La Buena Vida – Café del Libro

A una llamada de tus libros: (34) 915429142

El viento comenzó a mecer la hierba

El viento comenzó a mecer la hierba
Emily Dickinson con ilustraciones de Kike de la Rubia – Nórdica

Si trabajas en marketing y publicidad de alguna empresa, te habrán pedido alguna vez que inventes un regalo de empresa que refleje el “espíritu de la empresa” (lo tenga o no). En la mayoría de las ocasiones, este encargo conllevará varias reuniones de lluvia de ideas, discusiones y, finalmente, otro regalo más, estúpido, que una vez que se tiene en casa (si llega) no dice absolutamente nada de lo que debería decir (si dice algo).

Pues Nórdica Libros ha creado un regalo para sus lectores. Y ha conseguido un libro que refleja todo lo que hemos ido contrastando en sus libros: el amor por la belleza, el criterio de autenticidad en la literatura que seleccionan y el deseo de que cada edición sea singular y muestre el valor del trabajo del editor.

Las ilustraciones son peligrosas en textos ya conocidos. Es como cuando alguien ve una película después de leer el libro en el que está basada y dice eso, tan habitual, de que prefiere el libro. Cuando leemos, creamos, y es difícil que aceptemos la mirada de otro sobre el mismo texto del que ya tenemos nuestra propia visualización. Pues en este caso, al menos nosotros, disfrutamos con la interpretación del texto que se recrea en las ilustraciones de Kike de la Rubia, con la misma sutileza, economía y verdad de los poemas de Dickinson. Será un autoregalo perfecto.

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Días bajo el cielo

Días bajo el cielo
José Ignacio Foronda – Pepitas de calabaza

Únicamente en otra ocasión, con los Ensayos de Montaigne, hicimos esta apuesta y la ganamos: abre el libro por cualquier página y lee. Montaigne es único y no le vamos a buscar competidor. Pero este pequeño y sensible libro nos ha hecho repetir la apuesta: abre por cualquier página y disfruta. Cualquiera.

Tanto es así, que buscando citas para extractar, nos encontramos con una selección tan grande, que temíamos delinquir la protección de derechos de autor.

Es el libro de un pequeño observador de la vida, rural y familiar sí, porque es la que tiene cerca, pero que nos descubre una sensibilidad y capacidad expresiva como pocas. Una mezcla de haikus, reflexiones costumbristas que habrían encantado a Azcona, lirismo, inteligencia y humor que lo convierten en un libro delicioso para llevar de paseo y para regalar.

El abuelo, azada en mano, cruza la ventana. Aunque me consta que presume de pimientos y tomates, y que los regala por docenas a todos los que vienen a visitarle, no sé si está orgulloso de su huerta. Una huerta como esta puede dar sentido a una vida, pero también el suficiente trabajo como para olvidar eso mismo. Más de una vez he pensado que escribir poemas era como cultivar un huerto. Hoy mi lírica es un erial, envidio al abuelo. Si mi pluma valiera su azadilla …

Se leve y dejar huella, igual que los gorriones en la nieve.

Llegamos, besamos, comemos, tomamos café. Los niños juegan al fútbol con el postre en la mano. La familia habla. Yo le pego un vistazo al periódico. La tarde cae. Ni tiempo para la soledad ni tiempo para el enigma: solo esta nota apresurada para dejar constancia de mi desacuerdo con el dia.

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Buffalo Bill ha muerto

Buffalo Bill ha muerto
E.E. Cummings – Hiperión

Extracto del artículo de Natalia Zarco en El Impostor:
Tanto en sensibilidad como en sentido del humor, en ironía e incluso en crítica Cummings resulta tremendamente brillante. Hay una buena parte de sus poemas que son piezas únicas, de temas aislados como la política, el género humano, la guerra (en la que él estuvo, por cierto), temas en los que también se evidencia el dolor, la indignación o la sátira, y que hacen de su poesía un cuerpo heterogéneo con diferentes registros, diferentes objetivos, y temáticas sin encerrarse o encasillarse en un mismo modelo repetido.

No puede nadie hablar de poesía sin haber leído a Cummings, abrir una de sus páginas al azar es comprender, en ese mismo instante, que hay personas, como Cummings, que escribieron su poesía para que nosotros sepamos cómo decir las cosas, nombrarlas de otro modo, más bello, más intenso…

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El árbol rojo. Versos para ceremonias laicas

El árbol rojo. Versos para ceremonias laicas
Andrés Rubio (ed.) – Demipage

Quién no recuerda ver una película en la que, durante un funeral o una boda, un invitado algo torpe y ya beodo, se levanta, da unos golpes en la copa para atraer la atención y, de corrido, suelta una parrafada entre divertida y emotiva que hace pensar: sería genial que fueran así las ceremonias a las que vamos (los que vayan, claro). Pues este libro es una buena idea para aquellos que se ven, de pronto, empujados a decir unas palabras durante una ceremonia y que se consideran incapaces de inventarlas. Una recopilación anotada de algunos poemas que bien pueden ser usados en esas ocasiones asegurando haber acertado. Guárdalo, porque más pronto o más tarde, una de esas nos acaba cayendo a todos.

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Curación

Curación
Ana Merino – Visor

Desde la portada del libro nos mira un barco oxidado, ausente, encallado en un muelle alejado del mar, pero no seco. Es una imagen luminosa y paradójica. Con ese mismo tono en su mirada, Ana Merino prescribe un tratamiento intensivo para hacer sanar “al vértigo secreto de la vida” y “ese deseo extraño que le habita”.

Para cutirse y mejorar, las palabras recurren al sueño, a la noche, a bestiarios y hadas particulares. Al amor como hilo y aguja, como una enfermedad de solución improbable que cose el alma a una sombra de tiempo difuso, incontenible, que nos lleva a la infancia como si se tratara de una primera carie sin empaste, o un primer estirón que deja noqueados los tobillos.

Con el rastro de las camas / recién hechas / (…) esencias de bostezos/ para niños insomnes/ que quisieron crecer antes de tiempo”.

Este paisaje se ve desde la edad adulta, desde el fulgor absorto de las bombillas a punto de fundirse, que alumbran justo lo que llevamos dentro, no lo que está delante. “(…) era un simple suspiro/ que salía por la boca, /como el aire caliente/ de las peluquerías”. Un modo de contar con labios sedentarios.

En Curación la cabeza se tumba, se pone al mismo nivel que el cuerpo, y reflexiona, vuelve sobre los mismos temas no resueltos, como el mercurio acude a rescatar termómetros cuando la vida lucha, se incomoda, escuece, se sacude los monstruos en las sábanas  y no entiende el reposo.  Es una anatomía convulsa que pretende saber qué hay más allá del calor, del frío, los colores, de la impaciencia que queda entre los párpados y el engañoso estado de las cosas. “Si la congoja enfría y la batimos, /se transforma en alivio”.

Son 26 poemas-tirita, aerosoles contra la nostalgia inacabada. Asepsia y espera. Calmantes cotidianos sin receta con los que Ana Merino nos confirma que el virus de vivir no es más que “un día de instantes reposados/ donde el cuerpo aprende/ a cambiar de postura, / a girar lentamente/ sobre el eje doblado/ de su ambiguo destino”. Magnífico.

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Yo hubiera o hubiese amado. Diario íntimo (1974)

Yo hubiera o hubiese amado. Diario íntimo (1974)
Félix Francisco Casanova – Demipage

Disfrutamos del descubrimiento de la única novela de este poeta canario: El Don de Vorace. Demipage nos presenta ahora, con tanto cariño como el resto de sus títulos, el cuaderno de diarios íntimos de Casanova escritos en 1974. Las notas se completan con algunos textos e incluyen los retazos y notas para sus poemas. Como él mismo dice, el cuaderno está lleno de gilipolleces, pero son esas gilipolleces las que luego le permitían escribir su obra. Las gilipolleces descubren a un temperamental, sensible y muy talentoso escritor. Vividor que no respeta los límites de velocidad y apasionado lector y amigo. El libro es una delicia y merece la pena para los que quieran conocer lo que hay detrás de este personaje que, no nos interesaría por su desaparición cuando aún era joven sino fuera porque tenía la musculatura de un gran escritor.

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Algunos poemas más de Emily Dickinson

Algunos poemas más
Emily Dickinson – La Veleta

“Cada instante de dicha
se paga con dolor
en proporción intensa y temblorosa
con la felicidad.

Cada tiempo que se ama tiene un precio:
agrias raciones de años,
moneditas por las que hay que luchar
y tesoros de lágrimas.”

“No creas que está lejos lo que puede
alcanzarse estando más allá
del ocaso, ni cerca lo más próximo
si es algo tan distante como el sol”

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Coplas a la muerte de su padre

Coplas a la muerte de su padre
Jorge Manrique – Casariego

Con ilustraciones de Juan Carlos Mestre y un CD con las versiones de Amancio Prada, esta pequeña joya de la Editorial Casariego nos despierta de nuevo el amor por unos versos, sí, inmortales:

Las dádivas desmedidas,
los edificos reales
llenos de oro,
las vajillas tan fabridas,
los enriques y reales
del tesoro;
los jaeces, los caballos
de sus gentes y atavíos
tan sobrados,
¿dónde iremos a buscallos?
¿qué fueron sino rocíos
de los prados?

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Entre luz y oscuridad

Entre luz y oscuridad
Harry Martinson – Nórdica

Me gusta este sueco que se echó a la mar a los 16 años, miembro de una prole de hermanos huérfanos de padrea comienzos de siglo XX. Los viajes y las naturalezas salvajes de la India y África debieron marcarle. Esos paisajes y la observación y experiencia del trabajo manual, del trabajo por la supervivencia. Aunque lo leo, no me parece que su poesía se asemeje a la oriental. Más me recuerda a la filosofía de la vida de Joan “Pipa”, un pastor trashumante catalán del que tenemos colgada una entrevista junto a la caja en la librería. El pastor dice: “cada día salgo con las ovejas, cada día es fiesta”. De él han hecho un documental que hay que ver (El somni). Pero ésta es otra historia.
Martynson dice:
La pobreza no es lo peor poruqe persiga al hombre hasta la muerte
porque este no quiere andar con zapatos demasiado pequeños por el sendero de la vida.
La pobreza es lo peor por el odio interior que alumbra,
por la eterna pelea de alfilerazos
que mata con más seguridad que cualquier otra cosa en los hogares pobres,
hasta que el hombre ya no sabe a fin de cuentas lo que sería mejor
cuando ya no siente más ni el viento ni el sol.

Y también:
Vivir de verdad es atreverse a elegirtus propias opiniones
más que permitir que te obliguen a elegir tu realidad.
Te aconsejo que vomites por la boca la realidad que odias.
Sueña de buena gana y de preferencia lo que no quiere la época.
Sé anticuado hacia delante y hacia atrás.
El tiempo venidero será violado y cargado de todas las cadenas imaginables
sobre todo de las de la utilidad y las del insípido bienestar
con su acolchada seguridad, de tan poco valor para el espíritu,
y su cochecito de juguete para todos.

Y para que veas que siente la llamada de la carne, te selecciono también:

Ella arrojó su azada
y se fue hacia él diciendo:
No derroches demasiados años en la piedra inamovible de tu obstinación.
Demórate alguna vez con mi corazón en el rocío
y escucha al zorzal y al cuclillo.
Pronto nos encontrará el sol del crepúsculo lo suficientemente viejos
como para que lo sigamos para siempre cuando se acuesta tras la colina.

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Cereza roja sobre losas blancas

Cereza roja sobre losas blancas
Maram al-Masri – José López Albadalejo Editor

La actriz Francesca Piñon pasó por Madrid en 2008 para interpretar el Boris Godunov de La Fura del Baus. Los días de los actores de teatro cuando están de gira son largos, y Francesca encontró La Buena Vida. Entre los títulos que su  insaciable apetito nos recomendó o compró, éste fue todo un hallazgo. Escrito en 1997, es de una impactante belleza que baila con suaves pasos entre la sensualidad y el retrato social. La edición bilingüe en este caso no puedo decir que aporta rigor al lector occidental, pero añade belleza extraña al libro. Es, sin uda poesía de mujer madura, que encontrará en las mujeres el medio de darse a conocer y en los hombres, ay, el modo de conocerlas. Gracias, Francesca.

Un minuto sobre el costado
izquierdo.
Un minuto sobre el costado
derecho.
Un poco boca arriba,
un instante boca abajo.
Doy vueltas en el vacío.
Frío en mis sueñs
frío en mi cama.
Los ladrones del sueño han asaltado mi noche;
uno de ellos
se compadeción de mí
y ha dejado la mañana
en mi mesilla.

Siempre
que abro mi maleta
salta polvo

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