Epitafio para Nueva York

Epitafio para Nueva York
Adonis – Nórdica

Nueva York ejerce una fascinación especial sobre los poetas, sobre los artistas en general. Es la gran ciudad donde todo es posible, incluida la miseria. Salvando las distancias, si a Lennon le alcanzó la muerte frente a Central Park, por mediación de un loco llamado David Chapman, a otros como a Federico García Lorca, Juan Ramón Jiménez o José Hierro, les alcanzó el susurro tibio de la inspiración. Pero no fue sólo un encuentro de complacencias, de baños líricos en el río Hudson, de paseos idiotizantes por Wall Street. En lo más crepuscular de su mirada, supieron retener e interpretar el pulso de la maquinaria que tritura al más débil. Ahí están sus versos.

Algo así le ocurrió a Adonis -poeta, ensayista y crítico sirio-libanés- en este poemario que ha llegado a la mesa de novedades de La Buena Vida, y que fue escrito en la primavera de 1971:

Nueva York,
mujer, estatua de mujer
que alza en una mano un harapo llamado libertad,
una hoja de papel que llamamos historia,
mientras con la otra estrangula a una niña
cuyo nombre es tierra. (pag.34)

Y así, en ese plan de no dejarse impresionar por la lujuria arquitectónica de la Gran Manazana, Adonis, consciente de que la pobreza es clasista, entendió que los negros de Nueva York eran el mismo arquetipo que los gitanos del Romancero de Lorca, es por ello que ve en la ciudad de la libertad el máximo exponente de la explotación y la barbarie:

Una mujer anda tras de su perro, enjaezada como un alazán. El perro tiene porte de rey y en torno a él la ciudad avanza cual ejército de lágrimas. Y allí donde se apiñan los niños y los viejos cubiertos de piel negra, la impunidad de las balas crece como la simiente. El pánico golpea el pecho de la ciudad. (pag. 57)

Es este poeta un cronista del surrealismo que sólo con mirar le arranca a Nueva York la verdad, para prender con su lirismo la hoguera de las mezquindades. En los pocos meses de estancia que  Adonis estuvo en la ciudad, le da tiempo a conversar a ciegas con Walt Whitman, buscarlo y recitarlo, como si el viejo poeta vagara aún con su barba de nevadas mariposas.

Acompañan a este Epitafio, Garganta de piel roja y Paseo por Harlem, lo mejor de dos poemarios escritos en la década de los 90. La voz de Adonis es como un fuego de encendidas nieves, tanto queman sus palabras que pueden helar.
David García

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1 Comment

  1. No conocía hasta este poeta hasta que hace poco empecé a verlo en las quinielas para el Nobel de Literatura y… este libro por las librerías. Me picó la curiosidad, pero reconozco que lo dejé pasar porque no tenía muchas referencias, más allá de estar en esa quiniela y parece que bien apasionado (autor no muy conocido, poeta, nacionalidad “minoritaria”…)

    Gracias y un saludo!

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