La casa de hojas

La casa de hojas
Mark Z. Danielewski – Alpha Decay/Pálido Fuego
Siempre he escuchado por ahí eso de que ‘el tamaño no importa’, pero nunca me quedó muy claro tan contundente aseveración, sobre todo cuando se habla de Literatura. No hay más que ver la cara que se les queda a muchos lectores -sobre todo lectoras, que leen más y no sé si mejor que los hombres- cuando tienen en sus manos El jilguero(2014), novela publicada por Lumen, cuya autora, Donna Tartt, dosifica su obra y, aparentemente, no tiene prisa por entregar su trabajo a los lectores. Salvando las distancias, algo parecido ocurre con La casa de hojas, el voluminoso artefacto que Mark Z. Danielewski publicó en el año 2000, y a finales de 2013 el tándem Alpha Decay y Pálido fuego se atrevieron a editar en España, con traducción de Javier Calvo y maquetación de Robert Juan-Cantavella – la mención es necesaria, por el trabajo ingente que el libro ha debido de requerir-. El día que recibimos el libro en La Buena Vida, no paré de pasar los dedos por sus páginas y fijarme en los juegos estético/visuales, los diferentes tipos de letras. La atracción del volumen como objeto es incuestionable, pero la del contenido también.
En esta ficción repleta de anotaciones a pie de página; breves ensayos sobre laberintos, cine, psicología  o fotografía; caligramas con los que Apollinaire hubiera alucinado; listas que parecen no tener fin e interpretaciones varias y muy libres de los mitos, el autor consigue atrapar al lector con el viejo recurso del manuscrito encontrado. Por una lado tenemos la historia de Johnny Truant, un joven de 25 años que se mueve bajo el paradigma de ‘sexo, drogas y r&r’. Truant, de vida disipada y decadente, encuentra el libro de Zampanó, un anciano ciego y recientemente fallecido. En el manuscrito se puede apreciar el trabajo acumulado durante años sobre una película documental conocida como El Expediente Navidson. A partir de ahí, dos historias van a ir en paralelo. La de Truant intentando salir adelante e interpretando el libro del anciano. Y por otro, la historia de la familia Navidson, con Will a la cabeza, un fotoperiodista con un Pulitzer, con personalidad envolvente y una visión artística poderosa y especial, que va a sufrir, junto a su mujer y dos hijos, los embates de una casa que se mueve por dentro a su antojo, que atrapa, que muta y que mata. Sobre ese extraño y espeluznante acontecimiento va a tratar, como ya se ha dicho,  el controvertido Expediente Navidson, sobre el cual se va a basar el grosso de la obra. Lúcida y ambiciosa, y por momentos abrumadora, la novela de Danielewski requiere paciencia y tesón, por los pasajes áridos que el lector va a encontrarse a lo largo de las más de 700 páginas de las que consta. No hay duda de que la obra trasciende el género de terror, y convierte al libro en un verdadero artefacto. Prometo que hubo un momento en que leía el libro al revés, fruto de las ingeniosas manipulaciones y propuestas innovadoras del autor.
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