“Diarios de Jonas Mekas” y “Diamond Flash”

Comenzamos nuestra sección de DVD seleccionado con dos ediciones de lujo en DVD que están a tu disposición en la librería:

Diarios
Jonas Mekas – Intermedio

(extracto el artículo de Jonás Trueba en su blog de El Mundo)

Mekas …, con sus ochenta y siete años y su sombrero negro, siluetado por la luz que llegaba de fuera de la sala. Para mí, era como estar delante de John Ford o algún otro mito del cine. Y no podía dejar de pensar que Mekas nació en 1922, que escapó de los campos de concentración nazis y que acabó instalándose en Nueva York, donde se hizo con una cámara Bolex y empezó a filmar su vida de emigrante, convirtiéndose en uno de los pioneros del cine diario y del cine undergroung.

Ahora sigue registrando a diario imágenes de su vida cotidiana, y habla de sus proyectos y de la vida con entusiasmo, con una libertad de pensamiento y una falta de prejuicios envidiable. Mi amiga Lola Mayo, sentada a mi lado, le preguntó por qué en su película sólo se veía gente feliz, y Mekas contestó que él era feliz mientras la realizaba, y que cuando coge su cámara, trata de transmitir ese estado de felicidad. “A lo mejor esto os parece mal, pero la miseria que hay en el mundo y que puede haber a mi alrededor, no me interesa”, llegó a decir. “Creo que no hay que perder el tiempo en la resistencia. Es mejor concentrarse en crear cosas mejores, es más útil”.

Aseguró no tener ninguna clase de nostalgia hacia la película de celuloide, a la que él ha sacado tanto partido. Prefiere adaptarse a las nuevas tecnologías. Sigue registrando a diario imágenes de vida cotidiana. Duarnte un año, colgó en Internet un fragmento de ese diario en lo que llamó ‘365 Film Project’ y ahora está embarcado en una nueva película basada en su particular visión de “Las mil y una noches”. Me acordé de esto que escribió Kundera: “El ser humano envejece, el final se acerca, ya no queda tiempo que perder con recuerdos. Hay que comprender la paradoja matemática de la nostalgia: ésta se manifiesta con más fuerza en la primera juventud, cuando el volumen de la vida pasada es todavía insignificante”

Diamond Flash
Carlos Vermut – Cameo

(extracto del artículo de Jonás Trueba en su blog de El Mundo)

Ya no hay excusas para no haber visto Diamond Flash. La primera película de Carlos Vermut ha ido pasando de boca a oreja desde hace unos meses, como un secreto a gritos…
Pocas películas tan insólitas como esta. Extraña y fascinante, incomparable de principio a fin, a ratos malsana y a ratos muy divertida, violenta y alucinógena. Como un Tarantino de garaje o un primer Almódovar puesto al día, Vermut ha renunciado a una espectacularidad que no se podía permitir y ha tejido una historia que parece hecha de otro tipo de materiales. Con sangre y vómitos y con historias alucinantes, con madres e hijos y con superhéroes que aparecen para salvarnos del terror cotidiano, pero todo eso contado de forma susurrada, en los interiores de unas pocas casas madrileñas, en planos fijos y aparentemente sencillos, con actores desconocidos o no profesionales.

La sensación de estar ante una película casera no solo no juega en contra de la película sino que aumenta su sensación de extrañeza y la hace mucho más impresionante, aterradora por momentos. No recuerdo otra película que ponga en escena, y de forma tan precisa, semejantes enrevesamientos argumentales, entre el melodrama y el cómic, utilizando diálogos naturalistas pero muy elaborados dentro de espacios así de reducidos, feístas, claustrofóbicos, humanos, demasiado humanos. Sería inútil intentar resumir la trama. Si dijéramos que trata sobre violencia de género, mujeres maltratadas, pederastia, quizá más de uno se pondría en guardia. Hay mucho de todo eso y me produce ciertos escalofríos recordarlo. Todavía me pregunto cómo ha podido Carlos Vermut atreverse con un material tan sensible, llegando a cruzar incluso ciertas barreras de seguridad vial y moral, saltando sin red para salir airoso sin que lleguemos a comprender del todo cómo ha logrado hacerlo…

Armar una película de esta manera me parece muy difícil y muy admirable, nos exige como espectadores pero nos hace disfrutar mucho si logramos instalarnos en ella, aunque nos cambien de asiento más de una vez… Pero resulta que hay un tipo entre nosotros que se ha atrevido a coger una cámara y unos cuantos actores y técnicos y se ha lanzado a una aventura insólita, delirante y fascinante, que abre una nueva puerta hacia el cine que podemos hacer. Por mi parte sólo puedo celebrarlo y brindar por ello. Otro Vermut, por favor.

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