El anzuelo del diablo

E​l anzuelo del diablo. Sobre la empatía y el dolor de los otros

Leslie Jamison – Anagrama​

“Hombre soy, nada humano me es ajeno” dice Terencio nada más abrir este libro. Una sentencia que se clava en el cerebro cuando comienzan a pasarse páginas de este libro que ha consagrado a Leslie Jamison, autora también de El armario de la ginebra (Sexto Piso). Aquí, mediante un uso personal y pasional de la crónica, el reportaje, la investigación y las memorias, Jamison construye el crisol autoficcional de una obsesión: el dolor humano, esa fuerza que puede arder por dentro pero a la que es tan difícil dar palabras.

Los distintos capítulos que arman este libro tienen en común que son, como el título del primero de ellos, exámenes de empatía. Cada uno de los artículos intenta comprender y verbalizar un sufrimiento distinto, un dolor físico, psíquico o social. Todos se sumergen en una situación de una forma única, utilizan distintan fórmulas narrativas para crear este puzzle del ser humano, poniendo voz al interior que no quiere pronunciarse.

Ese primer ensayo, ‘La empatía a examen’, se lee como el pretexto de todo el libro: la autora narra su experiencia como actriz médica, cuando tenía que representar síntomas de distintas enfermedades y la reacción de los supuestos enfermos ante los médicos examinados. Es ahí cuando debe cambiar de piel, asumir lo que un desconocido calla y conseguir que sus silencios sean elocuentes para el doctor que tiene enfrente. Esto, relacionado con su temprano aborto y la incapacidad de que otros comprendan su sufrimiento, es la alarma que despieta este interés por la empatía, el poder humano de conseguir que los problemas no pasen desapercibidos.

El sufrimiento que retrata Jamison puede ser tremendamente físico, como el que retrata en ‘Morfología del golpe’ donde, utilizando las funciones del cuento de Propp relata cómo su mínimo acto heroico, el año que pasó en Nicaragua dando clase en una escuela, termina con su nariz rota tras un atraco nocturno. La nariz que ya no volverá a ser la misma, que hay que rehacer y deja la marca invisible el hueso roto, es en ‘El anzuelo del diablo’ la duda de una enfermedad incomprendida, el síndrome de Morgellons, un mal entre lo físico y la demencia. Esta sombra de dolor es en el norte de México, en los suburbios de Los Ángeles o en una cárcel de Virginia el retrato de algo que falla y que duele, esta vez no físicamente pero sí en lo social.

Todos estos exámenes que se adentran en el dolor se completan con dos ensayos, ‘En defensa de lo edulcorado’ y ‘Gran teoría unificada del dolor femenino’. Aquí los sentimientos, el dolor, las metáforas que quieren hablar de lo inefable y el cliché de lo femenino se analizan desde distintas posturas siempre pasionales. Estas investigaciones literarias empujan al lector a llenar los márgenesd e preguntas y comentarios apasionados, trazan un mapa de un mundo que es a la vez íntimo y literario con precisión y referencias que van desde Anne Carson o Susan Sontag a Girls.

El anzuelo del diablo es la prueba de un trabajo obsesivo sobre un mundo, el del autodescubrimiento, que en La Buena Vida vemos cada vez más en nuestras mesas. Un libro que abre las cicatrices de la literatura, despierta la pasión del dolor sin necesidad de ver sus páginas manchadas de sangre.
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