Winnipeg. El barco de Neruda

winnipegWinnipeg. El barco de Neruda
Laura Martel/Antonia Santolaya – Hotelpapel / Editorial Grupo5

Hay muchas historias de solidaridad que atraviesan el período oscuro de la Guerra Civil Española. Una de ellas es la del Winnipeg. Así bautizaron al barco que cruzó el Atlántico con 2000 republicanos a finales del verano de 1939. Fue Nefatalí Reyes, más conocido como Pablo Neruda, el poeta de las Odas elementales y Residencia en la tierra, quien gestionó -qué palabra tan poco poética pero necesaria- ese viaje desde las costas francesas, cuando cumplía funciones diplomáticas en Francia. Cuentan que el Winnipeg, bautizado más tarde como Winnipeg II, fue alcanzado por torpedos con inquina nazi e injustamente hundido en la Segunda Guerra Mundial.

En este cómic de tintes históricos, se narra la huida desde Barcelona de un padre y una hija a Francia, las dificultades para atravesar la frontera y el hacinamiento en la costa francesa. Allí les esperaba el hambre, que no fue sino la manifestación más palpable de la pobreza extrema que vivían estos exiliados españoles. La enfermedad, entre ellas la disentería, se llevó a muchos por delante, mientras las autoridades francesas  se desentendían de este feo asunto. Lo que parecía una media solución  se convirtió en una trampa. A pocos cientos de metros de tristeza -la tristeza también sirve como medida- , en una pequeña habitación de Colliure, moría, también, poco después que su madre, el poeta español Antonio Machado.

A pesar de las dificultades, el Winnipeg llegó a las costas chilenas  y los españoles que dejaron atrás la guerra incivil pudieron empezar a construir una nueva vida, si no plena, sí llena de esperanza, lejos de una Europa que se degollaba con el hermano o el país vecino. No fue fácil que aquello ocurriera. Tampoco que la niña protagonista de esta historia pudiera viajar con sus lápices, para años después ser pintora. Para ello, fue necesaria la solidaridad del Gobierno de Pedro Aguirre Cerda y la implicación de Neruda, que escribió:

Que la crítica

borre toda mi poesía,

si le parece.

Pero este poema,

que hoy recuerdo,

no podrá borrarlo nadie.

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