La liebre con ojos de ámbar

La liebre con ojos de ámbar
Edmund De Waal – Acantilado

Cuando un día La Buena Vida eche el cierre a sus puertas, habrá muchas personas que nada recuerden de ella. Incluso asiduos clientes y visitantes. Pero no podré evitar pasearme por la que debiera ser entonces mi biblioteca personal , e ir acariciando los libros ya leídos, subrayados, anotados y, al paso junto a ellos, recordar las historias detrás de cada elección, qué cliente, qué otra lectura, qué artículo, qué amigo me llevó a su lectura, dónde lo empecé a leer, dónde lo terminé, cómo era mi vida mientras, con quién hablé de ese libro. Porque a diferencia de los libros electrónicos, los libros son objetos, tienen tacto, olor, forma, … Y en ese paseo que será de nostalgia, reconstruiré la historia del sueño de una librería especial, en la que estuvimos a punto de dedicar una columna para que la gente que nos decía “este es mi sueño” al visitarla por primera vez, pudiera anotar en ella su nombre.

Este libro es un maravilloso recorrido paralelo. La herencia de una colección de netsukes, lleva a un ceramista de nuestros días a, siguiendo la historia del tacto de esas miniaturas japonesas, a recorrer la historia de su familia. Seguiremos la saga de los Ephrussi, judíos cuya historia tomamos en Odessa, donde hacen una fortuna con la intermediación de grano para Europa. A partir de ese momento, iremos con los netsukes a Viena, París, otra vez Viena, Japón, Inglaterra… Nos acompañarán todos los que tocaron las figuras desde su primera adquisición en Japón. Personajes anónimos: criadas, niños, amigos de la familia … y algunos de los protagonistas del siglo XIX y XX del mundo del arte, la literatura, las finanzas, la política…

Pero el libro está escrito por un ceramista, alguien educado en “el respeto por el material y la aptitud del propósito”, y no por un historiador. Así que este no va a ser un libro más sobre la historia del siglo XX, sino un tratado sobre las huellas de los objetos que nos acompañan. Y a través de él nos vamos a introducir en las casas, los vestidores, los despachos, los cafés donde estuvieron los propietarios de esta colección de doscientos sesenta y cuatro netsukes. Apasionante y delicado, muy recomendable.

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