Después del invierno

Después del invierno, de Guadalupe NettelDespués del invierno
Guadalupe Nettel – Anagrama

“Seres imperfectos viviendo en un mundo imperfecto, estamos condenados a encontrar sólo migajas de felicidad”. (Ribeyro)

No se me ocurre un título más adecuado para el tiempo invernal por el que ahora atravesamos. Los que preferimos el calor y la luz del sol a la oscuridad de las nubes y el frío, deseamos que llegue cuanto antes ese “después” del invierno del que Guadalupe Nettel nos habla en su libro. Un después del invierno que anhelan también sus personajes, aunque sus resfriados sean sentimentales y puedan acabar en neumonía.

Cuatro son los principales, todos diferentes, arrastrando historias del pasado que les condicionan el presente, pero con un punto en común: sus soledades. Es en ese punto cuando los que hemos vivido solos en alguna ocasión nos encontramos de repente descubiertos en aquellos momentos que no compartimos, cuando uno se siente a salvo del mundo o indefenso ante él, cuando unas veces se es héroe que todo lo puede y otras un ser imperfecto buscando esas migajas de felicidad, cuando, sin que nadie nos observe, nos enfrentamos a nosotros mismos con nuestras rarezas. Y todo cambia si nos enamoramos y de repente somos capaces de compartirlas con otro.

“La experiencia del amor, cuando es así de incontestable, trae consigo una amenaza de revolución, de cambio radical, de renversement. Y, por más que evitemos (…) tomar decisiones
abruptas o intempestivas, todo parece al borde del colapso, del terremoto.”

Así se tambalean Cecilia, Claudio, Tom y Ruth. Cada cual con sus circunstancias.

Las acciones se desarrollan entre las ciudades de Nueva York y París, en idas y venidas que se mezclan con los recuerdos de Cuba o México. Son los escenarios donde se van moviendo los personajes, que parecen atreverse para volver a esconderse, lo que produce giros que a veces extrañan (¿acaso alguien los entiende en la vida real?), pero ante los que pronto recuperamos la empatía con los personajes. Y entonces volvemos a sufrir como ellos la ilusión, la desesperanza o la resignación.

Durante toda la novela, Nettel se presenta firme en su decisión de hacer vivir a los protagonistas lo mejor y lo peor de la vida, sin medias tintas. En La Buena Vida, enemigos de los extremos, disfrutamos más de los puntos intermedios, de la imperfección del ser humano, de sus rarezas y su capacidad de reponerse ante la vida y de soñar. Sobre todo, soñar.

“A veces, la única manera de soportar el presente es inventarse futuros prometedores, soñar con todo lo que haremos cuando termine lo inaceptable.”

¿Y si no termina? Tendremos un buen refugio en los sueños.

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