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Entre luz y oscuridad

Entre luz y oscuridad
Harry Martinson – Nórdica

Me gusta este sueco que se echó a la mar a los 16 años, miembro de una prole de hermanos huérfanos de padrea comienzos de siglo XX. Los viajes y las naturalezas salvajes de la India y África debieron marcarle. Esos paisajes y la observación y experiencia del trabajo manual, del trabajo por la supervivencia. Aunque lo leo, no me parece que su poesía se asemeje a la oriental. Más me recuerda a la filosofía de la vida de Joan “Pipa”, un pastor trashumante catalán del que tenemos colgada una entrevista junto a la caja en la librería. El pastor dice: “cada día salgo con las ovejas, cada día es fiesta”. De él han hecho un documental que hay que ver (El somni). Pero ésta es otra historia.
Martynson dice:
La pobreza no es lo peor poruqe persiga al hombre hasta la muerte
porque este no quiere andar con zapatos demasiado pequeños por el sendero de la vida.
La pobreza es lo peor por el odio interior que alumbra,
por la eterna pelea de alfilerazos
que mata con más seguridad que cualquier otra cosa en los hogares pobres,
hasta que el hombre ya no sabe a fin de cuentas lo que sería mejor
cuando ya no siente más ni el viento ni el sol.

Y también:
Vivir de verdad es atreverse a elegirtus propias opiniones
más que permitir que te obliguen a elegir tu realidad.
Te aconsejo que vomites por la boca la realidad que odias.
Sueña de buena gana y de preferencia lo que no quiere la época.
Sé anticuado hacia delante y hacia atrás.
El tiempo venidero será violado y cargado de todas las cadenas imaginables
sobre todo de las de la utilidad y las del insípido bienestar
con su acolchada seguridad, de tan poco valor para el espíritu,
y su cochecito de juguete para todos.

Y para que veas que siente la llamada de la carne, te selecciono también:

Ella arrojó su azada
y se fue hacia él diciendo:
No derroches demasiados años en la piedra inamovible de tu obstinación.
Demórate alguna vez con mi corazón en el rocío
y escucha al zorzal y al cuclillo.
Pronto nos encontrará el sol del crepúsculo lo suficientemente viejos
como para que lo sigamos para siempre cuando se acuesta tras la colina.