La estetización del mundo

La estetización del mundo
Gilles Lipovetsky y Jean Serroy – Anagrama

¿Dónde están los límites entre lo que es cultura y lo que es mercado; lo que pertenece al arte o al consumo? En una sociedad cada vez más líquida, donde las fronteras se difuminan, se han generalizado debates como justificar el papel artístico de la moda, el diseño industrial o las series, sin que la conclusión sea clara ni definitiva.

La estetización del mundo es un gran mapa desplegable del mundo moderno, una guía perfecta para entender cómo Vivir en la época del capitalismo artístico. Un libro que aborda los caminos históricos que nos han traído hacia un mundo actual, donde las emociones se han convertido en el principal motor de nuestros actos, capaces de crearnos anhelos e ilusiones que nos empujen al consumo. Sin embargo, para Lipovetsky y Serroy, este nuevo vestido del arte que el capitalismo viste desde hace tres décadas no es el fin de la cultura ni el apocalipsis del humanismo: se trata de una nueva circunstancia con sus propias reglas de juego, donde nos toca encontrar una ruta correcta por parajes inesperados.

A lo largo de sus cuatrocientas páginas, los sociólogos franceses repasan los principales accidentes sociológicos de esta nueva etapa capitalista, sin olvidar su trayectoria histórica: el triunfo de las franquicias y los centros comerciales echando la vista atrás hacia los grandes almacenes de principios del XX, los monopolios en el cine y la música internacional o la extensión de la moda, propia de la indumentaria, a los ritmos de toda producción social y cultural.

En un mundo donde el arte y la cultura no son críticos con el sistema económico, sino que han asumido sus modos de actuación, los principios históricos del humanismo han dado paso a una estrategia de venta y de presencia en el mundo. Las empresas contratan a creativos para conseguir el atractivo que demanda el público, la crítica cultural de décadas anteriores ha sido absorbida por el consumo de las masas y toda gran experiencia cultural tiene detrás una estructura empresarial. Sin embargo, aunque a primera vista todos estos hechos puedan parecer catastróficos, este capitalismo artístico ha conseguido un gran logro: democratizar el arte y poner, al alcance de cualquiera, sin importar su situación económica o social, la capacidad de disfrutar y ejercer hechos culturales que no entran en el circuito consumista: nunca antes ha habido tanto gusto por la actuación o la escritura sin pretensiones profesionales.

En La Buena Vida nos gusta reflexionar, encontrarnos en el mundo moderno en el que vivimos y saber cómo podemos crear más allá de las seducciones del sistema. Hoy, el artista ha pasado de ser una figura admirable, un albatros baudeleirano, a un empresario preocupado por su cotización en el mercado, mientras que nosotros, oh, comunes mortales, podemos coger un teclado y dedicarnos a redactar nuestras pequeñas historias.

Pilar Torres

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