El balcón en invierno

El balcón en invierno
Luis Landero – Tusquets
Narrar la vida, entresacar de la memoria aquello que va quedando atrás para que no se pierda en la garganta negra del tiempo. Eso es lo que ha hecho Landero con el propósito de crear un relato/retrato de familia. Afirma el escritor pacense que siempre tuvo fama de fantasioso. “Ya desde chico era muy mentiroso”, repiten su madre y sus hermanas a lo largo de esta emotiva narración. Pero llega un momento en que no importa si lo que lo que el escritor cuenta es una manipulación de la memoria -como suele ocurrir cuando el proceso de selección memorístico entra en juego-,o es una fidedigna reconstrucción de la realidad. Esa no es la función de la Literatura: la de contar verdades. Para eso ya está el periodismo, y así nos va.
Landero narra el recuerdo que tiene sobre sus primeros trabajos; la difícil relación con su padre, un hombre de campo con el que nunca tuvo una buena comunicación; sus primeras lecturas y la importancia de la oralidad en su formación sentimental y educativa. Cuenta, además, en esta autobiografía novelada, cuándo llega al barrio de la Prospe de Madrid, de dónde vienen y cómo eran sus antepasados, aquella estirpe de hojalateros. Su intención es dejar rastro y entintar el papel blanco, para dejar constancia que un día él y los suyos estuvieron aquí. El balcón de invierno nos enseña lo caprichoso que es el tiempo y el valor que tiene el quehacer de la gente sencilla, pequeños héroes que labraron los días para que sean tal y como son hoy.

La fiesta de la insignificancia

La fiesta de la insignificancia
Milan Kundera – Tusquets

Hay muchos ensayos que podrían ser reducidos a apenas una hoja a doble cara. Su tesis acertada y en ocasiones brillante, pero siempre alargada inutilmente para alcanzar la longitud que permita su edición en el formato libro (es curioso que todos los que cantan su desaparición inminente pierden la razón por tener uno a su nombre, incluido el pobre Rubius).

Con la última novela de Kundera, pasa lo contrario. Está tan claro lo que quiere contar, que prescinde de muchos esquemas narrativos para entregarnos una novela a la que no le sobra ni un párrafo y que dice, lo que de verdad quería contarse. El problema del mensaje, receptor y emisor cerca de su resolución.

Milan Kundera, habla del humor con humor. Lo enfrenta con la época de nuestra historia donde ya parecía que no quedaría sitio para algo tan humano como el humor. El stalinismo, el nacismo, las grandes matanzas, la racionalidad de la barbarie, puesta en cuestión, como en Tiananmen hizo ese hombre solo delante del tanque, por el ser humano en toda su irracionalidad.

Una atmósfera de chiste de “cuatro amigos que van charlando por una calle y va y dice …” permite que confrontemos el concepto de mujer en nuestra época, donde la individualidad de gustos, atractivos y belleza ha dado paso a la estandarización de un mismo criterio estético que se va modificando paulatinamente para, buscando la perfección, acabar en las caras descompuestas de cien mil operaciones, los rostros sin arrugas pero sin expresión y los pechos amenazantes e inasibles.

La razón contra los dioses, nuestra imposible necesidad de creer en lo irracional que, en el fondo, nos salva de creer que la razón es la única guía.

Y como su compatriota Hrabal, el humor, el humor por encima de todo. El humor que permitió a tantos creadores judíos que emigraron a EEUU huyendo del horror, dejar atrás sus espantosos recuerdos creando cine, novela y espectáculos donde el humor es el contenido y continente de nuestra humanidad, lo que nos separa de los monstruos que nosotros mismos hemos creado, en los que nos hemos podido convertir.

Un sainete atrevido que seguro que deja a más de uno con la sensación con la que te quedas cuando te giras en la calle porque alguien silba… y no es por ti. Con esa sensación de que también los lectores formamos parte del teatrillo que ha creado el autor. Qué listo, qué bueno.

Caminar en un mundo de espejos

Caminar en un mundo de espejos

Andrés Barba – Siruela 

Uno deja muchos libros atrás, sobre todo sin leer. Pero ocurre, a veces, que te enamoras de uno y por ello no quieres dejar de decir algo sobre él, porque en La Buena Vida, otra cosa no, pero enamoradizos, un montón. Sobre todo cuando después de varios meses de lectura, uno sigue manteniendo un buen recuerdo del libro, y cada vez que te cruzas con él, en la mesa de novedades, sientes que tienes que hacer un breve comentario, decir algo honesto y que haga justicia a tu verdad, como cuando tienes un bonito recuerdo de un instante y no quieres dejarlo de mencionar porque hayan pasado muchos otros buenos momentos por encima de él. Esto es a cuento de Caminar en un mundo de espejos, de Andrés Barba, cuya obra no conocía, ni conozco más allá de este librito que menciono y que Siruela publicó en Mayo en su colección Biblioteca de ensayo.
Andrés Barba, de primeras, tiene mucho ganado con ese apellido tan literario. Pero como decía, en este libro breve e inteligente, pequeño y amarillo como un pajarito con nerviosas alas de papel, Barba maniata en la primera parte un conjunto de relatos autobiográficos o autoficcionales que titula La vida del espíritu. De ella destacaría El robo del Ford Orion, una narración con humor en la que el autor cristaliza el sentimiento de pérdida de su familia al ver cómo le roban el coche nuevo. O el relato de Ataúlfo en Un hombre ciego que pinta cuadros. Para acabar con Memoria del agua, un relato lírico de ecos umbralianos:”En el invierno el mar no existía, esperaba en el corazón, agazapado. Se recordaba sólo muy de cuando en cuando y siempre como a un difunto(…) El agua de mar era densa, nutritiva, curativa, traicionera, asesina”. Señala Baudelaire que la infancia es la patria, y Barba ha sabido capturarla conjugando muy bien la recuperación de la memoria con ese proceso de convertirla en Literatura, sin excesos retóricos ni sentimentalismos. Comprender el descontento es el título de la 2ª parte. Y si la 1ª ya vestía un furor ensayístico de la familia y de sí mismo, aquí, en estos 7 mini ensayos, Barba se adentra en el mundo de personajes tan dispares como Muhamad Alí, William Burroughs, Simone Weil o Diane Arbus. Que no hace si no reflejar los diferentes intereses estéticos del autor y su capacidad de dialogar con ellos. No sólo le imprime su impronta y deja constancia de sus personalísimas lecturas, sino que consigue que el lector acabe caminando, también, en su propio mundo de espejos.

Los huerfanos

Los huérfanos
Jorge Carrión – Galaxia Gutenberg

Si alguien quiere de verdad abrir apetito para disfrutar de la segunda entrega de la trilogía de Jorge Carrión después de Los muertos, os recomendamos la entrevista que le hacen, específicamente sobre el libro, los buenos de

 

CHAVS. La demonización de la clase obrera

CHAVS. La demonización de la clase obrera
Owen Jones – Capitán Swing 2013
Este libro es un mapa económico, político y social de U.K. El objetivo del autor es desmentir que la clase trabajadora británica se haya convertido en clase media. Para ello, el joven Jones recupera la Historia reciente de Gran Bretaña y revisa las políticas que la Dama de Hierro y sus sucesores aplicaron en detrimento de la industria de su país, para crear, a partir de ello, un país dependiente de las finanzas. El resultado: la City como bandera, y los sindicatos y la clase trabajadora como demonios.
Este colaborador de The Guardian e Independent -entre otros medios de comunicación escrita- relata la pérdida de representación parlamentaria que la clase trabajadora ha sufrido durante estas últimas décadas y sus consecuencias. También la virulencia con la que arremeten los medios de comunicación y los políticos -no todos de la bancada de los tories- cuando algún miembro de estos desclasados comete algún delito. Siempre convirtiendo lo anecdótico en generalidad. Sinécdoque lo llaman los filólogos.
Entre muchas cosas de las que cuenta Owen Jones, llama la atención como la meritocracia y la movilidad social han sido algunas de las argucias utilizadas por los políticos para desarmar a la clase trabajadora. El resultado, una conciencia de lucha de clases de perfil bajo. Y la creencia de que el esfuerzo colectivo no merece la pena, pero sí el individual. ¿Alguien recuerda desde cuando no sale una banda de rock al estilo Oasis, esos chicos de barrio, macarras y pendencieros, orgullosos de sus orígenes? El autor tiene una manera muy sutil de relacionar las consecuencias de este debilitamiento de la conciencia de clase.
A través de entrevistas, trabajos de campo, mucha documentación, Historia y experiencias personales -a pesar de que Jones a penas supera los 30-, el autor escribe un libro muy británico, pero muy global. Es curioso que a algunos, al pasar la treintena, les da por deprimirse, y a otros por escribir ensayos como este: certeros y contemporáneos. Personales.
¿Y, a todo esto, quiénes son los chavs? Le preguntaba a un cliente que venía a la caseta de La Buena Vida, en esta última feria del libro, para ver si teníamos un ejemplar de este certero retrato social. “Un chav es un término peyorativo que redefine a los individuos que viven en viviendas de protección oficial, cobran subsidios y van en chandal tanto a la discoteca como al supermercado”, me contestó este cliente cuando se llevó el último ejemplar de toda la feria.

Reunión en el restaurante Nostalgia

Reunión en el restaurante Nostalgia
Anne Tyler – Lumen

Dicen que las familias americanas no son como las de aquí, que el concepto de familia en el mundo aglosajón no es el mismo que en el latino. Seguro que es verdad. Pero a veces parece aquí ocultamos debajo de la cama, de las cortinas y de la discreción o la vergüenza las historias de familias ¿rotas? Porque lo que nos plantea Tyler en esta novela es que las familias rotas, son familias, y que igual que cuando son familias felices sus marcas no desaparecen en generaciones, cuando no lo son, no dejan de echar raíces profundas en las personas, por mucho que uno huya de ellas. Siguiendo casi el modelo de las legendarias historias del tipo “se fue a por tabaco y no volvió nunca”, lo que Tyler nos narra es la historia de una mujer que se ve obligada a sacar adelante a sus dos hijos, cómo en ello se va perdiendo en cierto modo a sí misma y, con el paso del tiempo, al objeto de tanto esfuerzo.

Pero también cuenta cómo el empeño, aparentemente frustrado, de mantener el núcleo familiar contra viento y marea, supone en sí mismo un triunfo, una razón para vivir y para morir. Porque hay personas, sobre todo mujeres, que han hecho de crear una familia una renuncia permanente y un acto de creación en sí mismos. Y como otros hacen lo mismo con sus objetivos profesionales, el dinero o la fama, y aunque sea políticamente poco correcto decirlo, esa renuncia es una forma de vida elegida o no.

Otra vez, Tyler se muestra como un genio en el retrato de personajes y, sobre todo, sorprende de nuevo con su construcción de los personajes masculinos, como ya hiciera en La brújula de Noé o El turista accidental.

La casa de hojas

La casa de hojas
Mark Z. Danielewski – Alpha Decay/Pálido Fuego
Siempre he escuchado por ahí eso de que ‘el tamaño no importa’, pero nunca me quedó muy claro tan contundente aseveración, sobre todo cuando se habla de Literatura. No hay más que ver la cara que se les queda a muchos lectores -sobre todo lectoras, que leen más y no sé si mejor que los hombres- cuando tienen en sus manos El jilguero(2014), novela publicada por Lumen, cuya autora, Donna Tartt, dosifica su obra y, aparentemente, no tiene prisa por entregar su trabajo a los lectores. Salvando las distancias, algo parecido ocurre con La casa de hojas, el voluminoso artefacto que Mark Z. Danielewski publicó en el año 2000, y a finales de 2013 el tándem Alpha Decay y Pálido fuego se atrevieron a editar en España, con traducción de Javier Calvo y maquetación de Robert Juan-Cantavella – la mención es necesaria, por el trabajo ingente que el libro ha debido de requerir-. El día que recibimos el libro en La Buena Vida, no paré de pasar los dedos por sus páginas y fijarme en los juegos estético/visuales, los diferentes tipos de letras. La atracción del volumen como objeto es incuestionable, pero la del contenido también.
En esta ficción repleta de anotaciones a pie de página; breves ensayos sobre laberintos, cine, psicología  o fotografía; caligramas con los que Apollinaire hubiera alucinado; listas que parecen no tener fin e interpretaciones varias y muy libres de los mitos, el autor consigue atrapar al lector con el viejo recurso del manuscrito encontrado. Por una lado tenemos la historia de Johnny Truant, un joven de 25 años que se mueve bajo el paradigma de ‘sexo, drogas y r&r’. Truant, de vida disipada y decadente, encuentra el libro de Zampanó, un anciano ciego y recientemente fallecido. En el manuscrito se puede apreciar el trabajo acumulado durante años sobre una película documental conocida como El Expediente Navidson. A partir de ahí, dos historias van a ir en paralelo. La de Truant intentando salir adelante e interpretando el libro del anciano. Y por otro, la historia de la familia Navidson, con Will a la cabeza, un fotoperiodista con un Pulitzer, con personalidad envolvente y una visión artística poderosa y especial, que va a sufrir, junto a su mujer y dos hijos, los embates de una casa que se mueve por dentro a su antojo, que atrapa, que muta y que mata. Sobre ese extraño y espeluznante acontecimiento va a tratar, como ya se ha dicho,  el controvertido Expediente Navidson, sobre el cual se va a basar el grosso de la obra. Lúcida y ambiciosa, y por momentos abrumadora, la novela de Danielewski requiere paciencia y tesón, por los pasajes áridos que el lector va a encontrarse a lo largo de las más de 700 páginas de las que consta. No hay duda de que la obra trasciende el género de terror, y convierte al libro en un verdadero artefacto. Prometo que hubo un momento en que leía el libro al revés, fruto de las ingeniosas manipulaciones y propuestas innovadoras del autor.

Todos se van

Todos se van
Wendy Guerra – Anagrama

Nieve Guerra es una niña que vive entre la brutalidad de su padre, el llanto y el amor de su madre y la comprensión taciturna de su padrastro, Fausto, un sueco que camina por casa desnudo, para escándalo del vecindario. La niña Guerra, pura e ingenua, rebelde e inteligente, asoma la brevedad de su cuerpo a la Cuba de Fidel y, desde esa balconada caribeña, se cuestiona el mundo que la circunda, como si éste fuera una manigua de problemas haciendo efecto enredadera. A través de sus diarios, la niña Guerra se desbroza para dejarle al lector una narración sincera y llena de verdades, que no son otra cosa que las incertidumbres de una mujer que crece, que se busca, que es reprimida y aleccionada, que lucha. La niña Guerra es una lectora empedernida, es por ello que es blanco fuego y lluvia tierna. Conforme crece conoce la pérdida, el desamor, toma conciencia del delirio en el que se ha convertido su país, Cuba.
Wendy Guerra divide el diario en dos partes: la infancia y la adolescencia. Según cuenta, fue García Márquez quien la animó a darle una vuelta a estos retazos de vida en blanco y negro y así publicarlos. Todo un acierto, y por ello en La Buena Vida lo celebramos doblemente, ya que Negra, su novela del 2006, ha sido seleccionada para nuestro Club de Lectura. Una oportunidad para conocer mejor los nuevos escritor@s que llegan desde latinoamérica.
David García

Ojalá que te vaya bonito

Ojalá que te vaya bonito
Bendik Kaltenborn – Fulgencio Pimentel

En los últimos años, seguramente sorprendidos porque sean los países que mejor hayan aguantado la crisis que, teóricamente acucia a toda Europa, pero ellos parecen sentir poco, hemos descubierto a nuestros vecinos del norte. Empachados de verles en nuestras playas, pensábamos que durante el resto del año se escondían en cuevas sin nada que mostrar. Pero tanto en narrativa como en ensayo o poesía, hemos ido descubriendo una sociedad, y su reflejo en una concepción de la vida y del arte, sugerente y tan diferente a la mediterránea, que no nos puede dejar inmunes.

En esta ocasión, recuperamos uno de los pocos albumes de este ilustrador, que reúne ilustraciones y viñetas, tiras y pequeños relatos ilustrados, en los que la variedad de trazo, cierto aparente descuido y un humor cáustico y gamberro a a partes iguales, nos permite releer cada página descubriendo cosas nuevas cada vez.

Jpeg

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