El hombre sin talento

El hombre sin talento
Yoshiharu Tsuge – Gallo Nero

Hay libros que, como “Cuarentón”, “El hombre sin atributos”, “La utilidad de lo inútil”, tienen que estar muy bien para que alcancen la esperanza que encuentraba al imaginarlos antes leerlos. Y este lo está. Yoshiharu Tsuge es nuestro hermano del alma desde ya mismo. La historia en gran modo autobiográfica, es la de un dibujante profesional de manga y poco comercial aunque respetado, que decide dejar de dibujar e intentar ganarse la vida con algo más práctico, más comercial.

Pero como pasa con los que dejan a la familia porque se llevan mal con ella y, acaban creando otra con la que también se acabarán llevando mal porque, en muchos casos, la mochila la llevamos llena allí donde vayamos y no la podemos dejar atrás, así Suzeko, el protagonista, no hace más que crear negocicos en los que proyecta su forma de ser, la misma que le convertían en un creador de manga de autor, pero poco comercial.

Su puesto de venta de piedras, al que se dedica en cuerpo y alma, con la misma entrega y curiosidad, la misma fe a prueba de datos; la tienda de cámaras antiguas de fotos… a todo, le acaba viendo un potencial increíble que queda anulado por la realidad más prosaica.

Pero él no deja de mirar la vida de esa forma singular, con la atención sobre pequeñas cosas y detalles de la vida, el gusto por descubrir a gentes extrañas en sus gestiones entre coleccionistas de piedras y conversar con desconocidos. Solo al llegar a casa, se da cuenta de que la realidad sigue ahí, que el dinero no llega para mantener a su familia.

Detrás, poco a poco, como el propio autor que al parecer alternaba la pobreza con la depresión, va descubriendo que no puedo ver la vida de otra manera, que todo lo que debe cambiar, forma parte de sí mismo. Y así, este hombre sin talento, nos cuenta una vida en la que todos hemos pensado alguna vez, cuando nos vimos en el reflejo de los cristales del autobús, de una ventana.

Maravillosa novela entre surrealista y absurda  pero muy intimista, que nos muestra un individuo al que la sociedad capitalista va dejando, primero en el carril de la derecha, luego en el arcén y, finalmente, en un tramo de carretera nacional de esas que nadie usa desde que hicieron la autopista. Menos mal que hay librerías como La Buena Vida.

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