Los diarios de Emilio Renzi. Años de formación

Los diarios de Emilio Renzi. Años de formación

Ricardo Piglia – Anagrama

Los diarios de Ricardo Piglia han sido durante años un misterio al que el escritor se refería en bajito, como si hablara de un tesoro de oscuras piedras preciosas. Los 327 cuadernos que constituyen la prueba física de lo vivido han sido escuchados por Piglia, ese lector absoluto a quien la enfermedad ya no le deja descifrar un libro ni crear en el papel nuevos universos. Pero, desde el documental de Di Tella 327 cuadernos, estos diarios se han convertido en algo real, un objeto fascinante por el que muchos lectores han dejado de suspirar ahora que aparecen en las tapas grises de Anagrama.

Este libro, el primero de los tres que van a reunir sus diarios, es la lectura que Ricardo Piglia hace sobre su propia vida: Emilio Renzi, su alter ego presente en toda su creación, toma la voz protagonista en estos diarios. La enfermedad ha hecho que Piglia se convierta realmente en otro, un Emilio Renzi transformado en un personaje que pertenece a otra época y que guarda los recuerdos de una manera única y muy distinta. “No hay otra madurez que la conciencia de los propios límites”, dice Renzi a los 24 años. Y en cada uno de los diciembres de este libro encontramos un atisbo de madurez, una convicción de empezar un año nuevo que por fin sea decisivo, aunque lo que realmente marca el camino sea volver la vista atrás.

No están aquí todos sus diarios, sino la biografía que a Piglia le gusta leer (porque la lectura es una forma de crear memoria), donde se intercalan relatos de esa época de juventud, bares y camas revueltas, recreaciones del sentido de escribir un diario gracias a un estudio sobre El oficio de vivir pavesiano o recuerdos narrados desde fuera de la espuma de los días. Como si la propia vida fuera la mejor de las ficciones, estos Diarios son una novela de formación que repasan, con un estilo unificado, las pequeñas derrotas de la juventud, la importancia de las aspiraciones y los logros que, en su momento, parecen anécdotas.

Estos diez años, de 1957 a 1967, están llenos de obsesivas lecturas de Dostoievski y Faulkner, narran el desarraigo de cortar los lazos familiares para ir a la universidad a crear revistas insurgentes, enlazan amores turbulentos con otras relaciones que crean fuertes nudos, que también se rompen y desatan la desolación.

Emilio Renzi se convierte en un fantasma, un personaje que habita la memoria  y que es la herencia directa de un hombre fundamental en la vida de Piglia, su abuelo partisano, el lector que guarda un archivo de la II Guerra Mundial en el que se sumerge Renzi. El escritor/protagonista se mira en su abuelo, escucha sus historias y de él toma el gusto por las historias ajenas, el deleite en el fragmento, la observación del pasado con la fascinación de la ficción.
“No se trata de fomentar el autocontrol, sino de controlar el descontrol”, escribe Renzi mientras borra fechas del calendario con el repaso a los días, mientras surgen los relatos, la vida y se van borrando los sueños de juventud. Meses en los que El crack up  o El oficio de vivir son tan reales como Los hermanos Karamazov o los relatos de Hemingway, días que se pasan en tren mientras los bolsillos se vacían de pesos al pasar por la calle Corrientes y llevar los brazos cargados de libros. Un libro para leer con Piglia el relato de vida que se transforma en literatura, como los mejores recuerdos.
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