El nadador en el mar secreto

El nadador en el mar secreto
William Kotzwinkle – Navona

Una mujer rompe aguas en una cabaña en medio de un desierto de nieve. Hay que calentar el motor de la camioneta, frotarse las manos, atravesar 50 kilómetros de curvas, de frío, de hielo. Al final del camino, el hospital donde será el esperado parto. Estos son los primeros pasos con los que arranca esta historia basada en una experiencia personal que el autor tuvo en 1975, cuando su mujer dio a luz a su bebé.

Esta novela corta, muy bien desbrozada, donde todo camina en un mismo sentido, apunta al interior de su protagonista, Laski, un tipo que tiene manos de ebanista y la ilusión de tener un hijo junto a Diane, su esposa. El lector se sumerge en la narración a través de la voz de éste, una voz , en ocasiones, cerca del monólogo interior, de una belleza doliente, y una capacidad narrativa, a veces cortante y luminosa como un chasquido de piedras, otras, las menos, de un lirismo inesperado y contenido, blanco y secreto como la nieve que se consume en su pureza.

Por el tema y la dureza de alguno de sus pasajes no es un libro para tocar palmas, pero es tan contundente, que cuando lo estás leyendo eres consciente de estar ante una de bomba de relojería,  precisa y a la vez sorprendente, que merece la pena disfrutar, y también sufrir.

Cuenta su autor, William Kotzwinkle, que la escribió en apenas en unos días, casi sin respirar, como quien tiene un fuego en su interior que arde y tiene que escupirlo para poder vivir. A La Buena Vida llegó a la mesa de novedades sin hacer ruido, pero a partir de ahora habrá que darle la importancia que tiene, y hablar de ella, sacarla del mutismo con que llegó.

David García

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1 Comment

  1. Hola.

    Lo leí ayer y me parece un libro o relato muy flojo . Para nada se trata de un libro ineludible, más bien fungible, porque el autor le habrá costado unos días escribirlo pero a mí me ha costado todavía menos olvidarlo. De asuntos parejos me quedo con La hora violeta de Sergio del Molino, por ejemplo. Ese dolor, el suyo, si me parece real, creíble y ahí empatizo. Con Kotzwinkle no me sucede nada de esto. Va buscando removernos, conmovernos, con frases explícitas, donde la mujer de tanto sufrir se convierte en algo parecido a La Masa. Además una vez que conocemos el fatal desenlace, el libro, como la nieve al fundirse desaparece, por siempre jamás.
    Ese tono lírico, de mares, océanos, nadadores en mares secretos ,quiere resulta poético, pero no se acomoda al texto en ningún momento, pasando de lo poético a lo grotesco sin encontrar el tono en ningún momento.
    En fin, que me parece un relato bastante corriente y malucho, a años luz de esos adjetivos hiperbólicos que nos quieren hacer ver que este libro es ineludible cuando es perfectamente eludible, al menos para mí, aunque lo elude una vez leído. Bonita paradoja.

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