Este es el momento exacto en que el tiempo empieza a correr

llurbaEste es el momento exacto en que el tiempo empieza a correr
Ana LLurba – Isla de Siltolá

Un día leo una artículo sobre la cronista de The New Yorker Renata Adler. Otro día me cruzo con un perfil en prensa de la escritora de origen suizo Fleur Jaeggy. Semanas después con uno de Miranda July. Y el día que no espero nada llega a La Buena Vida el I Premio de Poesía Joven Antonio Colinas.  ¿Y qué tienen en común estos textos? Que todos  han sido escritos por Ana LLurba (1980), poeta, editora (Honolulu Books) y escritora cordobesa (Argentina), afincada en Barcelona, «en un estudio muy pequeñito cerca de la estatua de Colón que no señala a América», según indica la solapa de su primer poemario: Este es el momento exacto en que el tiempo empieza a correr (2015).

¿A qué edad se acaba la juventud? es una cita de la polifacética Lola Arias que Ana Llurba pone como cabecera de este conjunto de poemas que buscan el sentido de las cosas y se preguntan por el matrimonio, la maternidad y por el paso del tiempo que deja su «huella en los poros de las piedras». Si hace eso con los materiales inertes, qué no hará con las personas. Los poemas que aquí se recogen visten un halo de desencanto, de furia amable y contenida, de resistencia, de miedo a que todo pase y algo cambie. El fracaso es una posibilidad que desasosiega y está presente. Aquí Llurba es una poeta que se sirve del misterio  para teorizar sobre las catástrofes.

Mary Jo Banks, la citada Lola Arias, Christa Wolf, Doris Dörrie, Amy Hempel, Lydia Davis, Zadie Smith, Carolina Jobbágy, Marosa Di Giorgio y Mercedes Cebrián son los puntales sobre los que la escritora hilvana su música y deja correr su voz. Toda una declaración de intenciones. Algo más que un guiño a este  diálogo que fluye mayoritariamente entre mujeres.  Por otro lado, Llurba  alarga su mirada pop y urbanita hasta atrapar el miedo, y se zambulle en piscinas vacías y se echa siestas milenarias, donde mantiene «largas conversaciones malhumoradas» consigo misma.

La escritora cordobesa hurga en zonas imprevisibles con una valentía turbadora procedente del mismo lugar del que parten todas las preguntas. En uno de sus poemas escribe que está preparada para una muerte violenta, da la sensación de que ungiera desde muy adentro una homilía de voces oscuras. Cuando la poeta sueña con tornados, sugiere un tono agreste, como Dorothy Gale en la tierra de Oz.

También hay versos como estos que emanan de una fuerza mayor: «el cielo se desbarrancó sobre los arrozales/dilatando nuestros poros/como la boca adrenalínica de un volcán/a punto de recibir un sacrificio humano/mientras las parabólicas trasnmitían/algún accidente lejano y atroz». En fin, Llurba es luz que  resiste, si no a ser desterrada, al menos a poetizar las miserias que la circundan.  Me gusta mucho el verso en el que dice que se compraría «una camiseta de Jesucristo/ montado en un diploducos sin dientes». Esa seguro que no se encuentra en PRIMARK.

Se me olvidaba, el otro día leía Frida, la revista de la tribu, y también me encuentro la firma de Ana Llurba.

@cercodavid

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