Naíf. Súper

Naíf. Súper – Erlend Loe
Nórdica

Muy poca gente reconoce que habla sola. No vale los que se presentan al casting de Gran Hermano y logran entrar en la casa. Muy poca gente de verdad asume que se cuenta lo que piensa en voz alta para encontrarle el sentido a sus dudas, emociones o momentos de bloqueo. Cuando los pensamientos suenan en dolby surround, cuando parecen de otro, se analizan mejor, se desmenuzan trazando otros caminos, surgen nuevas interpretaciones.

El protagonista de Naíf. Súper está en mitad de un paso de cebra personal, mirando un semáforo en ámbar. No sabe lo qué quiere hacer ni lo que va a hacer si es que lo hace.

Su hermano le ha dejado su casa por una temporada. Solo se relaciona con un amigo meteorólogo, con el que se intercambia listas por fax, y con Borren, su vecino, un niño al que coge cariño pronto.

En este estado de andar por casa, su cabeza no para. Piensa, luego habla. En voz alta. Como si estuviera solo y nadie pudiera escucharle. Leerle. “Mucha gente sabe más que yo, pero afortunadamente eso no es problema mío. Mi problema es para qué puedo usar todo esto. ¿Para qué lo quiero? Me aturde (…)¿Cómo se consigue visión de conjunto?”.

Va y viene. De pensamiento en pensamiento. “Hace bastante tiempo que no miro a una chica pensando que debería verla más a menudo. Quizá incluso todos los días (…). He quedado con ella dentro de un rato. Y quizá la vea más veces. No sé cómo es Nueva York, pero me resulta difícil de creer que sea mejor que Lise”.

Para que desconecte y se encuentre, su hermano le invita a pasar unos días juntos en Nueva York. Y después de mucho pensárselo se va. “Tengo ganas de pedirle a la azafata que me cante una canción, aunque no me atrevo. Me limito a pedir un gin-tonic”. Y allí…Hasta aquí debo escribir (contar). Es un libro al que hay que llegar con pocos datos y con ganas de abrir los oídos. Es extraño. Auténtico. Entrañable. Divertido. Obstinado.  Una lectura soliloquio que los recolectores de buenas historias deben apresar con rapidez, porque es uno de esos libros que dejan marca y buenas dosis de vitamina D, como el sol.

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