Memorias líquidas

memorias-líquidasMemorias líquidas –
Enric González – Jot Down Books
La memoria es algo selectivo. Uno elige qué sí y qué no quiere escribir en todo ese agolpamiento de sangres y recuerdos. Si algo ha querido destacar en este libro con título ‘baumaniano’ su autor, es que no quería seguir trabajando para Juan Luis Cebrián, un hombre que le causa “horror y una cierta repulsión”, y al que compara con Goebbles, aquel íntimo de Hítler que hizo historia con la manipulación y la propaganda como malas artes.
Pero al margen de despotricar contra su exjefe, Enric ha escrito un libro breve y romántico, en el que repasa su experiencia como periodista. La memoria lo lleva por su Cataluña natal, sus comienzos, sus trajines y compañeros, su formación intelectual -parte de la cual corrió, como un traje a medida, a cargo de El País- y sus corresponsalías por el mundo, de las cuales ya había dejado constancia en sus historias de Londres, Nueva York o Roma (RBA).
Enric González es uno de esos periodistas que ha conocido y vivido el romanticismo de la profesión. La ha visto desde la atalaya, ha hecho y deshecho, ha guerreado en esas redacciones donde el alcohol era una bandera, algo impensable hoy día, donde los periódicos parecen consultas médicas enmoquetadas. Conserva Enric González un espíritu escéptico y crítico envuelto en sábanas de rabia.
“El poder miente”, es una de las frases más repetidas en estas memorias  ágiles e incisivas, mordaces, en la necesaria reflexión del yo que hace balance cuando echa la vista atrás. Todo buen periodista tiene muy entrenado el instinto de la desconfianza, y eso se nota en la lectura. Pero también conservan una halo de ingenuidad y esperanza.
Enric recupera el tiempo en fragmentos, anécdotas como gotas de agua o güisqui, imágenes que brotan de su pluma precisa. Narra  las entrañas de El País, su historia de claros y oscuros, de la que él formó  parte. Habla de periodismo mientras hace periodismo, memoria del retablo imperfecto de la información española.
Si hubiera  que ponerle un pero al libro es su edición. Donde unos ven elegancia, otros ven un gusto por lo ortopédico. Es de esas veces que el contenido supera al continente, y eso, en un mundo que se preocupa tanto por el envoltorio, incluso se agradece.

David García

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