La tierra baldía

La tierra baldíaLa tierra baldía
T. S. Eliot – Lumen
Han pasado cien años desde que T. S. Eliot empezara a publicar de la mano de Ezra Pound en las revistas más importantes de poesía inglesa. Los siguientes cincuenta años vieron cómo una carrera breve pero concisa se hacía un hueco no solo en la poesía de vanguardia, sino también en las baldas de la tradicion poética que tanto gustaban al americano reconvertido en inglés.
Esperaba la llegada a La Buena Vida de esta nueva edición de uno de mis poemas favoritos con ansia, como si fuera la última novedad de uno de mis escritores de cabecera o el estreno de una película con las mejores críticas. Su editor y traductor, Andreu Jaume, ya nos trajo hace unos años La aventura sin fin, donde reunía una gran parte de los escritos teóricos eliotianos, y en esta ocasión se enfrenta a una de las piezas clave de la poesía contemporánea, un poema más analizado que leído con el disfrute que merece.En La tierra baldía te embarcas en un viaje por el Támesis entre la basura infértil que genera la ciudad a la búsqueda de los ecos del pasado, las resonancias de los mitos que ya no hablan y las frustraciones de entreguerras. Abril es el cruel de los meses porque el mundo se hace de asfalto y las lilas no crecen porque, a pesar de la esperanza, no va a llegar el agua. No hay vivos ni muertos, solo las voces de los grandes de la tradición y de la gente que no llegó ni a rozarlos con los dedos, ecos que, como el Ariel de La tempestad, nos confunden con sus canciones.
Lumen ha conseguido brindar un merecido homenaje a Eliot con una preciosa edición llena de detalles: un prólogo iluminador y capaz de decir cosas nuevas sobre el poema, buceando en sus orígenes y sus ecos; una edición bilingüe donde la traducción atiende más a la prosodia (una de las grandes obsesiones del autor) que a la traducción literal y, como gran acierto, la edición del poema con su contexto más personal, Prufrock y otras observaciones, el primer poemario de Eliot y el germen de todas sus obsesiones. A todo esto se suman las notas tanto del propio Eliot como las de Jaume, clarificador en las resonancias de este gran poema del desencanto.
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