Día 17: Paradojas para sentimentales

Jeffrey Eugenides se guarece bajo la portada de La trama nupcial (ed. Anagrama). Vemos su foto y lo primero que nos sale decir es “vaya jeta”. No es habitual dar con un rostro que nos pregunta con un ojo qué tal va todo, mientras que con el otro ojo y el resto de la cara nos sonríe y se oculta, como si le estuviera diciendo al fotógrafo, en tono amable de Detroit: “lo mío es escribir y sé que no soy guapo. Acaba, por favor, que no quiero aprender a posar”.

Eugenides es un autor que se toma su tiempo en labrar una historia. La tiene que imaginar. Se la tiene que creer y evolucionar junto a ella, hasta que el argumento se independiza por sí solo. Estamos ante una tesis sobre la entrega (y la renuncia) total, casi victoriana, de Madeleine, Leonard y Mitchell. Un relato que transcurre entre el rechazo, la admiración, la perfección académica y las calenturas incontroladas y concluyentes de la carne y la fe.

Un pedazo de libro del que a uno le cuesta desprenderse. Por mucho que miremos su foto y le aseguremos a Eugenides que nos ha fascinado, que siga tomándose su tiempo para hacer que su literatura, como su rostro, siga siendo un mapa de tal profundidad, que ningún objetivo pueda abarcar en una sola sesión. Excelente.

Dilema.

¿Qué hacer con todas las flores que nos contaban su mundo a través de la ventana que daba a la calle, que han dejado de ser frescas y se han ido convirtiendo en pequeños jardines irreales? ¿Dónde guardarlas para hacerlas llegar, secas y salvas, al nuevo local?

Nos gustaría que pudieran inaugurarlo con nosotros, pero nuestras manazas y una inexperiencia total en taxidermia floral, nos dice que el asunto es delicado.

No hay que forzar las cosas. Es cierto, aunque parezca un lema propio de David Carradine cuando ejercía de pequeño saltamontes.

Las hemos disfrutado. Nos han acompañado. Mucho. Y como a las flores no se les puede decir nada con otras flores porque sería una vulgaridad, hemos decidido que si al intentar transportarlas se vuelven talco, buscaremos un ventilador, lo pediremos prestado si hace falta, y nos haremos bloque en torno a lo que quede de ellas, y acercaremos la cara a las aspas, para que las cenizas, como en El Gran Lebowski nos se las lleve el mar.

Mañana jueves 25 de julio, a las 22 horas, en la sala 1 de la Filmoteca, Somewhere, de Sophia Coppola (2010), como ejercicio bucle de que la fama cuesta, como cuesta la paternidad. La soledad. La asepsia de mantener todo eso como si no doliera.

Jonny Marco (Stephen Dorff), un actor de éxito harto de sí mismo, y su hija Cleo (Ellen Fanning), una adolescente más madura que él, matan el tiempo, ese lujo inalcanzable, en el Château Marmont de Los Ángeles. La desidia de los conjuntos vacíos con derecho a piscina, que se llevó el León de Oro en el Festival de Venecia.

¿Las librerías han de ser una factoría de ideas o un hogar para libros? Danos tu opinión si no lo has hecho ya.

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