Día 11: Certificado para especies desprotegidas

Un internado elitista y como toda supuesta fortaleza, un lugar vulnerable.

Cuatro por cuatro, finalista del último Premio Herralde de Novela escrito por Sara Mesa (ed. Anagrama), es una bomba con secuenciador. La carga explosiva la componen un grupo de chicos y chicas rebeldes, becario incluido, y un equipo directivo y de profesores que se las traen.

En esta variedad pretendidamente claustrofóbica, está el (dis)gusto y la necesidad de cada uno de estos seres aislados de llevar la manipulación hasta un límite que les permita mantener el control de sus puntos débiles, sus secretos, entre otras cosas, y progresar al margen de la disciplina escolar.

Escritura de nota. Libre y valiente para estos tiempos de destierro y becas administradas como premio consolación a un minoría capaz de acertar, fuera de ratio, la combinación de las cámaras acorazadas, dejándose de medias y de tintas.

Las estanterías de la librería están a punto de quedarse vacías del todo.

Como sirenas que mudan la piel.

Son el negativo de esas casas de diseño que muestran sus vergüenzas en programas de televisión donde, además de conocer a los propietarios -algo secundario-, lo que la arquitectura y el mobiliario esconden es un trabajo de campo, en profundidad, del fomento a la lectura. Algo que a los libreros podría interesarnos.

La mayoría de estas viviendas son metros cuadrados para aprender a patinar, para perderse, sin un solo libro.

Sí lo hay es para calzar un buda o algún lladrò de nueva gama. Esa decoración de bola de papel que se pliega para que una mesa deje de cojear.

Es tal el vacío de lectura, que algún reportero y parte de la audiencia, creen -ingenuos- que los libros no aparecen porque están digitalizados. Para ocupar menos, entre las pantallas de plasma, los home cinema, los altavoces para el iPod y la Wii.

Las estanterías del local de Vergara, objetos que jamás han sido destacados en la revista AD, son las quillas del barco de La Buena Vida, su esqueleto, que necesitan liberarse, reajustar el timón y las cartas de navegación, para soltar amarres y ponerse de nuevo en ruta. Rumbo a alta mar. La nave va.

Mañana viernes 19 de julio, Pánico en la granja, de Stéphane Aubier y Vicent Patar, que obtuvo el premio a la Mejor Película de Animación en el Festival de Sitges de 2009, pondrá patas arriba a las 22.30 horas la sala de verano de la Filmoteca. Fiesta desorganizada de cumpleaños convertida en una disparatada vuelta al mundo rodada en stop-motion con juguetes de verdad. Risa y aventura aseguradas.

Debátete los sesos y dinos cómo sueles comprar tus libros: si con lista rigurosa o improvisando.

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