La Buena Vida – Café del Libro

363 días al año de los mejores libros, música, cine y amigos

Historia de mi vida de Giacomo Casanova

Historia de mi vida
Giacomo Casanova – Atalanta

Según entró anoche en la librería Giacomo Casanova comenzamos a charlar.No quiso compartir la botella de vino de la que estaba dando buena cuenta, porque me dijo que su estado actual, en formato pasta de papel, no le permitía tener esos vicios. Me dijo que era imposible en una noche resumirme su vida que
un Antiguo le dice en tono de maestros: Si no has hecho cosas dignas de ser escritas, escribe al menos cosas que sean dignas de ser leídas. Es un precepto tan bello  … pero no se me puede apliar, pues no escribo ni la historia de un personaje ilustre ni una novela. Digan o indigna, mi vida es mi materia, mi materia es mi vida. Después de haberla vivido sin haber creído nunca que pudiera venirme le deseo de escribirla, quizá posea un carácter interesante del que tal vez carecería si la hubiera vivido con la intención de escribirla en mi vejez.

Y seguimos charlando, dando saltos en las páginas de su historia, adivinando el tono y el sentido de toda la obra, de su vida. Y me topaba continuamente con maravillas como ésta:
Muy sorprendido de que Yusuf se hubiera emancipado hasta el punto de permitirme una conversación con su mujer, me sentí más a gusto y pensé en llevar más lejos la aventura; para ello necesitaba ver su cara. Un bello cuerpo vestido cuya cabeza no se ve sólo puede excitar desesos fáciles de satisfacer; el fuego que enciende se parece al de la paja. Yo estaba viendo un elegante y bello simulacro, pero no su alma, porque el velo me ocultaba sus ojos.

Y es una maravillosa edición de Atalanta, estos locos que nos despachan unas obras difíciles y preciosa y precisamente editadas, que vale mucho más de lo que cuesta (120€). Porque a minuto por página maravillosamente escrita son casi 60 horas de lectura divertida e instructiva, lo que supone que, para un buen lector “no rentista”, la vida de Casanova será su compañero durante algunas semanas y, vaya si le va a merecer la pena. Y al terminar de leerla, ¡ay! al terminar …

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La novela del adolescente miope

La novela del adolescente miope
Mircea ElíadeImpedimenta

A los 17 años he conocido gente que soñaba ya con escribir algo grande. A caballo entre un diario y una novela, nos encontramos con un texto de múltiples lecturas. La insistente llamada a entregarse al arte; la tenacidad en construir una identidad personal; el deseo de reconocimiento social y, todo ello trasegado por las urgencias sexuales y sentimentales de la adolescencia hacen de este libro un pequeño milagro. Porque sí, hemos conocido a más gente que volcara en la literatura todos sus anhelos desde edad temprana, pero no será fácil citar los que fueron capaces de plasmarlo a esa edad en un libro tan fantástico. El volumen, editado como siempre por Impedimenta con un cariño y gusto exquisitos, incluye Gaudeamus, una segunda parte de la primera que transcurre en la época universitaria del autor. Aunque bien es cierto que la mentalidad ascética y torturada de Eliade le llevó con posterioridad a apoyar movimientos antisemitas en Europa, eso no deja de encuadrarse en una personalidad en permanente lucha consigo misma. Por favor, si aún existen jóvenes que sueñan con escribir en vez de con sólo hacerse ricos trabajando poco, regaladles este libro y no se sentirán solos.

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Prosas apátridas

Prosas apátridas
Julio Ramón Ribeyro – Seix Barral

Pedazos de inteligencia y sensibilidad que bien podrían haber quedado en hermosas servilletas de papel. Un libro perfecto para conocer a uno de los grandes cuentistas del siglo pasado. Después de este libro querrás saber más y no dudarás en hincar el diente a sus diarios completos La tentación del fracaso (una auténtica maravilla) y a toda su obra como cuentista.

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Sea breve, por favor

Sea breve, por favor
Vaclav Havel – Galaxia Gutemberg

Un escritor llega a presidente por aclamación popular de en una de las ex repúblicas comunistas, logra afianzar la democracia y dividir su país en dos repúblicas independientes todo ello sin abandonar su sentido crítico. Un libro único por su formato y contenido. Mezcla diarios personales escritos a lo largo de su presidencia, notas oficiales, memorias escritas con la distancia del tiempo y respuestas a un periodista nada servil. Ojalá existiera algo así de Felipe González, Suárez, … Sin que deje de ser un libro firmado por el propio biografiado, el formato permite sacar propias conclusiones y hace una delicia su lectura.

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La joven

La joven
Anne Wiazemsky – El Aleph

El final de la adolescencia de una joven elegida para rodar una película de uno de los grandes del cine francés, Bresson. Unas deliciosas memorias de una mujer que reconoce que todo lo que uno vive es parte de él para siempre.

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Historia de Carmen. . Memorias de C. Díez de Rivera

Historia de Carmen. Memorias de C. Díez de Rivera
Ana Romero – Planeta

Este libro está agotado y, misterios, será muy dificil de adquirir de segunda mano. Se trata de la apasionante vida de la que fuera hija ilegítima de Serrano Suñer, causante por su nacimiento de que éste fuera apartado por Carmen Polo de Paquito y, maravilloso, acabara siendo la Directora del Gabinete de Presidencia de Adolfo Suárez y un pilar básico en la transición.
Es una vida apasionante en la que se retrata perfectamente la casposa aristocracia franquista, las interioridades de los falangistas que dirigen nuestra transición a la democracia, el backstage del despacho de Suárez (qué grande Javier Cercas en su retrato de nuestro General de la Rovere) y, igual o más de interesante, una de las más descarnadas historias de amor frustradas de las que tengo noticia: se enamora de su hermano sin saber que es hija natural de Serrano Suñer (¡¡y se lo dicen sólo cuando se va a casar!!). Este libro, ay, no lo vas a encontrar … pero si lo encuentras, léelo y pásalo.

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Mal de escuela

Mal de escuela
Daniel Pennac – Mondadori

Este libro no es un ensayo. Tampoco es un manual para profesores o padres a punto de dimitir. Penca nos habla de los episodios de su vida relacionados con la enseñanza y su entorno: desde la época en la que desquiciaba a sus propios padres como enfant terrible de colegios e internados, hasta su redención como profesor de chicos igualmente difíciles y, finalmente, como privilegiado observador desde su tremendo prestigio literario.
Es un libro imprescindible para todos los adultos que no entendemos porqué nuestros escolares son como son … Sobra decir que algunos de nuestros clientes, profesor, ha regalado ya más de 5 ejemplares

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Cuaderno de notas de Chéjov

Cuaderno de notas
Antón Chéjov – La Compañía

¿Te imaginas que encontraras olvidado en un banco la agenda de bolsillo de Chéjov? Sus notas personales sobre asuntos prácticos (cobros, pagos, deudas, vida social, …), sus apuntes para sus obras posteriores (ideas para títulos, temas, personajes, …) o sus lecturas.

La magia de entrar en la cabeza de Chéjov cuando no pensaba que le leíamos por encima del hombro. Irresistible para los que encuentran en sus personajes y asuntos, el detalle más sincero de nuestra personalidad.

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Isaiah Berlin. Una vida

Isaiah Berlin. Una vida
Michael Ignatieff – Taurus

Pearl Harbor
. Estaba en Nueva York destinado como funcionario del Ministerio de Información británico. Mi trabajo consistía en aportar a los periodistas americanos y demás datos sobre el esfuerzo bélico inglés. Ese domingo almorcé en un hotel en Lexington Avenue, y tomé un taxi de regreso al Centro Rockefeller, donde estaba mi oficina. El taxista me informó sobre Pearl Harbor. No puedo negar que, tras el shock inicial, me sentí entusiasmado. [Ya] no había duda sobre qué bando ganaría la guerra. Al llegar a la oficina, me encontré a una colega inglesa escribiendo a un americano que había sido voluntario en la aviación británica y había caído prisionero en Alemania, y justo en el momento en que estaba a punto de compartir mi entusiasmo con ella, comprobé que lloraba. [...] Ella había creído, como Roosevelt, que América podía ganar la guerra sin entrar en [combate], y pensar en las pérdidas que Estados Unidos iba a sufrir la angustiaba profundamente. Hice lo que pude por convencerla de que compartía sus sentimientos, pero no era sincero del todo. La dejé para ver a mi jefe, que estaba exultante, como [...] casi todos los británicos que vivían en América.

Crisis de los misiles. Era profesor visitante en Harvard [...]. Escuché las noticias por la radio en compañía de un gran número de estudiantes que se habían congregado en una de las salas de la Universidad. Los estudiantes, al igual que uno o dos profesores, estaban muy deprimidos. La guerra les parecía inevitable y, con ella, la utilización de armas nucleares y los horrores más inimaginables. Yo estaba convencido de que la Unión Soviética no se arriesgaría a una guerra global, que no había nada que temer, excepto algún acto de un loco en el poder, y que ni Kennedy ni Kruschev estaban locos [...]. Salí a cenar con un químico francés y dos o tres historiadores americanos e intenté convencerles de que no había ningún motivo para inquietarse y mucho menos desesperar; que el único problema era lograr que los rusos no sintieran que estaban cediendo demasiado y brindarles la posibilidad de una retirada digna. Poco después, me di cuenta de que mi enfoque era totalmente erróneo, que el destino de la humanidad pendía de un hilo, que la posibilidad de una guerra global era mucho mayor de lo que cualquiera con autoridad en los Estados Unidos estaba dispuesto a admitir. Permanecí en mi propio paraíso de los tontos durante otros cuatro días, fui visto [...] como un poco trastornado, como sin duda debí de estar. Mis amigos parecían preocupados por mi equilibrio mental.

Debo subrayar que estaba [...] en una cena de despedida al señor Charles Bohlen, quien había sido nombrado embajador de Estados Unidos en París; una cena a la que asistieron el presidente Kennedy y su esposa. Ese fue el día en el que las fotografías de las bases de misiles rusos en Cuba fueron mostradas al presidente. Se comportó con mucha sangre fría durante la cena, habló sobre política y las noticias del día de una forma (aparentemente) ligera, y en un tono más serio cuando las señoras se levantaron y él salió al jardín, donde comentó con Charles Bohlen, y solo con él, la situación tan crítica. Pero como ninguno de los presentes sabíamos lo que había ocurrido, nuestro estado de ánimo no se vio afectado. La crisis, en lo que respecta al público, solo estalló después de que volviera a Harvard.

Asesinato de JFK. El 22 de noviembre de 1963 llegué a la Universidad de Sussex para dar una conferencia sobre Maquiavelo. [...] Caminaba hacia la sala de conferencias cuando alguien me preguntó: «¿No es terrible?». Pensé ingenuamente que quería decir que era una cosa terrible el tener que ir a dar una conferencia, ya que él sabía, como el resto de mis amigos, la agonía que sufro cada vez que tengo que hablar en público [...]. Por lo tanto, dije: «Sí, me siento fatal, pero supongo que tendré que pasar por ello». Unos minutos más tarde, otra persona me comentó: «Son noticias terribles». Me di cuenta de que algo había pasado y me enteré de que el presidente Kennedy había sido asesinado.

Me resultó imposible continuar caminando. La última vez que me pasó esto fue cuando leí la noticia de la muerte del presidente Roosevelt, en 1945. [...] No me sentí tan violento cuando me enteré de la muerte de Kennedy, pero él también, con todos sus errores, fue un libertador y un héroe [...]. Rogué que me dejaran un intervalo de un cuarto de hora más o menos antes de comenzar mi conferencia. Bebí dos vasos de agua fría, entré en la sala y di mi conferencia con toda normalidad. Estas dos muertes [...] fueron los momentos más oscuros de mi vida. [...]

Guerra de los Seis Días. Durante la Guerra de los Seis Días estaba en Londres. Como muchos otros hombres y mujeres decentes, y particularmente por supuesto mis compañeros judíos, me sentí desesperadamente preocupado por la supervivencia del Estado de Israel. No tenía duda de que Nasser no habría proclamado la Guerra Santa, y sus hombres no habrían hablado de tirar a los judíos al mar o arrasar sus pueblos, sin asegurarse de que tenían suficiente apoyo militar para derrotar a los israelíes. [...] Daba la impresión de que sería una guerra de exterminio, un segundo Holocausto. El hecho de que ningún otro país ni tampoco las Naciones Unidas levantaran un dedo para ayudar a los israelíes era muy mala señal. Escuché la noticia de la victoria israelí después de una cena con el embajador americano en Londres. Los políticos británicos y americanos presentes expresaron alivio por el resultado. Sentí un entusiasmo irreprimible y dije a mi vecino, el editor de un conocido periódico: «Después de todo, hay un Dios en el Cielo». [...] Momentos como este no pueden durar, aunque algunas veces, si uno tiene suerte, vuelven.

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Ningún lugar adonde ir

Ningún lugar adonde ir
Jonas Mekas – Caja Negra Editora

Extracto del blog “El viento sopla cuando quiere” de Jonás Trueba de elmundo.es.

Mekas abandonó Lituania en el año 1944, cuando tenía 22 años, huyendo del terror nazi. Trabajaba como tipógrafo de una revista clandestina que denunciaba la barbarie del ejército de ocupación, pero le robaron la máquina de escribir y ante el miedo a ser descubierto, se vio obligado a emprender el camino del exilio junto a su hermano Adolfas. Para entonces ya había publicado algunos poemas y era un ‘un joven de cierta reputación’ en el mundillo literario del país. Uno de esos poemas era un compendio de versos anti-estalinistas y Mekas se sabía un hombre sin porvenir: el ejército ruso estaba a punto de derrotar a los alemanes y hacerse con el país. Mekas narró la peripecia de su errático viaje hacia el exilio en un diario que ha publicado Caja Negra Editora con el título de ‘Ningún lugar adonde ir’. Empieza en su camino hacia Viena con un pasaporte falso y termina en las aceras de Nueva York en 1955, donde el futuro cineasta sueña con regresar a su pueblo y evoca la película que rodará en el futuro, cuando pueda reunir las fuerzas y el dinero suficiente para regresar a su pequeño pueblo, 27 años después.

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