Un largo sábado

img_0668Un largo sábado – George Steiner – Siruela

Por La Buena Vida pasan muy buenos lectores. Por eso, en muchas ocasiones, nos dejamos llevar con entusiasmo por sus comentarios elogiosos  sobre algún libro que acaban de leer.  Aquí las recomendaciones son una vía de doble sentido. Es el caso de esta conversación entre la periodista Laure Adler y el pensador francés George Steiner.

Steiner (París, 1929) es un sabio, un políglota que tiene una visión del mundo poco convencional. De origen judío, huyó junto a su familia cuando era niño en uno de los útimos barcos que pudieron dejar atrás el ocaso de Francia en la Segunda Guerra Mundial. Aquel niño llegó a Nueva York y se formó junto a prestigiosos pensadores de la época.

Fue su padre quien lo puso en el camino angloamericano, sacándolo de la estela de la cultura francesa. Entre otras muchas cosas, trabajó para Economist. Fue en una entrevista a Oppenheimer,  el inventor de la bomba atómica, el que le brindó la oportunidad de dar el salto al Instute for Advance Study, en Princeton. Allí se impregnó de un espíritu analítico de la ciencia, y desde entonces lo ha aplicado a las Humanidades: «No se puede ir de farol en matemáticas ni en la gran ciencia: o funciona o no funciona. No se puede hacer trampa. Alguien que se atreve a engañar sobre un experimento, un resultado o un teorema está acabado».

El judaísmo es una de las piedras angulares de esta conversación. El antisionismo de Steiner, la relación distante que mantiene con Israel y sus críticas a las políticas más salvajes contra sus vecinos palestinos, le han costado un exilio voluntario en Reino Unido. Frente a las raíces que echan los árboles, él reivindica las piernas de los hombres. El autor de Errata (Siruela, 1998) disfruta de esa libertad que le ha dado la cultura, su patria, y la posiblidad de educar a generaciones de profesores que ahora enseñan en universidades de los cinco continentes.

Un largo sábado introduce de manera amena las ideas de este pensador. Explica la relación que mantiene con sus maestros. Y  los autores a los que venera como artistas, pero deplora como ciudadanos -caso de Celine-. Desconfía de Freud, aunque reconoce el valor de su trabajo.  Me ha llamado  la atención su suave machismo. No tanto,  la necesidad que tiene de volver a los textos sagrados, aun sin ser practicante.

@cercodavid

 

 

 

El vientre de Nápoles

El vientre de NápolesEl vientre de Nápoles
Matilde Serao – Gallo Nero

Para todo aficionado a perderse por ciudades desconocidas o no, callejeando sin rumbo, mezclándose entre las gentes para intentar saber más de sus anhelos, preocupaciones, amores, de su forma de vida, de cómo sienten o piensan, un libro como este de Matilde Serao es un gran regalo. Su prosa periodística  nos lleva de la mano por las calles de Nápoles mientras denuncia la situación que viven algunos de sus ciudadanos.

Escrito en tres épocas diferentes, separadas entre ellas por 20 años, con su lectura vamos viendo cómo la ciudad ha cambiado en todo ese tiempo, desde 1864 hasta comienzos del siglo XX, y observamos si esos cambios físicos han conseguido también paliar la podredumbre que inunda el vientre de Nápoles.

Serao se centra en esas calles mal iluminadas, casi intransitables, con grandes deficiencias higiénicas en las que se hacinan familias numerosas en espacios minúsculos. La escritora se propone destripar Nápoles, como bien anuncia en el primero de los capítulos, y lo hace abordando  diferentes aspectos de la vida cotidiana que acaban por definir a una parte importante de su población.

Lo que comen, sus costumbres religiosas, supersticiones, e incluso su afición por la lotería, sirven para empezar a comprender la forma de vida de la gente que habita aquí. Así es fácil darse cuenta bien pronto de que, aunque sólo les separen unas cuantas manzanas de los ciudadanos con un nivel de vida superior, la lejanía real es mucho más inmensa.

Disfrazados con una falsa preocupación por cambiar la vida miserable de parte de sus ciudadanos, y más preocupados por maquillar los barrios menos vistosos de la ciudad, sus mandatarios van tomando decisiones que cambian la fisonomía de la urbe. Una gran avenida de nueva construcción atraviesa ahora esas calles castigadas, un lavado de cara que se queda en una pantalla que sólo consigue ocultarlas y, aunque parezca increíble, empeorar aún más las condiciones de vida de los que allí viven. Serao no se limita a mostrarnos el nuevo panorama, sino que de nuevo nos coje de la mano y nos enseña y explica por qué esas familias siguen malviviendo a uno y otro lado de la avenida. Y también, por ejemplo, por qué los nuevos barrios con casas recién construidas destinadas a gentes de pocos recursos, nunca serán ocupadas por ellas, o al menos no en la manera en que deberían, consiguiendo únicamente, en el mejor de los casos, trasladar sus problemas a otro lugar.

Pocos paseos nos pueden enseñar más de la manera de respirar de una ciudad y sus ciudadanos que este que nos propone Matilde Serao por el vientre de Nápoles.

Hay que dejarse llevar, escuchar (leer) con atención y disfrutar, a pesar de todo, de esta carta de amor a la ciudad querida.

Paula Fuertes

El motel del voyeur

img_0651El motel del voyeur – Gay Talese – Alfaguara

Con La mujer de tu prójimo (Debate, 2007), Gay Talese, hijo de inmigrantes italianos y una de las plumas más brillantes del llamado  Nuevo Periodismo, radiografió las costumbres sexuales de la sociedad norteamericana del siglo pasado. Es por eso que a principio de los ochenta, Gerald Foos, el protagonista de este libro, contactó con él.

«Conozco a un hombre casado y con dos hijos que hace muchos años se compró un motel de veintiuna habitaciones cerca de Denver a fin de convertirse en su voyeur residente», escribe en el primer párrafo de este libro que aúna reportaje, sociología, viajes, paciencia y errores que le han llevado a Talese a desdecirse y pedir perdón por los deslices cometidos en este libro.

Al margen de la polémica que ha suscitado, El motel del voyeur reconstruye la historia de una obsesión, la de Gerald Foos y su pasión desmedida por observar a las parejas en sus momentos más íntimos. Digo desmedida porque para poder llevar su proyecto adelante tuvo primero que comprar el motel. Y después acondicionar los techos  para poder observar, a través de unas rejillas especiales en el techo, cómo sus clientes practicaban sexo.

Dicho así, parece que estamos hablando de un simple salido. Y posiblemente lo era. Eso sí, con la connivencia de Donna, su primera esposa, y más tarde con Anita, su segunda mujer. Aunque hay que destacar que además de la excitación y el morbo que  estas incursiones en la vida privada les podían aportar, el propietario del Motel Manor House llevaba un diario que da una medida de su obejtivo pseudosociológico y de su sensibilidad.

De ese diario, y de la relación epistolar y telefónica que durante más de 30 años va a mantener con Foos, además de algunas visitas que el autor de Honrarás a tu padre (Alfaguara, 2011) hace a Aurora (Colorado) para conocerlo personalmente, se erige este libro de corte narrativo y de diario.

Foos se define como un «pionero de la investigación sexual». Explica que su material -obtenido sin el consentimiento de los implicados- es más auténtico y legítimo que el del Instituto Master&Johnson, cuyas investigaciones  revolucionaron los estudios sexuales y han sido producto de una exitosa serie de televisión, Master of Sex.

Como toda investigación periodística que se precie, la acompañan algunos documentos gráficos.  Entre los temas más controvertidos está el de un asesinato de una mujer a manos de su novio, que se produjo a causa de una negligencia de Foos. Aunque el periodista no encontró pruebas policiales que puedieran constatar la veracidad de los hechos.

A lo largo del texto Talese aparece como un investigador precavido, en general, mientras va recopilando información. En la versión española, reconoce algún baile de fechas. Es bueno para el periodismo que se cuestione a los grandes totem, que no se sientan intocables, cuando hay indicios de negligencias. Kapuscinski dio la sorpresa una vez fallecido. No es el caso. El autor de aquel memorable texto de Frank Sinatra que todos nombran sigue dando fuste al periodismo.

@cercodavid

 

Escapar. Historia de un rehén

img_0646Escapar – Guy Delisle – Astiberri

En julio de 1997 un grupo de cuatro individuos entró en la habitación de Christophe André mientras dormía. En el primer momento este trabajador de la ONG Médicos sin Fronteras pensó que venían a llevarse el dinero de la caja fuerte. No fue así. Aquello se convirtió en un secuestro que duró meses. Esta vez el autor de Crónicas birmanas (Astiberri, 2016) y Pyongyang (Astiberri) cuenta la historia de este rehén que vivió momentos de incertidumbre en la región del Cáucaso y temió por su vida.

Delisle resalta los diferentes estados de ánimo por los que pasa el protagonsita conforme pasan los días. La incomunicación  y la falta de información consiguen sumir a André en un estado de shock que lo coloca a los pies de la depresión. Para mantener cierta cordura el rehén intenta llevar la cuenta de los días de encierro. Tarea poco fácil, cuando las semanas se acumulan y no hay noticias ni de las instituciones gubernamentales ni de los familiares. El único contacto humano que tiene es cuando recibe la visita de sus guardianes con un cazo de sopa y un tarugo de pan.

Otro ardid para evitar la locura del encierro es la de rememorar algunas batallas. Como la de Napoleón en Austerlitz, cuando los ejércitos del  emperador francés derrotaron a la Gran Coalición. O momentos de la Guerra de Secesión. André intenta mantener la cabeza ocupada, difícil tarea cuando pasa un día tras otro esposado a un radiador.

Los colores azulados y grises consiguen imprimir a la historia el tono. La repetición de los días, esa rutina en la que se ve envuelto el protagonsita, transmite la impotencia y el sufrimiento que  se apodera del protagonista, el cual busca, en cualquier gesto o suceso, un indicio de libertad.

@cercodavid

 

Incertidumbre

img_0623Incertidumbre – Paco Inclán – Jekyll&Jill

Del autor de este libro hay una foto nada más abrir sus páginas.  A ella he acudido en numerosas ocasiones al leer estos relatos de viaje  o crónicas o reportajes o ficciones, cuando me he adentrado en esta manera clásica, pero no por ello menos gozosa, de narrar. Como si al observar la fotografía, ésta me fuera a revelar algo que se me escapa. Si destaco esto es por que he imaginado, igual que el lector que  no distingue entre autor/narrador/personaje, a este hombre  de mediana edad y rostro servero, viviendo las experiencias que   cuenta con  humor e ingenuidad/crueldad contenida. Aunque no es por una imagen que  Incertidumbre me haya parecido un libro muy recomendable.

Y dejaré de viajar para no tener que despedirme

En estos viajes, Inclán incurre en la primera persona, tan subjetiva como necesaria. En el primero de sus viajes se va a Irlanda del Norte o al norte de Irlanda, según quien mire, para ver  la final del campeonato de fútbol galéico en un pub, junto a una amiga que se desvive por conciliar la vida entre católicos y protestantes. Tampoco es para tanto, pueden decir muchos. Pero ahí está la gracia. No es el qué sino el cómo. La mirada del extranjero es aquí central. Esa mirada que penetra en los pequeños detalles y se deja impresionar por aquello que al paisano le pasa desapercibido porque la costumbre le ha adormecido los sentidos, igual que su capacidad para dejarse impresionar. «(…) si alguien viaja una semana a un lugar, escribe un libro; si viaja un mes, escribe un cuento, y si viaja un año, escribe dos líneas», dice el autor/narrador/personaje.

El segundo texto cuenta un viaje a Formentera, la isla dependiente de Ibiza, una isla que es a la vez dependiente de otra isla, Mallorca. Huyendo de las fiestas más populares de Valencia, su tierra,  Inclán busca las conexiones entre Julio Verne y el cruising, unas prácticas sexuales furtivas que los homosexuales mantienen en espacios públicos. Para ello se va al Faro de La Mola, inmortalizado por Verne y llevado a la pantalla, un siglo después, por el cineasta Julio Medem en Lucía y el sexo. Suena raro, y lo es. Pero el valenciano consigue levantar un relato entre íntimo, erudito y humorístico de gran originalidad.

Alcobendas, el Festival Internacional de Cine del Sahara en Dajla, un pequeño pueblo de Islandia en el que supuestamente vive el escritor más importante de esta isla o una pequeña comunidad en Guinea Ecuatorial, en la que un español con antecedentes que vivió a todo trapo la Ruta del Bacalao vive como uno más, son algunos de los espacios que Inclán cartografía con gracia y desparpajo.

El libro cierra con un texto más extenso: Hacia una psicogeografía de lo rural. Aquí el autor muestra un proyecto artístico desarrollado en Valladares, Vigo, con la ayuda del colectivo Alg-a Lab, la Fundación Campo Adentro y el Museo Reina Sofía, entre otros.  Inclán cuenta la experiencia. Intenta teorizar a partir del concepto situacionsita acuñado por Guy Debord: psicogeografía. Y, aunque la estructura del relato está arbitrada por las reglas del formato, Inclán incluye la perspectiva humanista, a lo Barley en El antropólogo  inocente, y convierte el texto casi en un cuento.

@cercodavid

 

 

La revista Zona Reservada recibe a Ricardo Lezón

fullsizerender6Puede que el contraste entre la melancolía que derraman las canciones de McEnroe y la euforia de los chavales que forman parte de Zona Reservada, la revista cultural elaborada en La Buena Vida, sea bastante grande. Pero esta tarde de sábado, del vitalismo adolescente a la introspección de las canciones de Ricardo Lezón (cantante de McEnroe) hay a penas unos pasos, que son los que separan al entrevistado de los entrevistadores.

Con jersey, vaqueros, un gorrito de lana y sus dos hijos de refuerzo -por lo que pueda pasar-, Ricardo Lezón llega a primera hora de la tarde, y se sienta frente a estos  chavales de entre 10 y 17 años. Nunca este cantante natural de Getxo se había expuesto antes a tantos y tan jóvenes preguntadores. Todos con su cuestionario, previamente elaborado, en círculo, y con una cámara de vídeo que no deja de observar, convierte a estos chicos en algo, si no inédito, sí inusual, alentador e ilusionante.

Antes de las preguntas, el silencio. Porque como buenos aprendices, en Zona Reservada saben que en una entrevista crear el clima apropiado es importante. “¿Qué es lo que te inspira?”, pregunta el primer chico. “Me inspiran muchas cosas. Sobre todo las experiencias personales. También cosas que me cuentan o que escucho por ahí. Y claro, las que me invento y leo en libros”, responde Lezón mientras se coloca el gorrito que arropa su cabeza.

El autor de  Rugen las flores acaba de publicar un nuevo disco al alimón con The New Raemon. Lo han titulado Lluvia y Truenos. Si al observar a Lezón tuvieramos que decidir cual de las dos fenómenos de la naturaleza le adjudicamos, sería fácil. Por su estatura y corpulencia sería el trueno. Pero sólo hay que escuchar su música y prestar atención a las letras para caer en la cuenta de que se acerca más a la lluvia; con los tonos menores, la voz suave y medio arrastrada, la lírica cargada de tristezas.

-Cuando escribes una canción, ¿qué es lo que haces primero, la música o la letra?

-Primero suelo tener una melodía, alrededor de una frase que se me ocurre. Es muy raro que salga una melodía sola con la guitarra. A veces me ocurre que me quedo atascado en una frase o una nota. Y otras veces, con el primer impulso, sale la canción de un tirón. Yo creo mucho en esos primero impulsos que te vienen a buscar.

img_0193Los chicos se van soltando. Se interesan  por los inicios de la banda en 2002. Por sus miembros. Por sus primeras grabaciones. Por su primer contrato discográfico con el sello Subterfurge. O por cómo surgió el nombre. Lezón les explica que McEnroe era un tenista de éxito de cuando él era adolescente. A él y a su hermano siempre les ha gustado el tenis, desde pequeños. Cuando jugaba a dobles con él, cuenta que siempre perdían por su culpa. Entonces Lezón siempre se disculpaba diciendo:”¡Qué te crees, yo no soy McEnroe!“. De ahí que a la hora de poner el nombre a la formación decidieran usar el nombre que surgió de aquella anécdota.

El cantante de McEnroe se da junto a los jóvenes redactores de Zona Reservada un paseo por los hitos que han conformado su  educación sentimental: libros, películas, aquellos deportes a los que siempre fue muy aficionado como el fútbol o el hockey hierba, y los discos. Del Julio Iglesias que escuchaba de pequeño en el coche con su madre a las bandas anglosajonas tipo The Smiths o The Cure que cambiaron su concepto de la música pop. “Aquellos artistas tenían un aura especial. Ahora tienes todo lo que quieras en Internet, pero hace unos años era muy diferente. Veía a aquellos grupos como algo inalcanzable. La primera vez que vi al cantante  de The Cure, con la cara pintada y aquellos pelos, pensé: quiero ser como él”.

Pero si hay algo que le apasiona en la actualidad a Lezón es la vida en el campo. El cantante les cuenta a los chicos la vida que tuvo hasta hace unos meses en un hotelito en Soria. Allí pasaba los días junto a la guitarra o dando paseos por la naturaleza en busca de ciervos, cuando no tenía clientes a los que atender. “Aunque siempre me olían, y casi nunca veía a ninguno. Con este cuerpo”, remata.

Agotadas las preguntas. Con el calor de las palabras en el cuerpo, Ricardo Lezón afina la guitarra. Trastea. Pulsa un acorde en falso. Pregunta si hay alguna petición. Se hace el silencio. Ahora, los chicos, expectantes y espectadores, ponen los cincos sentidos en las notas que salen de la guitarra y la voz que comienza a susurrar palabras.

Ricardo Lezón en Zona Reservada from latuerta.tv on Vimeo.

@cercodavid

Lou Reed era español

fullsizerender4 Lou Reed era español – Manuel Vilas – Malpaso

Un día Manuel Vilas (Barbastro, 1962) escuchó una voz. No una voz cualquiera, sino la Voz con mayúsculas. Como a Dios cuando le ponen copete. Sin saber la razón, aquella voz  llegó a lo más hondo de aquel muchacho ingenuo del Aragón profundo.  La voz cavernosa y gutural venía de Nueva York y tenía nombre y apellido: Lou Reed. Entonces el niño tuvo una epifanía. ¿Quién demonios era aquel hombre  de negro que parecía que le susurraba  directamente al oído  sin entender qué es lo que cantaba? ¿Qué poder era ese? Es ahí cuando el adolescente emprende un viaje. Primero a Lérida. Después a Andorra. Y así hasta recorrer la geografía española y su historia popular más reciente.  Lou Reed era español es una crónica, una autoficción borracha de licencias, una road movie alucinante y descabellada, escrita por un escritor con un gran sentido del humor y una fuerza poética genuina.

Ese viaje que emprende el protagonista es un viaje geográfico y físico, pero también cultural, moral, político. Y como si de un personaje de Conrad se tratase, también es un viaje a las tinieblas de la España casposa y cerril de finales de los 70, donde los pasajeros de los autobuses fuman puros farias y comen bocadillos de sardinas. Si el artista neoyorquino era el hombre de negro, Franco era el de blanco, además de un muro de censura y un estado mental del que España todavía no se ha repuesto aún del todo.

Las drogas, los matrimonios, los hoteles, los conciertos, la vida en la carretera, la censura, los poetas y los artistas, la confusión de una época convulsa y la huida hacia el siglo XXI, se suceden de manera trepidante en esta antifiesta loureediana que apela por el disfrute y la libertad absoluta a la hora de escribir y plantearse la literatura. El narrador muta, porque muta el paisaje y el paisanaje. España es el marco geográfico pero también un personaje.

Si con Setecientos millones de rinocerontes (Alfaguara, 2015) el escritor le daba un codazo a la novela, con Lou Reed era español, Vilas penetra en el género de la biografía que muta en autobiografía para  buscar el sentido de su obsesión. Igual que no hay un solo Lou Reed, tampoco hay un solo Vilas. Santos y locos. O locos y santos, en este  libro que germina cuando el rock’n’roll y la literatura se mezclan con la vida.

@cercodavid

#roncola, tapas y libros con Rosa Montero

kirmen-uribe-cartelNuestras noches de libros y tapas con autores nos permiten conocer la faceta más íntima del trabajo de algunos  de nuestros creadores más admirados. Hablamos libremente con el invitado en el mejor y más relajado ambiente de nuestra librería.

Nuestra próxima cita es el próximo jueves 16 de febrero, a las 21:00 horas

En esta ocasión nos visita Kirmen Uribe, (Ondárroa, 1970) licenciado en Filología Vasca y posgrado de Literatura Comparada en Trento (Italia). Premio Nacional de la Crítica por su poemario en euskera “Mientras tanto dame la mano”. Es también autor de proyectos multimedia en los que combina la poesía con diferentes disciplinas artísticas. En 2008 publicó su novela “Bilbao-New York-Bilbao” que obtuvo el Premio Nacional de la Crítica en euskera 2008 y el Premio Nacional de Literatura (Narrativa) 2009. Sus siguientes novelas “Lo que mueve el mundo” y  “La hora de despertarnos juntos” prosiguen en la búsqueda de nuevas formas novelísticas al utilizar y modificar biografías de personas reales como material para hacer ficción.

La inscripción de 15€ incluye la cena a base de tapas, 5€ en VALES descuento para la compra de libros puedes hacerla en la librería o en este enlace. La actividad comienza a las 21:00 horas.

Anteriormente, en nuestras noches de tapas y libros con autores, hemos disfrutado de:

21 de diembre de 2016: Rosa Montero

4 de febrero de 2016: Javier Cercas

7 de julio de 2015: Almudena Grandes

24 de junio de 2015: David Trueb

 

 

El duelo es esa cosa con alas

El duelo es esa cosa con alas

Max Porter – Rata Editorial

A pesar de abismarse a la tierra más fría y al mar más desconocido, Emily Dickinson seguía escuchando el canto de la Esperanza, esa cosa con alas. No le exigía pedazos de sí misma, sino que mantenía su melodía a pesar de las tormentas. Y en ese mismo lugar, constante, consolador y que se convierte en un punto de equilibrio cuando las rutinas se desmoronan, aparece el graznido del cuervo.

El duelo es esa cosa con alas es una novela escrita en forma de verso, como si el dolor fuera la materia de un poema épico de la intimidad, de los pequeños detalles que forman la vida y que dejan de funcionar cuando menos se espera. A partir de las intervenciones de tres voces (el padre, los hijos y el cuervo), va recorriendo todas contradicciones de la memoria, de la pena y la pérdida, enseñando a sus protagonistas a “mantener un equilibrio constante”, a “tener fe”, como un “aullido lastimero que dice sí que dice gracias que dice la vida sigue”.

El cuervo, que llega como una Mary Poppins para empujar, consolar y cuidar de una familia que ha perdido el centro de su órbita, es una sombra que sale de los versos de Ted Hughes (en quien está especializado el padre) y que, como el de Edgar Allan Poe, grazna sin descanso un “nunca más” capaz de horrorizar al principio pero que aporta el consuelo y la serenidad justos con el paso del tiempo. Como el plumaje revuelto del pájaro, padre e hijos ven cómo el tiempo y la tristeza les llenan de astillas abiertas hacia dentro.

Max Porter, editor de la revista Granta en Reino Unido, ha publicado uno de los libros que más eco han tenido entre las estanterías inglesas y hace unos días se posó en las baldas de la Buena Vida de la mano de Rata Editorial. Su graznido trae de vuelta el recuerdo de El año del pensamiento mágico de Joan Didion, las firmas de Cartas de cumpleaños de Ted Hughes, la serenidad de los poemas de Dickinson o la luz de las heridas de Anne Carson.

El inglés es la lengua con mejores términos para hablar del dolor de la pérdida y esta cosa con alas arrastra a sumideros de melancolía con la seguridad de que no va a soltarnos en el momento de peligro, de que su lenguaje y su ritmo mantendrán la esperanza, aunque resulte amarga.

“Larga vida a los animales imaginarios,

a la necesidad, al talento”.

Pilar Torres

20 años del estreno de La Buena Vida

El 13 de diciembre de 1996 se estrenó la película La buena vida. 20 años después, solo uno de los cines que la proyectó en su estreno sigue abierto. La película se sigue viendo igual, pero nada es igual. Tampoco para su director, David Trueba, y para los dos adolescentes que interpretaban los papeles principales: Lucía Jiménez y Fernando Ramallo. Para los tres era su primera película.

Este martes, 13 de diciembre de 2016, celebramos con ellos el 20 aniversario del estreno. Y lo hacemos dentro de los #UnpluggedMoments con la proyección de la película, un encuentro con el director y los actores que hablarán de su experiencia de entonces y desde entonces y compartirán una copa y picoteo con los asistentes.

A las 19:00 horas proyección de la película, y, a continuación, sobre las 21:00 horas, encuentro y picoteo. La asistencia con reserva incluye 5€ en VALES DESCUENTO PARA LA COMPRA DE LIBROS y puede realizarse en la librería o a través de este enlace.

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