Aire de Dylan
Enrique Vila-Matas – Anagrama
En este caso es más fácil dejar que el libro hable. Estos son algunos extractos escogidos, unos de tantos, y unos cuantos comentarios de lector agradecido para caminar por él.
“Un nombre no da ninguna pista importante sobre quien lo lleva”.
Dylan es un músico incatalogable. No se parece a nada. A nadie. Ni a él mismo.
A Vilnius, el protagonista de la novela de Vila-Matas, le pasa igual. Nada tiene que ver con el parecido. Quizá sea una atmósfera. Una determinada forma de movimiento. Su historia es un trozo de vida ocupando el (su) espacio.
“Los viajes discurren siempre por dentro de uno mismo”.
Vila-Matas aprovecha esta certeza al máximo. Se vale de la risa y del hiperrealismo radical que da lugar al absurdo para viajar a Vilnius y recorrer con él la disparatada cartografía de caminos que analiza y descubre tras la muerte de su padre.
“Sólo sé que la realidad puede permitirse el lujo de ser increíble, inexplicable”.
Por eso confecciona su Aire de Dylan como un himno placentero y libre que conecta directamente con Los inconsolables de Ishiguro y con esa habilidad tan de Houellebecq de meter los dedos en los ojos ajenos, pero con la retranca de Eduardo Mendoza. Sin parecer más listo o provocador que nadie.
“El arte es también escapar de lo que creen que eres o de lo que esperan de ti”.
Es muy de agradecer esa fascinación de Vila-Matas por no dejar de saber, por compartir su erudición y divertirse. Sin engolamientos ni notas a pie de página. Mezclando realidad y ficción para romper con los discursos oficiales y las fronteras habituales de las cosas. Para reivindicar la efervescencia de una buena lectura.
“Todo aquello que hemos vivido creyendo que alucinábamos, pues parecía improbable tanta ignominia y degradación juntas, es precisamente lo que constituye el núcleo duro de nuestra única realidad. Vivimos para comprender que la vida repite un mismo guión, traza siempre la misma historia”.
De ahí la apuesta por lo verborreico, por lo surreal, por la sinceridad, por una forma de escribir y de contar arrebatada. Tan bella.
“Somos el pasatiempo de uno cargado de defectos, un pobre tipo, en todo caso capaz todavía de bosquejar horizontes”. De no rendirse. Léanla, por favor, no sean tontos ni vagos. Lo agradecerán. Es el complejo vitamínico idóneo para sobrellevar la encuesta de población activa y ese complejo de responsabilidad global de Merkel y sus cofrades.
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Esta colección de cuentos es maravillosa. Se abra por la página que se abra, nos presentan a una escritora lúcida y especial, capaz de condensar en unas líneas el universo. Desde el microrrelato hasta el cuento más extenso, nos presenta microcosmos inteligentes y bellos que nos acompañarán como los buenos poemas, durante días. En la tradición del mejor Carver, con cierta amargura de Cheever, con la observación interior de Ribeyro. Pues eso, de lo mejor.


