Lúcidos bordes de abismo. Memoria personal de los Panero

Lúcidos bordes de abismo. Memoria personal de los Panero
Luis Antonio de Villena – Fundación José Manuel Lara

Luis Antonio de Villena es poeta, además de ensayista, narrador, traductor, crítico y colaborador habitual en prensa. Es de los pocos en este país que escribe sobre poesía -a veces se despega del género- en un medio generalista, con su columna semanal en el diario El Mundo. En clave autobiográfica y con tono memorístico, Villena ha escrito una biografía muy personal sobre la familia Panero. A partir de sus vivencias con ellos, el poeta madrileño disecciona a los de Astorga –aunque nacidos en Madrid- uno por uno. Su condición de homosexual lo acerca a Leopoldo María, el mediano de los 3 hijos que tuvieron el matrimonio  Panero/Blanc. Cuenta sus andanzas por bares, el trasiego de amantes, las fiestas con happy-end en el piso que la familia tuvo  en la calle Ibiza, 35, muy cerca del Parque de El Retiro. Villena hace un relato sobre los hechos, un relato subjetivo y por momentos desenfadado. No se corta al introducir anécdotas de explícito corte sexual, a la vez que disecciona la obra poética de Leopoldo María con rigor y con un talento crítico encomiable, sin caer en tecnicismos que ahuyenten a lectores poco dados a la crítica literaria. De sobras es conocida la enfermedad psíquica que llevó al mediano de la saga a hacer un circuito por los sanatorios mentales españoles. También narra esta bajada a los infiernos , y busca los hitos en los que el poeta fija, tanto su mito como su decadencia.

Si con Leopoldo María perdió el contacto en cuanto éste empezó a mojar cruasanes en agua sucia y a desatender la higiene personal, es decir, cuando el poeta ya mutaba a loco -más tarde a monstruo-, con Juan Luis, el señorito con hechuras de perdedor, mantuvo una relación de amistad hasta el final de sus días. Los dos bardos se toleraron -no sin diferencias-  y compartieron cenas, amistades y conversaciones. Villena y Juan Luis se acompañan, incluso se quieren, pero siempre cada uno en su sitio, atento al golpe que pueda dar el contrario. No obstante, Luis Antonio le reprocha algunos feos y desmiente algunas pasajes del libro de memorias del mayor de los hermanos Panero. A pesar del macho snob que colgaba Juan Luis en la percha de su imagen, cuenta este biógrafo sui generis los flirteos y deslices que éste tuvo con algunos hombres. A Juan Luis, además de la borracheras extremas, también le gustaba seducir, desnudarse e incluso meterse en al cama con sus iguales.

Fue con Michi, José Moisés, con quien menos trato tuvo de los tres. Aún así, reconstruye, también, la decadencia y el deterioro del menor de los hijos del poeta oficial de régimen, Leopoldo Panero. No así con Felicidad Blanc -pocas veces un nombre ha sido tan poco acertado-, con quien tuvo un trato cordial, algo distante pero siempre de respeto, a pesar de que alguna vez, la madre los pillara en cueros por los pasillos de su casa al amanecer después de una noche de fiesta. Villena hace un relato lúcido, plagado de anécdotas vividas en primera persona, que compagina con rigor y complementa con el análisis de la personalidad y la obra de los Panero–tan distinta la una de la otra-. Quizá, al final, reincida en ciertas ideas, pero el libro te llega. Está escrito con la nostalgia justa y la pluma fluida de uno de los últimos dandis en España.
David García

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