El padre infiel

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Antonio Scurati – Libros del Asteroide

En ese momento, mi esposa Giulia y yo hacía ocho años que nos conocíamos; nos queríamos desde hacía siete (a decir verdad, siete yo y ella seis), llevábamos cinco de compromiso oficial, cuatro de casados, y hacía tres que éramos madre y padre de nuestra hija”.

 Aquí comienza el relato de Glauco Revelli, marido de Giulia. Un relato que se desencadena el día en que ella empieza a llorar desconsoladamente en la cocina. “Quizá no me gustan los hombres”, dice. Y esto, ¿qué significa?, se pregunta Glauco, incapaz de entender nada en un primer momento. Es en la búsqueda de algo que dé sentido a ese momento cuando empieza a recordar toda su historia con Giulia.

Se inicia aquí el relato de momentos comunes en cualquier pareja, contados siempre con un tono de ironía que no hace sino esconder un poso de infelicidad o quizá sea más bien apatía, “apatía, este es el antídoto para el veneno de las emociones revalidadas en el tiempo”.

El principio de la relación, el momento de convertirse en padres, los primeros meses de su hija, la desaparición de la vida en pareja, los intentos de volver a una “vida normal”, las crisis… todo está retratado con humor, como una larga confesión entre amigos en la que se intenta quitar importancia a algunos episodios de la vida.

Hay algo que se repite en ese recorrido por la narración de Glauco y es una resistencia inicial a ser primero un hombre más, como aquellos a los que el protagonista se cansa de criticar, después una pareja más, a continuación un padre más… y la realidad final que nos muestra apenas diferentes de aquellos a los que miramos por encima del hombro. De fondo, una sociedad cargada de estrés,  inestabilidad, desempleo, que atenazan a una generación que quizá nunca imaginó tener que lidiar con ello y que se siente indefensa y se esfuerza por reaccionar, por adaptarse sin acabar de renunciar del todo a lo que ya anda renunciando a poquitos en su día a día. Por no ser infiel a sí mismos. Pero ser infiel a uno mismo es también parte de la vida. Reponerse e intentar que el desastre se repita el menor número de veces posible, también.

Decididamente, nuestro error, desde el principio, había sido querer ser felices” dice Glauco. Un error que en La Buena Vida intentamos cometer a diario, sin nigún atisbo de arrepentimiento.

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