Cicatriz

Cicatriz

Sara Mesa – Anagrama

Internet ha cambiado nuestras vidas pero no nuestras mentes. La red está llena de oportunidades de un mundo mejor, pero no es más que un nuevo espacio de reunión, donde podemos hacer grandes cosas y comportarnos tan mezquinamente como en cualquier otro aspecto de la vida.

En Cicatriz los personajes se conocen en un foro literario y, a partir de ahí, comienzan una relación epistolar que se extiende varios años. En su mails, cartas e innumerables paquetes llenos de libros robados crecen, como dos tallos inseparables, la fascinación por la posibilidad de otra vida en un mundo lejos de convencionalismos y el asco, un sombra de la crueldad y sus obsesiones.

Sonia sobrevive a una existencia donde toda su esperanza es escapar: primero de la familia y de un trabajo mediocre y después de un matrimonio de silencios, de responsabilidades que son a la vez justificaciones sociales y una queja constante. Es Knut el que condensa su afán de huida: un hombre que vive en una ciudad lejana, dedica varias horas al día a robar en grandes superficies y le habla de dignidad, de los sueños que todos deberíamos tener en la vida, de libros y de la importancia de exigirnoslo todo para ser felices.

Pero este hombre, tan orgulloso como el personaje de Hambre, va cultivando con Sonia sus obsesiones y, poco a poco, la literatura no es más que un pretexto para condensar en la relación sus mutuas carencias. Crecen las perversiones eróticas, los proyectos de una relación idílica donde lo que mantienen por email, eso que consideran el último reducto de su vida, se convierte en la justificación de toda su existencia.

En La Buena Vida estamos obsesionados con los libros, los acumulamos semana tras semana y, sin ellos, nos quedarían pocas ilusiones. Por eso hemos acabado fascinados con Knut, entendemos los titubeos de Sonia y no hemos podido evitar leer cada página de Sara Mesa con ansia. En Cicatriz somos el voyeur una relación mucho más común de lo que pensamos que nos demuestra el doble filo que tienen las más íntimas fantasías, un arma preparada para herir y dejar en el recuerdo sus cicatrices.

Pilar Torres

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