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En la trampa. Tres ensayos

En la trampa. Herta MüllerEn la trampa. Tres ensayos.
Herta Müller – Siruela

Lo que piensa y siente un escritor aparece muchas veces en sus obras. No hay más que echar un vistazo por las estanterías de La Buena Vida, y no nos referimos sólo a las de las biografías. Puede hacerlo de manera intencionada o quizá sin reparar en ello, pero parece inevitable que algo de su persona aparezca en sus textos, lo mismo que algo de cada uno de nosotros hay siempre en cada cosa que hacemos. Sin embargo, a veces no reparamos en cómo lo hace, en los recursos que utiliza, en la manera que tiene de transmitimos aquello que nos acaba emocionando como lectores.

Herta Müller sí lo ha hecho, analizando a tres poetas marcados de manera irremediable por la época de la historia que les tocó vivir: Theodor Kramer, exiliado durante el nazismo, Ruth Klüger, superviviente del Holocausto e Inge Müller, poeta que acabó quitándose la vida.

Analizando sus textos, desgranando su dolor, Müller nos lleva por algunos de sus poemas y nos ayuda a leer lo que no está escrito, a entender lo que nos querían decir más allá de las duras palabras, a interpretarlo en su contexto, a ver cómo la escritura sirvió, una vez más, de vía de escape para estos autores.

A pesar del dolor y la rabia que experimentamos en algunos momentos por lo sucedido, merece la pena dedicarle tiempo a este libro para llegar a sentir la necesidad de escribir de Theodor Kramer, conocer la mentira que salvaría la vida de Ruth Klüger o descubrir el sentimiento de culpa de Inge Müller.

Lleno de textos de estos autores, es de agradecer el ejercicio que hace Herta Müller, cuyas reflexiones, como no podía ser de otra forma, se mezclan también con su propia historia.

Otra vida

Otra vida
Per Olov Enquist – Destino

Habíamos leído La biblioteca del Capitán Nemo con emoción, pero con una sensación de cierto hermetismo. Recuerdo que un cliente de La Buena Vida nos llegó a decir que le daba rabia no poder contrastar la traducción porque, a su juicio, sentía al leer el texto en castellano que se podía haber perdido algo.

Como Nórdica se toma muy en serio las traducciones, los libros, alos textos e, incluso, a los libreros, di por seguro que era una apreciación personal de ese cliente. Ahora, que he leído con el ánimo encogido la biografía del autor, entiendo que La biblioteca … es un libro que se disfruta más conociendo algunas claves, sobre todo porque la infancia de Enquist, todo lo que le rodeó cuando se crea  su imaginario personal son ya en sí mismo literatura.

Así que, la biografía de Enquist es un gran primer paso para conocer su obra, genera la curiosidad indispensable para atacar un libro de un autor muy poco conocido y que va a pagarte con sobrado talento cada página que leas.

Uno tiene la extraña sensación de estar comentando la biografía de un tipo que ha tenido éxito desde el primer momento en su vida. De hecho, su hermano murió y él sobrevive. Sus primeros libros, los premios, su carrera de periodista, dramaturgo … Pero, al mismo tiempo, hay una tensión vital fruto del hermetismo del mundo infantil claustrofóbico creado por su madre y el entorno rural y climatológico en el que crece, que nos lleva a pensar que, en cierto modo, el autor llega a considerarse un intruso, un farsante de su propia vida.

Ahora hay mucha literatura del yo, pero es bonito leer como biografía este libro. Es de la mejor literatura. ¡Pero es que es una biografía! Es una vida, real, subyugante, compleja, única, como todas. Con una prosa que permite entrar en la complejidad de los sentimientos, sensaciones y miedos íntimos de Enquist y, al mismo tiempo, conocer la otra cara de un escritor, el coste de la soledad aunque uno esté rodeado de fiesta y canapé.

Entrando por su biografía, Enquist ganará un montón de lectores fieles de sus novelas. Estas, fruto de la primera;  la primera, abono indispensable de las segundas. Gran lectura en verano para sentir, como dirían los de Nórdica, cómo ya llega la nieve, incluso en verano.

Nere Basabe, la literatura como refugio y rebeldía

nreNere Basabe (Bilbao, 1978) era esa niña que se sentaba al final de la clase con una novela mientras el profesor de turno emborronaba la pizarra con algoritmos salvajes y trigonometrías. La literatura era su refugio, la manera más digna de rebeldía. Lejos de que aquella desidia escolar la exiliase a la cantera de los suspensos, Basabe siempre llevó buenas notas a casa. Aunque hubo asignaturas, explica, por las que pasó de puntillas. Pasaron los años y Nere se licenció en políticas y se doctoró. Ahora presenta su segundo trabajo, El límite inferior (Salto de Página, 2015), una ficción con ecos de novela negra y giros inesperados que escribió en nueve meses, aunque llevaba años barruntando.

P- Han pasado siete años desde que publicaste tu primera novela Clara Venus (Tropo editores, 2008), ¿qué has estado haciendo durante todo este tiempo?

R- Tanto Clara Venus como El límite inferior se me ocurrieron en el mismo momento. No sé por qué decidí empezar con la primera. Soy una escritora de lenta maduración, necesito tener la idea mucho tiempo en la cabeza e ir familiarizándome con los personajes, dejar que la cosa germine y madure. Entre libro y libro me dediqué a lo que se dedica todo el mundo: a licenciarme, doctorarme, buscar empleo, cambiar de empleo y de país, a enamorarme y desenamorarme. Una vez que la novela había madurado en mi cabeza la comencé a escribir. Más tarde la reescribí, la corregí y se la pasé a los amigos. Después estuvo madurando en el cajón y más tarde tuve que conseguir un editor. Una vez que lo enconcontré esperé otro año más hasta que se publicó. Es cierto que el tiempo ha pasado, pero para mí ha sido un proceso bastante natural.

El límite inferior transcurre en La Solana, un lugar imaginario en cualquier lugar de la costa mediterránea. Todo ocurre en un fin de semana, tiempo suficiente para que la escritora vasca desmenuce la vida de sus cuatro personajes: Valeria y Víctor, una pareja que llega al pueblo para cerrar un acuerdo turbio con el concejal de urbanismo, una guía turística, Brigitte, que intenta olvidar la vida que dejó en Francia, y un artesano leninista, Breogán, un hombre  enamorado de una chica que nunca más volverá a ver. Las escenas se simultanean, se acompasan con precisión, “encajan como piezas de relojería”, explica la autora, que tuvo que trabajar con esquemas que iban describiendo cada momento del día para que nada se le escapase.

P- Te mueves en un registro de novela clásica en cuanto a tiempo espacio y acción, pero el giro que das a mitad la acerca mucho a la novela de género.

R- No tenía la intención de escribir una novela negra. Y no creo que se pueda etiquetar como tal. Es una novela de personajes. Algunos que la han leído recalcan el aspecto social vinculándola a la crisis. Mi idea era explicar que la crisis antes que económica era moral. Por eso quería centrarme en la patología de unos personajes que son incapaces de salir de sí mismos. Todos se sienten culpables de algo en su vida y, sin embargo, hacen poco por enmendarlo.

Nere rompe con esa regla que ella misma da en los talleres literarios que imparte: escribir sobre aquello que uno conoce. Ella prefiere explorar y adentrarse por caminos desconocidos, explotar la literatura y sus recursos para acercarse a personajes que estén en las antípodas de sus conocimientos y sensibilidad. Como un topógrafo, un constructor o una mujer que ha intentado asesinar a su hijo. La invención es un reto. Y comprender a esos personajes con comportamientos tan diferentes al suyo, una rémora de ingenuidad que arrastra de su formación humanística.

FullSizeRender(37)Como una mano que remueve el agua del pasado hasta dar con el secreto primigenio de cada existencia, Nere alumbra las distintas experiencias que determinan a los personajes. A su manera, cada uno de ellos lidia con los desencantos que la vida le ha puesto por delante. Precisamente, el límite inferior, explica, hace mención al lastre que arrastra cada uno. Y son esos límites, precisamente, los que los que marcan su manera de estar en el mundo. En esta ocasión, nunca fue tan cierto aquello de que el hábito hace el carácter y éste, el destino. El límite inferior es una novela cargada de dilemas morales. Y la literatura, para Nere, es el medio a través del cual diseccionar los comportamientos humanos y su toma de decisiones.

P- Querías escribir una novela actual, pero tal y como han sucedido los acontecimientos en los últimos años tiene un toque histórico.

R- La primera novela que escribí era histórica. Por eso en ésta quería hacer algo más cercano a la actualidad. Aunque es cierto, a mi pesar, que se ha convertido en algo histórico porque la novela trata sobre el momento inminente antes de la crisis y se presta a hacer una lectura a posteriori. Quizá porque vivía en Francia y los reportajes que allí leía en prensa o que veía en la tv francesa indicaban que íbamos hacia el desastre. Mirando a España desde fuera la verdad que todo asustaba bastante. Fíjate que incluso la tecnología se ha quedado anticuada, los protagonistas se mandan sms. Pero es algo que no me importa. Me sorprende, a veces, cuando sucede algo, y al mes ya ves un libro editado sobre ese tema. Es el mercado, que funciona a golpe de novedades.

P- Además elegiste un narrador en tercera.
R- A día de hoy el narrador omnisciente en tercera persona tiene bastante mala prensa. Ha quedado como algo del siglo XIX superado por la postmodernidad. Lo que ocurre es que para mí es bastante cómodo. Los relatos sí puedo trabajarlos en primera persona, pero para aguantar el aliento en una novela he preferido optar por la tercera, para mí es más natural. Con un narrador así pude entrar en todos los recovecos y no tuve limitaciones a la hora de expresarme. Siento que el hecho de escribir es un acto bastante demiúrgico. Eres tú, como escritor, el que muestras o lo que lo quieres mostrar o te guardas el as en la manga.
Con un giro a mitad de novela que recuerda a El mapa y el territorio, del polémico escritor francés Michel Houellebecq, El límite inferior ha sido comparada con En la orilla de Rafael Chirbes. También se la ha querido emparentar con la escritora madrileña Belén Gopegui. Aunque Basabe se siente más en sintonía con el escritor de Las partículas elementales. “Es la referencia más clara porque lo he leído con interés en los últimos años. Es el escritor que mejor ha sabido radiografiar la actualidad”, puntualiza. Afincada en Madrid, además de escribir sobre la soledad de los individuos y la deshumanización que vivimos en el siglo XXI, trabaja como traductora y colabora con El Viajero, el suplemento de el diario El País, donde escribe sobre la ciudad que mejor conoce, Bilbao. “Hay que aprovechar todo lo que sale”, dice, antes de dejar escapar una media sonrisa.

@cercodavid

El río de las luciérnagas

el-rio-de-las-luciernagasEl río de las luciérnagas
Teru Miyamoto – Alfabia

El fin de la niñez está muchas veces marcado por un evento puntual, en ocasiones traumático, siempre inesperado y sorprendente en esas edades, que viene a romper nuestro mundo infantil y, casi siempre, a mostrarnos que las cosas no son como las imaginábamos.

Las dos historias del libro de Miyamoto nos hablan de cómo sus jóvenes protagonistas descubren ese mundo de los mayores por dos acontecimientos que tienen lugar en su entorno más cercano.

Los ojos de Nabu-chan, un niño de ocho años, presenciarán la muerte de un carretero asiduo a la taberna de sus padres. Este suceso hará que conozca a otro niño de su edad con el que pronto entabla amistad. Pero su amigo no es como él, ni su familia es como la que él conoce, ni el lugar donde vive es como él podría imaginar. El contacto con esta familia tan distinta a la suya, la profesión de la madre de su amigo, las historias que éste le cuenta, la hermana… todo ello hará que Nabu-chan empiece a mirar el mundo de otra forma.

El protagonista de ‘El río de las luciérnagas’, ya adolescente, vivirá su primer amor, pero lo hará en un momento complicado, con su padre enfermo y la incógnita del futuro junto a su madre por delante. De fondo, el deseo de cumplir su sueño de presenciar uno de los espectáculos más sorprendentes de la naturaleza.

Por cierto, las dos historias tienen su versión cinematográfica según se señala en esta edición, para los que disfruten con las adaptaciones a la gran pantalla. ¡Con lo que nos gusta en La Buena Vida el séptimo arte!

García

garciaGarcía – Pablo García Casado – Visor

Advierte el poeta cordobés que en España hay más de un millón y medio de personas que se apellidan García, “un apellido sin título”. Engrosar esta lista no es un mérito, tampoco una fatalidad. Sólo significa que vas a planear de por vida sobre un apellido común. Nada grave. Recuerdo que cuando supe el significado de Miller, todo tomó otro cariz, y entendí que para hacer algo bien en la vida no hacía falta travestir al nombre con un trabalenguas.
Pablo tiene un apellido popular, pero su poesía es excelente. García es ciudadanía y política, paternidad y miedos, incertidumbres, cotidianeidad. Entre otras muchas cosas.
El poeta es padre y las preguntas lo devoran. No encuentra respuestas ni teléfonos que lo ayuden a convivir con la dentellada de la vida que desgarra cuando los hijos son el cielo y el infierno que a uno le ha tocado vivir. Así lo explica en el poema Call center:

[…] Pero qué pasa cuando es tu hijo el que no toma bien las sintonías. El que no emite bien los sonidos o equivoca los canales […] A quién le pides cuentas, cuál es el teléfono de servicio. Quién te ofrece una garantía. (24)

Hay quien confunde el retruécano con lo poético. Hay quien no ve la belleza o la amargura en lo cotidiano, por ello reviste el mundo con simposios imposibles. Embarrancar en el papel o  en la pantalla con largas palabras de piedra no es la función del poeta, y Pablo García lo sabe. Su poesía es la de un “español sin estridencias” que ama su tierra. En su voz se decanta el gusto de la  clase media, hoy día tan vapuleado por la crisis y por las políticas que piensan más en la Marca España que en la ciudadanía.

Las dos partes en las que se divide el poemario cuenta con momentos sorpresivos e imprevisbles. A veces los textos tienen la magnitud del microrelato. Aunque la hondura y la fuerza del drama lo rescatan  del género narrativo.  Hay un poema inmenso -no sólo ese- en el que aparece Cernuda, es el que cierra el poemario. Y si no fuera porque en La Buena Vida tenemos la sana costumbre de que nos vengan a comprar libros, transcribiría el García completo. Dejo aquí un fragmento de Pensando en Cernuda.

Estoy pensando en Cernuda mientras veo a mi hijo correr solo por el patio del colegio. Corriendo y saltando entre otros niños, acosado por enemigos imaginarios, como un personaje de videojuegos. Estoy pensando en Cernuda, paseando por Sevilla, joven y elegante, salpicado por barro de niños predelincuentes. […] (47)

@cercodavid

Aventuras de Alicia bajo tierra

Aventuras de Alicia bajo tierraAventuras de Alicia bajo tierra
Lewis Carroll – Esdrújula

¿Quién no conoce la historia de Alicia en el país de las maravillas? Las aventuras de esta niña forman parte de la memoria de cualquiera que haya leído o a quien le hayan leído libros en su infancia.

Lo que igual no todo el mundo sabe es que su autor, Charles Lutwidge Dogson, conocido como Lewis Carroll, se inventó esa historia para entrener a Alice Liddell y sus hermanas, hijas del deán del Chris Church de Oxford a donde él acudía con frecuencia. Lo que también es menos conocido es que, Aventuras de Alicia bajo tierra era originariamente también un cuento inventado para entretener a las niñas pero que, por el empeño de Alice, llegó a ser plasmado en papel posteriormente por su autor, lo que ha permitido que llegue hasta nuestros días. Y mejor aún, que lo haga con la caligrafía de Carroll y los dibujos que hizo para Alice.

En esta edición de Esdrújula podemos disfrutar de la historia y las ilustraciones con las que fue acompañada para regalársela a Alice por navidad, y eso es lo que hemos hecho en La Buena Vida.

Los personajes de este bonito cuento son los ya conocidos por los lectores del clásico: el conejo con prisa y otros animales habladores, la reina y el resto de cartas de la baraja, las botellas con el mensaje ‘bébeme’ que cambian el tamaño del que sigue las indicaciones…

Hay que felicitar doblemente a la editorial, por recuperar esta historia y por la edición que ha publicado de la misma donde podemos disfrutar del manuscrito original en inglés y además, si lo preferimos, leer la historia también traducida.

Dos regalos en uno para conmemorar el 150 aniversario de la publicación de Alicia en el País de las Maravillas.

Material rodante

58Material rodante
Gonzalo Maier – Minúscula

Cada uno de los vehículos con ruedas que construyen un tren (la locomotora, los coches de pasajeros o los furgones de carga) se llama material rodante. El término funciona para señalar las piezas que construyen ese puzzle capaz de cruzar fronteras, atravesar montañas o constitutir la rutina diaria de miles de personas.

En el libro de Maier (1981) los trenes son el modo de la escritura, el marco que condiciona sus anécdotas y reflexiones. Pero también este carácter versátil de los vehículos ferroviarios se refleja en las distintas piezas de su libro donde, en apenas 120 páginas, puede hablar de los viajes transoceánicos de la araucaria, baños holandeses y belgas, cantar las virtudes oblomovistas del pijama, pelearse con máquinas expendedoras, analizar los gestos de la revisora y chivarnos los trayectos en los que nunca piden el billete.

En Material rodante se mezclan anécdotas de la vida del escritor, sus reflexiones sobre viajar (lo poco trascendente que es cruzar fronteras y lo familiar que acaba siendo un paisaje recorrido a diario) y los secretos para llenar convenientemente una mochila literaria, que en La Buena Vida ya hemos empezado a estudiar para futuros viajes.

Maier, que lleva varios años viviendo en Lovaina (Bélgica) pero que trabaja en Nimega (Holanda), hace de los silencios en el tren un particular libro sobre viajes, lo que implica viajar en compañía y los equipajes que se pierden. Una breve alegría sobre cambiar de aires y cruzar vidas y campos desde la comodidad de un asiento transeuropeo.

Pilar Torres

Gente

genteGente
Peter Spier – Patio

Dice Peter Spier en las primeras páginas de este bonito libro que en el año 2050 seremos nada más y nada menos que 9,600,000,000 de personas en el planeta Tierra. Y todos diferentes.

De eso precisamente es de lo que nos habla a través de los dibujos acompañados de breves textos, de esas diferencias, porque cada uno de nosotros somos distintos a todos los demás. Según pasamos las páginas empezamos a ver la diversidad en los rasgos físicos: los ojos, la estatura, el color de la piel, el pelo, la nariz… A continuación repasamos las ropas que vestimos y las aficiones de las que disfrutamos en diferentes partes del mundo. A estas alturas del libro, los más pequeños de la casa ya habrán visto la gran variedad de seres humanos que existen.

Spier nos regala además pequeños catálogos de juegos tradicionales de diferentes partes del planeta, de construcciones en las que habitamos o de fiestas de las que disfrutamos, entre otras cosas. Pero no sólo eso, también nos habla de cómo lo que a unos hace felices a otros entristece, de las delicias culinarias de algunas zonas que en otros países ni se les ocurriría probar, de religiones, lenguas…

No le falta nada a este libro, que incluye también una pequeña crítica al sistema de rangos, grados y clases inventado por los hombres, y a los enfrentamientos causados precisamente por todo lo que nos cuenta, por nuestras diferencias.

Es muy extraño: algunas personas odian a otras porque no son como ellas. Porque son diferentes.
Olvidan que ellos también parecerían diferentes si se pudieran ver a través de los ojos de las otras personas.

En La Buena Vida coincidimos con lo que decía recientemente Isabella Rossellini en una conferencia teatral y que rescataba David Trueba en su columna de El País:

No estamos en el mundo para ser iguales a nadie ni competir con nadie, sino para festejar nuestra diferencia, nuestra diversidad como seres humanos.

Este libro es una buena forma de empezar cuanto antes con la celebración.

La isla de la infancia

La_isla_de_la_infancia_COB.inddLa primera vez que vi en la mesa de novedades de La Buena Vida el primer tomo de Mi lucha del escritor noruego Karl Ove Knausgard, La muerte del padre (Anagrama, 2012), me llamaron la atención dos cosas. La primera fue la foto amarillenta de la cubierta en la que un niño aparecía junto a un adulto sobre una piedra a los pies de un lago. La segunda, el nombre impronunciable del autor. Nada indicaba que el voluminoso libro fuera a acabar entre mis manos. Tres años después, he leído los tres tomos en el orden que el autor ha decidido y espero con ganas el cuarto volumen de la sexalogía.

El día exacto que me cambió el chip y decidí entrar en el universo Knausgard, no lo recuerdo, pero sé que ocurrió después de leer tantas críticas positivas, que reconocí que estábamos frente al último gran fenómeno literario. Se publicitan tantos libros de manera exagerada, y hay tan pocos que merezcan de verdad la pena. Otra cosa es si dentro de 50 años el escritor noruego será materia de estudio en las universidades, igual que hoy lo es Marcel Proust, uno de los escritores más recurrentes cuando se habla del autor de Un hombre enamorado (Anagrama, 2013).

En esta tercera entrega Knausgard rompe definitivamente con la cronología habitual y se despacha con 500 páginas. En ellas narra la infancia, ese periodo  tan especial y enigmático. En las anteriores entregas ya escribió sobre la adolescencia y la madurez -matrimonios, paternidad y las dificultades de conciliar esa realidad con la escritura-. En general, el tono y su capacidad narrativa son tan envolventes que en su país llegaron a decretar el día No-Knausgard, en el que estaba prohibido hablar de todo lo que estuviera relacionado con los libros y con el escritor.  En España no se ha llegado a tanto. Aunque sí he notado entre los lectores cierto enfebrecimiento en la lectura de esta autobiografía novelada.

“Un templado y nublado día del mes de agosto de 1969, un autobús por una estrecha carretera del extremo de una isla de la costa de Noruega, entre jardines y peñascos, prados y bosquecillos, subiendo y bajando pequeñas cuestas, doblando cerradas curvas, unas veces con árboles a ambos lados, como en un túnel, y otras pegada al mar”.  Así arranca La isla de la infancia donde el noruego cuenta su vida en la isla de Tramoya, cuando apenas era un bebé de ocho meses. En la narración el lector irá rellenando  huecos y entenderá cómo se formó el carácter del joven Karl,  junto a una madre, que  parece ausente, y un padre severo con un claro perfil de maltratador. En esta tercera entrega, el lector se acerca al niño plañidero y llorón, más tarde erigido en un rebelde que acaba convirtiéndose en un gran lector.

Este hombre de ojos ajados por un azul puro, con un busto como si éste hubiera salido de un buen peñasco – las mujeres que además de buenas lectoras no han pasado por alto el físico del escritor con halo de vikingo-,  rebusca en la memoria y muestra, con la mirada de un niño que sabe qué contar, un periodo de tiempo fundamental en la vida de cualquiera. Si las infancias siempre me parecieron definitorias en la formación de las personas aunque muy aburridas, Knausgard consigue encontrar el tono adecuado y convertir esos años en una narración trepidante y compleja, donde ficción y realidad, experiencias primigenias y de formación, se ensamblan en un texto verdadero, transformando, una vez más, la materia prima de la vida en una gran obra literaria.

@cercodavid

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