza nos permite adaptarnos a nuestras limitaciones y potenciales hasta crecer de entre la masa y convertirnos en un algo único. Y todo ello trufado de una empatía y comprensión por el otro que simpre quisiéramos encontrar en las visitas al médico.

Por eso, su biografía es un mapa de la dificultad de crecer, de la dureza, sensación de pérdida y dolor, salpicados de alegrías y éxtasis, que supone encontrar un camino propio en nuestra vida. Esta biografía es realmente inspiradora. Tiene intimismo, el de alguien que hace de la escritura una forma de pensamiento íntimo, que rellena cuadernos para entenderse y comprender el mundo que le rodea; tiene aventura, cuando ya parece que no hay sitio para ello, su deseo de conocer, audacia y una personalidad muy marcada le convierten realmente en un aventurero tanto físico, como mental (más arriesgado en los años en que transcurre su juventud). Tiene ciencia, capítulos enteros donde consigue transmitir su pasión por la neurobiología y la práctica de la medicina hospitalaria e, incluso, cuando ahora sabemos que se sabía enfermo y tenía cercana su muerte, lo que nos deja son mágicas páginas donde se despide de todos los adelantos que la ciencia nos va dar en los próximos años en un relato genial en el que va descubriéndonos con una humildad casi cómica, lo equivocado que estaba y la felicidad que le da descubrirlo y saber que hay más. Amor, instrospección, tensión, no le falta de nada a este libro.

Sentimos en La Buena Vida que debería ser un maravilloso libro de cabecera de todo universitario, y un ejemplo de una vida dedicada a disfrutar y entender lo que nos hace únicos, siendo en sí misma un ejemplo de alguien que se perdía y se encontraba, que luchaba contra lo establecido, que gustaba del orden y la razón que ayuda a tirar muros. La historia, vaya, de una vida bien vivida, muy bien contada.

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