Daniel Ruiz García: “La empresa no necesita héroes, necesita esclavos”

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Cuenta Daniel Ruiz García (Sevilla, 1976) que hasta hace poco no tenía más de cuarenta lectores, a los que quería mucho, pero las cuentas no le salían. “Llegó un momento en que el hecho de publicar me aportaba más insatisfacciones que alegrías. Hoy se lee menos que nunca y la figura del escritor está muy devaluada”, explica este profesional de la comunicación política que, a base de madrugar de lunes a viernes, de 5:30 a 8, ha parido ya casi una decena de novelas. Acaba de publicar La gran ola (Tusquets, 2016), la segunda en el sello Tusquets Editores, una sátira coral sobre el mundo de la empresa.

P-En Todo está bien (Tusquets, 2015), tu anterior novela, había algún que otro personaje heroico. En La gran ola no hay espacio para ellos.

R- En la novela no hay ningún héroe porque en una empresa no hay nadie heroico. Llama la atención que el personaje que más simpatía produzca sea el más salvaje y ácrata, el que sueña con volarlo todo por los aires. Nunca me planteé introducir un personaje  de perfil épico en esta novela porque creo que en el mundo de la empresa las heroicidades no existen, y si existen están penadas con la invisibilidad y la desaparición. La empresa no necesita héroes, necesita esclavos.

P-¿Qué es la gran ola? ¿Qué significado tiene en el texto?

R-Lo que significa para los personajes de la novela es no perder la oportunidad de seguir avanzando a favor de la corriente, aunque esta sea pútrida y esté infectada de mierda. Da igual estar manchado de barro. Es una moraleja bastante cínica, pero define bien lo que pretende ser el tono de la novela: el de la supervivencia y la competencia de arribistas que pretenden medrar a cualquier precio.

P-En tu anterior novela tocaste el mundo de la política y ahora te has atrevido con el de la empresa, ¿qué es lo que te empujó a escribir sobre ello?

R-Normalmente la espita que me empuja a abordar una nueva novela siempre tiene que ver con un elemento de la realidad que me produce extrañeza, rechazo o repulsa. Ese resorte está en todas mis novelas. Es una reacción. En los últimos tiempos me ha interesado todo lo que tiene que ver con la crisis y sus consecuencias, como la devaluación de las condiciones de vida, el empobrecimiento, la pérdida de derechos y, en el caso de La gran ola, la depredación de las formas de gestión empresarial asociadas a esta situación de crisis.

P-¿Y el coaching?

R-En efecto, La gran ola, además,  viene motivada por el fenómeno del coaching, que se está convirtiendo en un legitimador de prácticas poscapitalistas absolutamente aberrantes. Lo que he pretendido mostrar en la novela es la realidad de un mundo empresarial, el actual, dominado por unas dinámicas de sálvese quien pueda y perro como perro.

P- La visión que das de los profesionales del coach es muy dura.

R-Estamos viviendo un momento de oscuridad que nos está devolviendo al medioevo, al pensamiento de la brujería y de los chamanes. Esto tiene una traslación al coaching. Yo creo que hay muchos coach que  no dejan de ser unos gurús que defienden teorías peregrinas y difícilmente defendibles desde un postulado racional y científico. Hay discursos en los que conviven frases de Steve Jobs y de Nelson Mandela con otras un de Woody Allen, de Gandhi o de Michael Jordan. Es una especie de gazpacho difícilmente digerible. Lo que ocurre es que lo envuelven en un pack buen rollista que provoca una gran confusión. La mayor parte de los coach que me he encontrado son cómicos que hacen monólogos. Aunque con el lenguaje de las corbatas,  orientado al pensamiento mágico.

P-También le zurras a los TED.

R-El TED es de implantación norteamericana. Surgió al calor de Silicon Valley y del brillo asociado a la productividad. He tenido la oportunidad de presenciar más de uno y me parece una fabulosa pantomima con una carcasa que representa muy bien este espíritu del neocoaching. Es todo pura imagen. Al final, lo que vemos es un escenario barroco  muy sofisticado, pero a poco que rasques es bastante lamentable. Obviamente hay profesionales que han hecho cosas interesantes. Yo he visto desfilar por los TED a personas con un discurso absolutamente mediocre, basados en  mantras como: el hazlo tú mismo, el huir de la zona de confort y alejarte de las personas tóxicas. O los típicos discursos de creatividad,  motivación y  liderazgo. Al final, sus discursos  no esconden más que vacío. El TED me parece una experiencia extraordinaria como visualización de ese espíritu del coaching que demuestra la implantación que está teniendo toda esta espiritualidad de corbata en el mundo moderno.

P-Hablando de mantras, en La gran ola hay dos que marcan el ritmo de la narración.  El primero dice: “La suerte es una puta escurridiza. Y cuando se te cruza tienes que follártela”.

R-El primer motivo es bastante zafio. Está además en boca de un personaje que encarna los males del capitalismo asociado a la industria del ladrillo mal entendido: dinero fácil, pegar el pelotazo, llenarte los bolsillos y de todo ese paisaje que tanto proliferó en los años del boom del ladrillo en España.

P-Además el tono en general de la novela está plagado de machismo.

R-Sí, porque la novela aborda también el machismo en el mundo de la empresa. Hay muchos tics machistas. De hecho, las figuras femeninas que salen son discriminadas o tratadas con bastante desprecio. En esta época de capitalismo salvaje muchas veces la figura de la mujer solo triunfa cuando tiene comportamientos masculinos.

P-El otro mantra incide en la intromisión del coach en la vida personal de uno de los personajes.

R-Sí. El segundo mantra es muy recurrente en los coach. Siempre están preguntándote por la satisfacción personal. Al final lo que hay es una inquisición en tu productividad y tu capacidad. Al personaje al que preguntan por cómo se siente en la vida, no está satisfecho ni en lo laboral ni en lo personal, porque la empresa le está exigiendo constantemente mejores resultados y mayor productividad. Con lo cual, la misma empresa que le pregunta si está satisfecho con su vida, lo obliga a la depredación en su entorno. Eso hace infeliz al personaje.

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Desde que debutó con Chatarra (Calambur, 1998), Daniel Ruiz García ha practicado una literatura de doble filo. Por un lado, las tramas consiguen que el lector se enganche en el primer capítulo. Late el pulso del escritor influido por los autores de género, que tanto le gustaban a su padre y a su hermano, también escritor. Y por otro, el ramalazo poético destaca como una veta de mineral precioso que brilla en medio de los párrafos. En lo temático el autor aborda la literatura desde un punto de vista social. Pero su forma viene cargada de un fuerte tono lírico que explota con escenas de gran plasticidad.  Nelson Algren, Hubert Selby Jr., pasando por Federico García Lorca y la huella de que ha dejado la tradición literaria española, son algunas de las referencias de cabecera de Ruiz García.

P- En la novela hay una tensión constante entre la voluntad de estilo y la de concreción.

R- Antes era más amigo del recreo y de la adiposidad. No consideraba elementos como la eficacia, que ahora sí están muy presentes en mi novela. Eso lo veo claro en escritores norteamericanos, por ejemplo del género negro, que van a donde quieren ir. Siempre he hecho mucho trabajo de poda. Y he tirado muchas cosas al cubo de la basura. Ahora ese ejercicio de poda consiste en frenarme a mí mismo, a través de un fiscal interno que tengo, que me dice por dónde tengo que tirar y si lo que escribo va a aportar algo a la historia. Me gusta concebir la novela con un componente de musculatura importante. Me gusta que cada capítulo sea una estructura cerrada. Evitar todo lo prescindible. La novela perfecta es la que integra a la perfección fondo y  forma.

P-Entonces, entre Carver y Valle-Inclán, ¿con quién te quedas?

R-Me gustan los cuentos de Carver, pero la literatura de Valle-Inclán tiene una potencia expresiva que raramente puede alcanzar un norteamericano. Hoy hay autores españoles que escriben como americanos y tengo la sensación de que están incurriendo en un ejercicio de pobreza importante. Al final sus textos parecen traducciones de textos americanos. Yo creo que se puede hacer literatura sobria sin renunciar a las bondades de la lengua castellana.

P-La violencia es algo que no cesa. El tono me recuerda a anteriores novelas tuyas como Perrera (Norma, 2009) o  incluso a Todo está bien.

R-Vivimos tiempos muy violentos. Y muy competitivos. Esta novela es una reflexión y una proyección de las manifestaciones de la violencia en distintos ámbitos de la vida. En el ámbito doméstico, en el escolar y en el deportivo. Las formas de expresión actuales están dominadas por un sistema que nos aboca cada vez más a la depredación. Como señalé antes, es la dinámica del perro come perro.

@cercodavid

 

Años salvajes

anos-salvajesAños salvajes
William Finnegan – Libros del Asteroide

Por fin superamos cierto recelo inicial (‘¿No será demasiado surf para mi?’) y nos atrevimos con el libro de William Finnegan, que lleva ya algunas semanas en nuestra mesa de novedades.

No hace falta decir que cualquier aficionado a este deporte lo disfrutará sin duda de principio a fin, pero hay que destacar que también es una gran lectura para aquellos que no sabemos diferenciar una derecha de una izquierda al hablar de olas, y que si leemos ‘invento’ nos viene como primera imagen una bombilla encendida sobre una cabeza pensante.

Porque bajo esa historia de jóvenes con su tabla bajo el brazo o sobre la cabeza que llenan las playas en busca de grandes olas, detrás de esos ojos atentos a cada uno de los movimientos del viento o del mar para elegir el momento exacto en el que entrar a surfear, está la vida del escritor, la de un joven que abandona su casa en busca de la mejor ola y recorre un mundo que a veces le sorprende, le asusta o le hace reflexionar sobre las injusticias que encierra y comprometerse a su vuelta en denunciarlas a través de su trabajo de periodista.

Aunque acompañado, en este largo viaje hay tiempo para sentirse solo, para echar de menos a la familia que se deja al partir, o de más a los que le acompañan a uno por el camino, para saberse observado con recelo al ser reconocido como blanco americano. Pero también, cómo no, para enamorarse, para conocer a otros grandes surfistas de cuyos semblantes aparecen salpicadas las páginas del libro y para descubrir los códigos de aquellos con los que se comparte la práctica de este deporte en diferentes países. También para saber cómo se siente un surfista ante una gran ola, qué pasa por su cabeza cuando no está seguro de poder surfearla o, peor aún, cuando ha sido derribado por ella y se encuentra debajo del agua buscando la manera de salir a flote. Porque el surf es un deporte de riesgo en el que tan importante es saber leer las olas para atrapar las mejores, como calibrar el peligro que entrañan para no meterse en alguna de la que después no se pueda salir. Un deporte en el que la perseverancia y la fortaleza se hacen, además, indispensables.

Las aventuras y desventuras de Finnegan en este largo viaje sirven también de escenario para contarnos la historia de una práctica deportiva que comenzó siendo minoritaria, con revistas especializadas que omitían información sobre la localización de las últimas grandes olas descubiertas, más allá de indicar el continente en el que encontrarlas, y que se convirtió en una atracción para un turismo adinerado, un nicho en el que algunos encontraron grandes beneficios haciéndose incluso con la ‘propiedad’ de alguna de esas grandes olas.

Pero además la práctica de este deporte es toda una filosofía de vida que afecta a todos los ámbitos: familia, amigos, trabajo… todo gira alrededor de ese instante en el que aparece la ola perfecta. Y no hay nada más. Por eso es importante encontrar la forma de que todo encaje y conviva con el surf sin grandes conflictos, algo que no siempre resulta fácil.

Al terminar el libro tenemos la impresión de haber vivido también esos ‘Años salvajes’ de Finnegan desde el vagón del metro o nuestro sillón de lectura. Como su protagonista hemos tenido la necesidad de parar en alguna ocasión entre ola y ola para no acabar tragando agua, pero siempre hemos vuelto a ponernos de pie sobre la tabla para disfrutar desde una posición privilegiada de esa inmensidad de tonos que adquiere el agua salada, de sus profundidades, de los accidentes geográficos que sirven de referencia al surfear o de los espacios naturales que abrazan las grandes olas.

Es un viaje de vida, de aventuras también, con mucho surf, sí, pero sobre todo mucha vida, pura vida.

Paula Fuertes

El diario de Kaspar Hauser


Paolo Febbraro – La Palma
Traducido del italiano por Bruno Mesa

A partir del enigmático personaje de Kaspar Hauser, el joven que apareció en 1828 en Núrenberg y del que se desconocía su pasado, salvo leves pinceladas que, a diferencia del “niño salvaje” situaban su infancia en palacios, pero que fue hasta su muerte violenta un paradigma de inocencia, Paolo Febbraro crea una obra filosófica- poética en la que las preguntas y la mirada inocente nos descubren una verdad a la que el lirismo de Febbraro no quita su impecable cartesianismo.

Una poesía llena de encanto y emoción ante el descubrimientoque combina con ingenio y delicada racionalidad que merece una lectura sosegada. Un poemario maravilloso que en La Buena Vida recomendamos encarecidamente en un invierno de 2017, descubriendo charcos en el asfalto:

“Camino tras la lluvia
y el barro de las huellas
me sigue en silencio.
Sobre roca vuelvo solo”

Tan poca vida

Tan poca vida
Hanya Yanagihara – Lumen
Traducida del inglés por Aurora Echevarría Pérez

Estas grandes, por largas, novelas americanas que nos llegan sin parar, muy a menudo no alcanzan un mínimo de calidad que justifique su longitud y solemos echar de menos el trabajo de un editor valiente que elimine lo malo que tiene intentar escribir una obra maestra sin llegar a hacerlo, y se aplique en el empeño de buscar “solo” una buena novela. Así que nos leemos “Tan poca vida” con muy poca paciencia. Un relato paciente que nos va presentando un grupo de amigos en una historia que vuelve atrás en el tiempo para situarnos psicológicamente a los personajes y la relación entre ellos, y que gira en torno a un protagonista que ha conseguido sobrevivir a una infancia brutal y ha quedado tullido emocional, física y psicológicamente.

La vida de este personaje es el gran acierto de la novela, que lleva hasta extremos pavorosos y realmente difíciles de leer sin estremecimiento, las consecuencias insuperables de las heridas de la infancia y juventud, dejando a una persona herida buscando una y otra vez cómo soportar un dolor que ya nadie ni nada puede borrar. Pero la novela no cae en el sentimentalismo facilón, sino que traslada al lector la tensión de la vida de los personajes con una prosa cuidada, que sabiamente cambia de narrador en momentos puntuales.

Desde luego la vida torturada de este personaje eclipsa todos los otros temas que plantea la novela, pero hay sitio en estas más de mil páginas para dar un buen repaso al significado del sexo en nuestra vida afectiva, a los límites invisibles entre la amistad y el amor, la camaradería y la solidaridad. Realmente la novela te hace pensar en esos grupos de amigos, que se reúnen muy frecuentemente y que no por eso pueden perderse una reunión sin sentir que se han perdido algo importante, porque lo importante, siempre surge en el mero estar, en la cotidianidad, en esos momentos en los que parece que no pasa nada y, así,su prosa nos impide dejar la historia, sabedores de que es precisamente en los pequeños detalles donde vamos encontrando la información, las respuestas a cada tema importante de la historia.

Una magnífica novela, no apta para estresados ni para lectores impresionables, pero que resulta un reto que encuentra la gratificación al final, sin necesidad de una sorpresa inesperada. Acabando como la vida misma, casi siempre, de repente, en un momento en que parecía que lo teníamos todo bajo control.

Preparación para la próxima vida

Preparación para la próxima vida
Atticus Lish – Sexto Piso
Traducción del inglés por Magadalena Palmer

Un soldado de infantería empastillado andando sonámbulo por un NY de periferias, gimnasios con hedor a sudor y polígonos industriales.
Una inmigrante ilegal trabajadora, sin nada que la ate a su pasado salvo imágenes de infancia, empeñada en sobrevivir, solo esa gran aventura de la supervivencia.

Bares, putas, armas, yonquies, habitaciones en sótanos, el metro cuando sale del centro, los cruces de carreteras cuando ya no hay aceras, todo está en esta novela, un permanente anhelo de algo más, de un rayo de esperanza y quizás el amor, entre la más desoladora composición de las ciudades modernas con la cámara puesta en la vista al alcance de los desfavorecidos, o mejor dicho, de los invisibles.

Así que no esperes condescendencia, porque el autor te va a hacer sudar, corriendo en vaqueros y chanclas por toda la ciudad, tomando Red Bulls para mantenerte vivo y entrando en garitos donde no te gustaría que te viera tu madre. Total, desde pequeñitos nos dicen que nos preparemos para el futuro y, al final, de algún modo, estamos siempre preparándonos para la otra vida. “Despierta bajo tu responsabilidad”.

La España vacía

img_0780La España vacía – Sergio Del Molino – Turner

Hay narradores que encuentran en el ensayo un espacio donde  ampliar el espectro de sus intereses, y el de sus lectores, alejándose de lo estrictamente  literario. España, como tema, ha sido  tratado, y mucho. Desde Unamuno a Madariaga, por citar a dos grandes de las letras españolas. O aquel Gárgoris y Habidis. Una historia mágica de España (1978) con el que el  controvertido Sánchez Dragó se llevó el Premio Nacional de Literatura.  Con La España vacía, Sergio del Molino (Madrid, 1979) viene a ampliar, de manera inteligente y poco convencional, la basta bibliografía sobre nuestro país.

Es en un viaje por Gales, cuenta en el prólogo el escritor madrileño, como comienza este relato fascinante donde el autor de Hora violeta (Literatura Random House, 2013) le toma las medidas a su país, al ámbito rural y más deshabitado. ¿Sabía el lector que España es geográficamente más grande de lo que vemos en los mapas? ¿Qué relación existe entre Las Hurdes, Marañon y Buñuel con el socialista Fernández Vara? ¿Cómo juntar sin que chirríe al locutor de los 40 Principales Joaquín Luqui con las Guerras Carlistas?  Estos son sólo algunas ejemplos.  Del Molino despliega originalidad,  mezcla con acierto ámbitos y personajes, épocas históricas y sensiblidades muy diferentes para ofrecer un trabajo ameno, divulgativo y personal.

Si con sus dos últimas entregas este maño de adopción había acostumbrado a sus lectores a la literatura del yo, con La España vacía abre el diafragma, y de contarse como individuo, pasa a contarnos como sociedad. Del yo al nosotros. Un nosotros que nos enfrenta con las contradicciones, las carencias, lo peor y lo mejor de los españoles. De la visión ruinoso con la que Cervantes pinta  Castilla, al terregal luminoso con el Azorín lo ve, pasando por el contemplativo beatus ille de Bécquer -por poner otro ejemplo-. El  recorrido por la historia y la geografía española es pertinente, alejado de academicismos y convenciones.  La mezcla de datos y experiencia personal confluyen en su justa medida. Y consiguen que  sea una lectura apasionante. La España vacía  ha sido galardonada con  el Premio del Gremio de Libreros de Madrid’16 en  no ficción.

@cercodavid

Pequeño Vampir

Pequeño Vampir

Joann Sfar – Fulgencio Pimentel

En el prólogo de estas nuevas aventuras de Vampir, el ser con las mejores noches en vela de la historia del cómic se cansa de ser adulto. Y como los vampiros no envejecen porque ya están muertos, solo tienen una opción: volver a la infancia para no ser grandes Cantamañanas.

Vampir se convierte en un niño de menos de un metro, cansado de estar en casa con los adultos y con ganas de ir al colegio a aprender y conocer amigos. Pero claro, las noches son para descansar en camas calentitas, no para compartir lecciones de matemáticas con monstruos y fantasmas. El pequeño vampiro, que es muy pasota pero aplicado, le hace los deberes a Miguel y de ahí surge una amistad donde no faltan aventuras y vuelos nocturnos.

El protagonista de estas aventuras donde se bebe más chocolate que sangre abandona aquí sus devaneos amorosos y se entrega a la aventura pura, en mundos alucinados donde los monstruos son grandes pero no dan miedo, donde ser pequeño y tener cara de no ver el sol suma puntos para convertirse en el héroe salvavidas, ya sea en los mundos que se esconden en los cuadros  o en los sueños japoneses.

En La Buena Vida se reciben con una alegría especial los libros que se devoran para engordar la felicidad. Y Pequeño Vampir es uno de esos perfectos para tirarse a la bartola, abrirlo con ansiedad y sumergirse en mundos y aventuras para zurdos fatasmales. Una lectura perfecta para desafiar las normas y pasar las noches en vela.

Pilar Torres

Contra el tiempo. Filosofía práctica del instante

Contra el tiempo. Filosofía práctica del instante

Luciano Concheiro – Anagrama

Finalista Premio Anagrama de Ensayo 2016

El capitalismo trinfó cuando se hizo con el control de las manillas del reloj. Se dedicó a acelerar su marcha, poner en todas las bocas el rendimiento y hacer que el dinero creciera más rápido. La revolución industrial es, en suma, la búsqueda de la aceleración del tiempo para transformar más materia en más dinero. Y desde esa conquista era fácil llegar a otros territorios, como la comunicación: el capital es hoy una fuerza que no quiere hacernos consumir más y más gratuitamente, sino que se ha resemantizado, es la forma que tenemos de comunicarnos, de dar voz a nuestro lugar en el mundo.

Concheiro, con tan solo 24 años, abre el engranaje del sistema, analiza su historia desde el siglo XIX hasta nuestros días y observa cómo afecta la aceleración de la maquinaria a la vida humana, cómo le roba el aire y las seguridades. Este joven mexicano traza un discurso sobre la época que nos toca vivir, en la línea de Byung-Chul Han o Gilles Lipovetsky, para conseguir sintentizar el diagnóstico y el tratamiento más acertado para el mal de la época. Concheiro entiende la filosofía como una forma de encontrar el buen vivir, ese que nos limpie las gafas de la vida para poder cambiar la visión de un mundo que, ni económica ni estéticamente, podemos transformar.

Ese cambio en la visión del mundo es la salida que plantea el mundo, la filosofía del instante. Solo en los tiempos que no corren, pero que significan, se puede encontrar la tangente del sistema. Contra el tiempo no es un libro revolucionario, sino un manual para jugar al escondite, para escaparse de las reglas aceleradas. Cuando se hace de noche, La Buena Vida se convierte en un refugio perfecto, un lugar donde los instantes se hacen lectura y ahí se resiste, se huye y se rehace el tiempo, y Contra el tiempo ayuda a plantear una nueva posición estética, como al incluir las fotografías de Gabriel Orozco, momentos que están a punto de difuminarse pero en los que queda un destello de algo inacabable.

Pilar Torres

La Triunfante

Processed with VSCO with 6 presetLa Triunfante – Teresa Cremisi – Anagrama – Traducción de Jordi Terré

Las doce y media. Rápido ha pasado el tiempo
desde las nueve en que encendí la lámpara
y me senté aquí. Sentado sin leer,
y sin hablar. Con quién hablar
tan solo como estoy en esta casa.

 
Los destellos del Mediterráneo son el espejo donde se han mirado todo tipo de historias. Desde Homero, que miraba el azur y contaba naves y pueblos, las vidas en tránsito constante, los comerciantes y viajeros que veían desde lejos los brillos de Oriente, han creado amarres cuando aparecía la tierra. De alguna manera todos los puertos del Mediterráneo se tocan, hablan el idioma de un agua donde las batallas llenaban la espuma de sangre y los aromas se mezclaban de una bodega a otra.
La Triunfante del título es uno de esos barcos que desplegaba las velas más allá de las paredes de rocas. Confunde, porque su deriva elegante no pertenece a los grandes hechos de la historia, ni aparece en películas y grandes museos. Como la narradora de esta novela, su triunfo se pierde en el horizonte, sin más huellas que las que deja en el recuerdo.
La primera novela de Teresa Cremisi, importante editora de las francesas Gallimard y Flamillion, toma esos reflejos del Mediterráneo para hablar  de sus recuerdos sin traicionar nunca a la elegancia. Están los ambientes que construyen su vida, la infancia en Alejandría cuando las orillas del mar se mezclaban de un extremo a otro, con pasaportes falsificados. Está la llegada a Italia y el caos, donde el conde Mosca de La cartuja de Parma es la voz de la conciencia para sobrevivir lejos del mar. Están el éxito, los vértigos, la huida y el cansancio. París y la felicidad, tan efímera que solo la descubres cuando se ha desvanecido. Y, al fin, una retirada en la calma amalfitana, con la frescura de la juventud en la mirada pero con toda la historia ya contada.
En La Triunfante el éxito no sabe a victoria, sino siempre a incomodidad y sorpresa. Es una novela sobre el trabajo, que se aleja de muchas expectativas pero que enseña a caminar en otros paseos. Sobre la familia, los secretos que guarda y cómo la admiración y el misterio de la infancia tiñen toda la vida. Sobre el amor que se toma con calma, sin mareas. Un libro que se sienta, como el poema de Cavafis, a dejar que deambule la mirada por las aristas de la vida y que, sin grandes rimbombancias, traza una travesía de Oriente a Occidente, de la infancia a la desubicación adulta sin perder la sorpresa en la mirada. Desde La Buena Vida no puede verse el mar, pero siempre quedan libros llenos de sal entre las guardas.
Pilar Torres

La séptima función del lenguaje

La séptima función del lenguaje

Laurent Binet – Seix Barral

En La Buena Vida somos muy dados a marcarnos principios muy firmes solo por el gusto de saltárnoslos. Uno de los míos es despreciar con mi indiferencia a la novela policiaca, pero en cuanto vi Roland Barthes en la contra del nuevo libro de Binet tuve que lanzarme sobre él antes de que algún semiólogo se me adelantara.

La séptima función del lenguaje despliega la rive gauche de los ochenta a partir del atropello de Roland Barthes por una furgoneta tras una reunión con el candidato Mitterand. Sus amigos, enemigos y envidiosos con nombres que ilustraban portadas (Kristeva, Sollers, Foucault, Derrida o Lacan) van desfilando ante la atónita mirada de un Watson reaccionario, el inspector Bayard, y un Sherlock que deja la teoría sobre James Bond para convertirse en un superhéroe capaz de leerlos signos ocultos con un traje impoluto. Porque aquí el lenguaje es el arma de destrucción masiva que, una vez activado, puede hacer estallar el equilibrio internacional, las elecciones presidenciales o la jerarquía de poder entre los filósofos del lenguaje a ambos lados del océano.

Al esquema de la novela policíaca, con sus crímenes pasionales, robos asombrosos, escenarios secretos y sospechosos que se pasan continuamente el testigo, Binet suma un juego de risas al imaginar la vida íntima de los pensadores más reconocidos de la época. Su sordidez, sus comentarios inexplicables y misteriosos tiñen también el lenguaje de la novela, como si pudiéramos abismarnos ligeramente en la mente de Foucault, Kristeva o Derrida.

Como en El secuestro de Perec, aquí el objeto perdido es tan etéreo y misterioso que continuamente despierta el asombro y la intriga de cómo ha llegado la situación hasta ese punto. Pero la semiótica pronto conquista, porque no hay nada más detectivesco que buscar los indicios de lo que somos y escondemos a partir de lo poco que se muestra, de las palabras que se eligen  y los gestos con los que se saluda. El lenguaje se convierte en el principal arma de los personajes de la novela, que necesitan encontrar las teclas perfectas para detonarla antes que sus contrincantes.

La séptima función del lenguaje es un libro entretenidísimo que homenajea sin vergüenza ni reverencia a la vida intelectual de la Francia de los 70 y 80, aquella que sentó las bases para muchas de las interpretaciones filosóficas que se hacen hoy en día. Althusser, Derrida, Searle, Jakobson, Derrida, Judith Butler, Umberto Eco o Barthes son aquí piezas fundamentales en los poderes oscuros del mundo, como si a los conspiranoicos de las novelas policiacas les gustara salir y discutir en prime time. Una novela que convierte la realidad en mitología y relee la historia desde la opción menos realista posible.

Pilar Torres
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